"No podemos enseñarle nada a la gente; sólo podemos ayudarlos a que descubran lo que hay en su interior" Galileo Galilei.
En nuestra vida personal o en nuestra actividad laboral muchas veces
nos encontramos con obstáculos invisibles, impedimentos que nos
imposibilitan avanzar, situaciones que se nos tornan conflictivas y no
entendemos el porqué. Actividades que a otros les resultan relativamente
sencillas se nos presentan como imposibles de realizar, acciones que no
muestran mayor complejidad se transforman en inalcanzables. Es como si
estuviéramos subiendo por una escalera y de pronto nos topáramos con
algo que nos entorpece el ascenso. No logramos ver qué es, pero sabemos
que nos obstruye el camino. Hacemos esfuerzos para evadirlo, pero todo
es en vano. Queremos hacer algo diferente, pero no sabemos qué. Es como
un “techo de cristal”, algo que nos resulta imposible de ver pero que
cada vez que queremos seguir avanzando chocamos nuestra cabeza contra
ello.
Esto no es algo que eventualmente le acontezca a alguna persona, sino
que nos sucede a todos y reiteradas veces a lo largo de nuestra vida. A
este fenómeno, que expresa los límites que tenemos los seres humanos en
nuestra capacidad de acción y aprendizaje, Echeverría lo denomina “el
principio del carácter no lineal del comportamiento humano”. Sostiene
que: “los seres humanos no pueden incrementar lineal e indefinidamente
su capacidad de acción. No pueden aprender linealmente cualquier cosa
que se propongan. Tanto en su capacidad de acción, como en su capacidad
específica de aprendizaje, encuentran límites, se enfrentan con
obstáculos que les impide alcanzar determinados resultados. La capacidad
de acción y de aprendizaje no es continua ni homogénea”.
Vale aclarar que no nos estamos refiriendo a las circunstancias donde el
límite de nuestra capacidad de acción o aprendizaje está determinado por
características biológicas o de cualidades innatas en las personas. Está
claro para la mayoría de nosotros que, por más que nos capacitemos y
entrenemos el resto de nuestras vidas, jamás llegaremos a componer
música como Mozart, a pintar como Miguel Ángel o a jugar al fútbol como
Maradona. Nos referimos a acciones que están al alcance de nuestras
posibilidades y que por distintos motivos no logramos realizar con
efectividad.
En estos momentos, la alternativa para avanzar en nuestro camino de
desarrollo puede implicar pedir ayuda. La figura que emerge como la más
idónea e indicada para asistir estos procesos de aprendizaje y cambio,
es la del coach.
El coach es una persona entrenada para detectar estas áreas de
dificultad, estas “barreras invisibles” que traban nuestro crecimiento o
dificultan nuestro desempeño. Su rol es acompañar y facilitar el
desarrollo de las potencialidades de las personas, ayudando a superar
las trabas y resistencias que limitan su accionar y dificultan la
concreción de sus objetivos. Podemos definir al coach como un
facilitador del desarrollo personal.
El coaching es un proceso sistemático que facilita el aprendizaje y
promueve cambios cognitivos, emocionales y conductuales que expanden la
capacidad de acción en función del logro de las metas propuestas. Se
trata de una disciplina emergente que trabaja en la facilitación de los
procesos de desarrollo de las personas: en la evolución profesional, en
los tránsitos de la carrera laboral, en el logro de objetivos, en la
disolución de obstáculos para el crecimiento personal y en la búsqueda
del mejoramiento de los niveles de rendimiento. En ámbitos
organizacionales el coaching se afianza como una poderosa herramienta
que potencia el liderazgo, facilita el desempeño y acompaña procesos de
capacitación y entrenamiento a los efectos de garantizar la efectiva
adquisición de las competencias.
El coaching puede ser ejercido desde distintas concepciones y desde
diversos marcos conceptuales. Por ejemplo, la tendencia de mayor
vigencia en EEUU. asemeja el coaching al entrenamiento personal . Más
allá de los pros y los contras de cada uno de los distintos enfoques,
vale aclarar que el modelo que asumimos en nuestro desempeño y que a
continuación vamos a exponer, es el que orienta su intervención en
posibilitar el Aprendizaje Transformacional. A nuestro entender es el
más efectivo y el que posee el mayor alcance de aplicación.
El coaching está focalizado en "ayudar a aprender", que es un proceso
diferente al enseñar. El coach no es alguien que le diga al consultante
qué es lo que tiene que hacer. Su tarea no es juzgar, ni dar consejos.
El coach no indica soluciones, no señala el camino “correcto”, ni impone
su particular modo de pensar, sino que interviene para que el
consultante pueda analizar y rever las interpretaciones que tiene sobre
la situación que declara como problemática.
El rol del coach es hacer preguntas que estimulen a reflexionar, a
recapacitar críticamente acerca de los supuestos indudables, a poner en
cuestión las creencias, a conmover las certezas y a tornar discutible lo
que se considera incuestionable. El trabajo del coach se sustenta más en
los signos de interrogación que en los de admiración. Su misión es hacer
que cada persona alcance sus propias comprensiones, viva con más
conciencia y autenticidad y logre desplegar su potencialidad en el logro
de sus objetivos.
