Tenemos, por tanto, personas que pertenecen a la empresa y que
trabajan en ella.
Estas son sujeto de un sistema, más o menos complejo, de relaciones
sociales y profesionales. Relaciones jerárquicas, relaciones de
actividad o meramente profesionales, relaciones con el exterior.
Podríamos resumir diciendo que existen unas relaciones verticales y otras horizontales. Las verticales serían las jerárquicas e incorporan relaciones de mando.
Las horizontales serían relaciones derivadas del trabajo de cada
empleado que les hace entrar en contacto con otros empleados de su nivel
o de otro diferente.
Pues bien, todo ese conjunto puede plasmarse en un documento gráfico
denominado ORGANIGRAMA.
Un organigrama es un diseño o dibujo, más o menos estandarizado por
el uso a través de muchos años y muy generalizado en la empresa, en el
que se plasman los diferentes niveles y áreas de la organización de la
empresa. Se indican o deducen de él las distintas relaciones de que
antes tratábamos.
¿Y que tiene que ver con esto el gerente? La figura del GERENTE, que
puede recibir otros nombres tales como Director, Director Gerente o
Director General, es la que está en la cúspide de un organigrama.
Con excepción de aquellos que indique también el Consejo de
Administración o el Consejero Delegado, en cuyo caso el Gerente suele
depender de estos órganos de Administración de las Sociedades.
Por tanto, el Gerente es el Gran Ejecutivo, el ejecutivo que, estando
por encima de toda la empresa, manda y está al frente de la gestión de
la empresa. El Gerente, con independencia de las otras personas que le
ayuden en sus tareas o en quien tenga delegadas determinadas funciones,
es el que dirige la empresa.
Existen empresas en las que, por su dimensión pequeña y organización
sencilla, el Gerente es el único ejecutivo. Tras él está el resto del
personal. No existen otros DIRECTIVOS. Está solo en la gestión. En estos
casos su campo de actuación es muy amplio y abarca diversas funciones.
Pero en muchas empresas, medianas y grandes, el Gerente se rodea de otros profesionales en los que descarga parte de la función directiva. Se establece así, con independencia del tipo de mando y personalidad del Gerente, el equipo directivo, el equipo de gestión.
El Gerente se apoya en el trabajo, la actuación y hasta el
consejo y opinión de estos profesionales.
Este último sería el caso en el que existen figuras directivas tales
como Jefe o Director Administrativo, Financiero, de Personal o RRHH, de
Producción, Comercial o de Ventas, de Logística, de Compras, de
Marketing u otros. Estos pueden existir o no en el organigrama de la
empresa y ocupar el mismo o diferentes niveles en el mismo.
Y en los organigramas, junto a los cargos o puestos, suele indicarse el
nombre de la persona que está al frente y ocupa dichos puestos. De la
lectura del organigrama se puede sacar con claridad la estructura
organizativa de la empresa, de sus relaciones y su jerarquización.
La figura del Gerente siempre plantea un viejo dilema en las empresas:
¿la autoridad debe concentrarse o dispersarse en la organización? ¿Es
mejor concentrar o descentralizar?
Esto puede resolverse por la vía de organigrama y delimitación de
funciones y responsabilidades o se deja en manos de la personalidad y
características de cada Gerente. Ambos caminos se han seguido
tradicionalmente en las empresas.
El primero tiene la ventaja de dejar claramente delimitados los campos
de actuación de cada cual y cual es la función del Gerente, aparte del
mando y la coordinación de toda la empresa. Pero se puede venir por
tierra ante un Gerente muy poco amigo de delegar, que desea controlarlo
todo y a todos y que acostumbra a puentear a sus directivos y mandos.
Por el contrario, el sistema de que sea el Gerente quien escoja a su
gente y les dé las funciones y responsabilidades, pone en manos de estos
y su mayor o menor bagaje de competencia, formación, experiencia y
personalidad el llegar a un sistema centralizado o descentralizado, de
equipo o de autoridad única, de “ordeno y mando” o de contar con los
demás.
Por lo general, con este sistema la empresa va al aire que le marca
su Gerente, para bien o para mal, con todas sus consecuencias.
Como indicábamos antes, cual sea la mejor solución es un debate
inconcluso en la historia de la empresa, pero quizás haya habido más
éxitos en aquellas empresas en que existe delegación de funciones,
trabajo en equipo, clima de colaboración, participación de todos según
su puesto y posibilidades...
Sin ignorar las cuestiones del liderazgo, siempre importantes, así como los casos concretos de grandes imperios empresariales el Gerente “todoterreno”, “omnipotente señor de su territorio”, es una figura cada vez menos invocada y exaltada.
En las publicaciones actuales sobre gestión de empresas, en los cursos y jornadas de formación gerencial y en las ideas de los grandes gurús del mundo de la empresa de los inicios del siglo XXI asoman más las ideas del Gerente que, sin perder nada de su autoridad, sin abandonar su responsabilidad, sabe delegar, conoce a su gente,
busca rodearse de los mejores profesionales de su empresa,
explota el capital humano, implanta una cultura de empresa
participativa, anima a la innovación y a mantener y aumentar el
conocimiento dentro de su empresa...
Esta es la figura del Gerente actual, como vigía y patrón del barco de
cada empresa, en el que navega juntamente con toda su plantilla de
empleados... en busca de los objetivos grandes y pequeños que se va
marcando.
El Rincón del Gerente. - www.gerenteweb.com.
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