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Y es que desde que surge el hombre mismo, emerge la necesidad de un líder, jefe o responsable, como quiera llamársele, que organizara las actividades del grupo, en ese entonces dedicadas a satisfacer las carencias básicas como la búsqueda de alimentos.
De esta manera las primeras reseñas de las teorías
administrativas se remontan a las civilizaciones egipcias, romanas,
chinas y grecas alrededor del 4 000 y 2 000 a.n.e, que aplicaban algunos
principios como la planeación, la organización, el control, la
descentralización y la organización del poder administrativo para el
cumplimiento de las funciones.
Desde ese entonces a la fecha existe una amplia gama de teorías
administrativas, que van desde las más clásicas de Taylor y Fayol hasta
las más modernas de la calidad total, el desarrollo organizacional y las
nuevas teorías de las relaciones humanas, cada una de ellas con sus
aportes y debilidades.
Ya hoy día se distinguen claramente las funciones a desarrollar por los
directivos, entre las que se destacan cuatro principales: la
planificación del trabajo, la organización de las funciones,.el control
de la consecución de metas u objetivos de acuerdo a los planes y
objetivos preestablecidos y la dirección como tal.
Sin embargo, a la par que se han perfilado las funciones y actividades básicas implícitas en la labor de dirección, se ha tratado de convertir a los jefes o directivos en directivos líderes partiendo de los presupuestos que es el líder quien se gana a los otros, quien logra arrastrarlos para el logro de metas, quien influye en los demás, los inspira, los induce al cambio;
el líder es un orientador que no necesita de la fuerza sino que
trabaja a través de la persuasión.
No es suficiente que el pensamiento estratégico del directivo tenga un
elevado nivel de claridad para desempeñar eficazmente la labor de
dirección.
Podemos tener bien establecidos los objetivos de la empresa, la visión futura de hasta donde queremos llegar y hasta el modo de hacerlo pero sin la implicación, la motivación y la participación activa de sus trabajadores,
la comunicación clara y eficaz con ellos, la capacidad de escucharles y el manejo constructivo de sus conflictos, no es posible el éxito.
De hecho las teorías clásicas de la administración empresarial no permanecieron intactas porque se centraron en la racionalización del trabajo,
los principios generales y funciones de la administración, la
estructura y funciones de la organización pero dejaron fuera, los
elementos informales que caracterizan a una empresa, la motivación, la
comunicación y la compleja dinámica entre sus miembros y entre los
administradores y subordinados.
Las cuatro principales funciones señaladas anteriormente, conllevan a su
vez un conjunto de sub-funciones como por ejemplo,
la retroalimentación a diferentes niveles, el replanteamiento y la renovación de objetivos, la toma de medidas y de sanciones, la evaluación y el adiestramiento del personal, el enfrentamiento a los cambios tanto internos como externos pero que repercuten en la organización.
En cada una de ellas existe un elemento crucial, al que en algunas ocasiones se le hace caso omiso, se trabajo con personas diferentes, en diferentes niveles jerárquicos e incluso en el mismo nivel pero en disímiles momentos o circunstancias, o sea, que existe el reto de alcanzar metas y objetivos comunes con personas (tanto en un nivel vertical como horizontal)
que son seres humanos únicos e irrepetibles, con necesidades,
historias personales, filosofía de la vida, características de
personalidad que difieren y que en ocasiones hasta se contraponen.
Es imposible que con tal diversidad de variables no existan los
conflictos, ellos son parte de la vida y un elevado porcentaje del
tiempo de nuestras vidas transcurre en las organizaciones. A ellos
dedicaremos el artículo siguiente.
El conflicto y sus causas.
El primer punto de partida al hablar del conflicto es defender la idea
de que él es parte inevitable de la vida y que no necesariamente tiene
que conducir al caos y a la destrucción, pues él en si mismo tiene
formas, procesos y resultados controvertidos.
El estudio del conflicto es ecléctico y multidisciplinario. Muchos
autores lo definen, entre ellos Deutsch, Coser, Himes, Hocker y Wilmot,
Moore, y Katz y Lawyer.
La definición de Hocker y Wilmot nos resulta de importante precisión:
“es la lucha que se establece entre dos partes interdependientes al
menos, las cuales perciben metas incompatibles, recursos escasos e
interferencia de la otra parte en la obtención de sus metas” (citado por
Picard .Ch., 2002).
En la definición se destaca y es un elemento definitorio en la
percepción de una situación como conflictiva, la interdependencia, pues
como plantean Katz y Lawyer, 1993 (citado por Picard A.Ch., 2002) para
que el conflicto surja, las acciones de una de las partes deben afectar
a la otra, si esto no sucede existen diferencias pero no conflicto.
