Apuntes de estrategia, liderazgo y habilidades gerenciales para directivos y emprendedores

Autor: Josemari Cardona Labarga

Estrategia y dirección estratégica | Liderazgo | Espíritu emprendedor

16-07-2012

Este artículo se basa en unos viejos apuntes telegráficos de un curso con Ricardo Yepes y luego con Julián Marías y que he ido actualizando, aunque está incompleto. Refleja las ideas básicas en las que se soportan nuestros cursos y conferencias sobre Estrategia, Liderazgo y Habilidades Directivas para Directivos y Emprendedores.

Son conceptos esenciales para directivos, emprendedores y cualquier profesional de la empresa que pretenda hacer una labor excelente.

No me hago ilusiones sobre el interés que pueda tener el tema para el gran público. A pesar de reflejar de verdad la causa de la crisis.

1. La Vida Sensitiva.

La persona nunca llega a ser del todo coherente. No tiene que ser dominada, sino cordialmente comprendida. Elige sus propios fines. En la persona el aprendizaje es mucho más importante que el instinto; la elección de los fines y de los medios y su puesta en práctica son aprendidos. No genéticos. Tiene que aprender casi todo lo que hace: andar, comer, hablar, leer, etc. Todo ello es vivir.

Lo más propiamente humano es la elección de los fines y medios. El individuo se perfecciona alcanzándolos. Porque tiene libertad para todo eso.

Apuntes de estrategia, liderazgo y habilidades gerenciales para directivos y emprendedores

Todo su desarrollo y la satisfacción del instinto exige la intervención activa de la razón. El hombre necesita aprender a vivir. Si no se controla mediante la razón, no se controla de ninguna forma. Sobre todo la fuerza del instinto también necesita controlarse desde la razón (en los animales no; su instinto les autolimita a lo que es bueno para ellos). Sin razón los instintos del hombre son totalmente desmesurados.

Hay correspondencia entre morfología del cuerpo e inteligencia (bipedismo, manos con cinco dedos que dio origen al sistema decimal, rostro expresivo por la posición de los ojos en el mismo plano, desarrollo cerebral, etc.) que le permite expresarse, relacionarse y actuar tal como lo hace. Si no tuviéramos unas manos como las que tenemos, la inteligencia no nos serviría de nada. Las manos son un instrumento inespecífico, multiuso, pensado para ser un instrumento de instrumentos y de lenguajes : pueden cortar un árbol con un hacha, enebrar una aguja o tocar el piano. Pueden rascar, escribir, acariciar, golpear, abrir, palpar, nadar, señalar. Son muy expresivas; incluso sirven para que los sordomudos hablen y los ciegos vean.

El cuerpo humano está configurado para cumplir muchas funciones: nadar, bucear, gatear, escalar, correr, subir, bajar, conducir, armar, saltar, trabajar, comunicar, luchar. La inteligencia y el cuerpo están muy interrelacionados. El hombre es cuerpo inteligente o inteligencia corporalizada.

El alma es “la forma integral del cuerpo”. Todo lo que le pasa al uno, le pasa al otro. Mientras está vivo son inseparables. Caminan siempre juntos. Forman la persona. El alma está dotada de inteligencia y carácter personal; no se deriva de la materia y es capaz de hacer cosas completamente ajenas a la materia como : superar el tiempo, pensar, imaginar, sentir, querer, amar, hablar, escribir; aspectos irreductibles a la materia, aunque inseparables de ella. No emerge de la auto-organización espontánea de unos genes. Gemelos univitelinos (idéntico ADN) pueden llenar vidas de una calidad psicológica, intelectual y moral absolutamente distinta. La persona no es simplificable a la simple química y biología.

2. La Vida Intelectiva

La persona es el animal que habla (como también el animal que se viste). Capaz de conocer y manifestar sus estados interiores. Capaz de hablar y de escuchar. Hablar exige pensar. El pensamiento es insaturable. Por mucho que se piense siempre se puede pensar otra cosa.

Lo que une a los hombres es la razón. Y lo que les separa es la sin-razón o la irracionalidad. Sólo con la razón pueden convivir unos con otros.

Los sentimientos son el modo de sentir las tendencias. Los sentimientos forman un mundo muy complejo. Juegan un puesto central en la vida de la persona. Conforman la situación anímica interior. Impulsan o retraen a la acción y juntan o separan a los hombres. Su dominio no siempre está asegurado. No siempre son dóciles a la inteligencia y a la voluntad (la razón). Es preciso educarlos ya que pueden ir en contra de lo que uno quiere. Es la clave del autodominio. Pueden ser irracionales en su origen, pero armonizables con la razón. Los errores de autoestima originan sentimientos falsos de sobreestimación, prepotencia o frustración. La estimación correcta de la realidad y el conocimiento de uno mismo evita que los sentimientos hagan salidas en falso. El comportamiento es el delator de los verdaderos sentimientos de modo visible, directo y auténtico. Basta mirar a la cara y observar.

La conducta apoyada únicamente en sentimientos (el sentimentalismo) produce insatisfacción de uno mismo, una falsa autoimagen y una pobre autoestima. Genera una vida dependiente de un estado de ánimo y conduce a actuar según como uno se encuentre en ese momento por casualidad. Los gestos son el lenguaje de los sentimientos. Normalmente una persona rica en gestos es rica en sentimientos.

La voluntad es una función intelectual. Es la “fuerza racional” por la que nos inclinamos al bien. Es “razón actuante”. Se plasma en la conducta. La voluntad se hace presente al actuar. Es complejo precisar cuando una acción deja de ser voluntaria. Pueden influir el miedo, la fuerza o la ignorancia. El hombre es responsable ante los demás, la ley y el juez. Tiene que ser correcta la elección de los fines y la elección de los medios. Las motivaciones pueden ser importantes, pero no anulan la voluntad ni la libertad.

¿Quién dirige la acción?

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Debe existir equilibrio y armonía entre los 6 factores. Pero el motor para la armonía es la razón. La razón debe llevar el mando sobre el resto de las dimensiones humanas, para que la integración sea humana.

Lograr esa armonía es cuestión de hábito. Ojo con la gran importancia de la costumbre. El camino hacia esa armonía es la ética. Es un hecho que en el interior del hombre existe una disarmonía interior y también que tiene la capacidad suficiente, si quiere, para armonizarla.

La ética es la educación de los sentimientos y las inclinaciones para no incurrir en disarmonía (exceso o defecto). Es de admirar un carácter maduro, equilibrado, rico en sentimientos. Lograr esa armonía es vivir éticamente que es el único modo de poder ser feliz.

3. La Persona

La persona es un fin en sí misma, y también se crea a sí misma por los hábitos. El tener hábitos positivos, es la forma más perfecta de “tener”.

Hábito es una disposición estable que inclina a determinadas acciones haciéndolas más fáciles. Exige repetición de actos que acarrea un fortalecimiento para dichos actos.

Hábitos técnicos.- Manejo y destreza de instrumentos. Hábitos intelectuales.- Multiplicar y dividir.

Hábitos de carácter.- Referidos a la conducta según la educación adquirida.

Estos implican el dominio de los sentimientos. Conducen a la armonía (virtudes) o desarmonía (vicios).

