La arena donde se libra la batalla es en relación al cambio
discontinuo, es decir a cambios mayores que impactan la trayectoria
actual de la empresa y modifican las reglas de manera fundamental, así
como su influencia en la estrategia de negocios.
El cambio puede dibujarse en una línea, con dos flechas apuntando hacia
fuera en cada punta, donde a la extrema derecha -en esta esquina- se
encuentra Grove que afirma que pasa mucho, que el cambio es rápido y
discontinuo; a la extrema izquierda -en esta otra esquina- se encuentra
Porter que afirma que pasa poco, que el cambio es lento y continuo.
Antes de continuar describiendo sus posturas, más de cada uno de ellos:
Andy Grove -originario de Hungría, por eso le puse Alien- fue el que
llevó a Intel a la gloria, es profesor y autor de libros, el más
conocido es Only the Paranoids Survive; Michael Porter -con toda la
autoridad de Harvard, por eso le puse Predator- también es autor de
varios libros en estrategia conocidos por el mundo, el más popular es
Competitive Strategy.
Grove, mayor que Porter, tiene el aspecto de un guerrero antiguo y
sabio, venció el cáncer de próstata, es ciclista apasionado; Porter
tiene el aspecto de un príncipe nórdico, delgado, alto, con sus anteojos
de intelectual, y viaja por el mundo hablando sobre competitividad.
Respecto a las ideas, Grove bautiza al Gran Cambio con el nombre de 10x.
Cito textualmente: “Tarde o temprano, algo fundamental en tu mundo de
negocios cambiará; un cambio 10x que impactará a tu negocio
profundamente, y la forma en que manejes esta transición determinará tu
futuro.”
Grove afirma que los puntos estratégicos de inflexión no son un fenómeno
de la industria de alta tecnología, ni algo que le pasa a alguien más.
Te pasa a ti en cualquier momento, cuando menos lo esperas y -peor-
cuando todo mundo ya se dio cuenta excepto tú.
Ejemplos del cambio discontinuo -la idea de Grove-, arrollador,
mata-industrias, telúrico: las computadoras desplazan a las máquinas de
escribir; el cd desplaza al audiocasette y al VHS; EBay desplaza a los
mercados de pulgas; la televisión cerrada desplaza a la abierta; las
tiendas especializadas desplazan a las departamentales; China desplaza a
México en maquila.
Porter presenta una visión diferente del Gran Cambio y, para dar
contexto, tengo que aclarar que las declaraciones de Porter se dieron
recién explotada la burbuja de Internet.
Algunas de sus ideas resumidas se centran en que el cambio discontinuo
no es tan incisivo como se cree. Y afirma que aunque las tecnologías
disruptivas existen, palabras como “transformación” y “revolución”
-términos que les fascina usar a Hamel y Prahalad- están increíblemente
sobreutilizadas, y pregunta “¿dónde está la tecnología que va a
cambiarlo todo? ”
Porter continúa con declaraciones sorpresivamente tácticas y
aterrizadas, contrastando con su acostumbrado análisis teórico y macro:
Los directivos deben de utilizar el método exploratorio y de prueba para
encontrar la estrategia; probar algo, ver si funciona, y luego proceder
al siguiente paso.
Remata diciendo que la estrategia es una sucesión de experimentos
incrementales. Wow. Porter se aterriza y simplifica.
Ejemplos del cambio que “no fue para tanto” -la idea de Porter- que
ocurre lento -si acaso ocurre- con poco impacto en la industria: el
teléfono con video
-que lleva décadas prometiendo y no ha pasa nada; el Concorde, que
amenazó desplazar a los aviones normales; lo digital que amenazó con
acabar con las industrias del papel y la mensajería; el Internet que
siempre no fue, o no ha sido, lo que se pensó.
Entre si el cambio es una amenaza que puede arrasar con todo lo que eres
y sentenciarte a quedar obsoleto, y entre si el cambio es algo que
ocurre a través del tiempo en períodos largos y amables, está otra
discusión: la de la oportunidad y el timing.
¿Por qué es relevante esta discusión?
Es que en el umbral del cambio y en los puntos de inflexión, es
justamente donde radica la oportunidad.
Y la oportunidad es el soplo divino de los negocios.
La oportunidad consiste estar donde muy pocos están -ya sea en tiempo,
en grado, en producto, en oferta, en empaque, etc.- y por eso es zona de
utilidades y rendimientos extraordinarios y, naturalmente, también de
riesgos.
Puede tratarse de un punto de inflexión agudo y pronunciado o puede ser
uno extendido y amainado; pero el caso es saber cuando abrazar,
estimular, aprovechar, montarse, catalizar, algo que ya está pasando en
el mercado. Los grandes fenómenos mercadológicos se dan en la química y
la sincronía entre las acciones de la empresa y lo que pasa en el medio
ambiente.
La variable del timing por ende es crítica porque puedes acertar en la
tendencia que se está dejando ver o incluso anticiparte al cambio y
montarte al principio de la ola; pero el ir en la dirección adecuada no
necesariamente implica que estés en el tiempo adecuado.
Al manifestarte en tu oferta puedes ir demasiado adelantado; y tan malo
es ir adelantado como atrasado. Bueno, quizá no tan malo. La historia ha
evidenciado numerosos éxitos del seguidor temprano -del que va un
poquito atrasado-, que sigue sensiblemente a los cambios y analiza con
interés las experiencias de otros que se avientan y, con ese
aprendizaje, finalmente se lanza a lo desconocido. Algunos ejemplos:
Microsoft, plumas Bic, DHL, Sony, Miller Lite.
Aferrarse al pasado te convierte en ciego; aferrarse al futuro te
convierte en soñador.
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) www.horaciomarchand.com
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