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Pero no es el contenido histórico de la vida de Cyrano de Bergerec lo que motiva su estudio y tipificación como un síndrome administrativo,
sino la caracterización hecha unos doscientos años después de su muerte por Edmond Rostand (1897) quien lo describe como un personaje romántico y aventurero en la tragicomedia que lleva su nombre.
En esa obra Cyrano está enamorado de su prima Roxane, pero se considera incapaz de ganar su amor por autodefinirse como poco apuesto (debido a su enorme apéndice nazal)
y decide obsequiar sus prosas y versos al joven Christian para que
éste conquistara el corazón de su amada, realizando así un sacrificio
absurdo alimentado por una casi inexistente autoestima; o por lo menos
así lo expone Rostand en su obra.
Cyrano fue un hombre visionario con dotes de filósofo, físico y
astrónomo, de hecho se dice que fue el primero en sugerir que el hombre
podía llegar a la luna montado en un cohete, pero su imagen está
asociada más a un espadachín de verbo poético y conducta alocada.
Es esta conexión: persona visionaria e inteligente combinada con la baja
autoestima y poca fe en el éxito personal es lo que permite asociar el
nombre de Bergerac con un síndrome administrativo.
El Síndrome de Bergerac es lo opuesto al Síndrome de Anát, pues en este
caso es la falta de confianza y la escasa o distorsionada auto-imagen
que posee el subordinado quien lo motiva a ceder su ingenio a terceros
ya que considera que sólo por esa vía será posible la materialización de
sus ideas o propuestas, pues de lo contrario pasarían desapercibidas.
Este tipo de conducta es observada en subordinados de cualquier nivel
cuyo interés por hacer destacada la labor de sus supervisores esconde
una profunda desconfianza en sí mismos y poca auto-estima,
se consideran insignificantes o carentes de importancia imaginando que su condición social, experiencia, nivel académico, situación económica, posición jerárquica, e incluso la suma de todas ellas y otras de similar corte, lo inhabilitan para proponer mejoras o cambios…
¿Quiénes son ellos para ser escuchados? No obstante, recurren a la autoridad inmediata o a la persona que consideran que reúne mejores características,
las cuales piensa que le son ajenas, para utilizarlo como medio
de transmisión de su mensaje, renunciando de manera total y consciente
al reconocimiento de su creatividad e ingenio.
Suele ocurrir en las organizaciones, y los que la gerencian están
conscientes de ello, que no todos los supervisores son inagotables
fuentes de ideas e innovaciones,
en algunos casos éstos se apropian de las propuestas de sus
supervisados para quedar bien ante sus jefes (El síndrome de Anát) pero
en otras oportunidades son los subordinados quienes de manera voluntaria
se las ofrecen sin esperar nada a cambio. Tales circunstancias hicieron
que al comienzo del estudio se entendiera el Síndrome de Bergerac como:
La conducta deliberada y consciente de un individuo o grupo de ellos
orientada a ceder a terceros sus ideas, sugerencias o cualquier tipo de
iniciativa, para que estos las presenten como propias ante sus
superiores, seguidores o determinado escenario, sin esperar por ello
reconocimiento alguno.
No obstante, al intentar ubicar antecedentes históricos de este hecho
apareció un singular ejemplo que transformó la visión del síndrome y con
ella su conceptualización. Se trata de Benjamín Franklin (1706 – 1790).
De acuerdo al escritor Celso Cruz en su libro “Los Grandes
Inventores”, este prócer norteamericano trabajó en una imprenta que era
propiedad de uno de sus hermanos mayores quien fundó el periódico The
New England Courant, el autor escribe refiriéndose al joven Franklin de
21 años:
“Aunque se sentía con ánimos de escribir, temió que se burlaran de él si
lo intentaba. En una ocasión escribió un artículo y lo echó por debajo
de la puerta.
Lo encontraron al día siguiente y fue leído y comentado por los
redactores del periódico y mereció grandes elogios que el chico escucho
con alegría, pero en silencio” (pág. 51).
Benjamín Franklin repitió varias veces tal ejercicio hasta que al final
fue reconocido y recibió los honores correspondientes.
En este ejemplo la poca confianza en sí mismo y la baja autoestima están
nuevamente de manifiesto, pero la cesión del conocimiento no se da a un
tercero en particular sino a un medio donde no existe la subordinación,
por lo tanto vale decirse que el Síndrome de Bergerac posee una
concepción adicional a la ya expresada, pues puede entenderse también
como:
La conducta deliberada y consciente de un individuo o grupo de ellos
orientada a ceder a terceros sus ideas, sugerencias o cualquier tipo de
iniciativa, para que las promocionen, ejecuten, convaliden o comprueben,
sin esperar por ello reconocimiento alguno de manera inmediata, pero
sí en el mediano o largo plazo.