¿Cómo se adquieren los hábitos ? Sólo con la práctica. No hay otro modo. Así se convierten en costumbre, que es la 2ª naturaleza de la persona. Los hábitos modifican al sujeto en dirección virtuosa o viciosa. Todo lo que un hombre hace le modifica su propia realidad en el mismo sentido que su acción. No puede actuar sin mejorar o empeorar. Cuando uno desprecia, se convierte en despreciador, y si hace una chapuza, en chapucero. ¿Es mejor sufrir la injusticia o cometerla ? Sufrirla ; porque al cometerla uno se convierte en injusto.

Lo propio y lo natural del hombre es alcanzar su fin. Y su fin es perfeccionar al máximo sus cualidades. En especial la razón y la voluntad.

¿Qué es el hombre ? Mejor sería preguntar : ¿qué es capaz de llegar a ser ? La naturaleza humana es tal que lleva más allá de sí misma. Se transciende a sí misma en el hombre. “El hombre supera infinitamente al hombre” (Pascal). El hombre es el ser que sólo es él mismo cuando se supera a sí mismo ; cuando va más allá de lo que es. Esto es libertad. El hombre es libre. La verdad y el bien se alcanzan sólo libremente. No está asegurado alcanzarlos (por ser libre) . Por su libertad puede ir a favor de las tendencias naturales o ir contra ellas. El hombre es la única criatura que puede negarse a ser lo que es. La ética es algo intrínseco a la persona, a su educación y como se ve ahora, a su desarrollo natural. No es un “reglamento”, ni un prejuicio religioso, ni una norma organizativa. Sino algo presente en el fondo mismo de lo humano. Ética es la conducta que emerge del núcleo del ser espiritual de la persona. Los hábitos modifican al sujeto que los adquiere. La naturaleza humana se perfecciona sólo por hábitos positivos (virtudes). Uno se perfecciona a sí mismo adquiriéndolos. (El perfeccionador perfectible). La naturaleza humana radica en su capacidad de perfeccionarse a sí misma.

Por tanto, el hombre es un ser intrínsecamente perfectible. Desde dentro. Y si no, no se perfecciona de ninguna manera.

4.- Técnica y Mundo Humano

El hombre es un ser inadaptado que necesita modificar su circunstancia material para poder vivir. El trabajo humano mejora el mundo y el hombre trabajando se perfecciona a sí mismo. La persona no se adapta al medio, sino que el medio lo adapta a él (a diferencia de los animales). Altera el lugar donde habita. Es el único animal que habita la tierra. Los demás animales simplemente viven en ella. Producir ya es algo. Cuidar de un hogar es mucho más. El hogar es el lugar al que uno siempre vuelve.

Tecnocracia es el poder de la técnica que, por si sola, aprisiona al hombre. Es opuesto a comprenderle. La comprensión supone benevolencia, que es decirle ¡sé tú mismo ! El hombre es capaz de descubrir el sentido de las cosas. También puede ser lo contrario (es decir, no benevolente). Alterar el sentido de las cosas y despojarlas de su verdadero ser, lo llamamos instrumentalismo. Disponer mal de las cosas o personas es reducirlas a puros instrumentos. Utilizarlas sin benevolencia.

El instrumentalismo es una exageración de la voluntad de poder. El instrumentalista sólo quiere medios y se olvida de los fines. Convierte a los fines en medios (esclaviza a sus empleados) y los medios en fines (ganar dinero a toda costa). Precisamente el caso típico de instrumentalismo es la tecnocracia. Juzga al hombre por su capacidad de producir y desorbita la importancia de la rentabilidad. Produce el “homo faber” y da origen a un fuerte materialismo. Antropológicamente son muy similares : materialismo, tecnocracia, individualismo, instrumentalismo, “homo faber”, autoritarismo, etc. Todos ellos degradan la dignidad de la persona.

5.- La Ciencia, los Valores y la Verdad

La imaginación y la creatividad son un factor de primera magnitud en el avance científico según Newton y Einstein. Pero el avance no es neutral o aislado sino condicionado por la visión del mundo y de la vida que tienen los que la llevan a cabo en su momento histórico y con sus circunstancias determinadas. Existe una visión a priori que establece los supuestos de que se parte, el método que usan para avanzar y el modo de plantear los problemas. En suma, parten de una cultura concreta. Nunca se parte de cero.

La conducta no admite un tratamiento puramente científico. Las leyes científicas y técnicas son poco humanas aunque puedan ser muy eficaces. En la conducta humana lo primero son los fines y el sentido que da a las cosas la persona en cuestión. La ciencia por sí sola no puede dar respuesta al problema del significado último de las cosas. Existe un conocimiento previo imprescindible, ético, filosófico y artístico que sí establece la finalidad. Pero las instituciones actuales y desgraciadamente también la universidad no ofrecen a los estudiantes esos valores últimos ni una visión clara ni correcta del hombre ni del mundo en que le ha tocado vivir. Sin embargo, se trata de transmitir no sólo ciencia sino principalmente cultura. El fin es lo primero que aparece y lo último que se consigue. Es lo que provoca la puesta en marcha del hombre. Es el principio de todas las acciones humanas. La excesiva preocupación por los buenos resultados es una forma de instrumentalismo. Juzgarla sólo por los resultados es alienar al hombre que la realiza; se da en sociedades muy tecnocráticas.

El conocimiento práctico se diferencia del teórico en que tiene que atender a muchas circunstancias imprevistas que puede tirar por tierra los planes teóricamente más perfectos. Un racionalista o idealista cree que un plan perfecto teóricamente se cumplirá al pie de la letra. Es falso. La razón práctica es una razón corregida, y quien no rectifica es un terco o un teórico.

Los criterios previos antes de actuar son un conjunto de valores (cultura). Son la verdad y el bien tomados en concreto. Un valor es un criterio previo para la acción práctica concreta. Un valor es el metro que nos dice lo que cada cosa significa e importa realmente para nosotros. Valen por sí mismos. Se consideran buenos sin más. Todos actuamos contando ya según unos valores predeterminados. Pueden ser muy variados. Hay 3 fuentes de valores : 1) lo que está vigente en la sociedad, 2) lo recibido en la educación, 3) lo descubierto por experiencia personal. Ese conjunto origina una tabla de valores personal y propia que nos dice lo que tiene importancia para nosotros. Lo que uno no está dispuesto a renunciar. No todos son igualmente importantes: hay una jerarquía. Es importante preguntarse qué valores se tiene. Los valores ponen en marcha los sentimientos (desencadenan determinada reacción afectiva). Nos hacen sentir miedo o ira o pasión o ternura. Cuanto más importantes, más los sentimos. No son neutrales ni fríos. Se suelen materializar o encarnar en símbolos. (Banderas, música, imágenes, fotos, ceremonias, colores...). Dan origen a modelos de conducta y vida. Se transmiten a través de modelos vivos y reales. Puede estar encarnado en un héroe o ídolo. Lo que es importante es que el modelo elegido valga la pena.

