El modo más efectivo de que todas las personas en la organización
tengan la oportunidad de empezar la tarea con un fin en la mente, es
definiendo la misión de la misma.
La misión de la organización se centra en:
El rumbo que nos marca la visión, que incluye los principios y valores
que dan fundamento al “ser” y al “hacer”.
Lo que se desea hacer, es decir, en los aportes y logros de la
organización para el cliente y para las personas que trabajan en él.
El enunciado de la misión se convierte en el marco de referencia para
pensar y gobernar la empresa y/u organización.
La misión hace las veces de constitución escrita, que basada en los
principios correctos, permite evaluar efectivamente todas las decisiones
de uso y aplicación de los recursos, los resultados logrados, el uso
efectivo del tiempo y la energía de la gente.
Cuando llegan las situaciones de crisis, los problemas y las grandes
decisiones, allí está la misión que recuerda a los integrantes de la
organización cuáles son las cosas más importantes y fundamentalmente,
orienta la búsqueda de soluciones a los problemas planteados.
LA MISIÓN DE LA ORGANIZACIÓN
Una misión bien enunciada, con objetivos claros, significativa y posible
de poner en práctica, básicamente, comunica dos cosas:
Quiénes son sus clientes.
El valor o aporte proporcionado a los clientes.
En tal sentido, viene bien recordar a Peter Drucker cuando señala: “Una
de las cosas más importantes que una empresa debe hacer, es determinar
en qué negocio está”.
Por ellos es sumamente importante que los directivos de las empresas se
formulen y respondan algunas de las siguientes preguntas:
Quiénes son nuestros clientes.
Cuáles son sus deseos y necesidades.
Cuál es el paquete de valor de los clientes.
Qué productos/servicios demandan.
Qué procesos son necesarios para producirlos.
Quiénes son mis competidores.
La lista de interrogantes continua, las preguntas anteriores son sólo
indicativas de cuales son los pasos a dar para construir la misión de
nuestro negocio.
Tal vez, la pregunta más relevante que todo directivo debe formularse
periódicamente es la siguiente:
¿Porqué abro las puertas de mi negocio?
Esta pregunta plantea el porque de la existencia misma del negocio, es
decir, cuál es su misión, su razón de ser. No siempre es bien
respondida.
DEFINICIÓN
Básicamente, las empresas tienen dos misiones: la interna y la externa.
1. Misión interna: determina el índice de rentabilidad buscado. Vale
aclarar que una empresa puede generar una fuerte utilidad, pero no ser
rentable.
Es común observar la confusión que existe entre utilidad y rentabilidad.
Utilidad o ganancia = ingresos – egresos
Margen de ganancias = utilidad / precio
Rentabilidad = utilidad / activo
A su vez, esta fórmula puede descomponerse en:
Rentabilidad = (utilidad / ventas) x (ventas / activo)
Margen de ganancias = utilidad / ventas
Rotación = ventas / activo
Luego, la fórmula de rentabilidad queda como:
Rentabilidad = margen de ganancia x rotación
A partir de esta expresión se pueden analizar las estrategias a seguir,
tratando de encontrar el equilibrio que permita maximizar la ecuación de
rentabilidad, aumentando la utilidad y/o el volumen de ventas.
Es importante pensar en términos de rentabilidad, ya que se puede
facturar mucho, es decir, alcanzar niveles importantes de ventas y el
negocio no ser rentable.
2. Misión externa: importa definir bajo qué pautas se lanza la empresa
al mercado para encontrar la rentabilidad buscada.
La misión externa deberá ser enunciada desde la óptica de cómo ven los
clientes a la empresa, no de lo que ella cree que les vende.
La misión deberá hablar de lo que debemos ofrecer a los clientes,
independientemente de lo que se produzca, ya que eso es lo que buscan de
la empresa.
Por lo tanto, a partir de la definición misma de la misión, se comienza
a transmitir la filosofía, la cultura y la forma de tomar decisiones
inherentes del negocio.
Deberá ser lo suficientemente amplia como para no limitar a la empresa y
al mismo tiempo lo suficientemente definida como marcar el rumbo.
Esto se debe a que la gente no compra cosas, y menos aún lo que la
empresa cree que vende, simplemente compran la solución a un problema, y
este problema difiere en todas las personas, incluso es distinto en la
misma persona en diferentes situaciones, aunque lo solucionen con el
mismo producto, cada persona está comprando otro solucionador para
problemas personales y diferentes.
En síntesis, debemos tener en claro en qué negocio estamos y quiénes son
nuestros clientes. Veamos algunos ejemplos que grafican este enfoque
conceptual.
Ejemplo 1: todos saben que los suizos eran los dueños del negocio de los
relojes en el mundo. Nadie mejores que ellos para fabricar máquinas
mecánicas con piezas de máxima precisión. Cuando aparece la aplicación
del cuarzo y se les ofrece a los fabricantes suizos, ninguno lo aceptó
porque ellos estaban en el negocio de fabricar máquinas mecánicas con
piezas de alta precisión. Mucho tiempo después descubrieron que estaban
en el negocio de… “dar la hora”.
