A pesar de que cada vez son más los profesionales del sector, fuera del mundo de la empresa —donde el coaching está más arraigado y se ha dotado de herramientas de la consultoría— muchas personas todavía desconocen cómo pueden beneficiarse de un proceso de coaching personal.
Nos hallamos así frente a una gran paradoja: cada vez hay más
profesionales en un sector que no para de crecer mientras que en el
mercado todavía hay muchos nichos que ni tan siquiera saben que el
coaching es un recurso útil que puede dar respuesta a muchos de sus
problemas.
En este artículo hago un breve repaso del estado del coaching personal
en España y propongo algunas sugerencias personales sobre lo que podemos
hacer para resolver esta paradoja.
El coaching personal en España
El coaching es una disciplina joven, en pleno proceso de crecimiento,
que todavía tiene mucho camino por recorrer.
En los Estados Unidos, a medida que el coaching ha adquirido el estatus de profesión auténtica y legítima, se ha movido hacia una mayor especialización.
En la actualidad en los USA hay más de cien especialidades distintas
de coaching personal, tantas como posibles segmentos de mercado:
coaching para escritores, abogados, consultores, solteros, jubilados,
adolescentes, etc.
En España el mercado del coaching no ha alcanzado un nivel de madurez
equiparable. Estamos todavía en una fase inicial de desarrollo en la que
predominan los coaches de perfil generalista que trabajan todo tipo de
casuísticas y que enfocan sus servicios hacia la mejora del bienestar de
la persona.
En nuestro país todavía es habitual pensar que un coach de talento
puede aplicar este proceso a cualquier área del coaching —personal,
ejecutivo, empresarial, etc.— y dentro de éstas a cualquier
subespecialidad.
En cuanto al coaching personal se refiere, en los últimos tiempos se
observa una cierta tendencia hacia la especialización.
Algunos profesionales se dirigen a determinados sectores; así podemos
encontrar especialistas en coaching personal para la mujer profesional,
coaching para adolescentes, coaching para emprendedores, etc. Al margen
de estos ejemplos y de unos cuantos más, lo cierto es que todavía nos
hallamos en una fase en la que predomina el coach todoterreno.
Acreditaciones y competencias
A la relativa juventud del coaching en nuestro país hay que añadir que
no hay organizaciones reconocidas internacionalmente que acrediten a los
profesionales del sector.
La dificultad para establecer credenciales se debe, en gran
parte, al hecho de que esta disciplina reúne a profesionales procedentes
de campos académicos tan variados como los recursos humanos, las
ciencias sociales, la consultoría, la educación, la psicología....
A pesar de que cada vez hay más cursos “homologados”, no existen
acreditaciones reconocidas que especifiquen cuáles son las competencias
básicas que debe tener un coach personal.
No todas las escuelas o asociaciones nacionales e
internacionales que han trabajado en esta dirección cuentan con el
reconocimiento de todos los coaches. Así, por el momento, no disponemos
de unos estándares globales con los que juzgar y evaluar las
competencias profesionales en este sector.
En nuestro país se ha puesto muy de moda la formación de “fin de
semana”; cursos de dos días en los que supuestamente se capacita a las
personas para que puedan ejercer como coaches. No hace falta ser una
lumbrera para saber que convertirse en un buen profesional no se
consigue en un fin de semana, ni en meses.
Tampoco hace falta ser demasiado perspicaz para darse cuenta de que la formación en coaching se ha convertido en un negocio altamente lucrativo, mucho más que los procesos personalizados y que hay más gente haciendo formación en coaching que coaches con clientela propia (2).
¿Se puede hacer formación en coaching sin tener una experiencia
previa como coach? Dejo la pregunta abierta para que cada uno se
construya su propia respuesta.
Para ejercer como coach personal hay una serie de requisitos básicos que
deben de darse y que, sin duda, no pasan por un título de fin de semana
donde se enseñan “las 15 preguntas poderosas”.
Los profesionales del sector saben que no hay recetas ni fórmulas mágicas de validez y aplicación universal;
saben que cada persona es diferente; que es preciso saber adaptarse a
diferentes estilos de comunicación y de aprendizaje; y que los recursos
y estrategias que funcionan en determinados casos son ineficaces en
otros.
Para dar respuesta a las necesidades de cada persona es importante tener
una gran versatilidad y una elevada capacidad de adaptación.
Como dice James Flathery (3) hacer coaching es como tocar jazz: el coach ha de saber dónde comenzar y dónde acabar y cuál es la estructura básica, escuchando bien la música que tocan los demás, fusionándose con ella. En coaching hay que saber improvisar,
pero dentro de una estructura, y este nivel de maestría y de
creatividad sólo puede adquirirse a través del aprendizaje continuo, de
muchas lecturas y de muchas horas de vuelo.
