EL DINERO NO LO ES TODO
Quizá una de las mejores formas de entender qué es lo que motiva a los
empleados más destacados a quedarse en una empresa, es teniendo una
clara idea de porqué estarían tentados a irse. Vemos primeramente un
ejemplo:
Diane Sawyer, una conocida reportera de televisión, sorprendió cuando
dejo su posición segura como uno de los corresponsales de "60 minutos",
para aceptar un empleo en la cadena ABC en un show que todavía estaba en
el restirador. En CBS ella tenía la visibilidad e influencia que muchos
reporteros quisieran. Pero al igual que mucha gente, Diane Sawyer tenía
la impresión de que algo faltaba.
Ella quería co-dirigir un programa de noticias, y dejo que se supieran
sus deseos. Los ejecutivos de ABC entendieron que sus ambiciones
fundamentales (sus motivaciones internas) estaban siendo dejadas atrás
por CBS, y esto era toda la apertura que necesitaban. De pronto ella
estuvo "disponible", y quedo el camino limpio para ABC.
Sin embargo, momentos antes de que saltara la borda, el presidente de
CBS Larry Tisch le hizo la oferta mas extraordinaria que se hubiera oído
en las noticias. Le dijo que podía romper su antiguo contrato - en el
cual ganaba 1,35 millones de dólares anualmente - y poner los números
que ella quisiera en uno nuevo.
La cosa es que, Sawyer sabía que el dinero solo no satisfaría sus
motivaciones internas. Y aunque se sintió realmente halagada por la
oferta, Diane Sawyer la rechazó.
Tal como lo indica este episodio, los incentivos monetarios
tradicionales no siempre son suficientes para asegurar un desempeño
destacado, dejando atrás la lealtad, de sus empleados. Si bien el dinero
es un factor importante de motivación en el trabajo, no lo es todo en el
entramado de las relaciones laborales.
Recordemos que en nuestra edición 11 de Estr@tegia Magazine señalábamos
que Frederick Herzberg sostenía que en la motivación intervenían dos
factores:
1) Factores higiénicos: políticas y administración, supervisión,
relación con el supervisor, condiciones de trabajo, sueldos, relación
con los compañeros, vida personal, relación con los subordinados,
estatus y seguridad, que tratan de evitar la insatisfacción laboral; y
2) Factores motivadores: logro, reconocimiento, el trabajo mismo,
responsabilidad, ascenso y crecimiento, que elevan la satisfacción y por
ende la productividad.
Los factores higiénicos se localizan en el ambiente que rodea a las
personas y abarcan las condiciones dentro de las cuales desempeñan su
trabajo. Como estas condiciones son administradas y decididas por la
empresa, están fuera del control de las personas.
Tradicionalmente sólo los factores higiénicos fueron tomados en cuenta
en la motivación de los trabajadores, pues para lograr que las personas
trabajen más fue necesario apelar a premios e incentivos salariales,
políticas empresariales y otras recompensas, las cuales constituyen lo
que se denomina motivación positiva. Sin embargo, cuando los factores
higiénicos son óptimos, sólo evitan la insatisfacción del personal, pero
no consiguen sostenerla por mucho tiempo. Cuando los factores higiénicos
son pésimos o precarios, provocan la insatisfacción. En síntesis, los
factores higiénicos sólo evitan la insatisfacción pero no provocan
satisfacción. Ofrecer más de lo mismo es una manera muy ineficiente de
fomentar la motivación. Se convierte en un círculo vicioso interminable.
Además, a la hora de clasificar los factores motivacionales, los
directivos deberían tomar en cuenta los siguientes puntos:
- El dinero es más importante para unas personas que para otras.
- La mayoría de los trabajadores consideran al salario y aún a "los
premios o extras" en efectivo, como un justo (y hasta insuficiente en
gran parte de los casos) pago por la labor realizada. El concepto es "me
lo gané en buena ley" y me merezco más.
- Por medio del salario se puede conseguir que las personas estén
motivadas para asistir al trabajo, pero no será suficiente si se
pretende conseguir de ellos un mayor rendimiento.
- Las recompensas económicas deben estar relacionadas con el rendimiento
y ser muy importantes, para que puedan ser consideradas como verdaderos
factores de motivación.
