En primer lugar, deberá analizarse si, además de generar un excedente
de recursos (beneficio), la empresa es capaz de generar valor para el
accionista. Esta situación se producirá cuando la rentabilidad de los
recursos de los accionistas comprometidos en la empresa sea superior a
la que obtendrían aplicándolo a otra inversión con el mismo nivel de
riesgo.
Este análisis no es desdeñable ya que puede condicionarnos las
decisiones que tomemos respecto a la aplicación que hagamos de ese
origen de recursos.
Una de las soluciones posibles a adoptar sería la de retribuir a los
accionistas mediante un reparto de dividendo. Esta situación, a priori,
mantendría satisfechos a los accionistas, que verían así aumentar su
nivel de ingresos. Aparentemente, a mayor dividendo mayor satisfacción.
Sin embargo, como gestores estaríamos admitiendo que no tenemos
proyectos capaces de seguir incrementando el valor del accionista: No
necesitamos recursos adicionales (retener los beneficios) porque no
tenemos inversiones a los que aplicarlos.
Si optamos por mantener los recursos en la empresa, deberemos generar un
volumen mayor de recursos excedentarios (beneficio) para que no se
reduzca la rentabilidad frente a recursos propios y, en consecuencia, se
mantenga la creación de valor. Por lo tanto, la empresa deberá crecer.
Como vemos, el crecimiento se produce cuando en la empresa existen
recursos infrautilizados u ociosos a los que se intenta buscar utilidad
y decide explotarlos, en vez de transferir su propiedad a otro agente
del mercado.
Son múltiples los beneficios derivados del crecimiento empresarial.
Nosotros destacaremos los siguientes:
El mayor prestigio de los directivos o las mejores posibilidades de
promoción de los empleados, lo que nos permitirá fidelizar el talento
con el proyecto al posibilitar que las personas de más valía asuman
responsabilidades de mayor entidad.
Afrontar nuevos retos empresariales que estimulen el desarrollo de las
personas y la organización.
Capacidad de atraer capital de inversores externos lo que nos permita
afrontar proyectos de mayor envergadura.
La mejora de la posición de la empresa en los mercados de capitales.
Adquirir una posición competitiva más sólida.
Acceder a escalas de mercado que mejoren la competitividad de la
empresa.
Mantener la cuota de mercado en el caso de que el mercado en que se
opera esté en crecimiento.
Sin embargo, la expansión de la empresa también conlleva importantes
peligros. Destacaremos los siguientes:
La inversión en sectores en los que el éxito competitivo depende de la
posesión de recursos, capacidades y conocimientos de los que la empresa
no dispone.
Alcanzar una dimensión empresarial superior a lo que la empresa es
capaz de gestionar.
Las estrategias de crecimiento que la empresa puede emplear siguen,
fundamentalmente, unos patrones básicos. La elección de una estrategia u
otra dependerá de las capacidades disponibles en cada momento y de la
predisposición a afrontar riesgos por parte de los accionistas.
Si el desarrollo de la actividad de la empresa en un determinado mercado
ha sido exitosa, las primeras estrategias que se llevan a cabo son las
de crecimiento horizontal, es decir, se desarrollan los nuevos negocios
dentro de las estructuras producto/mercado existentes.
Dentro de este crecimiento de tipo horizontal, las estrategias de
expansión que puede seguir la empresa son:
a) Estrategias de concentración/penetración. Se persigue una mayor
participación en el sector/mercado mediante la utilización de prácticas
generalizadas de marketing.
b) Estrategias de desarrollo de productos a través de la ampliación de
la línea actual, lo que se puede alcanzar con la adición de nuevas
características que permitan una mayor diferenciación o el desarrollo de
productos de nueva generación mediante la aplicación de nuevas
tecnologías.
c) Estrategias de desarrollo de mercados, ofreciendo los mismos
productos y/o servicios en nuevos mercados. En este caso, se presentan
dos opciones:
a. La expansión de la base geográfica donde opera la empresa.
b. El acercamiento a nuevos segmentos de mercado o perfiles de clientes.
Cuando se ha alcanzado la saturación en los mercados actuales, la
segunda estrategia disponible para la empresa es la integración
vertical, buscando el incremento del valor añadido a partir de una base
de negocios dada. Con el crecimiento vertical, se pretende extender los
negocios actuales de la organización en dos posibles direcciones:
a) La integración hacia adelante, que conduce a un mayor acercamiento a
los clientes mediante la realización de las actividades relacionadas con
la distribución y venta.
b) La integración hacia atrás, que ocurre cuando la organización busca
un mayor control sobre sus sistemas de suministros ampliamente
entendidos.
Una vez que hemos agotado nuestra capacidad de crecimiento por las vías
mencionadas, la estrategia a seguir para continuar con el crecimiento
consiste en entrar en nuevos negocios a través de la diversificación,
estrategia cuyo análisis dejaremos para nuestro siguiente artículo.
Estrategia y Gestión de Negocios
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