Además de estas habilidades y de esta dedicación es necesario tener un
amplio
dominio de distintas técnicas de resolución de problemas, pensamiento
creativo, mind-mapping, planificación estratégica...
por poner tan sólo algunos ejemplos. A mi juicio la equiparación del coaching con la mayéutica, o el arte socrático de hacer preguntas, ha contribuido a trivializar la disciplina. Muchas personas piensan que el coaching es tan sencillo como “escuchar” y “hacer preguntas”.
La mayéutica es tan solo una de las herramientas que se
utilizan en coaching, pero no la única. Asimismo, la escucha activa es
un proceso más complejo de lo que puede parecer a priori, que no se
aprende de la noche a la mañana.
Pienso, sin embargo, que más allá del dominio técnico, un buen coach
personal ha de reunir los siguientes requisitos: ha ser una persona
racional;
ha de ser un modelo de congruencia; y debe estar comprometido con el
aprendizaje continuo.
¿Por qué? Por que es bastante improbable que personas que carecen de un
pensamiento crítico y racional puedan orientar a otras personas para que
obtengan los resultados que desean en la vida.
Quien vive en mundos mágicos e irracionales no puede ayudar a alguien a cambiar sus creencias irracionales.
Tampoco puede ampliar la perspectiva de un cliente quien cree en
determinismos y etiqueta a las
personas según dictan las modas del momento.
Por otro lado, es difícil ayudar a alguien a conseguir lo que tú aún no
has logrado; por eso es tan importante que el coach personal sea un
modelo de referencia.
Que los actos del coach sean un reflejo de sus palabras en un requisito fundamental en coaching. Como diría Romano Guardini: el factor más eficaz para educar es cómo es el educador; el segundo, lo que hace; el tercero, lo que dice.
Los consejos que se dan son importantes, pero por encima de todo está lo que se hace.
Si el coach es coherente ofrece un modelo para que el cliente
sea consecuente en el esfuerzo de orientar sus acciones en una dirección
determinada.
A la congruencia y la racionalidad hay que añadir un compromiso serio
con el aprendizaje y la formación continua. Puedes haber recibido una
formación inicial para adquirir unas técnicas de trabajo
—sea cual sea tu formación de base—, pero necesitas actualizarlas
constantemente y desarrollarlas para que sean eficaces. En coaching uno
nunca puede dejar de formarse. Y es que no se puede entrenar para el
éxito viviendo de renta.
Perspectivas de futuro
¿Cuál va a ser la evolución del coaching en nuestro país en los próximos
años? Si tomamos como referencia la evolución del sector en los países
pioneros —
Canadá y Estados Unidos— es de esperar que la primera hornada del
coaching personal, la que persigue el bienestar de la persona y promete
paraísos soñados ofreciendo muy poco a cambio, dé paso a un coaching
mucho más riguroso —construido sobre las bases del pensamiento crítico y
de métodos validados—, en el que se expliciten claramente los resultados
que los clientes pueden obtener de este servicio.
Por otro lado, también se espera que el sector experimente una evolución
hacia una mayor especialización, tal como hemos apuntado anteriormente.
Cuanto mayor sea el grado de especialización mayor será la posibilidad
de adquirir la experiencia y la maestría necesaria para asegurar
procesos de coaching exitosos.
Los que nos dedicamos a esta profesión y hacemos procesos de coaching
personalizados sabemos que el coaching es un vehículo de gran valor para
acelerar la consecución de resultados y que cada vez será más necesario
para responder a las demandas de la actual sociedad globalizada.
Si nuestro objetivo es desarrollar el estatus del coaching como una
profesión, hace falta un esfuerzo serio y decidido de todos los
profesionales del sector para desarrollar modelos explicativos
consistentes y moverse hacia una mayor transparencia en la definición de
los servicios que ofrecemos y de los problemas que solucionamos.
En el año 2002 Perry Zeus y S. Skiffington (4) decían que a menos que
los coaches sean reconocidos como expertos en cambio, el coaching corre
el peligro de perder su inercia y de ser absorbido por otras profesiones
más asentadas y acreditadas, como la formación y la consultoría.
Sea válido o no este pronóstico, como coaches tenemos la
responsabilidad de dotar de un mayor rigor y credibilidad a nuestra
profesión para diferenciarla de otras disciplinas y para que el público
la perciba como un recurso valioso.
Si queremos resolver la paradoja que hemos comentado al inicio de este
artículo, nos corresponde hacer pedagogía y las tareas divulgativas
necesarias para dar a conocer el marco epistemológico en el que se
enmarca nuestra actividad profesional, así como el método de trabajo que
utilizamos y los resultados que conseguimos.
Cuanto más información específica se publique sobre los distintos
modelos de coaching personal —y especialmente sobre los resultados que
se consiguen en este tipo de procesos— más contribuiremos a sentar las
bases de una de las industrias que está experimentando un mayor
crecimiento en los últimos tiempos.
Maria Pallarés - mariapallaresarrobamproactiva.com
Ph. D. y Coach personal
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