Actualización constante como necesidad para el Docente Universitario

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“Quien se atreva a enseñar nunca debe dejar de aprender”. John Cotton Dana (1856-1929)

“En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen caberlo todo estarán bien equipados para un mundo que no existe”. Eric Hoffer.

Presentación

A lo largo de los años, cuando empezamos nuestra preparación para la vida, algunos comenzando por el jardín de niños, luego la escuela primaria, la secundaria, y culminando con el nivel universitario, la educación ocupa una importante porción de nuestra vida.

Nuestra actividad profesional y laboral, que desempeñamos luego, es función de la preparación que hemos adquirido en esos años.

En algunos áreas, estos conocimientos son estáticos (no cambian a lo largo del tiempo o bien no se incrementan a través de la acumulación de experiencias), mientras que en otras son absolutamente dinámicos (el conocimiento adquirido debe complementarse en forma periódica y permanente con nuevas experiencias educacionales).

Ya desde finales del siglo XX, y en lo que llevamos del siglo XXI, el panorama de profesiones “estáticas” y “dinámicas” ha cambiado notablemente comparándolas con las existentes en el siglo XX.

Como un ejemplo, tenemos carreras que en los últimos 30 años ha pasado de tener características estáticas a ser declaradamente dinámicas; ya que por diferentes medios aparece todo tipo de información que debe ser, necesariamente, leída, analizada y asimilada, y que frecuentemente modifica, en distinto grado, el estado actual de distintas áreas de conocimiento y de incumbencia de cualquier profesión.

La falta de tiempo para realizar estas tareas de lectura, análisis y asimilación de nueva información hace imprescindible el uso de otros medios auxiliares para poder llevar esto a cabo. Para el caso, tenemos cursos de especialización y actualización que deben ser tomados, con alguna frecuencia, para mantener, por lo menos en un grado, un grado de conocimiento del estado actual de la profesión.

Lo importante de todo esto es que el profesional vive las mismas alternativas que cualquier producto, a medida que va avanzando con su presencia en el mercado, dejar de ser atractivo a su mercado. Por eso, tiene que hacer con su persona exactamente lo mismo que hacen los fabricantes con sus ofrecimientos: actualizarlos.

En el mercado laboral ocurre algo semejante. Las organizaciones buscan permanentemente conformar las expectativas de sus clientes. Como éstas se modifican día a día, para satisfacerlas, las empresas también renuevan continuamente los requisitos a sus empleados. Así que los que trabajan en una relación de dependencia tienen un temor, siempre latente, por la posibilidad de que sus empleadores decidan prescindir de sus servicios.

Por lo tanto, actualizarse significa completar y perfeccionar aspectos que serán valorados y reconocidos por nuestro entorno, en relación a nuestra capacidad profesional. En este sentido debemos considerar que cualquier jornada de actualización comprende estudios guiados que, normalmente, pueden facilitar el ingreso a otras especialidades y técnicas.

Hoy es una ventaja competitiva el estar al día con aquellas variables o hechos que afectan a nuestra actividad profesional, con información sobre nuestro sector y con nuevas herramientas para el desempeño pues nos permiten tener una visión más amplia en la toma de decisiones sobre la continuidad de nuestra preparación.

La formación continúa

La formación continua para mejorar las competencias y habilidades permite una mejor calificación de los profesionales, ésta hace alusión a toda actividad de aprendizaje que se realiza a lo largo de la vida con el objetivo de incrementar los conocimientos, capacidades y aptitudes, además de enriquecer el nivel cultural y personal.

Es bien valorada la importancia de la formación continua en cualquier ámbito profesional. Reciclarse y mantenerse actualizado es fundamental, además de estar al día en cuanto a conocimientos, deben hacer frente a situaciones que demandan atención, concentración y que a menudo suponen estrés laboral. Esta necesidad de actualización constante hace que la formación se entienda como un proceso a lo largo de toda la vida.

Actualmente se requiere que se tenga una carrera, una maestría o postgrado, además de la formación por diplomados, talleres o seminarios adicionales. En definitiva, cada vez se pide más preparación, las organizaciones y los mercados cambian cada vez más rápido, los profesionales van evolucionando, por lo que se necesitan personas con capacidad de aprender continuamente.

La decisión no es tan sencilla, actualizarse es principalmente desarrollar la capacidad de adaptación a los cambios del entorno. Sin embargo no debemos olvidar que la permanente competitividad en la que vivimos hace envejecer las técnicas conocidas, exigiendo que sus protagonistas se adapten a las nuevas técnicas para resolver los problemas que se han de plantear.

