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“Esta es una historia de peces y pescadores en la que no se exagera
ni un ápice. Muestra cómo al cambiar la actitud uno puede disfrutar del
trabajo y de la vida cotidiana. ¡Muerda el anzuelo y déjese atrapar por
Fish!”
Con un título tan llamativo como el de “Pescado” y habiéndonos leído la
historia de cómo los ratones y los liliputienses ideaban la manera de
comerse el queso, y leídos los comentarios de Johnson, esperábamos
impacientes que otra cuento nos diera lecciones de management.
La visita de Lundin a España, sin duda, era una de las más esperadas.
A modo de recordatorio me gustaría repasar alguna de las ideas clave de
la obra de Lundin:
Lundin parte en su libro de una pregunta básica: ¿Cuánta energía
–alegría- existe en el capital humano?. Y con su libro pretendía
responder a esta pregunta.
Partía de cuatro premisas básicas, necesarias a su vez para poder ser
productivo:
1. Elegir la actitud: aunque no puedas escoger el trabajo en sí, siempre
puedes elegir cómo lo vas a hacer. Siempre tienes la opción de elegir la
actitud que vas a adoptar en el trabajo. La actitud determina tu
comportamiento.
Se invierte mucho tiempo en ser una víctima. Nuestras
necesidades son: creatividad, flexibilidad, pasión y entusiasmo. Se debe
empezar renovando la confianza en nosotros mismos. Podemos crear cada
día. Para cambiar la actitud se necesitan tres elementos: confianza,
esperanza y fe.
¿CÓMO QUEREMOS SENTIRNOS MIENTRAS TRABAJAMOS?
2. Jugar
Ventajas de jugar:
· La gente contenta trata bien a los demás
· Pasarlo bien conduce a la creatividad
· El tiempo pasa más rápido
· Pasarlo bien es sano
· El trabajo se convierte en recompensa en sí mismo y no en camino a las
recompensas.
¿CÓMO PODEMOS PASARLO BIEN Y CREAR MÁS ENERGÍA?
3. “Alégrale el día al cliente”. Pero para alegrarles el día hay que
estar en contacto. “Implicar a otros y trabajar para que lo pasen bien
hacen que la atención se dirija hacia el cliente. Centrar la atención en
que los demás estén bien crea un flujo constante de sentimientos
positivos”
¿QUIÉNES SON NUESTROS CLIENTES Y DE QUÉ MANERA PODEMOS ESTIMULARLOS PARA
ALEGRARLES EL DÍA?
¿CÓMO PODEMOS HACER LO MISMO ENTRE NOSOTROS?
4. Estar presente: cuando estás presente, te fijas en la gente, es como
si estuvieras con tu mejor amigo; pasan muchas cosas a tu alrededor, te
preocupas de tu cliente
¿QUÉ NOS PUEDEN ENSEÑAR SOBRE CÓMO ESTAR PRESENTES CON LOS COMPAÑEROS Y
CON LOS CLIENTES?
Terminaba su exposición con el siguiente comentario recogido en su
libro: “Cuando entre en este recinto para trabajar, elija por favor la
actitud de hacer que hoy sea un gran día. Los compañeros, los clientes,
los miembros de equipo y usted mismo lo agradecerán. Encuentre maneras
de jugar.
Podemos tomarnos el trabajo muy en serio sin estar tan serios.
Esté atento para poder estar presente cuando más le necesiten
los clientes y miembros del equipo. Y si siente que le falta energía,
pruebe este remedio: busque una persona que necesite ayuda, una palabra
de apoyo o sentirse escuchada, y alégrele el día”.
Sinceramente la conferencia de Lundin nos encantó, además se premiaba a
cada persona que hacía preguntas al autor con un pez de peluche. Aquello
era lo más.