También para que exista conflicto, las partes implicadas deben percibir
la situación como problemática, o sea, que independientemente de la
objetividad de la situación tiene que existir la conciencia de que se
está viviendo un conflicto.
Se señalan varias causas como originarias de un conflicto, lo que es de
especial interés para ayudar a resolverlo si estamos en la posición de
un tercero o si somos partes de él. Encontrar la raíz del problema es un
elemento decisivo.
Moore (1986) refiere como factores causales del conflicto,
elementos asociados a las relaciones interpersonales, conflictos de
valores, conflictos de intereses, discrepancias sobre información de
determinados hechos y discrepancias vinculadas con la inequidad
estructural.
En las relaciones interpersonales, la comunicación es esencial durante
una situación conflictiva. De ella dependerá que el conflicto se
exacerbe o que se arribe a una solución constructiva del mismo:
Los diálogos de sordos, la falta de habilidad de escucha, la
comunicación rígida, la desconfianza, la imposición de criterios son
intensificadores del conflicto y conducen a la repercusión residual del
mismo.
En los conflictos de valor entran en juego las prioridades personales,
las creencias religiosas, políticas y culturales.
Los conflictos de este tipo suelen ser muy fuertes y de difícil solución pues cuando las personas sienten amenazados sus valores, perciben que se les amenaza su identidad personal y se aferran con gran fuerza a los mismos.
Los valores casi siempre van a resultar justos y correctos para
quienes los sustentan, independientemente de su justicia y veracidad
real, de ahí que en este tipo de conflicto es más productivo buscar un
entendimiento mutuo o la conciliación.
La incompatibilidad de metas, contraposición de intereses y percepción
de escasez de recursos resultan centrales en muchos conflictos. Los
recursos pueden ser el dinero, la tierra, el empleo, la posición social
y pueden ser también el amor, la estima, el estatus, el reconocimiento y
el respeto.
Los conflictos no solo suelen ser de tipo interpersonal, existen también
los conflictos entre personas o subgrupos del mismo grupo, los que se
producen entre grupos como comunidades, organizaciones, países y los
llamados intrapersonales, que constituyen debates producidos dentro de
nosotros mismos.
Cuantas veces no perdemos el sueño tratando de armonizar nuestras propias necesidades, por ejemplo, quizás necesito más trabajadores en un equipo pero esto implica que se pierda comodidad y espacio, lo cual también necesito.
Y que nos quede claro que la relación no armónica entre las necesidades no es sinónimo de enfermedad, muchas veces estamos ante el reto de tomar decisiones entre nuestros compañeros o sobre las personas que dirigimos que implican hacer transacciones entre los resultados a alcanzar, las preferencias y hacer dejaciones de determinadas necesidades.
Para que una relación armónica se produzca entre todas nuestras
necesidades, tienen que coexistir una cantidad de hechos y condiciones,
que estamos casi hablando de una utopía. Existe un refrán popular que
refiere “en la vida no se puede lograr todo”.
Respuestas al conflicto.
Teniendo en cuenta que el conflicto será parte inevitable de nuestras
vidas, que no es positivo ni negativo en si mismo sino que depende de
cómo se le maneje y que podemos adquirir habilidades para lograr su
solución constructiva,
se hace necesario continuar profundizando en sus aspectos esenciales para lograr que la mayoría de los conflictos que surgen en las organizaciones que dirigimos puedan constituir una verdadera experiencia de aprendizaje que conduzca al cambio,
estimule el interés y mejore la comunicación en el equipo de trabajo
y en la organización en general.
Cheryl A. Picard (2002) señala un grupo de creencias básicas que si las
poseemos o tratamos de sustituir nuestras creencias negativas por ellas,
favorecen que el conflicto sea constructivo para las partes
participantes:
· Creer en la flexibilidad, en el sentido de que las personas pueden
modificarse, ajustarse en las relaciones conflictivas sin que esto
signifique perder su esencia e identidad personal.
· Creer que el conflicto no debe permanecer sin resolverse.
· Creer que mi punto de vista acerca de la situación conflictiva puede
ser erróneo o distorsionado y por tanto es importante y hasta decisivo,
escuchar el punto de vista del otro u otros.
· Creer que se puede encontrar una alternativa o solución que
concilie los intereses de las partes implicadas.
Partiendo de las creencias o filosofía que se tiene acerca del conflicto
y de otros elementos como la historia entre las partes, las diferencias
de poder entre ellas, la importancia concedida a las consecuencias,
los rasgos personales de los participantes, las habilidades
inherentes a las partes y las actitudes manifestadas, las personas dan
diversas respuestas a la situación conflictiva. Thomas y Kilmann (1974)
plantean cinco estilos de respuesta en este sentido:
I. Acomodación. En este caso las personas son capaces de transigir,
avenirse y doblegarse ante los demás, ignorando sus propias necesidades
y deseos en aras de agradarles a los demás. Dejan a un lado la situación
para centrarse en las relaciones.