Aquí se destaca la importancia de la lectura (la que hemos querido promover entre los colegas) que es, posiblemente, una forma de actualización muy efectiva, y que está a disposición en la web, porque mientras nos transmite información, desarrolla la agilidad del cerebro, para mejorar su capacidad de comprensión.

No hay fórmulas o recetas fijas para actualizarse, sí principios; uno de ellos es desarrollar la capacidad de percibir el entorno para poder saber cuáles son sus exigencias. Así sabremos dónde estamos y cuáles son las posibles rutas a seguir.

El estudiante universitario del siglo XXI

Sabemos que ahora debemos ser sujetos activos, con roles principales, apegados a un contexto de continua renovación tecnológica y sin las ideas tradicionales de la educación no participativa, ¿cómo o qué podría decirse que construye al estudiante en este nuevo siglo? He aquí las ocho características.

  1. Protagonista de su aprendizaje: él y la estudiante se convierten en sujetos activos. El aprendizaje, por tanto, se vuelve un proceso personal: interroga y cuestiona, está activo, asume la responsabilidad de aprender, no espera a que le enseñen, ni que le digan qué saldrá en el examen.
  2. Autonomía en el proceso de aprendizaje: hoy no solo basta con conocer muchas cosas, ni con repetir lo que se enseña-aprende. Es la capacidad de evaluarse a sí mismo durante el proceso de aprendizaje. Procura, por tanto, realizar este proceso cuestionándose: “¿cómo lo estoy haciendo? ¿habrá una mejor manera? Es cuando es independiente y motivado por sí solo para aprender.
  3. Capacidad para dialogar y trabajar en equipo: debe desarrollar una capacidad para escuchar, respeto y tolerancia, y una gran capacidad crítica por la otra persona (compañeros/as, profesor/a). Esto fortalece la tolerancia hacia la diversidad de criterios y opiniones.
  4. Capacidad de participación: actitud agresiva externa de participación: cuestionamiento a sus docentes, a sus compañeros y compañeras, reacciones hacia las opiniones de los y las demás de forma respetuosa, postura crítica ante lo que dicen los textos. Así se involucra más a su proceso de enseñanza- aprendizaje.
  5. Motivación y fuerte autoestima: nuestras aspiraciones y nuestras metas están en función (dependen) de la confianza que depositemos en nosotros mismos. Una autoconfianza apropiada, segura de sí favorece el establecimiento de metas mayores.
  6. Curiosidad e interés por la investigación: él y la estudiante del nuevo siglo no pueden ser consumidores de conocimiento de libros, revistas, internet, entre otros. Debe ser consciente, en ese grado, de que puede generar nuevo conocimiento a partir del adquirido.
  7. Interés en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación: puede propiciar un acercamiento entre docente y alumno/ay entre sus compañeros/as. La facilitación de la comunicación y del acceso a la información más amplia y actualizada son las dos grandes ventajas que estas tecnologías ponen al servicio del estudiante de hoy.
  8. Dominio de las técnicas de estrategias de aprendizaje: el estudiantado debe profesionalizar y tecnificar su estudio (adquirir nuevas y mejores estrategias de aprendizaje), si quiere tener éxito académico. No podemos seguir con las técnicas de ensayo-error, cuando se ha probado que existen técnicas que son eficaces y eficientes para muchos y muchas estudiantes.

El alumno debe ser el protagonista de las clases, no el docente

Lo afirma Tracey Tokuhama Espinosa, experta norteamericana en capacitación docente. Tokuhama Espinosa propone un aula más dinámica y participativa.

Captar la atención de un alumno es, hoy, uno de los mayores desafíos de un profesor. En la era de los video-juegos y de Internet, la capacidad de concentración del estudiante ha disminuido dramáticamente. Pero para Tracey Tokuhama Espinosa hay una fórmula muy eficaz, que se resume así: “El alumno debe ser el protagonista de las clases, no el maestro”.

Para ilustrar mejor ese nuevo modelo, Tokuhama, que es especialista en capacitación docente y en motivación, suele recordar la historia de Rip van Winkle2, que cuenta que un hombre se durmió en el banco de una plaza durante 100 años y, cuando despertó, notó que la mayoría de las cosas que él conocía habían cambiado. Observó sorprendido los supermercados, los bancos, los medios de transporte, y cuando llegó a la escuela sonrió: era lo único que se mantenía intacto. “Eso es lo que pasa hoy en muchas partes del mundo. La enseñanza es la misma y la estructura física es igual desde hace años”, dice Tokuhama Espinosa, californiana de 48 años, profesora de Educación y Neuropsicología, autora de numerosos libros y publicaciones y directora de IDEA (Instituto de Enseñanza y Aprendizaje).

