Desde hace ya algunos años se ha introducido en nuestro país la
Formación Experiencial como una manera efectiva y mesurable de promover
el cambio dentro de las organizaciones. Básicamente, la Formación
Experiencial actúa en el terreno de los cambios de actitudes en las
personas y provocando la creación de aprendizajes de manera profunda y
duradera mediante un proceso de 4 partes:
- Experimentación, por el participante, de una actividad o situación
específica.
- Observación reflexiva de la actividad realizada. Esta fase se realiza
con el soporte de un facilitador, que ayuda y guía la reflexión en
función de los objetivos concretos de la acción y que han sido
previamente detectados y analizados.
- Interpretación o conceptualización abstracta de lo sucedido durante la
experiencia. Es este el momento de la creación, porque los participantes
crean sus propios aprendizajes.
- Experimentación de los aprendizajes creados durante la actividad
profesional.
Si como es el caso de este artículo nuestro interés se centra en las
personas que cumplen las funciones de líderes en las organizaciones, la
Formación Experiencial tiene un claro objetivo: el desarrollo de las
habilidades de liderazgo desde la experimentación directa. Y es que,
desde un modelo de liderazgo integrador, las competencias que debe
desplegar un líder no hacen referencia únicamente a las relativas a un
gestor o director, que se centra únicamente en conseguir los resultados
establecidos por la organización. El líder, el buen líder, persigue
cuatro metas principales:
- Conseguir los resultados marcados.
- Desarrollar a las personas que forman parte de su equipo.
- Respetar los valores y la cultura de la empresa.
- Gestionar y promover el cambio en la organización.
Y es que hay que comenzar a ser conscientes de una vez por todas que las
empresas son algo más que estructuras generadoras de riqueza: son
estructuras humanas, poseedoras de una cultura y conjunto de valores
propios que configuran su identidad. Por lo tanto, es crucial potenciar
dentro de esa cultura, de esa red que ordena la vida de las empresas, la
capacidad de respuesta de las personas en cada una de las situaciones
que vive la organización. Hay que generar situaciones que proporcionen a
los miembros de las empresas herramientas adecuadas para el cambio, y en
eso los líderes han de marcar el terreno y jugar un papel fundamental.
Este papel se basa en dos tipos de creencias:
- Creencias limitadoras. A lo largo de nuestra actividad nos hemos
encontrado con situaciones en las que, por ejemplo, el líder de una
organización piensa que las personas que tiene a su cargo no pueden
responder al cambio deseado por sus superiores o que es imposible que
puedan hacerlo tan bien como él. Cambiar estas creencias conlleva que el
líder sea capaz de desarrollar a las personas que tiene a su cargo,
haciendo que mejoren profesionalmente, y que progresen en su plan de
carrera. En este sentido la Formación Experiencial nos ha demostrado que
puede romper los hábitos consolidados y fomentar la expresión del
potencial individual es el camino.
- Creencias posibilitadoras. Otro ejemplo habitual en las organizaciones
que requieren acciones de Formación Experiencial es la del líder que
piensa que las personas a su cargo son brillantes, tienen un gran
potencial y vale la pena invertir tiempo y recursos para hacerlas
crecer. La Formación Experiencial ha demostrado que puede reforzar esta
idea y que la mejor contribución al progreso de los demás (misión
inequívoca de un líder) proviene de la capacidad de inspirar, motivar y
compartir.
NIVEL INDIVIDUAL Y NIVEL SISTÉMICO
No debemos olvidar, por otro lado, que un líder lo es siempre dentro de
un sistema, en el seno de un equipo de trabajo. Por ello, la Formación
Experiencial ofrece un espacio de reflexión único para que el líder
pueda identificar sus puntos fuertes, y también sus áreas de mejora,
desde una doble perspectiva: individual y sistémica.
- De forma individual, desarrollando procesos de acompañamiento personal
o coaching, donde el facilitador o coach ayuda a la persona a hacer
conscientes sus necesidades y áreas de crecimiento. Para ello deben
establecerse previamente unos objetivos, ya que sólo entonces podrán
hacerse conscientes los principales aprendizajes necesarios para lograr
este objetivo.
- De forma sistémica, desarrollando acciones en las que participa el
equipo de trabajo del líder, y éste realiza un aprendizaje en referencia
a la organización en la cual lleva a cabo su tarea como profesional.

Esta doble perspectiva (individual y sistémica) de la Formación Experiencial constituye un proceso único y global. Se trata de acciones complementarias que ayudan al desarrollo de la persona desde una perspectiva humanista y vivencial, ejerciendo un efecto multiplicador en el proceso personal de desarrollo y produciéndose un feedback bidireccional. En todo caso, sea cual sea el formato de la acción, la Formación Experiencial pone en evidencia que el participante es el responsable último de su propio desarrollo. Se convierte así en el agente activo en el proceso de aprendizaje, y eso constituye un valor diferencial de enorme interés.
Directora
de DAS Consultores Asociados y coach de alta dirección.
Nona es Máster Practitioner, Trainer en Programación Neuro-Lingüística y Epistemóloga, así como psicoterapeuta integrativa y sistémica.
Coach de alta dirección y consultora organizacional, con más de diez años de experiencia, es M.B.A. (Máster in Business Administration), B.B.A. (Bachelor in Business Administration) por la Kennedy Western University y Máster en Dirección de Empresas por ISDE.
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