Mucho se ha escrito sobre la retención del cliente y sus efectos
positivos en la empresa de hoy en día pero, con qué alcances y bajo qué
terminos se puede llegar a retener al cliente? La “revalorización” del
cliente, de lo que se ofrece y cómo se ofrece implicará el eje central
del éxito final de toda retención del cliente orientada a la obtención
de la fidelidad del mismo hacia nuestro producto y por ende, nuestra
empresa.
En el sigo XVI, Copérnico ideó una teoria revolucionaria. Con
anterioridad a su propuesta, la Tierra había sido el centro con respecto
al cual, los astrónomos calculaban los movimientos de los planetas y
estrellas. Sin embargo, Copérnico sostuvo la innovadora postura de que
el sol, al menos en lo referente a la astronomía, había reemplazado a
nuestro planeta como centro de los movimientos planetarios. Si llevamos
esta teoria al mundo de la empresa, nos daremos cuenta que asi como
nuestro planeta gira alrededor del sol, la empresa moderna, sus
políticas, productos y capital humano, giran alrededor del cliente.
Esta configuración del cliente como centro de la escena, que no es mas
que un abordaje ejemplificante de la teoría del Customer Relationship
Management (CRM), pone de manifiesto la importancia capital que la
retención de clientes implica en la empresa contemporánea.
II. IMPORTANTES OBSERVACIONES PREVIAS
Previo a plasmar el concepto de revalorización dentro del marco de
retención de clientes, es imprescindible abordar la idea del por qué es
importante conservar los clientes existentes y el por qué debe
entenderse dicha mecánica dentro de la lógica del CRM.
A) Conservar los clientes existents es importante desde dos puntos de
vista, a saber:
1) el cualitativo y 2) el cuantitativo.
1. Cualitativamente es importante porque la pérdida de clientes afecta
la imágen de la empresa, ya que un cliente insatisfecho no sólo no
volverá con nosotros sino que también transladará su mala experiencia a
otros potenciales clientes y ello puede generar una pirámide inversa con
resultados nocivos para el prestigio de la corporación.
2. Es innegable el alto costo que implica conseguir nuevos clientes, y
en función de ello, se han puesto en práctica diferentes mecanismos para
calcular tales estimaciones. Nigel Hill (2001) ha manifestado que “un
método preciso consiste en aislar los costes comerciales y de marketing,
incluyendo los salarios y otros gastos generales. Se dividen los costes
de ventas y la captación de nuevos clientes, se le añade el cien por
cien de los costes de promoción y se divide por el número de clientes
nuevos, obteniéndose un coste medio de adquisición exacto para cada
nuevo cliente” (p.24). Las conclusiones de Hill son claras y específicas
cuando asegura que “si este ejercicio se lleva a cabo minuciosamente,
incluyendo todos los costes pertinentes, se puede uno encontrar con que
el coste de captación de cada nuevo cliente es enormemente alto”
(Ibid.).
B) El otro aspecto de necesario abordaje previo es la necesidad de
entender el proceso de retención del cliente a través de mecanismos de
su revalorización, dentro del contexto de las más modernas técnicas de
CRM.
Ignacio García Valcárcel (2001) estableció que “el CRM es una estrategia
de negocio porque engloba a toda la organización de la empresa, ya que
require, en gran parte de los casos, un rediseño del negocio donde el
cliente participa en forma directa en el modelado de la empresa y
teniendo en cuenta sus necesidades” (p.25). En materia de objetivo,
Ángel San Segundo (2002) expresó que el fin del CRM es “construir
relaciones duraderas mediante la comprensión de las necesidades y
preferencias individuales y, de este modo, añadir valor a la empresa y
al cliente” (p.10).
Desearía remarcar la importancia que reviste la introducción del término
“valor” como objetivo del CRM realizada por San Segundo (2000). Esto es
así pues es justamente éste “valor” a la empresa, al producto y al
cliente lo que atraviesa el proceso de revalorización propuesto y cuyos
términos y alcances se explicarán más adelante.