El que no elige a nadie como modelo se elige a sí mismo con pobre resultado. Por qué imitamos a unos y no a otros tiene que ver con la educación y la libertad. Hoy día influencias educativas muy grandes las tienen el cine, la TV y las redes sociales. Es una experiencia fuerte el modelo que uno descubre, identifica y acepta como bueno. Conmueve profundamente. Es el encuentro con la verdad de mi vida. Si constituye una experiencia profunda y radical, pasa a formar parte de nosotros mismos. Deja una huella indeleble. Lo profundo en el hombre es lo permanente. Y viceversa. El encuentro con esos valores que encarnan para mí la verdad, me dotan de inspiración y a partir de entonces, nada me es igual. Hay que vivir esa verdad; no basta con conocerla. Existe una estrecha relación entre la verdad y la libertad. La primera da sentido a la segunda. El sentido más alto de la creación artística es la verdad encontrada. Toda vida humana (acompañada de una gran gesta o no) tiene su origen en una verdad inspiradora. Sin coherencia o autenticidad el encuentro con la verdad es débil y no llega a inspirar la conducta. Hoy en lo teórico se admite una pluralidad de concepciones y en lo práctico se sigue más bien el imperio del gusto. La verdad es auténtica cuando la conducta es coherente con ella. Una civilización es poco coherente cuando olvida el valor de los deberes y se interesa prioritariamente por la ciencia y la técnica.

Pero ¿qué es la verdad ? (ya lo preguntó Poncio Pilato). No es un asunto evidente ni tranquilo. Por diferentes puntos de vista se han llevado a cabo acciones heroicas, sacrificios, guerras, que han originado progreso, hambre o miseria. La verdad sólo se incorpora al hombre si éste libremente la acepta. Puede rechazarla. La importancia es enorme. No dejar que se diga la verdad es la peor de las intolerancias sobre todo cuando se hace de manera “tolerante”. “Lo que yo digo es verdad porque lo digo yo”. El que miente se atribuye falsos poderes creadores.

6.- La Libertad

Atraviesa todos los actos. Sobre todo los que nacen de la voluntad. La libertad tiene tres momentos : Deseo, Deliberación y Elección. 5 usos de la voluntad o cinco modos de querer : 1) el Deseo, 2) Elegir : aprobar o rechazar, 3) Dominio o Poder, 4) Voluntad Creadora : crear, 5) La más humana : Amar. La libertad permite adquirir la máxima grandeza o la mayor degradación.

1) Libertad constitutiva. La más profunda. El espíritu que se posee a sí mismo. Ningún cautiverio, prisión o castigo es capaz de suprimirla. Es libertad interior. No es ausencia de barreras. Eso es una fantasía que lleva al desarraigo y a la total desorientación. El hombre a priori tiene cuerpo, nacimiento, historia, educación (síntesis pasiva). Es imposible partir de cero.

2) Libertad de elección. Inclinación en un determinado sentido partiendo de la síntesis pasiva. Elige libremente según determinados valores. La libertad es la adecuada gestión de las ganas. Las elecciones repetidas provocan hábitos, que hacen a los hombre mejores o peores.

3) Desarrollo y crecimiento de la libertad.- Perfeccionamiento con los hábitos.

Fortalecimiento. Virtud. Rendimiento positivo de la libertad. Entrenamiento para lo arduo y lo valioso. Los actos al principio son totalmente libres. Pero adquirido el hábito ya no lo son tanto. Por tanto, la libertad crece o disminuye según cómo se use. A más fuerza, más libertad. La realización de la libertad es el conjunto de decisión que van diseñando la propia vida. Vivir es ejercer la capacidad de forjar proyectos ; haga uno lo que haga, se mejora o se empobrece. El hombre merece aspirar a cosas grandes. Uno tiene que realizar sus propios ideales. Un proyecto vital propio libremente decidido da autenticidad y sentido a la vida.

4) Libertad social entendida cómo liberación de la miseria y falta de bienes económicos, jurídicos, culturales, políticos, morales o religiosos. Libertad significa en primer lugar educación. Tener oportunidad para realizar los propios proyectos para dar lo mejor de sí mismo. Es preciso luchar contra la miseria, instaurar la justicia y la igualdad. Todos; especialmente políticos y empresarios.

El uso de la libertad y la acción modifican la situación. Es preciso aquí aludir a la autoridad y a la responsabilidad. La autoridad por encima de la libertad es autoritarismo. El autoritario no puede correr el riesgo de que la gente sea libre porque actuarían mal. Es mejor evitar, según él, que se puedan equivocar. Desde la tiranía déspota al paternalismo, todos ellos temen la libertad y se adueñan del poder para evitar que los hombres sean malos. El autoritarismo más temido hoy día es el fundamentalismo (Que separa la fe de la razón).

Es necesaria la libertad, la autoridad y la responsabilidad. Las tres. La libertad es el artífice de la creatividad, la iniciativa y el clima de confianza, por lo que es el motor de la historia, la economía, la política, la ciencia y la sociedad entera.

Sólo puede progresar un individuo o un pueblo libre. Si no hay libertad, todo se paraliza, decae la búsqueda de la verdad, desaparece la iniciativa y la responsabilidad y sobrevienen nuevas formas de miseria. Precisamente, la verdadera autoridad se fundamenta en dar libertad para asegurar el progreso. Es más fácil el autoritarismo que la autoridad ya que esta última exige diálogo. Ejercer la autoridad es un aprendizaje difícil porque se debe convencer y tener confianza primero en uno mismo y luego en los demás. La confianza potencia la creatividad, rendimiento y motivación de las personas.

7.- La Felicidad y el Sentido de la Vida.

La vida lograda exige la plenitud de desarrollo ; la armonía del alma. La felicidad afecta primeramente al futuro. El hombre es un ser abierto hacia adelante (“futurizo” decía Julián Marías). A veces casi vale más la expectativa que la realización. La felicidad no es cosa de placer, ni un estado, ni un hábito, sino una condición de la persona misma. Nace de la conformidad interna entre lo que quiere y lo que vive. Se requiere no tener la vida en hueco. La vida es una tarea. Es esperanza. Son expectativas. Saber cuáles son los valores verdaderamente importantes. Se es persona cuando se tiene saber teórico y capacidad práctica para dar respuesta a tres preguntas : ¿Quién soy yo? ¿Por qué estoy aquí ? ¿Qué debo hacer ?

El famoso “¡Carpe diem!” significa: aprovecha el momento, disfruta el día. Es una apuesta por el presente. No interesa el futuro; me traerá complicaciones, trabajo, vejez, escasez. Debo disfrutar ahora todo lo que pueda. Volcado en el presente buscando la gratificación instantánea. Compromiso, que significa vincular el futuro de alguna forma, es complicación y no se acepta. Este es un planteamiento incompleto de la vida. Es la lógica de los inmaduros, irresponsables, egoístas y poco solidarios. Según esa lógica

¿Merece la pena ser justo ? No, porque cuando trates de serlo sales perdiendo ; no aprovecharse del prójimo es una ingenuidad. Se establece la ley del más fuerte que es un planteamiento degenerado y pernicioso.

8.- Relaciones. Grupos de Trabajo y Vida Social.

Las ideas son bienes que pueden ser compartidos (lo material sólo puede ser repartido). Compartir bienes espirituales, lejos de disminuir, aumentan (el saber, la responsabilidad, el compromiso, la alegría, etc.). Compartir es señal de presencia de espíritu; espiritualiza. Al contrario que repartir, que crea fácilmente división. La mejor forma de compartir es el amor: Es suma de afectos (sentimientos) y efectos (voluntad). El amor une. Es fuerza unitiva. Hay que cuidarlo y hacerle crecer. Es tanto más duradero cuanto más lejos esté del interés y de la utilidad. En la vida hay tanto de felicidad como haya de amor.

