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RESUMEN
Un estratega interroga a la vida. Cuenta con cierto carisma fascinante,
nos seduce justo lo que le hace diferente a la media: no está conforme,
espera más, está seguro de sí, busca buenas preguntas en cualquier parte
y, fundamental, ha asumido que le toca a él y a nadie más construir el
futuro que sueña y le apasiona. Conocer el perfil de un Estratega
constituye una excelente guía a consultar ante las inevitables
bifurcaciones de la vida, privada y empresarial, nos plantea metas de
desarrollo y una eficaz retroalimentación respecto a nuestro desempeño
habitual.
1. Actitud Estratégica
La gran mayoría de los trabajos que podemos encontrar sobre Estrategia
abundan en consideraciones sobre cómo competir con mayor eficacia, qué
variables intervienen y definen este proceso, pero es un hecho que pasan
por alto con bastante frecuencia la figura del Estratega y su distintiva
personalidad. Podríamos contar las excepciones, una de las más notables
y recientes quizás desde el mundo académico: “La Mente del Estratega”
(1990) de K. Ohmae.
Por supuesto, donde quiera que el pensamiento científico deja una
brecha, allí se instala el arte y es así como encontramos múltiples
acercamientos al estratega en excelentes biografías sobre Genghis Khan,
Alejandro Magno, Julio Cesar, Mao Tse Tung, y tantos líderes y caudillos
que marcaron la historia universal.
Más cercanos al Caribe y dentro del propio decursar de nuestra historia
también sentiremos el impacto de un Simón Bolívar, un Emiliano Zapata,
Máximo Gómez, Antonio Maceo, José Martí, Che, Fidel… la lista sería
francamente interminable. Todos han grabado emotivas hazañas, momentos
difíciles, profundos avatares espirituales, iniciativas creadoras,
visiones compartidas generadoras de nuevas realidades, escenas que
desembocan en un perfil psicológico característico que la literatura
sobre estrategia descuida más de una vez.
Por todo esto es importante comenzar nuestro andar hacia la Gestión
Estratégica examinando un modelo posible del estratega que a la vez
posibilite revisar nuestro desempeño y plantearnos metas de desarrollo.
Necesitamos reconocerlo, sin la actitud correcta seguramente seremos un
estorbo cuando se intente proyectar estratégicamente la empresa. La
mente del estratega ya superó prejuicios, lamentos, indecisiones,
también la baja disposición al riesgo o el no querer soñar.
Un estratega interroga a la vida. Cuenta con cierto carisma fascinante,
nos seduce justo lo que le hace diferente a la media: no está conforme,
espera más, está seguro de sí, busca buenas preguntas en cualquier parte
y, fundamental, ha asumido que le toca a él y a nadie más construir el
futuro que sueña y le apasiona. La gran mayoría de las personas, en
cambio, tienden a esperar que las cosas pasen, no se conocen lo
suficiente ni se encuentran lo suficientemente entusiasmadas por su
destino.
Resumamos pues las cualidades que podríamos considerar prototípicas de
un Estratega (ver figura 1).

Figura 1. Prototipo de un Estratega. 10 rasgos fundamentales
Esta imagen es un esquema comprensivo de las características del
estratega. Cada atributo alcanza todo su sentido y se beneficia del
rasgo anterior y siguiente. Hagamos un análisis más detallado.
2. Examen del prototipo de un estratega1
“¿Cómo podríamos pensar en actuar como un estratega sin mirar a lo
lejos, a lo ancho, a lo profundo; tomar riesgos, pensar en el hombre?...
Contemplando el futuro se transforma el presente” (Berger, 1964. Cit.
por Godet, p. 9)
Para G. Berger el futuro se convierte en la razón de ser del presente.
Esa es la actitud distintiva del estratega, que no mira sólo al aquí y
ahora, el corto plazo, sino que todo gana sentido cuando se enfoca en la
distancia. El estratega básicamente está enfrascado en conquistar el
futuro.