Ahora bien, el CRM lejos de ser un concepto estático, característico de
las relaciones comerciales de los últimos años, ostenta una lógica de
dinamismo ínsita en si mismo. Se produce un proceso de evolución y
adaptación del todo hacia a lo particular, es decir, de lo masivo a lo
individual, del consumidor dentro de un segmento de clientes
determinados al consumidor como individuo. San Segundo (2000) indicó que
el CRM “facilita la transición hacia una gestión de los clientes con un
enfoque personalizado, a través de todos y de cada uno de los diferentes
puntos de interacción que existen entre la empresa y el cliente” (p.19).
En suma, ha quedado de manifiesto que dicha retención y/o conservación
de los clientes existentes, a través de un mecanismo de revalorización,
se deberá entender como consecuencia del cumpliento de dos condiciones
pre-existentes:
Una convincente comprensión de las razones de tipo cualitativo y
cuantitativo para retener clientes, antes apuntadas y;
Un lógico ejercicio de inclusión del presente trabajo, dentro del marco
de los principios del CRM, en los cuales se incluiría el proceso
dinámico del CRM y la necesidad de “añadir más valor” al cliente, al
producto y a la empresa.
Sin embargo, y aún con estas dos condiciones pre-existentes, es
necesario indagar los alcances prácticos de la retención de clientes
propiamente dicha. Cabe preguntarse: queremos un cliente simplemente
“retenido” o “conservado”? o, por el contrario, un cliente retenido pero
“fiel” a nosotros? Si comprendimos la magnitud de la importancia del
porqué es importante retener nuestros clientes y asimismo sabemos que
debemos realizar ello dentro de un mecanismo en el cual el cliente es el
centro de la escena (CRM), entonces es imprescindible comprender que
debemos valorar y apreciar a nuestros clientes, en su calidad de tal.
III. LOS ALCANCES CONCEPTUALES DEL PROCESO DE REVALORIZACIÓN EN LA
RETENCIÓN DE CLIENTES
Queda por responder entonces el interrogante subyacente que el título
del presente trabajo establece. Es decir, la idea crucial en la
retención real del cliente, logrando su fidelidad a nuestro producto, es
llevar a cabo la misma a través de un proceso de revalorización del
cliente. Dicha revalorización, no se centrará en el aspecto
cuantitativo. Los beneficios financieros y meramente numéricos de la
retención de clientes escaparían a la óptica del presente trabajo. Por
el contrario, la revalorización en la retención del cliente tiene
también una importancia cualitativa esencial.
Dentro de un proceso de retención del cliente y de su “revaloración”, se
sobreentiende ínsita la idea del fortalecimiento de la confianza
erosionada como paso previo al logro de la fidelidad hacia nuestro
producto o servicio. En tal sentido, no olvidemos lo manifestado por
Ignacio Garía Valcárcel (2001) para quien “hoy el cliente es el rey y se
lo ha situado en la cúspide de los deseos empresariales. Es el valor más
importante e indispensable. Sin cliente no hay nada” (p.26).
Sin embargo, no se agota todo este mecanismo de revalorización del
cliente en esta idea simplemente. La revalorización trasciende la figura
del cliente y se refiere también a nuestros productos y, como
consecuencia de ello, a nuestra empresa.
Ello es así porque un cliente que se siente “valorizado” no es garantía
que seguirá con nosotros. Un cliente, debidamente “valorizado”, nos
podría facilmente decir: “muchas gracias por todo vuestro aprecio, me
gusta mucho su producto pero su competidor tiene este mismo producto a
un precio más accesible para mi presupuesto.” Por ello, la
revalorización en si misma es una moneda de dos caras. En otras
palabras. el eje central pasaria a ser, el lograr percibir y entender el
alcance conceptual de lo que debemos “revalorizar” y dicha cuestión
tiene dos aristas claramente diferenciadas pero íntimamente
interrelacionadas entre si, a saber: la revalorización del cliente,
propiamente dicho mediante un buen servicio de atención de quejas y la
revalorización del producto o servicio ofrecido.
IV. LA REVALORACIÓN DEL CLIENTE CON UN BUEN SERVICIO DE ATENCIÓN DE
QUEJAS
Dentro del marco de posibilidades variadas por las cuales un cliente
nuestro querria dejar de serlo, se encuentra la argumentación, por parte
del mismo, de una inconveniencia o perjucio en su contra. Estas
situaciones pueden llegar a ser de muy variado tinte y calibre y
dependerán, en gran parte, del tipo, características y alcances del
producto o servicio proporcionado. Sin embargo, a modo de línea
transversal, todo este universo de situaciones y circunstancias consta
de un elemento común: la queja del cliente y su intención de abandonar
su calidad de tal con nuestra companía.
