Lo que sí puedo afirmar es que hay algo invisible que gobierna las
reglas de la estética y, en cierta forma, de lo que el mercado
finalmente consume; de lo que es aceptado por el público, ya sea
productos o personas, de lo que es rechazado.
La aceptación y la belleza está definida en gran parte por el Zeitgeist
-el espíritu de los tiempos-, algunas teorías evolucionistas, así como
por algo más primitivo que está metido en el subconsciente y que
seguramente forma parte de los arquetipos de Jung.
Parece ser una estructura que tiene reglas muy claras pero que a las
personas nos parecen difusas. Si estas reglas se descubren y se cumple
con ellas, entonces será: exitoso el producto o negocio nuevo que salga
al mercado; maravillosa la pintura; número uno en popularidad la
canción; correcta la decisión de negocios; un bestseller el libro; un
líder el político.
¿Cuáles son esas reglas?
En respuesta cliché: si las supiera no estaría aquí. Y eso que
constantemente me consultan y me toca dar opiniones sobre lanzamientos
de productos nuevos, diseños de anuncios, logotipos y eslogans; y por
más que me esfuerzo en predecir, me topo constantemente con lo
impredecible.
Algunos ejemplos.
Compras un cd de tu intérprete favorito, y de las 10 canciones sólo dos
o tres te gustan.
Vas a una exposición de pinturas, le das la vuelta completa y decidas
que están bien, pero las que te gustan especialmente son dos.
Descubres a Vargas Llosa o García Márquez porque leíste un libro y te
fascinó; compras más y no te gustan como el primero, y abandonas al
autor.
¿Mujeres bellas? Giselle Bundchen, modelo de Victoria Secrets, es la
mejor pagada del momento y su belleza es obvia. Julia Roberts –Pretty
Woman- y Sarah Jessica Parker –Sex and the City- poseen una belleza
“especial” y poco tienen que ver con el estilo de Bundchen o con la
belleza de cara por ejemplo de Elizabeth Taylor cuando joven; incluso
hay quien dicen que Roberts y Parker son más bien “narizonas”, pero la
realidad es que tienen un “no se qué”.
Algunos expertos en estética afirman que no es tanto la belleza de las
facciones en sí misma, sino las proporciones y la simetría entre los dos
lados de la cara o del cuerpo: entre más simetría, más belleza. Y me
miré en el espejo y me comparé mis dos lados: un ojo ligeramente más
grande que el otro; un lado de la nariz ligeramente más caída que el
otro; una ceja ligeramente más arriba que la otra; y mejor me alejé del
espejo.
Los edificios igual. Hay algunos carísimos que pasan desapercibidos y
hay otros que con poca inversión gozan de gran impacto porque tienen
algo especial que trasciende a una explicación lógica; por ejemplo la
Torre Eiffel de París.
En la comida, las recetas también son un tema de proporción. A pesar de
que esté la receta escrita los platillos saben diferentes. Los chefs le
ponen un poquito más de x, un poquito menos de z, e innovan con
variaciones menores en el procedimiento.
En marketing -como receta de cocina- está el marketing mix que acuñó
Neil Borden, que tiene que ver con la combinación, administración y
sinergización de las proporciones que componen los elementos del
ejercicio del marketing. Pareciera como una ecuación algebraica, por
decir: éxito=2x+5b3(y+z)/5 (w+3z) y que según sea manipuladas las
proporciones, producirán resultados diferentes.
¿Cuál es entonces la combinación ideal, la proporción divina, en
belleza, música, cocina, construcción, marketing, etc. ?
Hay diversas teorías, y una de las más antiguas se constituye en el
siglo XVI. Luca Pacioli estableció cinco atributos especiales, los
primeros cuatro: unidad y unicidad, trinidad, proporción humana,
inmutabilidad. El quinto atributo le llamó proporción divina porque
representa al cielo.
Da Vinci ya había jugado con la idea de mezclar el arte con la geometría
de la naturaleza. Otros que le siguieron fueron Miguel Angel y Rafael,
que se abocaron a incluir a la proporción divina en sus cuadros.
En el caso específico de la escultura de David, la proporción de oro se
conforma desde la posición del ombligo con respecto a la altura y de ahí
hacia las articulaciones de los dedos. En esta ocasión ni siquiera hice
el intento de verme en el espejo.
Esta proporción está presente en edificios -principalmente iglesias-
medievales. Goethe definió a la arquitectura como “música congelada”.
¿Existe una proporción perfecta entre la altura y el ancho de la
visualización?
Un fuerte candidato es el número PHI, no lo confundas con PIE (3.1416).
PHI es un estándar de balance y belleza en relación a proporciones. El
número PHI es 1.618033988, y está relacionado con la secuencia Fibonacci,
donde cada número es la suma de los dos números que la preceden:
0,1,1,2,3,5,8,13,21,34,55,89,144,233…
Esta secuencia aparece frecuentemente en geometría y las proporciones en
la naturaleza, por ejemplo flores, árboles, delfines, y proporciones
humanas.
Todo parece tener un tono, una secuencia: desde el maratonista, el
artista y hasta el hombre de negocios lo han experimentado. Es
indiscutible la existencia de un ritmo en el fondo - incluso puede
graficarse matemáticamente- que nos regula, que nos mueve y que al mismo
tiempo, lo regulamos y lo movemos.
Reconocer que existe algo como la llamada Proporción Divina, que nos
trasciende e interactúa todos los días con nosotros, puede reforzar el
hecho de que no todo en la vida se reduce a los cinco sentidos.
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) www.horaciomarchand.com
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