En este sentido el coaching posee una gran semejanza con el concepto de
la Mayeútica acuñado por Sócrates, quien afirmaba que “No puedo
enseñarle nada a nadie, sólo puedo hacerlos pensar” y por lo tanto él,
como gran maestro, conducía el camino del aprendizaje a través de las
preguntas, dejando que sus discípulos o interlocutores fuesen
encontrando sus propias respuestas y soluciones a los problemas
planteados.
Sócrates denominó Mayéutica a esta metodología de indagación, que quiere
decir “arte de las parteras”. Utilizó esta metáfora para señalar la
profundidad de esta práctica de indagación, tal cual la concebía.
Sostenía que él ejercía un arte parecido al de su madre, Fenáreta, que
era comadrona. Decía que las comadronas eran parteras de cuerpos, que
ayudaban a dar a luz, pero no daban a luz, mientras que él era un
partero de almas, que ayudaba a encontrar las respuestas, pero no daba
respuestas.
Este método de indagación a través del cual guiaba a las personas a
buscar nuevos sentidos y a reflexionar sobre distintas situaciones
buscando otros puntos de vista, es lo más parecido a nuestra concepción
del coaching. Una frase de Sócrates define con claridad este proceso:
“Yo nada sé y soy estéril, pero puedo servirte de partera y por eso hago
encantamientos para que des a luz tu idea”.
El coaching se sustenta en el principio de la autonomía de la persona y
está dirigido a que el consultante asuma plena responsabilidad por sus
acciones y por los resultados obtenidos. El coach acompaña y facilita el
proceso de aprendizaje y cambio que posibilite al individuo a realizar
las acciones necesarias para conseguir los objetivos con los que está
comprometido a alcanzar y que no está logrando.
El coach puede mostrar posibilidades que no están siendo consideradas,
sugerir interpretaciones o plantear rumbos de acción, pero nunca indica
lo que “debe” hacerse sino que deja el poder de elección y acción en
manos de la persona. Al decir de Virginia Satir: "Nadie puede convencer
a otro de que cambie. Cada uno de nosotros custodia una puerta del
cambio que sólo puede abrirse desde adentro. No podemos abrir la puerta
de otro, ni con argumentos ni con apelaciones emocionales."
Desde la óptica del Aprendizaje Transformacional, no hay problemas a
resolver "allí fuera", independientes de cómo pensamos y sentimos. La
forma en que vemos el problema es parte del problema. Es por esto que la
interpretación que sustentamos sobre una situación y la emocionalidad
que la misma nos genera, son los aspectos centrales que debemos abordar
para poder accionar con efectividad. Tan es así, que hay circunstancias
en las que no se trata de “resolver” el problema, sino de “disolver” el
problema. Son los casos en los que al transformar nuestra perspectiva de
observación, al modificar nuestra interpretación de los hechos, la
situación ya no se nos presenta como problemática. Muchas veces este
cambio nos permite “ver” posibilidades u oportunidades que hasta el
momento nos resultaban inexistentes. Al decir de Albert Einstein: “El
mundo tiene problemas que no pueden ser resueltos pensando de la misma
manera en que lo hacíamos cuando los creamos”.
Las conversaciones de coaching están orientadas a lograr un
desplazamiento en las observaciones y explicaciones que poseemos sobre
nosotros mismos y sobre los demás, sobre el entorno y las
circunstancias, sobre lo que juzgamos como posible o imposible, sobre lo
que valoramos como amenaza u oportunidad.
El coach conduce a que el consultante pueda separar el fenómeno de su
interpretación, es decir, la experiencia de su explicación. Las
experiencias remiten a las cosas que nos pasan en la vida y sobre ellas
elaboramos interpretaciones y nos contamos historias. Estas narrativas
otorgan sentido a lo que acontece y es este significado asignado el que
nos abre o cierra posibilidades. El problema no es que las historias que
nos contamos sean verdaderas o falsas, lo significativo es que la carga
interpretativa que introducimos en ellas nos posibilita o restringe
nuestro accionar.
El proceso del coaching procura que el consultante pueda discriminar
entre los hechos comprobables y la opinión que tiene formada acerca de
los mismos. Que pueda revisar los fundamentos y la validez de los
juicios elaborados y que reconozca cuáles son las creencias, valores y
supuestos implícitos que dan origen a su estructura interpretativa.
Acceder a una observación diferente o realizar un reencuadre de las
propias interpretaciones, posibilita observar los acontecimientos desde
otra perspectiva. Esta apertura de nuevos horizontes de sentido es la
que permite ampliar la capacidad de acción y alcanzar un cambio
significativo en los resultados.
En el coaching también se trabaja con la emocionalidad como
predisposición para la acción. El coach acompaña a transitar la tensión
emocional, a superar la ansiedad e incertidumbre del cambio y a generar
el estado anímico necesario para afrontar el nuevo desafío y realizar el
proceso de aprendizaje. Apuntala la confianza de las personas en sus
propias capacidades y reafirma el sentido de seguridad en sí mismo para
realizar las acciones que conduzcan a los resultados requeridos.