Durante un viaje de negocios por el noreste de Estados Unidos,
algunas ideas anduvieron rondando mi cabeza: era inevitable no pensar en
el SARS -esa neumonía mortal; y en el terrorismo, Bin Laden o Saddam ¿se
vengarán en mi vuelo?; y en el desgaste del aeropuerto, filas de hasta
40 minutos para la inspección.
Me subí al avión. Era un vuelo internacional y había gente de varias
nacionalidades. A continuación los prejuicios y/o preconceptos señalados
entre paréntesis.
Entre todos los pasajeros pude identificar a cuatro orientales
(prejuicio número 1). La casualidad: uno se sentó a mi izquierda, otro
se sentó en el asiento frente a mí dándome la espalda.
Bueno, el de enfrente cuando estornudara y liberara millones de
microorganismos, lo haría hacia delante y yo de seguro me libraba. Pobre
del tipo que estaba sentado frente a él, porque a ése le iba a caer todo
el asunto, toda esa nube explosiva de estornudo, y de seguro se le pega
algo (prejuicio número 2) .
El de a lado.
A ese lo miraba de reojo sin cesar. Me preguntaba si era un
asiático-norteamericano, o algún chino poblano (prejuicio número 3);
pero no. Le vi un libro en sus manos, todo en símbolos asiáticos: se
leía de arriba para abajo y de derecha a izquierda. ¿Chino? (prejuicio
número 4).
Y seguía espiándolo, observando su respiración, escuchando a sus
pulmones. Veía sus movimientos, buscaba algún indicio de enfermedad de
bronquios.
Se sentó con sus piernas cruzadas, en medio loto como un experto yoghi
(prejuicio número 5). Sin duda era asiático original, no estaba
occidentalizado, de seguro viene y va para allá, para la zona cero, para
la zona de contagio (prejuicio número 6). Su pasaporte, de repente lo
abrió para llenar los papeles de migración, y observé las docenas de
sellos, la mayoría en símbolos orientales. De seguro recorrió toda la
zona afectada por el SARS. El SIDA, la enfermedad de los tiempos, ni
siquiera me pasó por la mente (ejemplo de reposicionamiento).
De repente se pone de pie un sujeto de aspecto rudo vestido con chaqueta
de mezclilla, le dice algo a su compañero antes de caminar rumbo al
baño. El idioma era claramente del Medio Oriente. Estaban a medio
rasurar, con el pelo raso. ¿Terroristas? (prejuicio número 7)
Llegamos a migración. Frente a mi un paisano, era de Zacatecas y pensé
que probablemente se iba a quedar en "el otro lado". Que iba a
convertirse en un illegal alien (prejuicio número 8).
Un francés adelante. A este de seguro lo deportan a los Champs Elysée.
Pobre, los gringos le traen ganas a los franceses por lo de la guerra
(número 9). Dicen que Bush no le tomaba el teléfono a Chirac, que
pasaron 28 días para que le regresara la llamada.
Llegué a mi cita de negocios. ¿Quieres crédito abierto, mexicano (número
10)? Necesitamos una garantía, con esa reputación que se cargan. ¿Qué
tienes 5 años comprando? ¿Que a un amigo tuyo canadiense sí le damos
crédito? A ti no te lo daremos nunca.
Me fui a buscar un restaurante. La ciudad muy cosmopolita: en una sola
calle había restaurantes de cocina de todo el mundo.
Empecé a caminar. ¿Comida Hindú? No, el curry me cae muy pesado (número
11) . ¿Comida Vietnamita? No, otra vez esa idea del SARS (número 12).
¿Comida alemana? No, puros embutidos de puerco (número 13). ¿Comida
argentina? No, llevo años de no comer carne roja (número 14). ¿Comida
portuguesa? A comida rica no suena (número 15). ¿Comida suiza? Los
suizos sólo comen chocolate, yogurt y raclette (número 16). ¿Mexican
food? No, de seguro es Tex Mex, las tortillas son añejas, las salsas
cargadas de ajo (número 17).
¿Comida italiana? Pavarotti de música de fondo, la pasta de sémola de
trigo, la ensalada de César el Emperador, el vino tinto de Toscana, el
...ininini, el ...ininuto, el ...edersini, y todas esas terminaciones
interesantes.
Lugar para uno, por favor. Y la señorita se me queda viendo, me juzga
con la mirada y me dice, "¿sólo en sábado en la noche, señor" (número
18) ?
¿Lugar, para uno, de los que vienen solos, de los que no tienen compañía
en el día oficial de salir? A la barra, Señor.
Entre prejuicios y preconceptos.
El preconcepto tiene que ver con ideas que se forman sin conocer de
cerca a la entidad; el prejuicio tampoco está informado y es una opinión
cargada de percepciones favorables o negativas.
Las personas, los productos, las marcas, tienen frente a sí una energía
que le da cuerpo a su imagen. Si llegas a conocerlos, a probarlos, a
vivirlos, es posible que el preconcepto o el prejuicio desaparezca.
Es posible porque se ha demostrado que tomamos conciencia discriminada
de cosas que refuerzan nuestra creencia previa, y en ocasiones hacemos
que sea congruente con nuestros pensamientos automáticos -normalmente
fuera de conciencia- de tal forma, que hace que "la realidad" encaje con
el preconcepto.
Por ejemplo un hombre que dice que las mujeres son malagradecidas, hace
todo lo que esté a su alcance para que la mujer que tiene a su lado
salga huyendo y pueda decir: "ya ves, es como todas, una
malagradecida".
Otro ejemplo es un experimento donde se le presentó a las personas dos
tipos de helado: uno de sabor chocolate de color chocolate, y otro de
sabor vainilla de color chocolate. Más del 90% de los entrevistados
afirmaron que las dos bolas de helado eran de sabor chocolate,
deliciosas.
La percepción es la realidad, y en este contexto se mueven las marcas,
las empresas, las personas, las naciones, las regiones. Una vez formado
un concepto, es muy difícil cambiarlo (¿número 19?).
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) www.horaciomarchand.com
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