Cuando nos fuimos a comer, recuerdo cómo se inició la conversación de
los comensales: estábamos todos impactados con la ponencia, pero alguien
hizo una pregunta que nos dejó a todos paralizados:
este modelo está muy bien, pero ¿os parece de verdad aplicable al
caso de España? O ¿No os parece muy “americano”?.
Nos quedamos todos callados, no pudimos encontrar en aquel momento un
ejemplo de empresa española que siguiera más o menos las pautas de
Lundin.
Hace dos años que Lundin nos visitó y he seguido buscando desde entonces
empresas que hicieran algo parecido. Mi sorpresa ha sido que esta
política no la he encontrado en ninguna empresa, ni siquiera en una
pescadería.
Don Joaquín Vizcaíno Martínez, Marqués Viudo de Pontejos, contemporáneo
del Marqués de Salamanca, fue nombrado Senador por la provincia de La
Coruña en el año 1834.
Sin embargo, no fue sólo por sus obras en La Coruña por lo que fue conocido, sino por su participación e impulso en la creación de las Cajas de Ahorros en España, amén del Padre Piquer.
En concreto con la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid.
Además en Madrid, y gracias a su apoyo, se levantan las aceras, se
instala un sistema más moderno de iluminación, se implanta la numeración
de las viviendas y se coloca en las esquinas de las calles una placa con
el nombre de las mismas.
No es pues de extrañar que en pleno centro de Madrid haya una plaza
dedicada a este senador: la Plaza del Marqués Viudo de Pontejos.
(Hoy se conoce como Pontejos toda la plaza y alrededores de la
misma. Cuando alguien dice “voy a Pontejos” no se refiere solamente a la
Plaza si no a todas las tiendas que hay en la misma. Ya es una zona
típica de la capital.)

Históricamente esta plaza albergaba una posada conocida con el nombre de la Posada del Peine que le debe su nombre a la familia de Juan Posadas.
Corría el año 1610 cuando esta posada vio la luz por primera
vez. Estaba situada en la calle del Vicario Viejo (hoy Marqués Viudo de
Pontejos) y no fue hasta principios de siglo XIX cuando se amplió hasta
la calle Postas.
Constaba de 150 habitaciones, unas, las más caras y mejor equipadas, con
balcón a la calle. Otras, las más modestas, apenas sí disponían de
espacio suficiente para acoger la cama, la mesilla de noche y poco más,
sin balcón ni ventana y con la única ventilación que
proporcionaba la puerta abierta del pasillo. De ahí el dicho tan
popular: “Esto parece la Posada del Peine”.
Como curiosidad decir que la habitación 126 era el escondite de muchos.
En lo alto de una de las paredes del cuarto, y disimulada por una
especie de alacena, se escondía una puerta que llevaba a unas escaleras
por las que resultaba imposible subir o bajar de pie, y conducían a otra
habitación que sirvió de guarida durante siglos.
La “Posada” pasó a ser posada la relojería Girod, pero no fue hasta
después de la guerra civil española lo que es realmente ahora: la
Empresa Almacén de Pontejos.
Cuatro generaciones de una misma familia están haciendo historia en la
empresa Almacén de Pontejos, Sucesores de Antonio Ubillos, S.A. después
de 100 años de vida dedicados al sector de la mercería.
Antonio Ubillos, fundador de la empresa, la cedió a su yerno Máximo Rueda después de la Guerra Civil y sus hijos, Antonio y Máximo Rueda Ubillos la heredaron a su muerte.
La cuarta generación, los hermanos Maria y Antonio Rueda (hijos
de Antonio Rueda) ya se han incorporado al negocio familiar para
prolongar su existencia.
Están ahora ubicados en una zona privilegiada de territorio mercero en
la que la situación de mercado es estable al “por mayor” y “al detall”
así como la concentración de mercerías en la zona.
La tienda tiene una planta en forma de "L"; con dos fachadas, una a la
plaza del Marques viudo de Pontejos y la otra a la calle del Correo.