Un correcto y aceitado mecanismo de ayuda al cliente entenderá que,
parte de la retención del servicio e, indirectamente, la revaloración
del producto o servicio proporcionado, dependerá en gran medida de la
forma, eficiencia y efectividad con que se atienden las distintas
quejas. Es aquí cuando recuerdo las conclusiones del Centro de Estudios
Técnicos Empresariales de Madrid (2005), en donde se manifestó que “un
cliente que se queja es un cliente que nos está dando la oportunidad de
subsanar los errores para seguir comprándonos. Se debe considerar que la
reclamación es una nueva oportunidad” (p.202). Este concepto deja en
claro la necesidad de visualizar soluciones en donde, en apariencia,
existen problemas. Lamentablemente, son pocos los que asumen la atención
cuidadosa de las reclamaciones del cliente bajo esta óptica. Las buenas
noticias son que es posible darse cuenta de la oportunidad ínsita en
cada queja y una vez alcanzado ese estadio, el proceso hacia la
retención del cliente, “revalorizando” al mismo por su calidad de tal y
logrando su fidelidad de cara al futuro bajo el paraguas protector del
CRM, será algo más facil y beneficioso para todas las partes
involucradas.
Ahora bien, planteando la revalorización del cliente desde el punto de
vista de su queja, también implica “humanizar” la relación comercial, o
sea, como se dice en los Estados Unidos, “estar en los zapatos de
nuestro cliente” (to be in our customer’s shoes). Qué significa ello?
John Hallward manifestó que “para el consumidor, la decisión de compra
de una marca en perjuicio de otra se basa en ‘lo que me aporta’ a nivel
personal y emocional. La solución pasa por centrarse en el consumidor y
en sus emociones, valores personales y factores de motivación personal”
(http://www.ipsos.com/ideas/pdf/Global_Ideas_sp_vol7-2.pdf). Por ello,
deviene de singular importancia focalizar en la atención personalizada
del cliente.
La mayoría de las escuelas de management en los Estados Unidos enseñan
diferentes pasos para canalizar correctamente las quejas y
requirimientos de los clientes supuestamente damnificados por
situaciones diversas. Estos pasos, más allá de alguna diferenciación de
forma y terminología, se reducen básicamente a las siguientes etapas:
Saber escuchar
Saber disculparse
Saber preguntar y/o repreguntar
Saber alinearse con la causa del cliente
Saber examinar opciones
Saber otorgar compensación por la inconveniencia ocasionada
Saber personalizar
Saber escuchar
El tener habilidades en materia comunicacional implica no sólo comunicar
en forma eficiente una idea sino también el saber escuchar al
interlocutor de turno y esto implica, consecuentemente, un análisis
pormenorizado de las razones y justificaciones argüidas por la otra
parte. La clave se encuentra en evitar la implementación de un mecanismo
de autodefensa y sólo escuchar sin interrumpir y hasta que el cliente
finalice.
Saber disculparse
La disculpa es un gesto crucial y es emblemático ver cuantas veces la
disculpa es ignorada. Las razones del olvido son variadas pero, el pedir
disculpas a tiempo y en forma oportuna, coadyuva a replantear la
intercomunicación con el cliente en otros términos. Cuando se pide
disculpas, se está mostrando un matiz humano dentro de una relación de
negocios. Este tipo de disculpa es de tinte profesional pero tiene, en
la mente de nuestro cliente, un claro efecto emocional.
Saber preguntar y/ repreguntar
El saber preguntar en forma correcta es importante desde dos puntos de
vista: a) nos ayudará a comprender aún más el punto de vista del cliente
y sus sensaciones y sentimientos hacia el evento o circunstancia que
estima lo/la perjudica y, b) le demonstrará al cliente, indirectamente,
nuestro grado de interés y compenetración con el problema en
tratamiento.