Ahora bien, el Síndrome de Bergerac tiene una peculiaridad distinta a
los demás Síndromes expuestos hasta ahora, como los son el Síndrome de
Cronos, Ganímedes y Anát; no es consecuencia de la aplicación de un
estilo gerencial particular ni surge de la imposición de una línea de
pensamiento, pero sí es alimentado y mantenido por ambas expresiones
administrativas.
Resulta poco ético alcanzar el reconocimiento y la buena pro de quienes
supervisan por la exposición o ejecución de una idea de procedencia
ajena aún cuando la misma fue cedida sin haber sido solicitada, pues es
responsabilidad de la gerencia desarrollar y orientar al subordinado que
presenta competencias de innovación e ingenio.
¿Qué puede esperarse de un supervisor que acepta de manera constante
que sus subordinados les regalen sus ideas?
Aceptar ese tipo de cesión es obviar los avances que en materia de
competencias se han alcanzado en las últimas décadas, además de un
aprovechamiento incorrecto del talento que las genera.
Por lo tanto, es responsabilidad de los supervisores de cada área,
unidad e incluso de toda la empresa, detectar este tipo de conductas,
generar un clima y un medio propicio para captar las iniciativas de sus
empleados independientemente del nivel,
status o condición que el mismo ostente, pues de no ser así se
coadyuva a mantener personal ingenioso pero de baja autoestima en la
plantilla.
Ahora bien ¿cómo puede ser responsable un supervisor de la baja
autoestima de su supervisado? La respuesta se encuentra en la capacidad
que posea el superior de utilizar su experiencia para encaminar a
cualquiera de sus supervisados a mejorar su auto-imagen.
Si apoya la conducta es suficientemente responsable de la aparición del síndrome como del Síndrome de Bergerac en sí,
pues al hacerlo convalida el pensamiento inicial de que la idea
no hubiese calado si es su mismo autor quien la expone. Caso contrario
si, haciendo uso de sus habilidades supervisoras, sirve de enlace entre
el creador de la iniciativa y los responsables de considerarla, pues con
ello permite fortalecer la autoconfianza y aumenta la motivación del
autor de la idea.
El Síndrome de Bergerac puede estar presente en cualquier tipo de
organización, nivel jerárquico o de conocimiento, sin distingo alguno de
raza, credo, edad o sexo. Se trata de una expresión anómala de
genialidad que,
aunque puede parecer poco común, es más usual de lo que aparenta y,
en algunos casos, es lo que origina la aparición y difusión del Síndrome
de Anát. No obstante es más común en empresas donde se rinde culto a:
§ El nombre de la institución de donde se han cursado estudios y el
nivel de estos.
§ Ubicación geográfica de la vivienda, ambiente social o status quo.
§ Trayectoria laboral, años de experiencia, número de éxitos y su
reconocimiento.
§ Una relación estrecha con los dueños del negocio .
§ Otros elementos circunstanciales de alto nivel subjetivo.
Pero cuando el Síndrome de Bergerac es adoptado como parte de un plan
para lograr ser reconocido en el mediano o largo plazo, las condiciones
antes expuestas pueden variar de infinitas formas,
pues de acuerdo al escenario el portador del síndrome habrá de
sortear las experiencias exitosas de sus planteamiento e ir acumulando a
la vez suficiente evidencia para demostrar su autoría y creatividad para
ser suministrada en el momento en que la situación lo amerite, pues no
faltará quien se adjudique la autoría de los mismos aunque le sea ajena.
Sea de una forma o de otra, el Síndrome de Bergerec es una afección
administrativa que no agrega valor a quien la alimenta, e incluso a
quien la padece, pues su existencia denota la carencia de las
competencias propias de un profesional de hoy,
donde la capacidad de innovación y creatividad son y habrán de ser
las principales fuentes de distinción entre las personas talentosas.
Dr. Félix Socorro - fsocorroarrobacantv.net
Especialista
en Gerencia, mención Gestión de Negocios, Licenciado en Administración
mención Recursos Humanos Diplomado en Desarrollo Gerencial y Técnico
Superior Universitario en Administración mención Gerencia
Administrativa, en tres de los cuatro casos graduado con honores.
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