El desarrollo profesional del docente universitario

La calidad del estudiante universitario está proporcionalmente ligada a la calidad del docente que lo forma. En nuestro entorno, es escasa la preocupación por la calidad, eficiencia, productividad y competitividad educativa.

Al tratar de desarrollar este tema, me viene a la mente el siguiente episodio personal: no hace mucho, me encontré con un ex compañero docente y luego del saludo respectivo me expuso su malestar por estar siendo sometido a una serie de cursillos, talleres, o como se le quiera denominar, que para él solo tenían la intención de jorobarle la vida. Mi reacción fue la de una sonrisa disimulada en función de que él no miraba más allá de la molestia que experimentaba y, desafortunadamente, no se enmarcaba en la necesidad de aprovechar la oportunidad para mejorar en su carrera docente.

En las contadas veces en que he coincidido en mi antigua Facultad, me he encontrado con nuevos docentes, poseídos de unas actitudes que más parecen personajes endiosados, distantes y desfasados, con rostros adustos que al realizar una autoevaluación le conceden a Dios apenas un 10, un 9 para ellos, como mínimo y de 8 para abajo, a sus compañeros y sus alumnos. En sus clases hablan de forma pedante para reforzar esa aura mística que creen que los envuelve y que no puede ser cuestionada por los alumnos, porque ellos lo saben todo. Así las cosas, me parece que dejan mucho qué desear.

Esta situación encaja bien con lo expresado por Bertrand Russell, reconocido filósofo, escritor y matemático británico, en su obra La Conquista de la Felicidad: “La educación en la crueldad y en el miedo es mala, pero los que son esclavos de estas pasiones no pueden dar otro tipo de educación”.

Francoise Rabelais (1494 – 1553, escritor, médico y humanista francés) sostenía que “la ciencia sin conciencia no es más que ruina del alma”, Michel Eyquem de Montaigne (1533 -1592, filósofo, escritor, humanista y moralista francés) llegó a afirmar que “hay que educar el juicio del alumno más que llenar su cabeza de palabras”. Mengua el aprender, el entender y el saber.

Ortega y Gasset señaló en una de sus alocuciones “la enseñanza universitaria cumple tres funciones: la transmisión de la cultura, la enseñanza de las profesiones y la investigación científica y educación de nuevos hombres de ciencia”.

Estos son los aspectos esenciales, vitales, de toda la enseñanza universitaria, a la cual se debe unir como objetivos en la formación del universitario los fines del pueblo en que se vive. Todo esto no sólo se logra con conocimientos declarativos sino fundamentalmente por la acción de modelos formativos; estos modelos son los docentes que tuvo y tiene el alumno. Por esta razón y con el ánimo de mejorar la calidad de la enseñanza universitaria, ésta debe propiciar un esfuerzo que tenga por finalidad hacer un diagnóstico de nuestras bondades y carencias, y mejorar las habilidades que el docente ya posee.

Hay docentes universitarios que siguen enseñando la misma versión de cualquier materia e incluso están utilizando las mismas anotaciones de cuando eran estudiantes. Un docente que no proporciona las herramientas necesarias a sus estudiantes, está arando en campos infértiles. En un erial humano.

Somos de opinión que en la medida en que el profesorado tome conciencia de la importancia de contar con una buena formación, cualquiera sea la disciplina o el campo en el que actúe, el camino que se recorra, por parte del estudiante y el profesor, habrá sido más fructífero y sencillo.

La función del docente es la de descubrir las necesidades o el interés de sus alumnos y los objetos que son capaces de satisfacerlos. Los docentes deben ser traductores de los textos, explicar lo que allí se dice; no lo que ellos piensan o desean que piensen los estudiantes.

Probablemente el gran problema de la educación del futuro, sea presencial o a distancia, radica en la formación del docente. Su formación y capacitación permanente, es una cuestión esencial para alcanzar la calidad en la educación.

Como lo hemos dicho, el desarrollo profesional es la construcción de la identidad profesional, que pretende el aumento de la satisfacción, en el ejercicio de la docencia, a través de una mayor comprensión y mejora de la competencia profesional. Por lo tanto, debe incidir no sólo en el desarrollo personal del docente, sino también debe estar relacionado con el desarrollo de la organización universitaria, considerándose así todo el sentido global posible.