Para entender lo humano, es imprescindible entender lo social. “El que no puede vivir en comunidad o es una bestia o un dios”. Supone pasar del Individualismo al Equipo. La vida social y por tanto la vida económica, cultural y política tienen que ver mucho con la ética.

Las instituciones se desarrollan humanamente cuando hay liderazgo. En el líder mandar y obedecer son alternativos. Tanto uno como otro exigen poner en marcha la propia inteligencia y voluntad para emitir o ejecutar la orden. Además, obedecer es mandar sobre la tarea encomendada. La relación mando-obediencia es de doble dirección. La comunicación une a los hombres. Exige responsabilidad mutua; de uno a otro. Esto es lo que garantiza la iniciativa y la eficacia. El liderazgo se basa en el diálogo, la inteligencia, la comunicación, persuasión, participación, descentralización, autonomía, confianza, responsabilidad e iniciativa. Es el modelo de autoridad más eficaz.

Una sociedad sin organización no puede avanzar ni mejorar si las personas no pueden hacer suyas las tareas. Aparece entonces la fuerza como medida de relación y la cultura del miedo. Se enfrentan las voluntades y la autoridad basa su poder no en la razón sino en la coacción (aunque no por fuerza tenga siempre que ser injusta). Desaparece la iniciativa y la creatividad. Esta situación prolongada conduce a unos resultados económicos desastrosos. Por tanto, es menester compartir las razones. Que el otro obedezca en base a las mismas razones que el que mande. Comunicación es tener en común. Compartir es señal de presencia de espíritu. Sin comunicación una organización es un puro sistema impersonal, mostrenco, como una máquina. Comunicar no es trasmitir información; es tener en común. Todo individuo alcanza su plenitud cuando se integra y participa en la sociedad o en la organización. Una organización que funciona bien tarda tiempo en conseguirse, porque aunar inteligencias y voluntades es tarea lenta. Se requiere normalmente hombres de carácter modélico e ideas claras a este respecto. Los valores morales sólo se pueden enseñar cuando se comparten (se realiza una tarea común). Uno tiene la obligación de trasmitir a la generación siguiente el depósito tradicional recibido, incrementado por su propia contribución.

El individualismo es una de las patologías modernas de la libertad. Es egoísmo, que es un aprecio exagerado y apasionado hacia la propia persona. Es una actitud y un sentimiento que induce a cada profesional a aislarse de sus semejantes y mantenerse aparte con su familia y sus amigos. Forma una pequeña sociedad a su servicio y abandona a su suerte a la gran sociedad. Se considera autosuficiente y no necesita a los demás. Cada uno tiene que arreglárselas por sí mismo, solo. Incurre en el egoísmo fácilmente sin sentir ningún remordimiento. Se relaciona con los demás mediante acuerdos y contratos asumidos y rescindidos libremente por uno u otro.

En el individualismo, toda relación es contractual (incluso el matrimonio) y sólo está en vigor mientras dure el pacto. Acentúa el capitalismo despiadado y la mentalidad burguesa. Se desentiende de las consecuencias que a largo plazo producen las opciones tomadas. Debilita la organización. Los vínculos entre las personas no son naturales sino que nacen del temor o de la conveniencia y son un recorte a la libertad, que se entiende pobremente como “ausencia de impedimentos externos”. Confía en que se producirá por sí misma una armonía social, cosa imposible, ya que las cosas humanas pueden ir bien o mal, pero nunca son mecánicas. La armonía social no es espontánea. Se olvida de las desigualdades de las situaciones humanas que exigen cooperación y solidaridad. El individualista dice “ése es su problema”. Coopera sólo hasta donde su propio interés le dice que compensa hacerlo para no verse perjudicado. A la larga deshace lo común porque no cree en ello. (En el colectivismo todo es común, incluso lo que no se puede compartir, como la propiedad).

Las organizaciones y empresas de distintos tipos, en su aspecto positivo, han acarreado un extraordinario avance de la ciencia, la tecnología, un enorme aumento del bienestar, un retroceso de la miseria, sistemas de comunicación y producción avanzados y se han creado unas posibilidades de desarrollo mucho más grandes que en el pasado.

Por el lado negativo, han creado una sociedad profundamente despersonalizada, un sistema anónimo formado por subsistemas anónimos, en el que el individuo no es reconocido como persona singular y concreta. Así la sociedad hace al individuo y no al revés como debería. La persona se convierte así en una mera función del sistema. Lo importante es que la tarea se haga y no quién la hace, que no es nadie. Es un excesivo funcionalismo con poco margen para la libertad personal. Eres alguien en la medida que tienes un rol y no eres más que lo que ese rol te impone, como conductor de autobús.

En individualismo también se manifiesta por la fuerza autónoma de los sistemas. La sofisticación y alta tecnología actual aumenta la complejidad abrumadoramente, con lo que se aumenta la burocracia, y la fórmula para simplificar el sistema y hacerlo manejable, se imposibilita, originando las vivencias de absurdos. Se hace cada vez más preciso dotarlo de sentido humano para que funcione. Pero las personas valiosas están alejadas de los centros de poder y se hace casi imposible la comunicación. Si el subordinado tiene la oportunidad de hacer oír su voz, lo que pretende entonces, como reacción, es imponer su cuota de poder. Se da la lucha de los reinos de Taifa. Todo este anonimato y despersonalización diluye por completo la responsabilidad y la gente se contenta con tener libertad reducida al ámbito privado. Todo esto en el fondo produce un gran debilitamiento de las organizaciones.

En una sociedad individualista que impide el trabajo en equipo, los valores e ideales son sustituidos por el consumo y el deseo de bienes materiales, convirtiéndose en una sociedad muy materialista, sin convicciones y, en consecuencia, brutal y violenta. Es mucho menos feliz de lo que quisiera. Porque el más feliz no es el que tiene mayor poder o riqueza, sino el que hace la tarea más noble.

9.- Violencia, Ley y Derecho.

La ley del hombre es la medida de la razón sobre sí mismo y los demás. Cuando se prescinde de ella, se torna violento, irracional y se hace malo a sí mismo hasta grados difícilmente sospechables. Violencia y fuerza bruta es la no - razón. Ante ello uno sólo puede defenderse o llorar. Muchas veces, ambas cosas.

La energía y agresividad humana si no se hace racional se vuelve violenta. La razón es tan radical como la biología. Quien hace daño hace mal uso de la razón. La violencia es una comunicación frustrada. Toda conducta agresiva hay que interpretarla como un diálogo mal llevado. La persona violenta está manifestando un déficit de cariño que quizá está tratando de remediar. Las estructuras sociales contemporáneas fácilmente lo provocan al predominar el interés sobre el amor, la amistad o la justicia. No es raro en nuestro ambiente que muchos piensen que el estado natural del hombre es de guerra de todos contra todos. A eso conduce el espíritu competitivo, el afán de victoria y el individualismo. Sin valentía y fortaleza, actitudes necesarias, uno es débil por defecto y no se quiere enfrentar al peligro y al mal. Todo derecho humano nace de la dignidad de la persona individual y concreta, y es anterior a las leyes dictadas. Sin embargo en la sociedad actual desgraciadamente no es así, y la moral va por una parte y se deja como cuestión de conciencia personal.