Almacén de Pontejos cuenta con una superficie total de 450m2
distribuidos en tres pisos.
Los techos son altos, de unos cinco metros. De las inmensas
paredes cuelgan innumerables mercancías desde tiempos inmemoriales; los
mostradores son de madera, desgastada por el paso de los años.
En la planta baja se encuentra la tienda. En el sótano y en el primer
piso se encuentra el almacén. Allí podemos encontrar puntillas,
pasamanerías, lanas, fornituras, tapicerías, botones, macramé y
manualidades, de la mayoría de los fabricantes y marcas del sector.
Las muestras de los infinitos materiales de costura se encuentran
agrupados por categorías en distintos mostradores: abalorios, botones-
hebillas, hilos-cremalleras, material de costura, labores de punto de
cruz...
Es curioso comprobar cómo los seis escaparates de la tienda reflejan los
productos de los seis mostradores principales de la misma. Cada
escaparate refleja fielmente en situación física y en productos lo que
se sirve en ese mostrador correspondiente.
De este modo, el mostrador de las puntillas podremos reconocerlo no sólo
porque en él veamos que se sirven puntillas, sino porque el escaparate
más cercano a ese mostrador está repleto de las mismas.
Cada uno de estos mostradores está atendido por caballeros
especializados que visten una clásica bata azul cobalto de mozo de
almacén. Ninguno de ellos es menor de 40 años.
Sorprende aún más el hecho de que este negocio de corte femenino
estuviera regentado por hombres desde hacía tanto tiempo, en un barrio
que es precisamente ¡el de un hombre! ¡el del Marqués Viudo de Pontejos!.
Salvo en el mostrador de los abalorios (en el que existe expendedor de
turno), en el resto atienden mancebos según el turno que negocian los
clientes.
Resulta curioso como un caballero de mediana edad te explique detallada
y amablemente en qué consiste el punto smock, o qué tipo de flores de
tela acompañarían mejor a tu vestido que queda un poco “soso” sin un
bonito adorno.
Los cambios que ha sufrido el comercio y su posterior adaptación al
euro, pasaron inadvertidos por esta tienda. No existen ordenadores, ni
códigos de barras, ni siquiera caja registradora.
Cada dependiente es portador de un talonario amarillo para apuntar
sus ventas, que anota por triplicado, recortando una parte para el
cliente, otra para el control de caja, quedándose en el lomo del
talonario el registro de todo lo vendido.
La clientela es fundamentalmente femenina aunque resulta divertido
observar cómo las “drag queens” se compran detallitos para sus
originales arreglos.
El conflicto surge cuando las ancianitas de pelo blanco azulado se
cuelan con total descaro y se vuelven agresivas si intentas afearles su
actitud.
El tiempo no es oro en Pontejos. Las prisas debes dejarlas atrás cuando
atraviesas sus puertas. Para comprar unos botones, una cremallera y una
tira bordada tendrás que esperar el turno de tres mostradores y luchar
contra la tercera edad a brazo partido.
Frente a este almacén existe lo que yo llamo “El Corte Inglés de la
Mercería”: Almacenes Cobián. Allí encontré el “Fish Español”.
Almacenes Cobián fueron los últimos en establecerse en la Plaza de
Pontejos y rompían con todo lo que hasta la fecha representaba la Plaza.
Mediante modernos sistemas de turnos y con señoritas impecablemente
vestidas, arregladas y encantadoras, intentaban hacerse paso en la Plaza
de Pontejos.
Tres plantas de telas, abalorios, encajes, puntillas, lanas, hilos....
por doquier y... lo mejor de todo ¡sin las colas del Almacén Pontejos!
Era el “Palacio de la Mercería”. Pero la tradición, el carácter del
pueblo español y algo más que hasta hoy no he sabido que era hacían que
la gente siguiera prefiriendo acudir al viejo Almacén Pontejos –
Relojería Girod – Posada del Peine.