Saber alinearse con el cliente
Puede resultar muy extraño pero clientes desencantados con un producto o
servicio desean, muchas veces, ser comprendidos, independientemente del
hecho de que sus problemas sean resueltos inmediatamente. Por lo tanto,
responder en una forma que implique comprensión es importante de la
misma forma que lo es compartir el mismo punto de vista del damnificado.
Esta percepción, por parte del cliente, colabora en estrechar el vínculo
que había sido erosionado por la inconveniencia ocasionada.
Saber examinar opciones
Es aconsajable preguntar al cliente qué tipo de solución consideraría
adecuada para su problema o inconveniencia. Esto se instrumentaria a
través de preguntas hechas hacia el cliente. Por ejemplo, una excelente
forma de articular este paso sería preguntar “cómo desearía que su
problema fuese resuelto?” o ”Cuál sería una solución aceptable para
usted?”
Saber otorgar compensación por la inconveniencia ocasionada
Para salvaguardar la tenencia del cliente y reforzar nuestro compromiso
con el mismo, una compensación económica es el mejor remedio en esta
instancia. Un servicio o producto adicional gratis o un descuento por un
determinado periodo de tiempo, son gestos que la mayoria de los clientes
valora más allá del puntual ahorro de dinero.
Saber personalizar
Siguiendo con la línea de análisis planteada por Hallward, el cliente
adquiere productos y servicios sobre una base emocional más que
científica, al menos, en la mayoria de los casos. Es decir, existe en
toda venta, un involucramiento emocional que es el factor motorizante en
la adquisión o no de un producto o servicio. Si un representante de
ventas provee nombres y números de teléfonos (su número de extension,
por ejemplo), estaría personalizando la relación comercial y eso es
apreciado por el cliente.
V. LA REVALORIZACIÓN DEL PRODUCTO O SERVICIO OFRECIDO
La revalorización del producto o servicio ofrecido no es otra cosa
que “vender nuevamente”, en la cabeza del comprador, la idea o concepto
de que nuestro producto o servicio es el que mejor se acomoda a sus
necesidades. En tal sentido, existen insoslayables asimetrias entre el
proceso de venta y el proceso de retención de un cliente.
En numerosas oportunidades les he explicado a mis equipos de trabajo que
la retención del cliente era como el proceso a través del cual se
intenta “vender nuevamente lo ya vendido”. Ello exige un mecanismo
conceptual tal vez más elaborado que en un proceso de ventas, sin
embargo, la idea matriz es la misma, es decir, relacionar, las
características de lo que vendemos con las necesidades y beneficios para
el cliente. Este razonamiento, que a modo de “puente” conecta
caracteristicas con beneficios, puede encontrarse por igual en un
proceso de venta asi como en un proceso de retención del cliente.
Antes de continuar, es importante resaltar el verdadero alcance y
significancia de dos conceptos. El sistema de ventas, en los Estados
Unidos, reconoce la etapa del “probing” y del “positioning”, como pasos
cruciales para lograr la aceptación por parte del cliente, de un
determinado producto o servicio. El “probing” es la averiguación, la
indagación y el reconocimiento de las auténticas, especificas y más
importantes necesidades del cliente. Implica una verdadera acción de
“buceo” en las necesidades del cliente, pues, como dijo Ignacio García
Valcárcel (2001), “conocer al cliente y conseguir saber qué ofertas se
le pueden hacer para mantenerlo es algo fundamental para la empresa
actual” (p.27).
En otras palabras, si el cliente estima que un producto o servicio tiene
un costo elevado, existe un claro indicio de que el cliente no aprecia
el costo de lo recibido en relación a la necesidad planteada. Este es un
evidente problema de “valorización” insito en la mente del cliente que
el proceso de venta debe indagar y resolver. Por lo tanto, cuando un
cliente comenta que un producto o servicio determinado “es caro”, lo que
nos está queriendo decir, en forma indirecta, es “no lo valoro en forma
suficiente como para abonar el dinero que cuesta”.
