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El éxito, o la búsqueda del éxito, puede ser tóxico. Se gana en un
frente pero se pierde en otros. La evidencia abunda: predominan los
desbalances y las crisis personales y no sabemos cómo salir del pozo, o
peor, ni siquiera nos damos cuenta de que estamos en el pozo.
Es inconcebible que el éxito sea unidimensional y sea medido en términos
económicos.
Por lo menos hay otras 4 dimensiones que tienen que tomarse en cuenta en
la búsqueda del éxito integral y de la felicidad: la profesional, la personal, la familiar y la social. Una
persona verdaderamente exitosa tiene un balance entre las cinco
dimensiones.
El peso que tiene el dinero opaca a las otras dimensiones. Como si la
valía de una persona estuviera directamente relacionada con la cantidad
de dinero que se tiene.
Y está comprobado que la gente típicamente tiene un "tope" que aunque
se saque 100 millones de dólares, eventualmente el efecto se erosiona, y
al tiempo, se está en el mismo nivel de satisfacción que se tenía antes
de tenerlos. Lo mismo pasa con un auto, un traje, un vestido o joyería
nueva: el efecto se desvanece.
Y sin embargo nos empecinamos a llegar al "éxito", entendiéndolo como
status, dinero y poder, sin contabilizar los costos.
En una investigación informal entre gente de nivel socioeconómico A y B,
el 80% de los entrevistados entre las edades de 35 y 60 años, confesaron
estar utilizando alguno de los siguientes métodos: Rivotril, Halcion,
Tafil, Valium, Ritalin, Tofranil; y en otro rubro sustancias como la
nicotina, el alcohol y en algunos casos hasta drogas.
La razón: llenar el hueco, el vacío, parchar lo descosido, cubrir una
deficiencia, lidiar con la sombra interna.
Y La Sombra es algo serio.
La Sombra es esa parte interna que nos tiene atados a una realidad que
no queremos. Se encarga de sabotear, bloquear, frenar. Nos hace hacer
cosas que no son buenas para nosotros, como si fuera una fuerza que no
nos dejar florecer.
La sombra nos hace ser candiles de la calle y oscuridad de la casa; no
nos deja hacer ejercicio, nos hace comer mal, beber de más, pelearnos
con la gente que queremos, y lo peor: no nos deja desarrollar nuestra
parte creativa e incorporarla como parte de nuestra vida cotidiana.
Desde Carl Jung, La Sombra ha sido estudiada por muchos, pero una tesis
en particular, proveniente de la Psicología Evolutiva es impactante.
La Sombra tiene una explicación de programación genética.
Es producto de los miles de años que el humano tuvo que lidiar para sobrevivir a la intemperie y enfrentar a un mundo físicamente hostil.
Pertenecer a un clan y fusionarse con el grupo era la única forma de
no morir. Hay una propensión humana para pertenecer, estar afiliado y
parecerse a los demás.
Si se era demasiado original, vistoso o creativo, se ponía en juego la
pertenencia a la tribu y por andar de novedosos y arriesgados, se corría
el riesgo de quedar aislado y por ende, sentenciado de muerte. A
Sócrates lo mataron, Galileo se salvó por astuto y Van Gogh fue
segregado; ellos eran "diferentes".
Por eso el borreguismo, la programación de las personas para que hagamos
lo mismo, la obsesión por ser "normal"y comportarse como la mayoría. El
mundo está lleno de copias. Es poca la gente que se atreve a ser ella
misma y vencer a La Sombra.
Casi todos sabemos que si hiciéramos "x" o "z" y dejáramos de hacer "h"
y "j", nuestra vida podría cambiar por completo. Pero La Sombra nos
tiene dominados.
La Sombra desaparece con luz y con la claridad.
El primer paso es la claridad y la honestidad mental de que La Sombra
existe dentro de nosotros y que es una fuerza que nos frena y nos
sabotea. No se puede vencer a un enemigo que no se le da el crédito de
su existencia.
El segundo paso es declararle la guerra. Y la guerra se gana lidiando
con batallas diarias.
Un empresario de 74 años parece haber realizado esto de manera intuitiva
"todos los días me levanto con flojera, siento ganas de volverme a
dormir; pero me levanto a las 7 y me pongo a hacer ejercicio, desde
lagartijas, sentadillas y tensión dinámica (lo hace diario, excepto los
domingos, desde hace 52 años).
Cuando salgo a desayunar, ya bañado y vestido, el psiquis me
cambió por completo, estoy listo para el día".
Este empresario no tiene panza, es cintura 32, tiene buenos hábitos y
desborda energía. A sus 74 años está por emprender lo que sería su
quinto negocio.
Habrá quien opine que a esa edad se podrían hacer mejores cosas, y que
es imposible conocer su grado de felicidad, pero lo que se resalta es
que a La Sombra se le tiene que vencer día a día.
Otro empresario de 48 años, millonario y con cáncer, decidió dejar su
trabajo y ponerse a pintar. Un alto ejecutivo abandona su carrera
corporativa y se pone a escribir.
Ambos, forzados por fin a vencer a La Sombra, se dedican a algo que
les da gratificación y le dan tiempo a personas que quieren. Lo paradójico es que la enfermedad acaba por ceder y sienten
que por primera vez realmente viven la vida.
¿Habrá que esperar que nos dé un infarto o algo parecido para
despertar?
El tercer y último paso para quitarle fuerza a La Sombra es identificar
a La Luz: rescatar sueños enterrados, darles vida a viejos o nuevos
anhelos. Esto no es sencillo, pero podríamos empezar por preguntarnos
¿qué es lo que estaríamos haciendo si tuviéramos todo el tiempo y todo
el dinero?
El privilegio de toda una vida es ser uno mismo.
Horacio Marchand - horacioarrobahoraciomarchand.com
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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