Tuve el gusto de conocerlo en persona. Ya había leído la autobiografía de Michael Dell pero el encuentro estuvo mucho mejor.
La Coparmex me había invitado de moderador de preguntas en la conferencia de Dell y entre ellas filtré una de las mías. ¿Michael, al principio alguien te dijo que tu idea de vender directo computadoras, sin el canal tradicional de las tiendas, era una locura? Me contestó sonriendo: mucha gente, pero decidí no escucharlos, los ignoré.
Dell –actualmente de 39 años de edad- tiene una fortuna estimada de
18 mil millones de dólares –compara esta cifra con las reservas de
dólares de México-, y su negocio recurrentemente gana cerca de la mitad
de las utilidades de la industria a nivel mundial. Sus palabras tienen
que ser tomadas muy en cuenta.
Sus palabras exactas fueron: I didn’t listen to them.
I didn’t listen to them. I didn’t listen to them.
Y aquí las palabras retumbando en mi interior. Recordándome
constantemente que me conviene escucharme a mi mismo, ser valiente en lo
que quiero, y ser consistente en mis acciones. Atreverme a ser.
Eso de estar sordo me recuerda a los pleitos de niño donde como recurso
te cubres las orejas cantando: yo no oigo soy de palo, tengo orejas de
pescado.
Nos impone a hacer cosas que no son buenas para nosotros e impide la
autoafirmación, y no se diga la autorrealización.
La Sombra nos hace ser candiles de la calle y oscuridad de la casa; no
nos deja desarrollar nuestra parte creativa ni incorporarla a nuestra
vida cotidiana.
Es truculenta porque nos referimos a ella como si fuera una entidad
fuera de nosotros mismos y por eso evadimos la responsabilidad de
enfrentarla.
Desde Freud y Jung, con su énfasis al subconsciente, La Sombra ha sido
muy estudiada, pero una tesis en particular que proviene de la rama de
Psicología Evolutiva viene al caso.
La Sombra tiene una explicación relacionada con la programación
genética.
Es producto de los miles de años que el humano tuvo que lidiar para
sobrevivir a la intemperie y enfrentar a un mundo físicamente hostil.
Pertenecer a un clan y fusionarse con el grupo era la única forma de no
morir. Y por eso, entre otras cosas, hay una propensión humana para
pertenecer, estar afiliado y ser similar a los demás.
Si se era demasiado original, vistoso o creativo, se ponía en juego la
pertenencia a la tribu y por andar de novedosos y arriesgados, se corría
el riesgo de quedar aislado y por ende, sentenciado de muerte.
Y abundan casos a través de la historia: a Sócrates lo mataron,
Galileo se salvó por astuto y Van Gogh fue segregado; ellos eran
“diferentes”.
Esto puede explicar parcialmente el borreguismo, la programación de las
personas para que hagamos lo mismo, la obsesión por ser “normal”y
comportarse como la mayoría.
El mundo está lleno de copias pero los grandes logros vienen de los
originales y de la explotación de nuevos nichos. Es poca la gente que se
atreve a ser ella misma y vencer a La Sombra.
Casi todos sabemos que si hiciéramos “x” o “z” y dejáramos de hacer “h”
y “j”, nuestra vida podría cambiar por completo. Pero La Sombra nos
tiene dominados.
La Sombra desaparece con luz y con la claridad.
Claridad en reconocerla porque así se le puede declarar la guerra, o
como dirían los gestaltistas, podría apropiársele de su fuerza e
integrarla para utilizarla a nuestro favor. Y esto es una disciplina de
día con día.
I didn’t listen es una frase poderosa que si llega en el momento
adecuado, puede ser un catalizador y un disparo para romper la inercia
que acaba por convertirse en entropía.
I didn’t listen parece gritarnos una invitación a rescatar sueños
enterrados y darles vida a viejos o nuevos anhelos.
El privilegio de toda una vida es ser uno mismo
Horacio Marchand - horacioarrobahoraciomarchand.com
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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