La conclusión perversa es que esto obliga a establecer como criterio de justicia la simple legalidad vigente, olvidando que gobernar seres racionales exige hacerlo desde la razón. La justicia debe ser algo al servicio de la razón, no de la legislación. Ética es saber comportarse frente a las circunstancias cambiantes de la vida.

Una de las graves consecuencias es la perversión de la autoridad, pues pocas cosas están tan elevadas como llegar a disponer de la libertad de otros. Autoridad nadie la tiene por nacimiento. No es natural sino adquirida. Nadie se la puede apropiar. De hecho la tiene por que los otros se la otorgan. La libertad de otro es un bien superior a cualquiera que un hombre pueda obtener por sí mismo. Ejercer autoridad no es natural, tiene algo de sobrenatural. Es añadir una segunda vida a la propia. Autoridad es dominio sobre hombres libres. Quien se empeña en que sólo hay una forma posible de hacer bien las cosas, suele ser enemigo de la libertad de los demás, ya que en la acción humana cabe una pluralidad de medios buenos para alcanzar un fin bueno. Una ideología sólo admite un medio determinado como válido para lograr un fin.

En el ejercicio de la autoridad, es clave que el subordinado haga suyo el mandato. Al hacerlo suyo lo modifica y seguramente lo mejorará, y en su diálogo con la autoridad lo mejora de nuevo. Así la orden inicial se perfecciona e incorpora al mando al que obedece. Esto es así si la relación entre ambos está presidida por la inteligencia.

Exige confianza, ya que querer comprobarlo todo es imposible y conduce a la locura. La perspectiva para comprender la extraordinaria profundidad y alcance que tiene que ejercer la autoridad, que ya trató Platón, exige unos requisitos imprescindibles de excelencia personal.

10.- Cultura.

Paideia, educación. Hombre culto u hombre cultivado es quien ordena la inteligencia. Provoca interiorización y enriquecimiento mediante el aprendizaje. Aprende y posee lo aprendido. Haber sido educado, tener conocimientos, riqueza interior, mundo íntimo. El origen de la cultura es el núcleo creativo, discursivo y afectivo de cada persona. Este cultivo primero es hacia dentro y más tarde sale hacia fuera. Exige descubrimiento de la interioridad y su cultivo. Tener espíritu cultivado es saber leer las obras humanas y descubrir en ellas la riqueza escondida para el ignorante. Quien sabe mucho del tema es el que mejor “lee” una escultura, una pintura, escucha una partitura, etc., la cultura está depositada en obras exteriores y el hombre al comprenderla, la hace suya y la incorpora. La manifestación y expresión externa de una interioridad, es cultura. Comprende un conjunto muy amplio de manifestaciones. Saber hablar, dar la bienvenida, tener gestos corteses es cultura.

La mala educación es incultura. Siempre supone una materia a la que se añade una forma que no tenía antes y que transmite un mensaje o un significado. Es capacidad de revestir lo material, revestido así mismo de un significado procedente de un mundo interior. Para interiorizar siempre es preciso el silencio y una cierta soledad acompañada de estudio, reflexión, contemplación, o de algún modo de diálogo interior. Dar forma a las cosas incrementa el mundo natural y origina la creación de una obra expresiva de la interioridad humana. Es una continuación de la naturaleza que señala cuál es el espíritu del hombre.

Tiene una función simbólica. La obra cultural remite más allá de sí misma. Las culturas son tan variadas como la libertad. Cada hombre, cada pueblo, cada organización, imprime en sus obras su propio sello, su estilo, su personalidad, su tiempo. Por tanto, la cultura es variable e histórica. Sus dimensiones son:

a) Dimensión expresiva y comunicativa de la cultura: Para entender de cultura es preciso no separarla de su autor, ya que expresa y comunica su propio mundo interior. El espíritu que la hace nacer (la obra cultural) es idéntico al del que la realizó. Toda obra cultural es la expresión de la verdad vista subjetivamente por su autor. Si no es nuestra, llevará dentro una verdad un tanto enigmática, difícil de comprender para nosotros. Exigirá tiempo y esfuerzo y no lo conseguiremos del todo.

Una acción expresiva es el gesto y la conducta representativos de la voluntad y sentimiento interior. El lenguaje hablado es otra forma importante de manifestación cultural. También las costumbres y ritos tienen valor simbólico.

b) Dimensión productiva: Se da forma a la materia. Materializar el espíritu o espiritualizar la materia deja una huella y una forma añadida que va más allá de sí misma al revestirla de significados y valores de los que antes por sí sola carecía. La cultura de un pueblo expresa sus conocimientos, sentimientos, ideas, valores, organización, roles y funciones. Supone trabajo y producción. Pero no es sólo actividad y esfuerzo sino también cultura. La organización, transformación y continuación del medio natural, en una palabra, la mejora del mundo, es cultura. La obra cultural es continuación del que la ejecuta. Al hombre le gusta crear y poseer lo creado y lo que representa. Cuando no ama el trabajo porque es simple fatiga, cansancio, esfuerzo, mercancía, dinero o si no pone nada de sí mismo, ahí no hay crecimiento cultural. Cuando el hombre no puede llevar a cabo su obra en el trabajo, no alcanza su plenitud. Está “culturalmente parado”, y moralmente es inaceptable. Trabajar es un derecho porque es el cauce del desarrollo y la creatividad humana.

El hombre no vive sólo para subsistir. Necesita perfeccionar el mundo para poder así perfeccionarse a sí mismo. El despliegue de la creatividad y la cultura supone que el trabajo es el camino de la realización humana. Es esencial transformar el trabajo en algo más que lo puramente práctico o tarea para la propia subsistencia. Antiguamente era algo servil, instrumental y ceñido a la necesidad, por eso las tareas nobles eran la política, la filosofía, la religión, la cultura y la guerra. El trabajo ejercido con libertad pasa a ser la tarea central en la realización de todo hombre. Tras el largo proceso de liberación de la miseria proletaria, ha pasado a ser central la segunda y tercera finalidad del trabajo: el perfeccionamiento del mundo y del propio hombre. Nunca antes en la historia había tenido el trabajo un papel distribuidor tan decisivo en la vida humana. Todo ello presupone una organización social y una mentalidad cultural basada en la libre iniciativa y en la responsabilidad de las personas. En un profesional que trabaja adecuadamente no es separable la dimensión técnica de la moral. Si se suprime esta última, no se tiene consideración por la persona, trátese de un abogado, enfermera, o vendedor.

