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INTRODUCCIÓN
Hace algunos años escribí un artículo para ADN1 cuestionando la forma en
que gran parte de las empresas brasileras contratan empresas de
consultoría. Transcurrido algún tiempo, verificando que poco o casi nada
cambió, vuelvo hoy sobre el mismo asunto para hacer tres preguntas:
· ¿Usted sabe, claramente, para qué está contratando un consultor?
· ¿En cuánto tiempo usted espera que el trabajo del consultor este
concluido?
· ¿Usted sabe cómo medir el trabajo del consultor?
Si usted no puede responder a alguna de estas preguntas formuladas, por
favor, no contrate los servicios de consultoría sin, por lo menos, leer
este artículo. Si, entre tanto, usted no tiene dificultades en
responderlas, felicitaciones. Sepa usted que forma parte de una pequeña
minoría.
Tal vez algunas personas estén sorprendidas de que esta “alerta” surja
justamente de un consultor, otras entre tanto, ya saben que el principal
papel de un profesional de esta área es ayudar a la organización, a
través de los conocimientos adquiridos a lo largo de su vida, a buscar
soluciones para sus problemas. Su mayor compromiso debe ser con la
verdad.
En este artículo vamos a responder esta y otras cuestiones para usted.
AL FINAL, PARA QUÉ ESTOY CONTRATANDO UN CONSULTOR
El principal papel de cualquier consultor es el de aconsejar. Pero,
¿cómo aconsejar a alguien que no sabe para qué precisa de este
profesional?
Algunas personas, quizás menos informadas, todavía creen que el “mejor
consultor” es aquel que pasa un buen tiempo “haciendo el diagnóstico” de
la empresa para después presentar, la mayoría de las veces, un informe
que contiene todo lo que la empresa ya sabe... La sensación que tengo
por esta situación es similar a que alguien me pida el reloj prestado
para decirme la hora.
Lo que estas personas no saben es que existen procesos modernos que
sustituyen el diagnóstico con las siguientes ventajas: son rápidos y no
cuestan caro. Al final, el dinero es un producto escaso en el mundo.
Lo que ellas tampoco saben es que existe una “regla de oro” en
consultoría que dice:
ES SIEMPRE EL CLIENTE QUIÉN DEFINE EL PROBLEMA DESDE SU ÓPTICA
J. B. Lodi, uno de los consultores con más experiencia y renombre en
nuestro país, cierta vez dijo: “no es raro saber, de antemano, que el
cliente no quiere o no puede resolver su problema, o no está maduro para
eso, o le cuesta más barato dejarlo como está”2 .
El grado de complejidad y de participación del consultor también es
definido por el cliente. El cliente tiene el derecho de decidir los
límites del trabajo del consultor, esto es, dónde comienza y termina su
trabajo. Esto sólo es posible, definiendose de forma explícita, lo que
se espera como resultado final.
Hechas las observaciones que considero indispensables, pasaré a listar
algunos puntos que si son observados, ayudarán a las empresas a
identificar si tienen o no necesidad de contratar un consultor.
Presentaré, cómo debe ser la relación con ese profesional.
CONSULTOR: ¿PROBLEMA O SOLUCIÓN?
En un primer y frío análisis yo diría que el hecho de tener que
contratar alguien para que ayude a solucionar un problema de la
organización ya es un problema. En la mejor de las hipótesis esa
necesidad es un indicador de que la organización no dispone de capacidad
propia para hacerlo.
Pero ahora surge otro problema: ¿a quién contratar? La respuesta no es
simple. Depende de la necesidad de cada organización. Lo que sé es que
nadie es competente en todo. Por eso siempre recomiendo que antes de
contratar algún profesional -o empresa- es aconsejable saber quién
compone su equipo. La era del lobo solitario, que hace todo terminó!
No hace mucho tiempo, fui invitado por un empresario para conversar
sobre su empresa. El expuso su problema. El problema era de operación en
el “piso de fábrica”. Educadamente le explique que sería mejor atendido
por una consultora asociada a la mía, especializada en resolver
problemas de manufactura y mantenimiento en áreas productivas de
fabricación.
El cliente quedó satisfecho con la atención y yo no desperdicié ni su
tiempo ni su dinero “intentando resolver” lo que no es de mi vocación.
Gracias a esta postura, mi empresa ahora está siendo contratada para
promover la mejoría de los resultados de su organización. Modestia
aparte, en eso somos campeones. Se precisa solamente conversar con
nuestros clientes satisfechos.