Algo más debía de haber para que la gente siguiera prefiriendo las colas
del Almacén de Pontejos, con sus anticuados sistemas de pago y su
plantel de caballeros maduros al frente.
A simple vista podría parecer que se trataba de una cuestión de atención
al cliente, ya se sabe la sabiduría que dan las canas, la tradición del
Almacén (es de toda la vida, es de confianza) pero ese argumento hubiera
sido aceptado si no fuera por que en Almacenes Cobián hacían lo mismo.
También pensé que se trataba de una cuestión de fama popular; “como todo
el mundo va al Almacén Pontejos” se produce un mimetismo que hace que
todos vayan al mismo sitio. Pero me parecía un argumento flojo.
Después de varias visitas tanto a uno como a otro sitio, descubrí algo
más que una mera atención al cliente o un mero mimetismo. Encontré el
modelo Fish españolizado.
Y digo españolizado porque fue precisamente el Sr. Lundin el que afirmó
que: “Los españoles tenéis grandes dosis de energía pero las abandonáis
al entrar la oficina”. Sin duda Mr. Lundin no conoce Pontejos.
Lo primero que observé es que los dependientes del Almacén Pontejos
están presentes, conocen lo que la gente necesita según les ven en su
mostrador,
saben positivamente al ver el trozo de tela que lleva la señora en la mano que lo que quiere (si está en el mostrador de los hilos) es un hilo del mismo color de la tela, si está mirando un petit point del 12 colgado de la pared,
le enseña directamente los ejemplos de petit point de ese tamaño. Si
es un transformista le enseña las cuentas que mejor armonizan con su
chaqueta...
Sin duda, se fijan en la gente, saben lo que quieren sus clientes.

¿QUÉ NOS PUEDEN ENSEÑAR SOBRE CÓMO ESTAR PRESENTES CON LOS COMPAÑEROS
Y CON LOS CLIENTES?
Otro de los aspectos que observé es la accesibilidad de los dependientes
en Pontejos y la sensación de que no les importa el tiempo que emplees
en tu turno. No hay prisas. Incluso si no sabes cómo hacer punto smock o
“punto de nido de abeja” te lo explican con una muestra de tela. Son
lecciones lo que allí se aprende.
Además, no hay problema con la competencia, estas flores yo no las tengo
en este color, mira en esta tienda. Ese color de entredós te va a ser
difícil de localizar pero te recomiendo...
Es inevitable no terminar hablando con la Sra. de al lado tuyo en la
cola de lo monas que son las cintas de raso de dos dedos de ancho que
tienen puesta en la pared de la derecha para ponérselas a las niñas en
el pelo o de cómo colocar el strech en las prendas de fiesta cuando es
fin de año.
Estas conversaciones no se producen por casualidad o por simpatía de las
propias personas, Pontejos las propicia.
El ambiente que reina en el viejo almacén hace que las personas sean
por un instante amigas, sí, es cierto, las drag queens te comentan lo
difícil que les resulta encontrar hebillas para sus botas, las
ancianitas lo chiquititas que son las agujas de ganchillo, las jóvenes
los patrones de sus vestidos....
Ese ambiente de “academia griega” que hay en Pontejos la gente lo nota y
lo comparte. Jamás he visto a nadie irse enfadado o decepcionado de
Pontejos (al contrario, es muy habitual oír decir la frase: “En Pontejos
hay de todo”).
Es como si tuviera un letrero que dijera en la puerta: “Vea,
aprenda, compre y vuelva”. Y vuelven.
Son capaces de alegrarles el día al cliente

¿QUIÉNES SON NUESTROS CLIENTES Y DE QUÉ MANERA PODEMOS ESTIMULARLOS
PARA ALEGRARLES EL DÍA?
¿CÓMO PODEMOS HACER LO MISMO ENTRE NOSOTROS?