Como el conjunto de tipos de acciones productivas es portentoso (empresas, finanzas, TIC, sistemas, transporte, infraestructuras, legislación, sanidad, justicia, ONGs. derecho, instituciones), es comprensible la tentación de explicar al hombre como una mera función. Pero la clave y lo decisivo es siempre la persona.

c) Dimensión simbólica: Un símbolo es una imagen que evoca o alude a un objeto ausente, diferente de él mismo. Símbolo es una imagen con sentido. (Un león rampante es símbolo de valentía). Aparte de su propia significación inmediata, sugiere otra más ideal que no se puede encarnar perfectamente. El símbolo (una bandera) tiene un sentido porque trae a nosotros una realidad ausente, pero de forma imperfecta. Trabaja la imaginación. Nos servimos de ellos para expresar realidades que de momento no poseemos del todo. Necesitamos símbolos para relacionarnos con lo ausente. Así es como materializamos lo espiritual. Los sentimientos, valores, virtudes, son realidades inmateriales que se pueden materializar en símbolos. Materializar lo espiritual o espiritualizar lo material es típico del hombre. Nuestra conducta une constantemente lo sensible y lo intelectual con lo material. Eso es crear cultura. Otra cosa distinta es la magia: como confiar en poderes ocultos o creer que se van a lograr resultados con poquísimo esfuerzo.

Arte es toda actividad humana creadora de belleza. Por tanto, toda obra cultural es arte. Por un tratamiento puramente científico de las acciones y de la vida humana, no se comprende su sentido. Cuando esa racionalidad analítica (originada en el hemisferio cerebral izquierdo) pretende erigirse en explicación única, no se entiende. La cultura es manifestación y esperanza de diálogo; ingreso en un mundo común de bienes compartidos. La comprensión cultural no es sólo una experiencia subjetiva, sino es también entrar en diálogo con una obra y con su autor, así como con los valores que expresa. Sin educación no es posible entender al artista.

d) Dimensión histórica. Educar no es sólo transmitir conocimientos teóricos sino, sobre todo, modelos y valores que guíen el conocimiento práctico y la acción y ayuden a adquirir convicciones e ideales. Educar es la función por excelencia de toda autoridad. No hay verdadera educación sin transmisión de cultura, es decir sin enseñanza y asimilación de gestos, palabras, costumbres, obras de arte, de quienes nos han precedido.

Educar es ayudar a cultivar el mundo interior mediante la asimilación de la cultura que eleva al mundo de la razón la mera fuerza. Educar es transmitir ideales por medio de una relación de amistad. Es una relación interpersonal principalísima que exige cierta autoridad. Ser educador exige formarse para aprender a ayudar. Educar implica amor y diálogo; ambos a la vez. Educar es un arte. Y el artista hace siempre piezas únicas. La técnica y la ciencia repiten. Educar exige personalización; trabajo a medida.

11.- La Vida Económica.

La cultura antecede a la economía; ésta es parte de aquélla. Siempre hay más necesidades que recursos. El ser humano, a diferencia del resto de los animales, es radicalmente pobre. Es esencial el principio económico de conseguir la máxima utilidad con el mínimo gasto. El trabajo humano también multiplica los recursos. Interés y benevolencia deben ser complementarios y no excluyentes. Instrumentalismo es la pérdida del sentido natural de las cosas ; lleva a detectar los medios y tomarlos como fines. El beneficio económico exagerado es una forma de instrumentalismo que empobrece a personas e instituciones. En una economía sana, el beneficio monetario no es el fin último ni el criterio predominante de la actividad económica. Una cosa es considerar la riqueza como abundancia de dinero y otra muy distinta considerarla como el logro de un estado adecuado de bienestar para vivir una vida digna de ser vivida.

Cuando la riqueza se considera sólo como incremento de dinero, no existe bienestar ni una vida adecuada, aunque se nade en abundancia de dinero. El horno crematístico es depredador, aplica la ley del más fuerte e incurre fácilmente en corrupción. Es distinto ser pobre que ser miserable; éste es esclavo de las necesidades humanas primordiales y supone un estado de deshumanización. No hay cultura sin un cierto grado de bienestar. Sin él, se impide la cultura, que es manifestación del espíritu. El núcleo de la pobreza está en el desempleo de las capacidades humanas. Un pobre es un ser humano infrautilizado, que no ha aprendido a usar sus facultades inteligentes, a trabajar, a expresarse, a ejercer sus derechos. Está sin oportunidades, sin bienestar. Aunque gane mucho dinero.

Por eso el grado de riqueza no lo mide tanto la renta per cápita cuanto el grado de liberación de la capacidad creativa de las personas. Realmente pobreza es incultura y un concepto al margen del dinero. La era de la información ha dado paso a la era del conocimiento que tiene su sede en la inteligencia y voluntad (razón) de las personas. Una cultura consumista hace excesiva fuerza sobre el tener bienes materiales y el imperio de los sentidos. Una cosa es escasez y otra distinta es incultura. La verdadera riqueza está en el espíritu del hombre; ésta no es una consideración espiritual sino crudamente económica. La mejor fuente de recursos es una inteligencia creativa y una voluntad fuerte. El error cultural grave es creer que el bienestar o la miseria son aspectos esencialmente materiales. La raíz de la cuestión está sólo en la persona.

El ansia de dinero de la sociedad de consumo arruina su espíritu. El hombre puede dar de modo benevolente mientras se cuide de su propio interés. El mercado (compra y venta) es una actividad verdaderamente humana en la medida en que transciende el puro interés, como cualquier actividad humana realizada de forma inteligente. El dinero juega un papel, pero también lo deben jugar otros elementos culturales como el lenguaje, la comunicación, la satisfacción, la autoridad, la responsabilidad, el servicio, el compromiso, la amabilidad, etc., propias de la capacidad humana para actuar de modo racional y benevolente. El sentido inicial de beneficio era bene-facere (hacer el bien). Hoy día el concepto se ha empobrecido. El beneficio se entiende de forma egoísta y al margen de la solidaridad, pasando su utilidad social a segundo plano. Así, el buen empresario parece que es el que sabe asegurar el beneficio y tiene las entrañas lo suficientemente duras para prescindir de lo demás cuando “no le quede más remedio”. La empresa necesita beneficios. Pero si ése es el único patrón, se sufre una distorsión al utilizar una única medida para juzgar los problemas. Prescindir del bienestar de los demás es insolidario y éticamente rechazable.

Por tanto, el afán de riqueza puede ser bueno o malo según como se entienda. Si el objetivo no es el bienestar propio y ajeno como finalidad, se origina una gran cantidad de desarmonías sociales, humanas e incluso económicas. El mercado no puede ser sólo un dispositivo de compraventa. Debe ser una participación común con los bienes materiales repartibles. El mercado debe conducir a un desarrollo ético basado en la solidaridad y en valores humanos.

La empresa tiende a ser hoy un sistema de trabajo basado en la responsabilidad, la eficacia y la iniciativa. Exige 5 cosas: 1) utilización de la mejor tecnología, 2) alto nivel de preparación profesional, 3) organización interna que permita que la gente dé lo mejor de sí misma, 4) sistema de comunicación para coordinar, y 5) un esfuerzo de mantenimiento de las variables anteriores. El enemigo mayor del mercado es el tramposo que se quiere enriquecer sin trabajar, haciendo chapuzas o aprovecharse de la situación. La ley del más fuerte es una cosa incompatible con la rentabilidad. La empresa debe ser una fuente de riqueza económica, cultural, humana y ética. Pero hay demasiadas maneras de empeorar esas variables. El origen de la economía es la acción humana libre y creadora. Quien olvida esto, lo ve sólo como pura materia mecánica, impersonal, funcionalista. Desgraciadamente con frecuencia la vida real dista de la ideal.

12.- La Ciudad y la Política.