Se aprecia que hablar de estrategas es hablar de un cambio de actitud
importantísimo. Para quien, por causa de la educación e instrucción
recibida, experiencias, estímulos, cultura, etc., su estilo de
pensamiento es más bien tradicional, esta Actitud Estratégica viene a
ser una verdadera revolución mental, un cambio de paradigma que le
convertirá en una persona más plena, ante todo, porque percibirá que ha
recuperado el control, que vale la pena comprometerse, que comprende las
circunstancias que le rodean y la vida es un desafío apasionante donde
es factible declararse optimista.
Un pensador estratégico, además de mirar al frente, tendrá siempre una
Percepción en Secuencia. Como una tira cinematográfica visualiza el
desenvolvimiento de los acontecimientos, cuáles serán sus actuaciones
sobre la marcha, encadena una acción a otra buscando provocar el efecto
deseado. Sus acciones se caracterizan por apoyarse mutuamente. Podríamos
decir que en su juego no hay piezas aisladas.
Por otra parte nos llamará siempre la atención, cuando nos aproximamos a
la personalidad e historia de un estratega, esa cualidad suya, casi
felina, que denominamos Discreción, la reserva con que actúa, el enigma
que representa para nosotros. Habitualmente compartimenta la información
relevante y la pone a circular en el momento y nivel justo. La
estrategia no es posible si es conocida o copiada por la persona
equivocada. De un estratega auténtico veremos la táctica, pero nunca, a
menos que nos lo explique, el sentido último de sus movimientos, sus
Objetivos Estratégicos.
Las metas del estratega usualmente estarán asociadas a caminos por
recorrer largos y accidentados, caminos que para él se hacen al andar,
recordando la canción. En ese transito el estratega auténtico nos
muestra otra importante fortaleza: su Adaptabilidad. Se detiene a menudo
y percibe la gama de alternativas posibles, sopesa los costos y
beneficios de cada una, "¿qué pasaría sí...?", “¿cuál sería el mejor
curso de acción…?”.
Interesante y difícil es esta habilidad para acomodarse a la situación
haciendo renuncia a veces al propio ego; una destreza que se conoce de
antaño (Sun Tzu, El Arte de la Guerra, 500 años a. C.) pero que pocos
desarrollan. La forma de pensar y proceder de un estratega no es
estática ni predecible. Es tan flexible que puede llegar a confundir a
los competidores y actores en general del escenario donde opera. Y no
hablamos de aquellas “cortinas de humo” expresamente fabricadas para
despistar al adversario, apuntamos a la capacidad admirable que tiene
para descifrar la situación y la conducta más productiva e inteligente
de que es capaz atendiendo a sus posibilidades reales.
“Puede ser león que ataca ferozmente…, o puede ser camaleón que se
mimetiza para pasar desapercibido mientras avanza y deja atrás a su
competencia (…) El estratega es la pequeña semilla de mostaza germinando
en medio de los grandes árboles del bosque…” (Ribas, 2002)
Viendo lo anterior quizás conformamos una imagen un tanto fría del
estratega, en exceso calculador, pero no es exactamente así. H.
Mintzberg al hablar de las “Estrategias Artesanales” nos traslada el
concepto de un proceso estratégico bastante vivencial, donde tomamos
contacto con la “masa”, la materia prima de nuestro pensamiento (Ref.
por Thompson y Strickland III, 1994) Sentimos el problema, ambicionamos
una posición, nos atrae una o más alternativas. Desde esta acepción,
puesto que pensamiento y emoción nunca podrán separarse, es imposible
concebir al estratega como alguien frío, todo lo contrario, por lo
general se encuentra muy implicado emocionalmente con el destino de su
organización.
De aquí le llega al estratega esa capacidad imprescindible: el saber
convencer, persuadir, vender la idea por sus beneficios. Ya en plan de
Líder o Asesor esta persona sabe contagiar a los demás respecto a su
visión, tiende un puente al futuro y nos motiva sinceramente a caminar
por él, aplasta combinando golpes de lógica y ese sexto sentido que
respetamos. Un estratega debe ser Convincente, dominar el arte de la
comunicación, o el proceso estratégico nunca echará a andar, apenas si
calentará los motores.