Mientras tanto el mercado pasó a manos de los japoneses y por muchos
años pagaron las consecuencias de no haber tenido clara la misión de su
negocio. Las últimas estadísticas indican que nuevamente lideran el
mercado de los relojes gracias a la reconversión de su industria guiada
por la misión de dar la hora.
Ejemplo 2: los fabricantes de radios de EEUU se cansaban de vender
radios a válvulas. La misión era vender radios a válvulas. Hasta que
Bell inventó el transistor y se lo ofreció a todas las empresas que
utilizaban las válvulas en su proceso de fabricación. Nadie se interesó
por este adelanto tecnológico, pero un señor Sony de Japón compró la
patente y al poco tiempo lideró el mercado mundial de la electrónica.
Claro, la misión de su negocio es: “comunicar, informar y entretener”.
Por ello compran compañías discográficas como la CBS y compañías
cinematográficas como Columbia.
CÓMO DETERMINAR CUÁL ES NUESTRO NEGOCIO
Es casi siempre una pregunta difícil que sólo se puede contestar luego
de pensar y estudiar mucho. (Meter Drucker)
Lo que nuestro negocio es, no lo determina el productor sino el
consumidor. No lo define el nombre de la compañía, los estatutos o los
artículos bajo los cuales se constituye la sociedad, sino la necesidad
que el consumidor satisface cuando compra un producto o un servicio. La
pregunta solamente se puede contestar, por lo tanto, mirando al negocio
desde afuera, desde el punto de vista del consumidor y del mercado. Lo
que el consumidor ve, piensa, cree y necesita en un momento dado
cualquiera, debe ser aceptado por la gerencia como un hecho objetivo que
merece ser tenido en cuenta tan seriamente como los informes de los
vendedores, las pruebas realizadas por los ingenieros o las cifras del
contador, lo que para pocas gerencias es fácil de comprender.
Es por lo tanto responsabilidad primordial de la gerencia en su nivel
superior preguntar “¿Cuál es nuestro negocio?” y asegurarse de que la
pregunta se estudie minuciosamente y se conteste en forma correcta. Es
poco común que la pregunta se la formule en forma clara y aguda y a su
vez se le dedique el estudio y el pensamiento adecuado, por ello, se
considera que la ausencia de una definición precisa de la misión
representa una frecuente causa de fracaso comercial.
Recíprocamente, donde quiera encontremos un negocio notablemente
exitoso, casi siempre encontraremos, que su éxito se basa
considerablemente en el hecho de formular la pregunta claramente y
deliberadamente y en contestarla minuciosamente y en forma meditada.
Asimismo una empresa u organización tiene un carácter multidimensional.
Por un lado, puede ser definida simplemente de acuerdo con los productos
o servicios que brinda y por los mercados o los clientes que los
reciben. Pero siempre existen otras dimensiones que agudizan la
definición y revelan facetas adicionales de la singularidad de la
organización. Por ejemplo, McDonalds está tan orgullosa de sus
hamburguesas que denominó Hamburguer University a su centro de
capacitación. ¿Es McDonalds sólo una gran cadena de puestos de
hamburguesas? ¿O, es un gigante en el negocio de comidas rápidas, o un
agente internacional de otorgamiento de concesiones, o uno de los
mayores procesadores de carne y papas fritas del mundo?
Es todo eso y mucho más, pero la forma en que McDonalds escoge para
definir el núcleo de su negocio ejerce influencia sobre las probables
direcciones futuras. Por ejemplo, si McDonalds se define a sí misma por
la capacidad para otorgar concesiones, puede ser razonable que
desarrolle una cadena mundial de venta de pizzas. Pero quizás no sea
lógico que adquiera una compañía de refrescos en Europa o que ofrezca
Big Macs congelados en los supermercados. Las dos últimas alternativas
serían factibles dadas otras definiciones. Para definir la naturaleza
básica de la organización nos debemos responder las siguientes
preguntas:
¿Cuál es la misión o propósito actual de la organización?
¿Qué valor brinda la organización a la sociedad?
¿Cuál es la posición singular de la organización y/o empresa en dicha
industria y/o estructura institucional?
¿Qué necesita su organización para alcanzar el éxito?
Estas preguntas pueden parecer obvias o incluso triviales al principio,
pero vale la pena dedicar tiempo para evaluarlas cuidadosamente y anotar
sus respuestas. En muchos casos, una declaración de misión define cómo
la organización se propone alcanzar su objetivo, define los productos y
los mercados, aunque algunas abarcan también el “credo” o los valores
del management, su filosofía operativa o sus objetivos principales.
Afirmar que la organización tiene una misión es declarar sus objetivos,
no su dirección.
Cedido por: Estr@tegia Magazine
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