CUÁNDO SE PRECISA DE UN CONSULTOR
Algunos autores afirman que las empresas normalmente llaman cuando
pretenden desarrollar procesos de excelencia para sus negocios en los
siguientes puntos:
- No tienen conciencia de lo que es mejor;
- Poseen sistemas reactivos de respuesta para los clientes;
- Poseen sistemas de Calidad parciales;
- No definen claramente sus objetivos;
- No miden sus desempeños; y,
- No tienen estrategia de largo plazo o de Calidad.
Eso hace que los líderes empresariales contraten “gurús”, o adopten
“modelos” que resultan ciertos en otros lugares.
Ellos no saben, no obstante, que eso normalmente sólo empeora todavía
más la situación. Entre otros justificativos es siempre bueno recordar
que esos modelos importados fueron hechos para la empresa de John and
Mary y no para la de Juan y María.
J. S. Morgan3, analizando la cuestión, comenta: “La necesidad de
realizar cambios en la organización puede pasar desapercibida por la
administración de la empresa, que está limitada por su cultura. En este
caso, los consultores externos pueden dar valiosas contribuciones por
estar exentos de la contaminación del ambiente interno.”
Basado en el estudio del autor, enumero en mi libro algunos indicadores
de situaciones críticas que exigen cambios, con o sin ayuda de
consultores4. Son ellos:
Demora y plazos sistemáticamente vencidos
La empresa sufre de la crisis del apuro. Esto atenta contra el tiempo
necesario para superar atrasos causados por falta de diseño o rediseño
de sus procesos, inclusive el de atender y retener a los clientes.
Poca flexibilidad
Estructuras antiguas y poco flexibles. La iniciativa es combatida y, a
veces, penada. La desmotivación impera y la organización se arrastra.
D. Gomes, nos cuenta en su libro una historia que bien ilustra este tipo
de problema5. Escribe la autora: “Un día, un instructor estaba con un
grupo de colaboradores de una empresa dando un curso. Hablaban sobre la
afirmación del Dr. Deming, de que es preciso tener satisfacción en el
trabajo, cuando una joven dio un testimonio personal que le chocó a
todos los participantes. Contó que la empresa donde trabajaba
anteriormente exhibía en las paredes de sus salas una frase que
reflejaba la política de aquella organización. En cuadros, con lindas
molduras, había el siguiente mensaje:
USTED NO ESTÁ SIENDO PAGADO PARA TENER EMOCIONES
“La inercia – observa J. S. Morgan – lleva a que la organización formal
se perpetúe, independientemente de criterios de eficacia, pues las
percepciones, en general, están bloqueadas o mal desarrolladas.
Estructuras no alteradas por más de dos años, pueden reflejar
inadecuaciones que explican la ocurrencia de fracasos.”
Objetivos imprecisos
Actualmente atendí a una empresa que no divulgaba internamente sus
objetivos por juzgarlos confidenciales.
Siempre que los objetivos de una organización no son convenientemente
comunicados a su equipo, todos pasan a hacer aquello que “creen” que
debe ser hecho, lo que habitualmente genera errores, engaños u omisiones
que se reflejan directamente en los resultados de la empresa. Cabe
recordar que el resultado no es solo financiero.
Objetivos contradictorios
Cuando la responsabilidad no está definida, no es de nadie. La
generación de objetivos contradictorios, normalmente observada en
organizaciones donde la conducción no está definida, genera una gestión
intuitiva y la consecuente existencia de acciones aisladas y de
personalismo, generadores de conflictos e irresponsabilidades – el
famoso eso no es para mi!
Falta de equilibrio organizacional
Más de una vez, a falta de una visión clara de los procesos de la
organización, acaba por sobrecargar algunas estaciones u organizaciones
de trabajo, en tanto que otras están semi ociosas. Es bueno estar
atentos del hecho de que las empresas del futuro serán administradas por
procesos y por tiempos.
Éxitos del pasado como mito
“Una de las principales causas de fracasos en las organizaciones, y la
consecuente necesidad de contratar un consultor para que ayude a
revertir la situación, es la ‘monotonía’ con que son administradas. Los
dirigentes de esas organizaciones se apoyan en los éxitos del pasado y
dejan de preparase para el futuro.”6
Segundo G. Stalk Jr. y L. Urwick7 “cuando la empresa comienza a
presentar señales negativas, la primera acción a realizar es la de
examinarse la situación de sus dirigentes, gerentes y líderes de
procesos, en cuanto al nivel de actualización.”