Prestando atención a las reflexiones del estratega encontraremos otro
atractivo especial, su Creatividad. Aplica con frecuencia el principio
según el cual para dar solución a problemas nuevos hacen falta ideas
nuevas y el pensamiento puramente lógico se ve limitado para
conseguirlas. Por ello el estratega apela a lo que E. de Bono (1970)
denomina Pensamiento Lateral, pues va en busca de soluciones no
convencionales.
"La mente tiende a crear modelos fijos de conceptos, lo que limitará el
uso de la nueva información disponible a menos que se disponga de algún
medio de reestructurar los modelos ya existentes, actualizándolos
objetivamente con nuevos datos" (de Bono, 1970. Cit. por Mentruyt, 2002)
De eso se trata, de reestructurar esquemas de pensamiento en forma
creativa. Pero no sólo el pensamiento lateral o divergente, empleando la
terminología original (Guilford, 1951) sirve de soporte a la creatividad
del estratega. También se vale de otra cualidad esencial: se concentra
en el todo y lo considera más importantes que la suma de las partes. Un
pensamiento holístico capta las situaciones en su conjunto, gracias a él
todavía es posible ver el bosque más allá de los árboles.
Mirando el todo, rompiendo esquemas, la estrategia nace de un proceso
mitad técnico, mitad arte. No es un proceso fácil, duele, confunde. En
ella no hay espacio para las mentes conservadoras, apegadas a reglas y
dogmas que no trascienden el momento por las razones que sean. El
pensamiento creador se impone frente a una fuerte corriente contraria
incubadora de muchos conflictos.
“La verdadera creatividad – recuerda R. Farson (1997) – siempre infringe
las reglas. Es por ello que resulta tan inmanejable y que, en muchas
empresas, cuando se habla de que deseamos creatividad, en realidad nos
referimos a la creatividad manejable. No queremos la creatividad pura,
espectacular, radical, que requiere que cambiemos” (Farson, Cap. 18)
Esta “creatividad manejable” constituye un importante desestímulo al
pensamiento original con carga de futuro. No en balde decía T. A. Edison
que el pensamiento ingenioso es 1 % de inspiración y 99 % de
transpiración. Mucho hay que trabajar y esforzarse para vencer las
resistencias al cambio.
Ahora bien, pensando en este rasgo creativo-artístico del estratega
surge otra pregunta válida. ¿En virtud de su creatividad, va entonces el
estratega al extremo de la irracionalidad y la pura intuición? El Sr.
Estrategia, como se conoce a K. Ohmae2, aclara completamente este
particular.
Los estrategas no rechazan el análisis ni la razón. En realidad,
trabajan permanentemente haciendo análisis, pero lo usan sólo para
estimular el proceso creativo, para probar las ideas que surgen, para
averiguar las consecuencias estratégicas o para no fallar en la
ejecución de ideas "locas" que tienen grandes posibilidades y que, de
otro modo, nunca se habrían puesto en práctica. El análisis es el punto
de partida del pensamiento estratégico. El pensador estratégico se
enfrenta a problemas, tendencias o situaciones que parecen constituir un
todo armonioso. El estratega debe desmembrar ese todo en sus partes
constitutivas y, una vez que conoce el significado de cada parte, debe
volver a juntarlas intentando aprovechar al máximo la ventaja
competitiva de la empresa. La solución obtenida de esta forma es
distinta de la conseguida con el pensamiento lineal, ya que hemos
identificado y estudiado los elementos concernientes a nuestro problema
y los hemos organizado de una manera relevante (Ohmae, 1990)
“Pero lo usan para estimular el proceso creativo…”, el análisis es
válido, imprescindible, pero no en el sentido del pensamiento lógico –
lineal que esquiva la novedad, sino como soporte al pensamiento creador
y visionario. Para esto es indispensable despojarse de las condiciones y
criterios preelaborados, los “debería” y los “no puede ser” tendrán que
ser suplantados por un rotundo “¿Qué (más) se puede hacer?”. La
estrategia siempre es inclusiva. Necesitamos francamente reprogramarnos
día a día, ejercitar esta forma de pensar y ser. Nuestro entorno ha
cambiado demasiado para continuar siendo efectivos con los estilos y
esquemas de antes y urge aprehender competencias nuevas.
