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Desde antes de terminar mis estudios universitarios, yo ya sabía lo que quería: un trabajo perfecto. Uno que me proporcionara retos interesantes, que me diera a ganar un dineral, fama, viajes y que me permitiera ayudar a la gente.
Este trabajo ideal me daría también tiempo para balancear mi vida y
explorar diferentes facetas.
Aunque suene medio iluso y el trabajo perfecto no exista; sí existen
trabajos gratificantes y estimulantes y frecuentemente lo son más por
cuestiones subjetivas y personales que por las características
intrínsecas del puesto o la actividad que se realice.
Es un hecho, por múltiples encuestas, que la mayoría de la gente no está
satisfecha con su empleo actual. Quizá sea el destino de la condición
humana: la constante insatisfacción y la plenitud nunca encontrada.
O quizá simplemente sea que no es fácil darle al clavo.
Esta insatisfacción, que viene de muy adentro, genera entropías en lo
psíquico y psicosomático.
Por el lado de lo psíquico se refleja en que no podemos concentrarnos y
existe desarmonía entre intenciones, pensamientos y emociones, generando
así impulsos contradictorios.
Por el lado de lo psicosomático se refleja en los achaques, a los cuales
no les entendemos su significado, complementados por una agudización de
las neurosis. Esto fomenta las adicciones de todo tipo y las necesidades
de escape temporal de nuestras vidas.
Generalmente, hay tres razones principales de por qué se resienten los
empleos.
1.- El empleo no tiene sentido -y si lo tiene, la persona no lo percibe
así. Por ejemplo, algunos empleados gubernamentales -donde tiende a
existir burocracia excesiva-, o científicos trabajando en las industrias
de armamentos o la del tabaco, se ven obligados a racionalizar su empleo
para justificarlo.
También resulta difícil encontrarle un propósito a los empleos
superespecializados, donde los involucrados rara vez sienten la
satisfacción de generar una entidad "completa" (a diferencia, por
ejemplo, de la pintura que ejecuta un artista).
2.- El empleo es aburrido y rutinario; no provee variedad, ni reto.
Lejos de crearle una sensación de crecimiento a la persona, le crea uno
de estancamiento.
3.- El empleo es estresante porque hay problemas personales con el jefe
y colegas; o porque hay expectativas no realistas y/o poco
reconocimiento de logros.
Y claro, hay empleos que tienen -simultáneamente- las tres cosas.
También está el otro lado de la moneda.
Mihaly Csikszentmihalyi propone el concepto de Flow, y el cual ya he
mencionado en otras ocasiones en este mismo espacio.
En Flow el individuo florece, al estar frente a la actividad para la
cual "nació" y, por lo mismo, la realiza con toda naturalidad, belleza y
precisión.
En este estado la persona parece estar ejecutando su máximo potencial;
el tiempo parece no transcurrir y para nada lo considera "trabajo".
Si quieres ver al flow en acción, hay ejemplos como el tenista Pete
Sampras, el poeta Pablo Neruda, el golfista Tiger Woods y pintores como
Picasso. Pero no se tiene que ser famoso para vivir en flow.
El flow también se aprecia frente a un simple y preciso carpintero que
silba mientras trabaja y un reportero que absorbe lo relevante sin
esfuerzo.
Las dos dimensiones que se utilizan para trabajar con el proceso de flow
son: por un lado, el reto, y por otro, la capacidad o las habilidades.
Por ejemplo, si estoy frente a un reto muy por debajo de mis
habilidades, me aburro o caigo en la apatía; si estoy frente a un reto
que rebasa mis habilidades, me pongo ansioso o me preocupo hasta el
desgaste.
Pero si estoy frente a un reto que iguala mi nivel de capacidad y mis
habilidades, hay altas probabilidades de caer en flow.
Según Csikszentmihalyi, el camino al Flow es el siguiente:
1.- Hazlo un juego. Mira tu trabajo como un juego divertido y establece
reglas, objetivos, retos, donde se incluyan métodos de compensación.
2.- Establece una meta poderosa. Conviene recordar sistemáticamente el
propósito intelectual, social, económico o espiritual que mueve tus
esfuerzos. El dinero por sí mismo rara vez genera Flow.
3.- Enfoque.- Todo el enfoque dedícalo al juego. Sólo existe el aquí y
el ahora.
4.- Rendirse al proceso. Déjate ir. No luches y no te desvíes del
objetivo.
5.- Éxtasis. Este es el resultado natural de los pasos previos. De
repente llegará por sorpresa, y cuando llegue lo vas a reconocer de
inmediato.
6.- Productividad.- En estado de éxtasis, las reservas de recursos,
creatividad y energía son vastas. Como consecuencia la productividad y
la calidad del trabajo se disparan.
Ojo, no hay que comparar el flow con la felicidad. El tema de la
felicidad es demasiado complicado.
Lo que sí es que mucha gente se siente feliz después de estar
involucrada en un proceso de flow. La felicidad implica cierta
conciencia que -como si fuera una trampa cósmica- tan pronto le metes
conciencia la felicidad parece desaparecer y puede romper tu proceso de
flow.
Cuidado si un tenista se distrae con el proceso de sentirse feliz en
medio de un match point; o igual si un futbolista tiene frente a sí la
victoria de su equipo con un penal al minuto 89.
En resumen, se trata de empatar el nivel de reto con el nivel de
habilidades orientado a algo en lo que creemos.
¿Cómo descubrir a esa actividad y a ese empleo que nos proporcionará
flow?
Como la mayoría de las cosas en vida: con un sano ejercicio de prueba y
error, acompañado de una introspección informada.
Hasta parece sencillo. Buena suerte.
Horacio Marchand - horacioarrobahoraciomarchand.com
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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