En cuanto a este último tópico me gustaría hacer un comentario aparte.
No son pocas las organizaciones que consideran métodos y procesos de
éxito en épocas pasadas como intocables. Cualquier movimiento en el
sentido de mejorarlos o incluso cambiarlos es interpretado como acción
reaccionaria y rechazado con autoritarismo y, a veces, con cierta
“truculencia”.
Lo que las personas que así actúan ignoran, es que sujetando la
organización al pasado están impidiendo su desenvolvimiento,
crecimiento, modernización. Ellas están “saboteando” su propio negocio,
permitiendo que organizaciones más ágiles y comprometidas con el futuro
ocupen su espacio de mercado. Algunas de ellas, lamentablemente, sólo se
sensibilizan cuando ya es muy tarde. Un triste y real ejemplo es el del
The Saturday Evening Post, del cual extraje parte del discurso de su
presidente Martin Ackerman: “Este es uno de los días más tristes de mi
vida: triste para mi, para nuestros empleados, auxiliares, directores y,
de hecho, para el público americano. Aparentemente, no existe más
necesidad de nuestro producto en el esquema de vida actual.”
LA DURACIÓN DE LA CONSULTORÍA
Es obvio que no existe una receta para determinar eso, no obstante, yo
arriesgo a decir que la duración ideal de la consultoría es solamente
aquella en que el problema que llevo a la organización a contratar un
consultor perdura.
Muchas veces, el consultor es convocado para realizar otros trabajos al
término de aquel inicial. Hasta aquí todo bien, lo que no debe ser
olvidado es que una de las principales misiones de un profesional de
esta área es capacitar a uno o más miembros del equipo del cliente para
que solucionen sus propios problemas. La organización precisa caminar
con sus propias piernas.
CÓMO MEDIR EL TRABAJO DEL CONSULTOR
Más de una vez soy obligado a decir que no existe un sólo modelo para
eso. De una cosa, sin embargo, tengo certeza, tanto que dedique un
capítulo del anterior y algunos párrafos de mi nuevo libro sobre el tema
control. Como cierta vez dijo un sabio, donde no existe control existe
corrupción.
Una de las formas que recomiendo es la realización de reuniones de
análisis crítico, como máximo, cada 60 o 90 días, pues hoy ya existen
metodologías que permiten que se obtengan resultados hasta en plazos
menores.
Eliyahu Goldratt cierta vez dijo: “Digame cómo me mide y le diré cómo me
comportaré. Si me mide de manera ilógica... no se queje del
comportamiento ilógico.”
CONCLUSIÓN
El gran desafío es identificar de forma clara la necesidad de contratar
un consultor, un especialista que pueda ayudar a la organización en
determinado momento, sin que tenga que ser contratado en otro problema.
Dejo aquí, sin tener la pretensión de que este artículo represente la
palabra final sobre el asunto, algunas recomendaciones finales que
sumadas a los tópicos presentados en el texto servirán de punto de
partida para tomar decisiones sobre este tema. Son ellas:
1. Dé preferencia a consultores que trabajen con un equipo. Nadie tiene
conocimiento sobre todo;
2. Pida referencias y converse con clientes ya atendidos por el
consultor;
3. Procure saber el nível y la frecuencia con la que él y su equipo se
actualizan.
Prof. Antomar Marins e Silva, MBA
Principal Ejecutivo del Grupo Marins, Molnar & Associados y Consultor de la United Nations Industrial Development Organization – UNIDO – en las áreas de Gestión Estratégica de Negocios, Marketing y Calidad. MBA Master Business Administration en Calidad por la Grifo/Tampa of University, Docente de FGV Management. Fue Director Adjunto de Enseñanza de la ESPM Escuela Superior de Propaganda y Marketing. Es poseedor de inumerables premios y títulos profesionales en Marketing y Comunicaciones, además de honorarias en Brasil y el Exterior. Autor de los libros Gestión Estratégica y Negocios: Pensamientos y Reflexiones, Calidad: El Desafío de la Secretaria, Desperdicio: Cómo Eliminarlos a Través de los 5S's y Gestión Estratégica: Casos para Discusión.
Traducción: Ing. Fernando Olmedo
Cedido por: Estr@tegia Magazine
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