Suscríbete GRATIS al boletín y recibe:
10 ebooks con las lecciones empresariales más representativas de Jack Welch, Kenichi Ohmae, Michael Newman y otros exitosos líderes de primer nivel en el mundo de los negocios...
Al pulsar aceptas los términos de uso y la política de privacidad
O mediante uno de los siguientes servicios:
Comencemos por decir que la envidia es un estado interno limitador,
generador de frustración y sufrimiento, que experimentan algunas
personas ante éxito o el bienestar de otros.
La base de la envidia, de acuerdo con Francesco Alberoni, estudioso del
tema, se basa en la existencia de dos variables, el deseo y la
comparación.
Si deseo algo que no poseo y me comparo con otro que sí lo
posee, el resultado es un proceso de incomodad que puede llegar a ser
insoportable para quien la padece.
El alcance de la envidia es infinita, pues todo puede ser envidiado. De
otros, podemos desear su belleza, su salud, su pareja, su nivel
económico, su prestigio social, sus posesiones materiales o incluso su
grado de felicidad.
La causa de la envidia reside en la baja autoestima. En un escaso amor
propio; en una falta de valoración y aprecio de las maravilla que somos
en potencia, los seres humanos.
El envidioso revela un franco desconocimiento de sus recursos;
de sus dones, habilidades y talentos.
Puede decirse que es más sana la envidia infantil, pues los niños
carecen de los recursos para obtener lo que desean y dependen de sus
padre o representantes.
Los adultos, en cambio, como seres dotados de incontables posibilidades para satisfacer sus expectativas,
no pueden justificar el estancamiento emocional de la envidia,
el cual es, por cierto, repudiado socialmente, pues la sociedad tiende a
valorar a sus héroes y líderes, a aquellos que se han esforzado para
sobresalir, ganar, triunfar.
La envidia puede traer consigo efectos devastadores: Nos produce
sufrimiento, y en muchos casos nos lleva a actuar de manera hipócrita,
desleal y destructiva.
Quien ha sido contaminado por el virus de la envidia, sólo ve
defectos en el otro, se torna hipercrítico o actúa de manera indiferente
con quienes son objeto de su inaceptación.
Existen algunos indicadores que nos permiten reconocer la llegada de la
envidia, cuando proviene de otros hacia nosotros:
- Cambios en su forma de tratarnos en la medida en que nuestro éxito es
mayor.
- Intentos solapados o evidentes de destruir nuestra reputación.
- Aumento de la tendencia a criticarnos y buscarnos defectos.
- Aumento en formas de comunicación viciadas como la ironía o el
sarcasmo.
- Intentos de bloquear nuestros logros.
- Coalición o unión con otros envidiosos.
- Evidencias de malestar ante nuestros éxitos.
- Ocasionales muestras de indiferencia y negación a celebrar nuestros
logros.
Aunque no lo parezca la envidia tiene un lado positivo.
Convertida en admiración por el otro, o por natural competitividad humana, puede estimularnos a imitar aquello que anhelamos y que destaca en aquellos a quienes envidiamos.
Experimentada así, puede llegar a ser un positivo detonante de logros y agente causal de superación. Sin embargo, fuera de esa excepción, representa una negación de la empatía y sus consecuencias son invariablemente dañinas.
No por nada ha sido catalogada como uno de los "pecados capitales".
¿Qué puedo hacer ante los que me envidian?
- Sepa que la envidia nace del miedo y que es un sentimiento frecuente y
natural.
- Evite contar sus planes para evitar los sabotajes externos.
- No grite a otros sus logros y si lo hace evite actuar con arrogancia.
- Halague lo positivo que vea en los envidiosos para que reconozcan su
propio poder.
¿Qué hacer cuando el envidioso soy yo?
- Céntrese en su propia vida, acepte y agradezca lo que es y lo que
tiene.
- Evite compararse con los demás.
- Haga planes de largo plazo, organícese a su tiempo cosechará lo
sembrado.
- Acepte que no todos tenemos el mismo talento ni el mismo destino.
En conclusión, la envidia es un estado limitador surgido de la baja
autoestima, que se basa en una comparación negativa con otros cuyos
logros consideramos injustos y amenazantes para nosotros. Superarla
implica desarrollar autoconfianza, centrarnos en nuestra vida más que en
la de otros, compararse con uno mismo y no con los demás, aprender a
controlar la reactividad destructiva, ponernos en el lugar de la persona
envidiada y priorizar ante todo el valor de las buenas relaciones.
Si desea usted vivir una vida alegre, armónica y productiva, es
necesario que se vacune contra el virus de la envidia. Gracias por
leerme. www.laexcelencia.com
Lic. Renny Yagosesky - contactoarrobalaexcelencia.com www.laexcelencia.com
Comunicador-Escritor-Asesor
Buscar recursos sobre
Master internacional desde España (Online)- Becas parciales
Una frase memorable
Acerca de GestioPolis: Qué es GestioPolis — Términos de uso y Política de privacidad — Mapa del sitio — Contácto — Aliados — Contratar publicidad
Derechos de Autor: Los contenidos están bajo la licencia Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported de Creative Commons a menos que se indiquen derechos de autor específicos. Si desea citar o utilizar públicamente alguno de los contenidos le solicitamos ponerse en contacto con el respectivo autor.
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web GestioPolis.com © 2008 Carlos López