Existe un perfil de empleado muy habitual al que hay que prestar una atención especial.
Se trata del que posiblemente no vaya a dejar mañana mismo o quizá en unos meses la empresa, pero está constantemente indagando en las ofertas de empleo, dejando curriculums y esperando una mejor oportunidad laboral.
Son los que ni están motivados, ni se consideran lo suficientemente valorados, ni se identifican con sus actuales empresas, pero son por el contrario, los que forman parte del grupo que consideramos de ‘élite’.
Esto representa un auténtico riesgo, ya que estos empleados con
edades comprendidas entre los 30 y 45 años, poseen una alta
empleabilidad y además son los que potencialmente liderarán nuestra
organización.
Lamentablemente, la dirección no es consciente de esta realidad hasta
que ya es demasiado tarde, porque no se ha molestado en averiguar ni
conocer las necesidades, intereses y preocupaciones de cada uno de
ellos.
Por esto, las empresas deben plantearse seriamente el realizar un esfuerzo importante para mantener a sus mejores empleados más que satisfechos.
Es hora de trabajar duro y tratar de retener a los que
realmente merecen la pena, porque de otro modo, la competencia lo hará
por nosotros.
No podemos permitirnos el lujo de tener personas insatisfechas en su
trabajo, ya que la insatisfacción de los empleados redunda directamente
en la cuenta de resultados. La empresa debe cumplir con las necesidades
específicas de cada trabajador, siendo los directivos los que tienen que
demostrar buenas dosis de humanidad e inteligencia emocional.
Está comprobado que, un empleado motivado, con una actitud positiva en su trabajo y comprometido con lo que hace, está menos predispuesto a abandonar la empresa, porque su vinculación con ella es mayor.
Al igual que ocurre con los clientes de una empresa, es mucho más costoso seleccionar y formar nuevos candidatos que retener a los empleados actuales. Hay incluso clientes que son verdaderamente fieles al empleado, los cuales, a su vez, se convierten en compradores leales y actúan como embajadores de la empresa.
Lo peor es cuando estos clientes, no tienen ningún
inconveniente en seguir al empleado si éste cambia de empresa.
El salario emocional
Aunque el sueldo y los beneficios monetarios son importantes, los
empleados valoran cada vez más los beneficios no monetarios.
Éstos hacen la vida del empleado mejor y más cómoda y la empresa debe ser creativa en la forma de encontrar soluciones de este tipo, cuyo objetivo sea su retención y fidelización.
Pagar por encima de la media, no es tan importante como potenciar los beneficios sociales, que se centran en la conciliación de la vida laboral y personal, la flexibilidad, la calidad de vida o que la organización practique los valores que predica.
En la actualidad, un trabajo se considera algo más que un lugar donde ganar dinero y más que una serie de tareas a realizar.
El sueldo ya no es lo más importante, y lo que denominamos como salario emocional viene a ser un factor clave en la satisfacción del empleado. Mientras que un sueldo puede ser mejorado por la competencia, el factor emocional es lo que realmente lo diferencia y el que consigue que los empleados sean leales a la misma.
Uno de los grandes desafíos de las empresas es conseguir despertar el
compromiso de su gente y ver qué es lo que motiva realmente a cada uno.
Diversos estudios al respecto han constatado los diferentes factores que
más influyen en la motivación del empleado, al margen de una retribución
justa y al nivel que el ofrecido por otras empresas del mismo sector,
pudiendo citar como más importantes los siguientes: la formación
ofrecida por la empresa,
el conocimiento de lo que se espera de él cada día, la calidad de la relación directa con su superior inmediato, el poder expresar sus ideas y sugerencias, actuar y contribuir en otras áreas de la empresa, oportunidades de ascenso y promoción,
retos profesionales, ambiente laboral agradable, flexibilidad, libertad, seguridad, equidad entre el resto de compañeros, planificación de la carrera profesional,
conocimiento de sus logros por parte de la dirección y el
considerarse recompensado, reconocido y apreciado.
Motivar y estimular constantemente y de manera creativa a los mejores
empleados debe ser lo habitual para así cuidar y aumentar día a día su
compromiso con la empresa. Y se debe hacer,
atendiendo a las diferentes necesidades de cada empleado, para suministrarle el beneficio adecuado a través de una verdadera creación de valor.
El reto consiste en la creación de experiencias innovadoras
para la satisfacción y retención de los empleados.
La relación
La relación con el empleado, además, es la variable que diferencia entre
unas organizaciones y otras.
Como dicen James C. Collins y Jerry I. Porras, ‘Una ideología clara y bien expresada, atrae a la empresa a personas cuyos valores personales son compatibles con los valores centrales de la misma. Y a la inversa; repele a aquellos cuyos valores personales son incompatibles’.
Es necesario fomentar una relación fluida y especial entre el empleado y su superior directo, ya que esta relación es la que realmente sopesará su permanencia futura en su lugar de trabajo.
El trabajo de un directivo o superior será identificar esas áreas en las que sus empleados son más creativos, más productivos y donde se sientan más satisfechos;
para luego buscar la forma de darles autonomía y hacer que
puedan concretar sus ideas en esas áreas.
Esto se realiza dialogando, comunicándonos sin prejuicios y
estableciendo claramente qué pretende conseguir cada una de ellas a
nivel individual, y si estas metas u objetivos se pueden sincronizar a
nivel grupal.
Es muy importante potenciar la participación de todos los
componentes a fin de fomentar una dinámica más favorecedora en la
comunicación interna, movilizar la creatividad y el esfuerzo mental
para, con ello, conseguir la solución de problemas y a su vez, hacerles
sentir que son parte importante de la empresa.
El reconocimiento
Reconocer el comportamiento y desempeño de los empleados se traduce en
efectos tangibles y positivos al ampliar los niveles de satisfacción y
retención, así como al mejorar la rentabilidad y productividad de la
organización a todos los niveles y a un bajo coste.
La gente que se siente apreciada posee una actitud positiva, mayor
confianza en sí misma y habilidad por contribuir y colaborar.
Los que poseen la suficiente autoestima, son potencialmente los mejores empleados.
Si logramos satisfacer de este modo a nuestros empleados, crearemos un entorno vital, agradable, motivador y enérgico para triunfar y destacar en el mercado.
Si incorporamos el reconocimiento como base de nuestra cultura
de empresa, nos aseguraremos un clima laboral positivo y productivo.
Una organización líder en gestión de personas, será aquella que fomente
buenas relaciones, identifique sus necesidades y sea consciente de sus
preocupaciones,
porque de otro modo sólo conseguirá que ésta quede sustentada
por gente mediocre, significando la diferencia entre la supervivencia y
la muerte de la empresa.
La gente no es realmente fiel a la empresa; la gente se compromete por
cómo se le valora y reconoce su trabajo, por lo que la empresa
representa para ellos y por los valores y beneficios emocionales que
ésta sea capaz de ofrecerles.
Las empresas que realmente tratan a sus empleados como éstos
esperan, tienen una gran ventaja competitiva sobre las que no lo hacen.
Retener a sus mejores empleados es un objetivo prioritario. ¿Considera
entonces que está haciendo lo suficiente?
Raúl Abad - raulabadarrobamotivaziona.com
Responsable y fundador de MOTIVAZIONA *
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