II. Competencia. Sucede lo contrario al caso anterior, las personas
tratan de obligar a los demás a aceptar sus posiciones pues la
preocupación principal es alcanzar su meta o proyecto, pasando por alto
las necesidades de los demás. Su creencia básica en relación con el
conflicto es de ganar o perder.
III. Evasión. Se apartan del conflicto pues consideran que no merita la
pena su resolución. Evitan tanto a las personas como a los asuntos que
pueden causarles conflictos.
IV. Avenencia. Estas personas ceden algunas de sus metas si los demás
están dispuestos a hacer lo mismo. Presionan por algunas metas pero
tratan, al mismo tiempo, de no arriesgar las relaciones y permiten que
la otra parte obtenga algo.
V. Colaboración. En este caso el enfrentamiento del conflicto adquiere
carácter abierto y justo. Existe un compromiso con las metas personales
y con las metas de los demás, por lo que se comienza con la
identificación de las metas de ambas partes para luego buscar una
solución mutuamente beneficiosa. Existe interés por las metas y es a
través de las relaciones que se trabaja por alcanzarlas.
Como podemos apreciar el estilo de conflicto seleccionado depende de las
metas que cada parte trata de alcanzar y de las relaciones que entre
estas partes existe.
La utilidad de cada uno de estos estilos, es variable, por ejemplo, en
los casos en que es necesario tomar medidas impopulares resulta efectivo
el estilo competitivo;
la acomodación es útil en las situaciones donde una de las partes hace insight de que está equivocada o el tema del conflicto apenas tiene importancia; la evasividad es útil solo en los casos en que es de vital importancia reducir las tensiones para poder continuar adelante;
la búsqueda de avenencias es valiosa cuando las metas son solo
moderadamente importantes y la colaboración es sumamente importante
cuando surgen ideas desde diferentes enfoques o puntos de vista o cuando
se quiera lograr una solución consensual.
Las personas son capaces de utilizar cualquiera de estos estilos, sin
embargo existe una tendencia a usar con más frecuencia uno de ellos en
dependencia de las características personales, de la propia concepción
que se tenga sobre lo que es un conflicto y de las habilidades con que
se cuente.
El abordaje del conflicto supone, la consideración de una amplia gama de
factores a analizar y sobre los que debemos valorar, la medida en que
pueden ser modificados.
La resolución del conflicto.
Al dirigir personas y tratar de guiarlas hacia la consecución de metas
comunes, me enfrento a conflictos de diversa índole, que van desde una
disputa entre dos de mis subordinados por el uso de un ordenador hasta
serios enfrentamientos por un ascenso laboral.
Resulta pertinente hacerse varios cuestionamientos que me faciliten la
solución constructiva del conflicto:
¿cómo son las dos partes? ¿es simétrico o no el poder que tienen? ¿cuál es la historia previa de sus relaciones? ¿qué originó el conflicto actual? ¿qué fines son incompatibles en esta situación?
¿existen terceras partes involucradas? ¿cuál es la postura de
la tercera parte en cuestión? ¿qué estrategias se han utilizados en el
transcurso del conflicto?
Una vez valorados estos cuestionamientos iniciales, nos corresponde
establecer las pautas para definir el conflicto y transitar el camino de
su solución constructiva para el equipo y para la organización.
Independientemente de haberle dado respuesta a las interrogantes
referidas, debemos revisar si realmente estamos ante la presencia de un
conflicto.
Un ejemplo real es que exista un solo ordenador para trabajar dos personas y que en el mismo momento, ambos quieran utilizarlo; el primero para finalizar un informe de estimulación y el segundo para un proyecto que le solicitaron.
La situación conflictiva se define por la existencia de un objetivo
común: el uso del ordenador que es requerido por dos partes para
objetivos diferentes y donde el cumplimiento del propósito de uno es
incompatible con el del otro.
En segundo lugar, debe existir la toma de conciencia de que la situación
que están viviendo es conflictiva pues auque objetivamente exista, las
partes implicadas o alguna de ellas puede no tener la percepción de que
existe tal conflicto. De acuerdo a “las particularidades que asuma esta
toma de conciencia, el conflicto puede asumir diferentes formas”
(Fuentes, 2001):
Un conflicto auténtico: la situación conflictiva objetiva es percibida
por ambas partes de forma precisa y homogénea.
Un conflicto de atribución errónea: cada parte ofrece una interpretación
diferente a la situación. Por ejemplo en el caso del ordenador, si uno
de los compañeros asume que el otro quiere usar el ordenador en ese
momento no porque lo necesite sino para fastidiarle.