La ciudad se caracteriza por el anonimato, la masificación y la prisa. Cuenta la funcionalidad y rentabilidad más que la habitabilidad. La desaforada importancia de la TV y las TIC. Ningún aparato ni ordenador puede sustituir de verdad el contacto directo con la realidad y el “cara a cara”. Cuando el individuo se deja colonizar por las TIC, sustituye su vida real por la que le llega a través de la pantalla del tipo que sea y se convierte en simple espectador. Si reduce su actividad genuina, se refugia en un mundo irreal. Incluso el ocio libre y creador es anulado. Si hoy sólo existe lo que vemos en la TV y redes sociales, lo demás se desconoce. Todas las TICs se convierten así en agente de la cultura, decisivo y empobrecedor. Las catástrofes y desastres se convierten en mera información; algo lejano que a uno ni le afecta ni le implica. No es necesaria la imaginación; es suficiente un “clip”. La información visual llega directamente, sin barreras de protección, a la sensibilidad y afectividad y se fija intensamente; posee un impacto súbito. Sin criterio propio, la realidad ficticia coloniza la mente y lo ficticio pasa a ser real y ocupar la vida propia y provocar dependencia. Acaba uno no distinguiendo lo verdadero de lo falso, lo importante de lo secundario y aparece la indiferencia hacia la verdad. Ése es exactamente el mito de la caverna de Platón.

Son medios y se acaban convirtiendo en fines. Comunicación es un acto de relación interpersonal dialogada en el que se comparte algo. Retórica es el arte de presentar la verdad de modo convincente, aunque hoy día se entiende por retórica palabrería hueca. Siempre nos andamos con rodeos ante la realidad. Y aunque nuestra realidad desnuda sea brutal, debemos aceptarla y pactar con ella sin rechazarla. Humanizarla. Acompañarla. La verdad, tal cual, es débil y menesterosa y hay que presentarla bien vestida para que parezca lo que es realmente (retórica). El lenguaje mueve a las gentes, crea estados de opinión. El lenguaje es poder. Crea la realidad. Influye en los demás. Sofística es el arte de hacer verosímil lo falso. Cuando se entiende la libertad como hacer lo que a uno le place, el aumento de la maldad moral es inevitable. Nada, ni la política, ni la economía, ni la autoridad se deben separar de la ética.

13.- El Tiempo de la Vida Humana.

El hombre ve su vida por adelantado. Es capaz de anticiparse a lo venidero, proponerse metas futuras y ordenar las cosas en relación con sus objetivos. Es un ser abierto al futuro, capaz de proyectarse y de vivir la propia vida según ese proyecto. En realidad no es que sea capaz; es algo que le es necesario. El futuro es un lugar hacia el que nos dirigimos. Por eso existe la esperanza de crecer y de ser felices. El momento, más que una unidad cronológica (cuánto dura) es una unidad vital y biográfica; más que por momentos, una vida con sentido se vive por acontecimientos, por cosas que nos pasan. Sólo el animal o el hombre primitivo o no promocionado vive “por momentos”. El animal no tiene prisa. Vivir por momentos es un modo patológico de vivir. Además, uno acaba siempre derrotado en la lucha contra el tiempo.

Una cultura que instrumentaliza al hombre tiene lugar cuando la velocidad afecta a los biorritmos naturales del cuerpo y la psique. Supone un modo de trabajar agotador y basado en la prisa y en una rapidez forzada para ser competitivo y poder así sobrevivir. Se trata de “hacer curriculum” para demostrar lo mucho que uno ha hecho en poco tiempo. Ésa es una forma actual de alienación que exige doping para poder aumentar artificialmente la capacidad de rendimiento y que acaba en el estres, divorcio, agotamiento y tomando calmantes.

Una vez conocida la verdad y la dignidad de la persona y la correcta orientación del trabajo, se impone la tarea de la reorganización de la vida y un determinado tipo de conducta moral. Es necesario, por ejemplo, el descanso; cuando duerme, el hombre confía en su cuerpo para dejar de llevar sobre sí la carga de la propia vida.

Sobre ocio y trabajo, es importante comenzar diciendo que no se puede estar ocioso sin haber trabajado antes. Si se invierte este orden, aparece el trabajo sucio, la corrupción y las trampas. Primero es lo serio; luego lo lúdico. Y ambas cosas son precisas, pero en ese orden. El sentido clásico de ocio significaba desligarse de la necesidad y del interés para elevarse libre y creadoramente al territorio de lo bello, lo festivo y el arte, y encontrar ahí la plenitud humana. Hoy día significa “desenganche”, “tiempo libre”, “diversión” y “entretenimiento”. La actitud adecuada hacia el ocio no es de inactividad o pereza, sino la contemplación para reflexionar y aprender con silencio y observación; poner el oído atento al ser de las cosas. También supone incremento de la cultura al originar enriquecimiento del espíritu y cultivo de la interioridad. Ocio era el concepto clásico de las “artes liberales” contrapuestas a las “artes serviles” que sólo buscaban utilidad. Lo ideal es vivir el trabajo como juego. Pero cuando en el trabajo la cultura es opresora, en el ocio lo único que se quiere es un “escape”.

El verdadero ocio es leer buenos libros, recrearse en obras de arte, cultivar algo la filosofía. Escuchar y leer música, dándose cuenta de los sentimientos que despierta, ... En una palabra, vérselas con lo maravilloso, con lo digno de admiración, con lo no inmediato, con el sentido último de las cosas, con las grandes verdades. La filosofía, “amor a la sabiduría”, era en tiempos la actividad más “ociosa”. Cuando el fin del ocio es la diversión, caemos en una forma de existencia no auténtica, en la que huimos del aburrimiento y de nosotros mismos porque estamos vacíos: buscamos la diversión para disipar el tedio. Quien no se interesa por nada ni por nadie lógicamente se aburre y necesita divertirse, y se ve obligado a buscar fuera lo que no tiene dentro.

El activismo externo o ausencia de interioridad es trivialidad, superficialidad, intrascendencia, vivir instalado en la superficie de la vida. No manifiesta nada íntimo; es máscara y apariencia; incapacidad de dialogar, de darse a conocer, porque no hay nada que dar a conocer. Por dentro hay un vacío, frivolidad y la vida en hueco. No vive de razones sino de caprichos. Da importancia a lo que no tiene y no le da a lo que la tiene. Desaparece la posibilidad de comprometerse. Es un ¡¡Carpe diem!! pobre. Es un espectador a la búsqueda siempre de espectáculo, incapaz de comunicarse verdaderamente con los demás. Como la vida está poco integrada, la diversión es remedio adormecedor y acaba buscando lo novedoso, alucinante y luego lo anormal. Incluso el riesgo absurdo puede ser un placer (puenting). El saldo de todo ello es la pérdida de felicidad, el malestar y la falta de sentido. La educación es la domesticación y disciplina de las pasiones más bajas del alma ... pero formándolas e informándolas de modo artístico. Educar no es sermonear ni reprimir sino proporcionar una continuidad natural entre lo que uno siente y lo que puede y debe llegar a ser.

Dyonisos era el dios pagano de la savia de la vida, el fluir de la sangre, la excitación, el misterio del sexo y la naturaleza: el dios del éxtasis. Pues bien, la música de rock duro y mecánica es una religión dionisíaca para destapar las fuentes irracionales mediante una fuerte estimulación sensitiva, que crea un ambiente eufórico que provoca alucinaciones y muy distintos tipos de ebriedad.