El desarrollo profesional conforma la vida profesional de los docentes, en donde la formación es un elemento importante que la integra. Por ello, hay que tener claro que desde el punto de vista totalizante expresado, la formación es una parte de este desarrollo profesional, que está integrado además por otros factores como: la carrera docente, el status profesional, el sistema retributivo, el clima laboral, el contexto laboral, etc. Es en este ámbito formativo donde nos centramos al hablar del desarrollo profesional del docente universitario.

El desarrollo profesional es un hecho diverso, que se encuentra afectado por factores de diferente índole, que mejoran las competencias y los intereses del docente universitario afectado. Tales factores (conocimientos, creencias y capacidades) giran en torno a tres aspectos:

  • La transformación de la sociedad, sus valores y sus formas de organización.
  • El progreso del conocimiento científico, que le obligará a una continuada renovación en su propia especialidad.
  • El desarrollo de su competencia docente, lo que debe llevarle al dominio de teorías, técnicas e instrumentos de análisis para mejorar su propia práctica como profesional de la enseñanza”

Además de estar afectado por tales factores, el docente presenta características y demandas formativas específicas, que tendrán que cubrir tres necesidades que podemos considerar básicas: necesidad social, educativa y personal.

Las de carácter social están referidas a la eficiencia del sistema educativo, más concretamente del individuo, mientras que las de corte educativo están dirigidas a facilitar aprendizajes y finalmente las de carácter personal, encaminadas a la potenciación de la vida personal del profesorado.

En definitiva, podemos afirmar que el objetivo último de estas necesidades es el progreso del docente. Así, una mejora en el sistema educativo significa, en principio, un crecimiento del profesorado tanto a nivel personal como profesional y social. El profesorado puede sentir motivación hacia su desarrollo profesional cuando descubre que sus necesidades pueden ser satisfechas mediante el aprendizaje. Si pensamos en el sistema educativo universitario obviamente lo hacemos también en el docente universitario. Así, el desarrollo personal y profesional del docente universitario enfatiza el carácter conceptual y organizativo de éste, el cual se encuentra orientado a cubrir la necesidad de cambio.

La formación del profesorado, al igual que la evaluación de su actividad docente, debe catalizar positivamente la ilusión por la mejora de su tarea. Deben contribuir a que reflexionen y analicen críticamente sus costumbres docentes, y modifique aquellas que dificultan el logro de sus objetivos. Así, la primera fase de un plan de formación del profesorado debería consistir en un ejercicio de auto-evaluación de su propia actividad.

Cuando el docente identifica con claridad los objetivos de aprendizaje que pretende que sus alumnos logren, es más capaz de reflexionar de forma sistemática y potente sobre sus actividades. La auto-evaluación de la actividad docente y la identificación de los objetivos de aprendizaje de los estudiantes son dos condiciones necesarias aunque no suficientes para iniciar de forma adecuada un programa de formación del profesorado.

La actividad docente no se reduce a la interacción directa con los alumnos, sino que se extiende a un conjunto amplio de actividades pre y post activas (planificación de los procesos instruccionales, diseño de materiales curriculares, coordinación de esfuerzos, planificación de nuevos procesos tecnológicos, tutorías, evaluación de las actividades de aprendizaje realizadas por los alumnos, etc.) que han de llevarse a cabo si se quiere asegurar el aprendizaje de los estudiantes.

Los docentes pueden sentirse motivados por diversos factores: el desarrollo y aprendizaje de los alumnos; el entusiasmo por su disciplina; el reconocimiento, interés, elogio y aliento; la oportunidad de colaborar; la oportunidad de tener responsabilidad; el desafío sobre la destreza profesional; la inspiración de los colegas; las perspectivas profesionales.

El carácter obligatorio o voluntario de los programas de formación puede variar en función de la tipología del docente al que va dirigida y el tipo de contenidos que trate. En el caso de los profesores que no hayan obtenido una evaluación favorable de su actividad, los programas, orientados a mejorar su actuación en clase, y los sistemas de evaluación de los aprendizajes, podrán ser obligatorios.

Sin esta preocupación por la calidad y la evaluación de la actividad docente, los programas de formación pueden quedar reducidos a una simple oferta de cursos que se ven como un trámite administrativo, que se deben cubrir para alcanzar una determinada posición, estabilidad en el puesto o superar una evaluación negativa, sin que con ello se produzca ninguna mejora en la docencia, ni se alcance la necesaria satisfacción profesional que es la que permite que los cambios se consoliden.