La comunicación entre ellos no es como la de los pescaderos en Fish, que
jugaban con el pescado lanzándolo de una lonja a otra.
Sí, hay gritos de un mostrador a otro pero no se lanzan hilos ni
ovillos.
No podemos decir que en Pontejos se juegue, pero sí la tarea de bordar o
coser contienen un elemento lúdico.
Son actividades que quienes las hacen, las hacen por placer –también por necesidad, pero diversos estudios demuestran como determinadas actividades, como por ejemplo el petit point relaja sobremanera a las angustiadas ejecutivas, incluso en Francia en tiempos de
“El Rey Sol” se consideraba que “hacer calceta” era una labor muy
aceptada incluso entre hombres-.
Coser, bordar, hilar.... todas son actividades divertidas que tienen que
ver con el juego. La variedad de colores que se forman en los
mostradores, las formas de los botones, los tamaños.. hacen que
cualquiera de las tiendas del barrio de Pontejos se transformen en un
tablero gigante en el que hay que buscar piezas para jugar en él.
Si bien, los empleados no juegan, invitan a jugar.

¿CÓMO PODEMOS PASARLO BIEN Y CREAR MÁS ENERGÍA?
Quizás el punto más claro donde puede verse el ejemplo de Fish en el
caso español sea precisamente en la actitud de los empleados de Pontejos.
Ya solamente el hecho de que sean solo hombres, con edades no inferiores
a 40 años y que tengan que “lidiar” entre mujeres, demuestra que algo de
actitud “costurera” deben llevar adherida a su carácter.
Esta pregunta me la he hecho miles de veces, ¿por qué hombres?, ¿por qué
hombres en un barrio de mujeres? ¿por qué hombres en la Plaza del
Marqués –ojo, que no Marquesa- Viudo de Pontejos?.
Es curioso observar como Almacén Pontejos, regentado por Antonio Ubillos,
es el único espacio atendido única y exclusivamente por hombres. Otros,
menos Almacenes Cobián que están integrados exclusivamente por mujeres,
están atendidos por hombres y mujeres indistintamente. También es un
detalle llamativo.
La conclusión a la que he llegado, después de estudiar varias veces el
viejo almacén, es que a “ellos” les gusta su trabajo, que ha sido un
negocio regentado durante más de cien años por hombres (sigue siendo
curioso que hace un siglo este tipo de negocio también fuera regentado
por hombres) es ya una tradición.
Además, antiguamente los negocios eran regentados por hombres, las
mujeres se dedicaban a “S.L.” o lo que es lo mismo “Sus Labores”, que
eran las referidas al cuidado del hogar.
Posiblemente estaba mal visto que las mujeres atendieran en los
comercios, ya que los que debían llevar los negocios eran los hombres y
de ahí que la tradición en este pequeño hueco de Madrid, se haya
mantenido.
Sin embargo, la actitud pese a todo sigue siendo muy positiva. No soy
machista, pero ¡debe ser difícil para un hombre atender a seis o siete
señoras a la vez pidiéndole telitas, encajes o sobreencajes!.
Sin duda, hay una conjunción perfecta de confianza, esperanza y fe en
los empleados de Pontejos.

¿CÓMO QUEREMOS SENTIRNOS MIENTRAS TRABAJAMOS?
¡Ay Mr. Lundin, no sabe UD. lo que se pierde al no conocer Pontejos![1]
“Cuando entre en este recinto para trabajar, elija por favor la actitud
de hacer que hoy sea un gran día. Los compañeros, los clientes, los
miembros de equipo y usted mismo lo agradecerán. Encuentre maneras de
jugar.
Podemos tomarnos el trabajo muy en serio sin estar tan serios.
Esté atento para poder estar presente cuando más le necesiten los
clientes y miembros del equipo. Y si siente que le falta energía, pruebe
este remedio: busque una persona que necesite ayuda, una palabra de
apoyo o sentirse escuchada, y alégrele el día”.
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