En otro orden de cosas el estratega, como hombre de acción, se destaca
por la presencia de un fuerte factor de personalidad: Voluntarioso –
Seguro de Sí – Autocrítico. Es una constelación de rasgos íntimamente
relacionados. Para esta persona el mundo espera por nosotros para ser
cambiado y mejorado, de hecho, tomar la iniciativa es una de sus metas
más queridas.
Detrás de la disposición a la acción descubrimos a un individuo que
confía en sí, que ha acumulado las suficientes experiencias para juzgar
sus posibilidades reales, en último caso una persona con una lúcida
percepción de sí mismo, sus lados flacos y fortalezas, y por tanto las
oportunidades que puede aprovechar.
Para concluir esta caracterización llamo la atención sobre ese último
rasgo del estratega: la Exigencia. Para este es imposible ser
autocomplaciente, no exigir el máximo de cada situación, cada análisis,
cada persona, pues su tarea consiste en “arrebatar” un futuro
alcanzable, que entendemos valioso y es nuestra intención conquistar. Un
estratega es por definición una persona insatisfecha, a veces difícil de
entender, que no acepta menos que todo lo posible...
BIBLIOGRAFÍA
Farson, R.: Administración de lo Absurdo. Paradojas en el Liderazgo.
Prentice Hall, Edición Digital, México, 1997.
Godet, M.: La Caja de Herramientas de la Prospectiva Estratégica. GERPA,
cuarta edición actualizada. París, 2000.
Mentruyt, O.: Creatividad e Inteligencia. Marzo 2002. Disponible en:
http://www.monografias.com/trabajos10/monogra/monogra.shtml
Ohmae, K.: La Mente del Estratega. McGraw-Hill / Interamericana de
España S. A. 1990.
Ribas, J. F.: Cómo piensa un Estratega. Marzo 2002. Disponible en:
http://www.gestiopolis.com/canales/gerencial/articulos/63/estratega.htm
Thompson, A. A. y A. J. Strickland III: Dirección y Administración
Estratégica. Conceptos, Casos y Lecturas. Ed. Addison-Wesley
Iberoamericana, S. A. Wilmington, Delaware, 1994.
Con
una experiencia de nueve años en el campo del desarrollo de personas,
equipos y organizaciones empresariales, ha ofrecido sus servicios como
consultor gerencial a múltiples empresas, ubicadas fundamentalmente en
el sector de la industria petrolera y la siderurgia. Se desempeña
actualmente como facilitador y promotor de procesos estratégicos y de
cambio dentro del Grupo Empresarial GMG, integrado al Ministerio de la
Industria Sideromecánica. Actúa como asesor en el diseño y aplicación de
sistemas de gestión, la creación y ordenamiento de empresas dentro y
fuera del país, así como su redimensionamiento o extinción. Se encuentra
certificado por Bureau Veritas como Auditor Líder de Sistemas de Gestión
de la Calidad y es miembro del Comité Técnico encargado de desarrollar
las Normas Cubanas NC-3000, 3001 y 3002 correspondientes al Sistema de
Gestión Integrada del Capital Humano. Como investigador se ha interesado
por la evaluación del Impacto de las Acciones Formativas y el
Aprendizaje Organizacional, colaborando en proyectos asociados al Centro
de Estudio de Técnicas de Dirección (CETDIR) Se graduó en Psicología por
la Universidad de La Habana, con Diplomado en Dirección Integrada de
Proyectos en la Escuela Superior de la Industria Básica (ESIB) y
Administración de Recursos Humanos en el Instituto de Comercio Exterior
(INCOMEX).
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