Un pseudoconflcito: No se presencia una situación conflictiva objetiva
de manera evidente. Las partes vivencian el conflicto sin embargo,
nosotros desde fuera no somos capaces de percibirlo. Por ejemplo si se
comprara un ordenador para cada trabajador pero continúa la discusión
porque ambos quieren trabajar en el viejo.
El conflicto en este caso está en las particularidades del vínculo
interpersonal, los elementos afectivo-emocionales hacen emerger
conflictos donde los elementos racionales no justifican su existencia.
La mezcla de conflictos: simultáneamente se mezclan los diversos tipos
de conflictos. Existe un conflicto latente de base y se van insertando
progresivamente nuevos conflictos en sus diversas formas.
El tercer objetivo, una vez definida la situación conflictiva y haber
tomado conciencia plena de su existencia, es la conducta derivada de los
pasos anteriores. Se pueden manifestar disímiles comportamientos, como
por ejemplo, discusiones, hostilidad, agresividad, retraimiento todos
las cuales están matizados por una elevada carga emocional.
Se impone entonces resolver la situación antes que sus consecuencias
alcancen magnitudes más severas. Un conflicto puede ser resuelto de
manera total o parcial.
Si la solución es parcial, puede aparecer nuevamente en el futuro o
convertirse en un conflicto latente pues se logra disminuir o eliminar
la conducta conflictiva pero el resto de los componentes permanecen
intactos.
En la solución total, se abren todos los frentes simultáneamente, es
decir, que al mismo tiempo se actúa sobre la conducta conflictiva, sobre
la toma de conciencia y sobre la situación objetiva.
La estrategia utilizada es de especial atención pues pueden quedar
huellas que dañen relaciones y que incluso trasciendan el límite
interpersonal para influir negativamente en los equipos de trabajo y en
la organización en su totalidad.
Por tales razones, la resolución de conflictos es un delicado tema
que ha pasado “felizmente” a las manos de científicos y expertos, y que
en este pequeño trabajo solo pretendemos ofrecer una mirada general que
jamás alcanzaría todas las aristas de tan complejo proceso.
No obstante insistimos en que los directivos asuman como filosofía de
accionar cotidiano, la solución constructiva del conflicto
independientemente del nivel al que este se de pues cada día los
sorprenderán un sinnúmero de situaciones de carácter indiscutiblemente
conflictivo.
El carácter constructivo o destructivo de un conflicto está en función
de la perspectiva cooperativa o competitiva que le ofrezcan las partes
participantes.
La fuerza relativa de los intereses cooperativos o constructivos
entre las partes y la forma en que estos intereses sufran alguna
modificación en el decursar de la situación conflictiva, determinará la
naturaleza del conflicto y nos acercará hacia una solución constructiva
o destructiva.
La solución constructiva del problema puede requerir en ocasiones la
presencia de un mediador que cuente con un sistema de relaciones
efectivas con cada una de las partes en conflicto a manera que provoque
confianza y facilite la comunicación.
Para este tipo de solución constructiva, se necesita además la
estimulación de actitudes colaborativas,
la toma de decisiones grupales que faciliten ampliar al diapasón de alternativas de solución y el conocimiento de los asuntos en los cuales el conflicto se basa para que las soluciones sean realistas.
Un enfoque constructivo asume que existe la incompatibilidad
pero que es superable y que las soluciones existen y que bajo
determinadas circunstancias incluso, un conflicto puede ayudar a
desarrollar la creatividad y la valoración de alternativas novedosas
hasta ese entonces no tenidas en cuenta.
Consideraciones finales
El hecho de que el conflicto tenga su lado positivo en el sentido de que
puede aprovecharse para aclarar un problema, puede conducir a un
pensamiento más claro y más crítico, permitir el surgimiento de nuevas
ideas y hasta reunir a oponentes en la búsqueda de un consenso, no
quiere decir que vayamos a convertirnos en sus fieles defensores y
promotores.
Sin embargo, es una realidad presente en las cuestiones más sutiles
de nuestra vida, por lo que nos impone el reto de intentar disminuir sus
consecuencias sobre nuestro estado emocional, sobre las áreas de la vida
en que estamos inmersos.
Un conflicto en una empresa atenta sobre la productividad, por ejemplo,
el enfrentamiento entre personas con alto nivel de decisión se hace
incontrolable, conflictos entre miembros de un mismo equipo de trabajo.
También puede ser positivo....
Yalilis Castillero Amador - ycastilleroarrobacimeq.sld.cu
Psicóloga de la Universidad de la Habana. La autora es profesora instructora adjunta a la Universidad de la Habana e investigador agregado
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