14.- El Dolor. Los Límites del Hombre.

Es grande la tentación de afirmar que “toda la vida es dolor” (Job) puesto que a la larga el fracaso es insuperable. Sin embargo, la vida tiene sentido y el sufrimiento también. El dolor no tiene la última palabra. Nuestro mensaje es optimista. El dolor existe porque somos vivientes y es algo intrínseco a seres compuestos de materia viviente. Si tratáramos de excluir el sufrimiento sería preciso suprimir la vida misma. Ante las diversas especies de sufrimiento: tristeza, congoja, ansiedad, angustia, temor, desesperación, etc., la reacción lógica es de huida. La salud no es sólo una condición del cuerpo, sino de la persona entera; salud implica estar libre también de males morales. Estamos en una cultura en la que el sufrir tiene mala prensa. Hoy día el dolor es un dis- valor. No parece haber motivos para soportarlo sino medios técnicos para combatirlo. Es una cultura que no quiere verlo: lo tapa, lo ignora, lo oculta, lo trivializa, lo quiere sustituir por el placer. El sufrimiento es algo que no debe suceder; y quien lo sufre se convierte en víctima.

La realidad es que quien se sobrepone al dolor, sube más alto (se eleva por encima de sí mismo). Convierte el hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar la propia vida, contando con esa dramática verdad. La enfermedad es dada como tarea, ante la que uno tiene la responsabilidad de ver qué hace con ella. Es el banco de pruebas de la existencia humana. Para un hombre frágil, no tiene sentido y le desmorona; al fuerte le hace más fuerte. Uno no es libre para rechazar un sufrimiento impuesto, pero sí es libre para adoptar una actitud positiva o negativa frente a él. De hecho, la aceptación significa interiorización, crecimiento y maduración. Educación. Le hace distinguir mejor entre lo verdaderamente importante y lo que no lo es. Le purifica. Relativiza la importancia de satisfacciones que creía irrenunciables. Nos dejamos de tonterías y nos centramos en lo verdaderamente serio. El dolor eleva al hombre por encima de sí mismo y le enseña a distanciarse de su deseo.

La persona que ha sufrido y asumido el sufrimiento tiene una conciencia más real y profunda de sí mismo y de lo que le rodea y está vacunada contra la insensatez. Es más dueña de sí misma. El sufrimiento para tener sentido no puede ser un fin en sí mismo sino que tiene que ir más allá de él. Debe trascenderse. Convertirse en sacrificio. Sólo el amor le puede dar sentido. Pero eso depende del propio sentido que le demos a la vida. “Cuando el hombre tiene un por qué vivir, soporta cualquier cómo” (Nietzsche). El triunfo entendido como reconocimiento social pone al individuo en el peligro de confiar demasiado en sus propias fuerzas y alejarlo de la realidad. Debe estar equilibrado por fracasos bien sentidos. Por cierto, quien ama mucho, sufre mucho; el dolor lo transforma en un acto de donación. Cuando el hombre actúa, el fracaso es inevitable. Y el fracaso es doloroso. La vida es arriesgada. Es necesaria la valentía y la fuerza para asumir el riesgo y enfrentarse a él, dominándolo. La obsesión por la seguridad, que es una desazón íntima, es sólo debilidad. El éxito y el fracaso nos maduran. Son algo muy relativo y ser libre ante ellos presupone la aceptación previa de uno mismo, de la situación que le ha tocado vivir y la de la tarea que debe desarrollar. Es liberador reírse del propio éxito, fracaso, e incluso, de sí mismo. Uno debe atreverse a ser quien es aunque para ello deba sufrir. En suma: coherencia, libertad y madurez le permiten a uno superar su dolor y ser digno de su sufrimiento.

Para un materialista sólo lo útil es verdad. El hombre es sólo alguien que trabaja; que produce. Un cosechador de éxitos que se mueve sólo por interés. No tiene núcleo interior espiritual. Carece precisamente de lo que es humanamente distintivo. Por eso, el materialismo es brutal con los débiles o los abandonados de la fortuna. Son un estorbo y mejor que dejen de serlo o desaparezcan. Aquí se ha perdido la racionalidad. Ante el sufrimiento, lo único que se le ocurre al materialista es aplicar las técnicas para que desaparezca, evitarlo o prevenirlo. El aceptarlo o darle un sentido, carece de significado para él. El hombre es responsable de la mayor parte del sufrimiento que existe en el mundo y es tarea y responsabilidad suya disminuirlo. De hecho, el hombre integral trata todas las cosas del mundo con benevolencia y cuidado ; sean seres vivientes o no. Al obrar, respeta todo como si fuera un fin; no un medio. Pero sobre todo, quien merece cuidado como algo insustituible es la persona humana por ser digna en sí misma. Para cuidar es preciso comprender. Sólo es posible eso cuando se ama. Estos son los únicos remedios y, por cierto, son radicales. Nada quita más el miedo a alguien que la compañía de otro. Cuando la relación jefe-colaborador se despersonaliza, el Cliente que acude se enfrenta con una organización compleja, atendida por una muchedumbre anónima y cambiante de profesionales que se limitan a cumplir su función y para los que el Cliente es un extraño. En la institución hospitalaria la relación médico - enfermo es especialmente importante. Estos encuentros deben ser siempre personales. Si no, se pierde de vista al individuo como persona. El mal moral no siempre duele. El ser humano es capaz de sentirse satisfecho de sí mismo aunque sea un perfecto canalla. Muchas veces no somos conscientes del mal moral que cometemos.

15.- El Destino y la Religión.

La humanidad encuentra en la religión una respuesta fiable y consoladora a la cuestión del destino y de la muerte. La inteligencia se caracteriza por su incapacidad para comprender la vida. Cuando sucede algo en relación con la muerte cerca de nosotros mismos, nos resistimos a creerlo; lo lógico y lo psicológico (inteligencia y corazón) trabaja uno en contra del otro. Hay en el hombre un núcleo espiritual que no es destruido por la muerte, sino que pervive más allá. Esto es fácil probarlo filosóficamente o racionalmente, sin apoyarse en una creencia religiosa para ser tenido por cierto. Muchas de las notas que definen a la persona y que son esenciales, tienen un carácter espiritual, inmaterial. La propia capacidad de conocer la verdad es estrictamente espiritual.

Lo natural y propio del hombre es alcanzar su fin, que es perfeccionar al máximo su inteligencia y voluntad. Son la verdad (para la razón) y el bien (para la voluntad). Luego lo natural en el hombre es alcanzar la verdad y el bien. La desaparición de los valores religiosos de la escena pública tiende a debilitar los valores morales de una sociedad. La pretensión de una moral laica ha resultado ser un espejismo, porque corta las raíces de las que brota el árbol del sentido moral. Donde la moral es arrojada al ámbito de lo privado faltan las fuerzas para crear una comunidad y mantenerla unida. Dios ha dicho a cada piedra, árbol, pájaro y en especial a cada persona: “¡¡Es bueno que tú existas y seas lo que eres!!”.

Josemari Cardona Labarga - josemariarrobacardonalabarga.com

http://www.cardonalabarga.com

Madrid.

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