En este proceso de formación continua del profesorado debe contemplarse una tercera dimensión, la que hace referencia a la formación en ámbitos no relacionados directamente ni con el área de conocimiento, ni con la actividad docente que cada profesional desempeña.

Generalmente, los docentes universitarios tienen, y han tenido, una larga trayectoria solitaria de formación y, en pocos casos, de investigación. Esta tradición tiene como resultado un proceso de aprendizaje lento e inadecuado, gran cantidad de esfuerzo y tiempo innecesariamente invertidos y unos resultados extremadamente pobres.

La formación tendrá interés siempre que se adapte a las necesidades de los propios docentes, de las cuales ellos mismos deben estar concientes. No obstante, hay que tener en cuenta que el estar constantemente formándose y actualizándose es difícil ya que el conocimiento pedagógico no se desarrolla al mismo ritmo que los cambios sociales.

El profesorado debe asumir una mayor implicación en procesos de reflexión e investigación sobre los efectos de su ocupación universitaria. Para comprender mejor las prácticas docentes y las situaciones de enseñanza, pueden elaborar proyectos de formación e innovación educativa trabajando de forma colaborativa.

En definitiva, es necesaria la creación de un marco que regule la verdadera carrera docente universitaria, en donde la formación de los profesores tenga una posición relevante, y en el que se propicie un cambio de actitudes de este, que le conduzca a sentir la necesidad de una mejora continua de la actividad docente en su desarrollo profesional.

La ausencia de una formación específica por parte del docente universitario supone una circunstancia, que en la mayoría de los países se ha convertido en una preocupación. La formación de los docentes universitarios es una actividad de mejora, no sólo de ellos como profesionales sino también como personas, pues asienta en los docentes procesos de reflexión, mediante el diálogo con los colegas, para afianzar o cambiar sus creencias.

El docente debe estar consciente de la importancia de actualizarse y de prepararse para desempeñarse con mayor eficacia y eficiencia su trabajo. Debe estar consciente de que si no se actualiza, que si no se prepara, tendrá serias limitaciones para poder desempeñarse con calidad.

De ahí que deben valorar y apreciar mucho los programas de actualización y de perfeccionamiento docente, tanto en el plano didáctico, como en el ámbito de sus disciplinas, en la especialidad que ellos están formados y que también debe buscar un proceso de renovación y de actualización de sus conocimientos”.

Urge un nuevo docente universitario, una nueva cultura del enseñar, nuevas herramientas digitales en las aulas y reforzar el campo de la investigación con laboratorios y recursos económicos; de no hacerlo, estaremos en el mismo entorno de hace varias décadas.

Termino citando (de Semina Fidei -11 de agosto de 2014) “El joven que no concluye sus estudios, el empresario que no se atreve con un negocio, el profesor que no se actualiza, son ejemplos de personas que no llegan a realizarse en sus vidas. Situaciones en que no se quiere pagar el impuesto que supone el sacrificio, la entrega y la dedicación para alcanzar metas más altas”.

“Un profesor afecta hasta la eternidad; nuca se puede decir donde termina su influencia”. Henry Brooks Admas (1838-1918)

“La enseñanza que deja huella no es la que se hace de cabeza a cabeza, sino de corazón a corazón” Howard G. Hendricks.

Nota: Para una mayor profundización de todo lo anterior les recomiendo la lectura: “La nueva universidad”; “Los nuevos retos docentes de la educación universitaria”. https://www.academia.edu/11589880/LA_NUEVA_UNIVERSIDAD

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Maldonado José Ángel. (2015, mayo 28). Actualización constante como necesidad para el Docente Universitario. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/actualizacion-constante-como-necesidad-para-el-docente-universitario/
Maldonado, José Ángel. "Actualización constante como necesidad para el Docente Universitario". GestioPolis. 28 mayo 2015. Web. <http://www.gestiopolis.com/actualizacion-constante-como-necesidad-para-el-docente-universitario/>.
Maldonado, José Ángel. "Actualización constante como necesidad para el Docente Universitario". GestioPolis. mayo 28, 2015. Consultado el 3 de Diciembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/actualizacion-constante-como-necesidad-para-el-docente-universitario/.
Maldonado, José Ángel. Actualización constante como necesidad para el Docente Universitario [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/actualizacion-constante-como-necesidad-para-el-docente-universitario/> [Citado el 3 de Diciembre de 2016].
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