En el contexto del probing, se genera un proceso de “personalización”
del cliente. El Centro de Estudios Técnicos y Empresariales (2005) nos
ha dejado saber que “para mejor tratamiento de las diferentes soluciones
precisamos bases de datos que nos proporcionen información precisa y
detallada del cliente. Se trata de datos como el comportamiento de
compra, comportamiento posterior a la compra, aspectos financieros,
creencias, actitudes, percepciones, historial de comunicación postventa
y otros muchos” (p. 180-181). En el probing hallamos la personalización
del cliente, hallamos las auténticas necesidades y gustos y así se
presta un mejor servicio. El CRM persigue ello y todo ello conlleva a un
cliente satisfecho, a un cliente que ha sido “revalorizado” como tal.
Una vez indagada, averiguada la verdadera necesidad del cliente a través
del proceso de probing, se realiza el posicionamiento de lo que estamos
brindado, o sea, el positioning, conforme se conoce en las escuelas de
management de los Estados Unidos. Literalmente, y conforme lo indica
Fabiola Mora, el “posicionamiento es el lugar que ocupa un producto o
servicio en la mente del consumidor y es el resultado de una estrategia
especialmente diseñada para proyectar la imágen específica de ese
producto, servicio, idea, marca o hasta una persona”
(http://www.ipsos.com/ideas/pdf/Global_Ideas_sp_vol7-2.pdf).
Los introductores del concepto de positioning o posicionamiento en el
management norteamericano, fueron Al Ries y Jack Trout (1992), quienes
dijeron que el posicionamiento “es un sistema organizado para encontrar
ventanas en la mente.” (p.11). Es decir, y conforme lo indicaran los
autores, “el enfoque fundamental del posicionamiento no es crear algo
nuevo y diferente, sino manipular lo que ya está en la mente; reordenar
las conexiones que ya existen” (p.1).
Conviene destacar entonces que, en la misma forma que en un proceso de
venta, la retención del cliente, a través de la “revaloración”, se
implementa utilizando un mecanismo de siete pasos bien diferenciados
pero articulados entre si:
Una apropriada y amable salutación al cliente, en la cual se deberia
verbalizar nuestra predisposición a ayudar
La averiguación del motivo de la visita o llamada del cliente. En esta
instancia, la habilidad en saber escuchar y comprender el requerimiento
del cliente es un aspecto crucial para continuar en forma exitosa el
proceso comunicativo
El cliente manifestará su intención de no adquirir más nuestro producto.
Es aquí entonces cuando se deben “averiguar” las “auténticas
necesidades” del cliente (la etapa del probing)
Una vez averiguadas las necesidades del cliente, se “construye el puente
vinculante” entre aquellas necesidades y los beneficios de nuestro
producto o servicio (posicionamiento o etapa de positioning) y ello
implica, una revalorización, a los ojos del cliente, de que lo que
ofrecemos es la mejor opción en el mercado
Después del posicionamiento del valor de nuestro producto o servicio,
resaltando nuevamente el valor del mismo (revaloración), se procede al
ofrecimiento de la solución que se estima adecuada
Luego se comienza a concluir la operación, o “cerrar” la misma. Éste es
el corolario del proceso de posicionamiento y revalorización del
producto o servicio.
Por último, la recapitulación de acuerdos, condiciones, alcances,
términos y precios es esencial, para evitar inconveniencias futures.
El cliente únicamente continuará con nosotros si los pasos anteriormente
descriptos se encuentran debidamente concatenados. De esta forma,
estaremos revalorizando la importancia de nuestro producto o servicio y
el cliente, por medio de un complejo proceso cognoscitivo. En
definitiva, el cliente comprenderá el valor que implica seguir
adquiriendo nuestro producto o servicio y habrá internalizado las
ventajas de seguir con nosotros.
VII. EL COROLARIO DEL PROCESO DE REVALORIZACIÓN: LA FIDELIDAD DEL
CLIENTE
El revalorizar a nuestro cliente en su calidad de tal y el
revalorizar ante los ojos del cliente nuestro producto o servicio
conlleva a un grado de relación commercial mucho mayor que la simple
retención del mismo. La retención del cliente propiamente dicha, nos
otorga la posibilidad de contar con el mismo en forma habitual, es
decir, como un cliente activo que efectúa sus transacciones durante un
determinado período de tiempo, en función de sus necesidades específicas
y por una determinada cuantia como prestación. Conforme lo indica Ángel
San Segundo (Ibid.), “la fidelidad del cliente es la mejor fórmula
actual para que las empresas aumenten sus ingresos” (p.29) y haciéndonos
eco de lo Nigel Hill (2001) ha señalado, “la fidelidad implica algo más
que la simple realización de una o varias compras. La fidelidad
representa un nivel positivo de compromiso por parte del cliente hacia
el proveedor, y este nivel de compromiso positivo es el que distingue a
los clientes verdaderamente fieles” (p.33). El elemento subjetivo en
consideración, la fidelidad del cliente, es el resultado de un proceso
de satisfacción a la demanda planteada y, en dicho escenario, la
revolarización habrá jugado un rol determinante.