- El dinero en forma de, por ejemplo, cursos de capacitación y / o
mejoramiento profesional también puede considerarse como un elemento
motivador muy gratificante para los empleados. Sin embargo, no siempre
es considerado por las empresas.
EL DINERO Y LA DESMOTIVACIÓN
Si su forma de pensar coincidiera con Herzberg, y creyera que el dinero
no es un motivador, por lo menos tendría que tener en cuenta cinco
factores para que el mismo no se convierta en un factor de
desmotivación. La remuneración que percibe debe ser:
- Adecuada a la importancia de su cargo.
- Adecuada a su educación y preparación para la tarea (know-how).
- Adecuada a su eficiencia en la tarea que desarrolla para la empresa.
- Adecuada a las necesidades personales y familiares.
- Adecuada a las posibilidades de la empresa.
MOTIVACIÓN: MAGIA Y PODER Por Verónica Corba
Quien ha leído o estudiado al Dr. Freud alguna vez sabe que el ser
humano está instintivamente dotado de voluntad para vivir a pesar de los
obstáculos (concepto de pulsión).
Relaciono esto con la motivación porque todo hombre es de por sí
naturalmente "motivable", como si estuviera predispuesto a encontrar un
MOTIVO para despertar, accionar, vivir. Sin embargo, sólo es posible
motivar a otros si uno mismo está incentivado. Caso contrario, todo
intento es vano, o por lo menos poco consistente. La regla una vez más
se repite: empecemos por nosotros.
Despertar más temprano, no poder dormir pensando en alguna acción o
proyecto a realizar, sentirse físicamente bien, son signos de estarlo,
independientemente de la recompensa. El estímulo monetario NO es en sí
mismo motivador si no va acompañado de algunos factores que cubren las
llamadas "necesidades psicológicas", a saber, seguridad, reconocimiento,
sensación de pertenencia, ser tratado con respeto y dignidad,
satisfacción con los objetivos cumplidos, competencia (desafío,
oportunidad de destacarse) y la posibilidad de desarrollarse y crecer.
La motivación obra milagros, pues obtiene lo mejor de cada colaborador
puesto al servicio de un objetivo común, que vivirá como propio. De
hecho lo es ya que ha contribuido a esa causa. Y eso es maravilloso. Un
grupo motivado va más allá de sus fuerzas para conseguir un objetivo.
Quien tiene a su cargo un equipo que funciona así, recupera rápidamente
su energía invertida en ellos, y quien forma parte de él, encuentra
sentido a su trabajo de todos los días. Es frecuente ver un buen proceso
mientras se desarrolla un proyecto, y con la conclusión de éste
sobreviene el desgano porque ha concluido el desafío inicial que le dio
sentido a la acción.
Curioso, ¿no es cierto?
Por eso la tarea del motivador, entre otras, es crear nuevos objetivos o
convertir circunstancias de las que ni siquiera es responsable en
desafíos. Si podemos sentirnos plenos mientras perseguimos un destino y
a veces decae cuando lo concretamos, entonces... es el futuro lo que nos
mantiene VIVOS hoy. Volviendo a Sigmund Freud, habrá vida mientras haya
deseo.
A pesar de la revolución que provoca Albert Einstein en el ámbito de la
física, parece no haber conseguido reemplazar nuestro modo de vida
occidental y fatalmente newtoniano. Incorporemos el concepto de
"relatividad" a las técnicas de motivación: nada es en sí mismo bueno o
malo. De nosotros dependerá que sea de un modo o de otro para nuestra
gente. Los orientales nos invitaron a pensar que crisis es también
oportunidad, y que nada tiene un único significado. Esa es la tarea de
un motivador: mostrar la realidad y los hechos con la vestimenta que
desee para que resulte útil a su equipo.
En definitiva, un motivador puede hacer de sí mismo y de su entorno un
oasis en pleno desierto, y eso lo convierte en un referente importante
en la vida de muchas personas. Y nada puede destruir la actitud, el
poder y la energía que caracterizan a un puñado de seres incentivados.
NADA.
Cedido por: Estr@tegia Magazine
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