Hace algunos años se lograba crecer en las empresas por el simple hecho de la antigüedad. Sabían que ocuparían el puesto inmediato superior cuando el que lo ocupaba se iba o se jubilaba.
Esa historia antigua se reemplazó con un perfil de “profesional graduado en...” y se evaluaba el potencial de aprendizaje y la capacidad para “delegar y conducir personas”.
Surgieron los Gerentes jóvenes, emprendedores y proactivos capaces de
gestionar los cambios constantes de la época.
Los conocimientos, habilidades y actitudes comenzaron a considerarse
como un “Sistema” que tenía que funcionar completo.
Los profesionales hicieron (y hacen) posgrados y MBA’s con el objetivo
de sumar conocimientos y ampliar su visión sobre el negocio.
Las habilidades para utilizar métodos y herramientas de gestión se
sumaron a los conocimientos de lograr una visión global del negocio como
forma de brindar nuevos aportes y trabajar en forma conjunta con todas
las áreas de la organización.
Hoy, entonces, se comienza a observar cuál es la “actitud” del gerente
frente a diversas situaciones, ya sea para conducir, negociar, influir
sobre los demás y todas aquellas que lo muestren como un Lider Natural y
no como un "jefe” que se escuda en su puesto para ser líder.
Esta permanente demanda nos llevó a hacer una investigación en empresas
multinacionales, algunas con presencia en Argentina y otras no. La idea
fue indagar sobre cuáles eran las competencias que más valoraban en sus
líderes.
El resultado fue que el 60% de las competencias que se buscan, están
relacionadas con la actitud y el resto con el nivel Educacional y la
experiencia concreta en las áreas que le competen.
El siguiente cuadro muestra las empresas consultadas y enumera las
condiciones que valoran al momento de seleccionar a una persona para una
puesto de conducción.
Cada una de esas competencias, estrechamente ligadas a la actitud
representan un verdadero desafío para quienes quieran ocupar u ocupan
posiciones de líderes y si se profundiza en ellas,
se verá cómo para ser líder es necesario reconocer que lo más importante será orientar su acción a construir confianza como condición para generar un vínculo jefe – colaborador y sin habilidad para el buen manejo de las relaciones interpersonales eso se torna muy difícil.

Esta investigación fue realizada por el Lic. Edgardo Fernández Feijóo
para Gloria Cassano & Asociados
En alguna medida, todas las personas contamos con estas competencias.
Para desarrollarlas, ya que de eso se trata, se requiere de un esfuerzo
personal que nace con la comprensión del nivel en el que se encuentra
cada uno para, a partir de allí, comenzar a potenciarla.
Por un lado se trata de trabajar de manera consciente reflexionando
sobre nosotros mismos y tratando de encontrar ejemplos concretos sobre
cuánto tenemos desarrollado de cada una.
Por el otro, se trata de pedir a quienes nos rodean que nos den su punto
de vista sobre cómo nos ven en ellas.
Elegir a aquellas personas en las que confiamos por su objetividad y
no buscando las que, simplemente, tratarán de satisfacer nuestro ego. A
veces es un familiar, otras un amigo o un par de nuestro trabajo, tal
vez un jefe actual o anterior y, por qué no, un colaborador del presente
o del pasado.
De estos resultados podremos obtener un cuadro que permitirá observar el
grado de desarrollo de cada competencia. Una por una. Hasta descubrir la
brecha entre lo óptimo y lo que se posee.
Achicar esa brecha será el ejercicio más desafiante para mejorar.
Si bien todas están estrechamente relacionadas y reformular una
repercutirá en el resto, idealmente se trabajan en forma individual.
Visto a simple vista, parece algo muy sencillo: Me evalúo, pido que me
evalúen y... modifico actitudes.
Generalmente no se logra un cambio si no es con acompañamiento. Así como
es importante cursar una carrera para poder aprender, cursar un posgrado
para aumentar los conocimientos y habilidades, etc.
La consultora, a partir de la investigación que se menciona, creó el
Programa de Desarrollo de Competencias (PDCA) para líderes.
Partiendo de la premisa que si bien existen diferentes grados de
dificultad, cualquier competencia puede ser desarrollada, con mayor o
menor esfuerzo, siguiendo las fases del proceso de desarrollo. Estas
fases son comunes a todas las competencias y la diferencia radica en el
nivel de dificultad para su desarrollo.
1. Reconocimiento: Cuando identifico la competencia, la percibo y la veo
en el comportamiento de los otros, pero no puedo explicarla ni ejercerla
a través de mi propio comportamiento.
2. Comprensión: Puedo explicar la competencia, sé lo que se debe hacer,
lo que la persona piensa cuando actúa, lo que la otra persona debe hacer
para desarrollarla, pero no soy capaz de hacerlo por mí mismo.
3. Autoevaluación: Comprendo cual es mi situación actual y el camino
hasta lograr el desarrollo de la competencia.
No es solamente mi evaluación, sino que acepto la percepción de
los otros como válida y realista, ya que sus comportamientos hacia mí
estarán en función de esa percepción.
4. Ejercitación: Pongo en práctica, dentro de un contexto seguro y
controlado, los comportamientos necesarios para comenzar el desarrollo
de la competencia. Busco retroalimentación para asegurarme que lo hago
correctamente.
5. Hábito: Repito los comportamientos aceptados por mí y evaluados
positivamente por los otros en mis actos diarios, en todas las
situaciones de mi vida. El uso repetido del hábito correcto se
transforma en el rol aceptado por los demás.
6. Retroalimentación: Busco información verdadera y objetiva de la
percepción que los otros tienen de mis comportamientos, para lograr una
estimación realista de mí mismo, como forma de continuar en el camino
correcto para el constante desarrollo de mi competencia.
Esta metodología, permite en tres meses reconocer cambios pero
fundamentalmente permite conocer una herramienta a poner en práctica
toda vez que se intente mejorar algún aspecto de nuestra conducta.
La experiencia y los resultados obtenidos sobre 75 profesionales
participantes de este programa durante 2004, fueron altamente
satisfactorios.
Las mejoras en las actitudes no sólo les permitió ser mejores líderes
sino también reconocer el impacto que su conducta tiene sobre las otras
personas y cómo se logra la influencia para convencer a los demás
respetando los valores y principios individuales.
Lic. Gloria Cassano - infoarrobagloriacassano.com www.gloriacassano.com
Gloria Cassano & Asociados Consultora en Recursos Humanos
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