VII. CONCLUSIÓN
Retener a un cliente bajo el prisma de un proceso de revalorización
implica, no sólo comprender sus ventajas de menores costos comparados
con la adquisición de un nuevo cliente, sino también el más que probable
descrédito que nuestro producto y empresa sufrirá en el mediano plazo.
Asimismo, estas reflexiones han dejado en claro que la apropiada
retención de clientes debería implementarse y llevarse a cabo con una
empatía especial hacia la persona del cliente, conforme los principios
del CRM.
Es fundamental “re-vender” otra vez en la mente del cliente la idea de
que nuestro producto o servicio es el que mejor se acomoda a sus
necesidades. Es aquí donde el proceso de venta, incluyendo las etapas de
probing y positioning se interrelacionan y es aquí que se encuentra
presente el agregar “valor” a lo que ofrecemos como producto o servicio.
Todo ello, derivará en un cliente fiel y comprometido con nuestro
producto.
En suma, crecer en el mercado es importante, pero una eficiente y bien
elaborada política de retención implica menores drenajes de costos y
mayor prestigio corporativo. La revalorización es crucial, debido a la
existencia de un consumidor cada día más sofisticado. Como consecuencia
de la globalización y en un ambiente macro-económico incipientemente más
competitivo y riesgoso, la revalorización puede ser la línea
demarcatoria entre el liderazgo absoluto o el fracaso inevitable.
BIBLIOGRAFIA:
Centro de Estudios Técnicos Empresariales, (2005), Curso de técnicas
comerciales y psicología de la venta, Madrid: SAPE.
García Valcárcel, Ignacio, (2001), CRM, gestión de la relación con los
clientes, Madrid: Fundación Confemetal.
González Recuenco, Javier, (2004), Personalización: Más allá del CRM y
el marketing relacional. Madrid: Peason Educación.
Hallward, John, Diferenciación o Dominación: La importancia de la
relevancia. Extraído de:
http://www.ipsos.com/ideas/pdf/Global_Ideas_sp_vol7-2.pdf
Hill, Nigel, (2001), Manual de Satisfacción del cliente y evaluación de
la fidelidad, Traducción: Asociación de Traductores e Intérpretes,
Madrid: AENOR.
Kuhn, Thomas, (1978), La Revolución Copernicana: La astronomía
planetaria en el desarrollo del pensamiento occidental, Traducción:
Doménec Bergadá. Barcelona: Ariel.
Mora, Fabiola, ElPosicionamiento: La guerra por un lugar en la mente del
consumidor. Extraído de:
http://www.monografias.com/trabajos6/posi/posi.shtml
Ries, Al y Jack Trout, (2001), Posicionamiento, Traducción: Gloria Presa
Ampudia. Madrid: McGraw-Hill.
San Segundo, Angel, (2002), CRM: customer relationship management, el
nuevo de relaciones con los clientes. Madrid: Recoletos.
5 años de experiencia en ventas y supervisión de personal en los Estados Unidos. Tiene una Maestrïa en Administración de Empresas (MBA) obtenida en Texas A&M University y una Especialización en Marketing obtenida en la Universidad de California Los Angeles (UCLA) Realizó cursos varios de "Atención al Cliente y Liderazgo", Resolución de Conflictos", "Establecimiento de Objetivos y Medición de Performance", "Relacionamiento Gerencial", "Entendiendo del Rol de Liderazgo" y "Etica en los Negocios", realizados también en USA. Abogado Recibido en Argentina. Actualmente reside en España
Cedido por: Estr@tegia Magazine
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