Personalizando lo impersonal
03-2005
Toda empresa sigue una filosofía empresarial que le permite lograr sus
objetivos, planteados generalmente con una perspectiva de rentabilidad y
crecimiento. Convertirse en el líder de la industria es con frecuencia
una expresión que combina este doble planteamiento de desarrollo.
La cuestión es cómo lograrlo. O dicho de otra manera, saber cuál es
la forma de pensar que permita a la empresa ser rentable y crecer para
convertirse en líder de la industria.
Producir eficientemente, distribuir en forma intensiva, vender
agresivamente, desarrollar un esquema de ingeniería financiera
ventajoso, seguir procedimientos que garanticen la calidad de los
procesos o dar un excelente servicio al cliente son ejemplos de
declaraciones que evidencian la orientación empresarial.
Estas declaraciones difieren entre sí por el énfasis que ponen en una de
las distintas funciones de la empresa y su relevancia ha cambiado a
través de la evolución de la economía mundial: orientación hacia la
producción en los 50's, hacia la distribución en los 60's, hacia las
ventas en la primera mitad de los 70's y hacia el mercado desde la
segunda mitad de esa década.
Esta evolución corresponde a la situación de posguerra que requería de
un cambio en la utilización de la capacidad instalada para producir los
bienes de consumo necesarios para la población interna y ya no para el
frente militar. Producir fue la clave del éxito mientras la demanda se
mantuvo mayor que la oferta, pero fue necesario cambiar en la medida que
la oferta empezó a superarla, que la competencia se volvió más intensa y
los consumidores más exigentes, al grado que para finalizar el Siglo XX
las empresas cambiaron su orientación, enfatizando aspectos como el
servicio y la calidad para lograr ser exitosas.
En el corto plazo, es relativamente fácil identificar estos cambios de
orientación a través de la evolución de una empresa. Basta observar los
negocios pequeños que inician por la capacidad de su dueño para producir
algo o prestar algún servicio y que, en la medida que se vuelve
eficiente requiere de mejorar su acceso a un mercado competido para
poder crecer y ser rentable.
La secuencia de evolución del siglo pasado no tiene que seguir el orden
descrito de producción, distribución, ventas, mercado. De hecho, adoptar
una cualquiera de esas distintas orientaciones puede funcionar para una
empresa, sea nueva o ya esté en marcha.
Si cualquiera de ellas puede dar utilidades a la empresa en un momento
dado, la cuestión es otra: ¿Por cuánto tiempo puede permitirle un
desarrollo exitoso?
Hacia finales de los 60's Peter Drucker estableció que los clientes son
la principal razón de ser de una empresa. Theodore Levitt definió el
concepto de mercadotecnia al declarar que, para lograr sus objetivos,
una empresa debe centrar su atención en la identificación y satisfacción
de las necesidades del cliente. Y Philp Kotler propuso que una
orientación de la empresa hacia el mercado era la filosofía empresarial
que mejores resultados daría en el largo plazo.
La orientación hacia el mercado consiste en facilitar esos intercambios
a través de entender el comportamiento de compra y atender a los
clientes en forma rentable y mejor que los competidores.
Una empresa existe gracias a la relación que establece con su público:
consumidores que pagan por bienes y servicios; empresas que se proveen a
través de otras empresas; ciudadanos que emiten su voto a favor de un
partido o candidato político; creyentes que profesan su fe, etc.
En todos los casos, la relación entre ambos se establece en términos de
un intercambio a través del cual el público (cliente) está dispuesto a
otorgar algo de su dinero, esfuerzo, atención o tiempo para recibir un
beneficio, satisfacción o solución por parte de la empresa.
Según Kotler, la relación comercial puede ser de diferentes tipos, que
van de lo impersonal a lo personal, según involucren un mayor o menor
número de clientes, así como un menor o mayor margen de contribución.
Que la relación sea mínima no implica que la empresa no esté orientada
hacia el mercado. Nestlé, Unilever o Procter & Gamble son exitosas
precisamente por su habilidad para entender necesidades y atenderlas en
forma diferenciada, sin embargo, sus utilidades provienen del volumen de
ventas, más que al margen de contribución unitario y llevan sus
productos a millones de últimos consumidores.
Lo que nos muestra este esquema es que lo deseable para una empresa
consiste en desarrollar una relación con sus clientes de nivel superior
al que tiene por naturaleza. Así, Coca Cola incluye un número de
teléfono en sus latas de refresco para que el cliente llame si necesita
algo, llevando su relación con el consumidor de un nivel mínimo a un
nivel reactivo.
Con la terminología de hoy en día, podríamos referirnos a las relaciones
del extremo inferior como aquellas propias de los negocios 'b 2 c'
(business to consumer), mientras que las del extremo superior son
propias de los negocios 'b 2 b' (business to business).
La gran diferencia está en la cercanía de la relación con los clientes,
lo que lleva a considerar que más que un enfoque de mercado, lo que
ayuda a desarrollar una relación de nivel superior es un enfoque hacia
los clientes. Hoy en día este enfoque se denomina CRM y tiene múltiples
acepciones, de las cuales mi favorita es Customer Relationship
Marketing.
La idea no es nueva. Desde siempre, una persona como cliente se siente
mejor atendida cuando es conocida por su nombre y su proveedor está al
tanto de sus necesidades, gustos y preferencias. Esta persona,
satisfecha, no solo vuelve con el proveedor, sino que, identificada con
él, lo recomienda a otras personas.
Lo que es nuevo es la posibilidad de que una empresa que atiende a un
mercado masivo tenga la posibilidad real de establecer una relación
personalizada con sus clientes individuales, gracias a la tecnología de
información.
En principio, es factible cuando la transacción requiere forzosamente
identificar al cliente quien la realiza (tarjetas de crédito,
operaciones bancarias, líneas aéreas, rentas de películas), o por lo
menos es razonable pedirle que se identifique (compras al menudeo en
supermercados, restaurantes, hoteles).
Y aunque es prácticamente imposible individualizar en el caso de muchos
productos de consumo, es posible obtener información del perfil de
clientes de nichos de mercado específicos que permitan diseñar programas
comerciales que buscan establecer una relación más cercana - casi
personal - con ellos.
Una empresa orientada hacia el cliente es capaz de manejar su
información por clientes, no sólo por volumen de ventas; de conocer su
participación en la cartera del cliente, además de su participación de
mercado; de determinar el valor que cada cliente representa a través del
tiempo y de establecer objetivos referentes al número de clientes que
desea atraer y retener.
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José Ignacio Domínguez
Estudios: Maestría en Administración (ITESM,
Campus Monterrey, México, 1977); Licenciado en Administración de
Empresas (ITESM, Campus Monterrey, México, 1974) Especialidad: Su
trabajo de consultoría se centra en las áreas de planeación estratégica
de mercados e información para la toma de decisiones. Imparte en la
EGADE el curso de Mercados y Clientes. Actividad Profesional: Fue
profesor del Departamento de Mercadotecnia del Tecnológico de Monterrey,
Campus Monterrey, y director de la carrera de Licenciado en
Mercadotecnia del mismo Campus. Trabajó en Cervecería
Cuauhtémoc-Moctezuma en la gerencia de Planeación Estratégica, gerencia
de Investigación de Mercados, gerencia de Desarrollo de Nuevos
Productos, gerencia de Marcas Regionales y gerencia de Marca Dos Equis
Lager y Sol. Estuvo en Publicidad Clave como director de Operaciones de
la agencia y, junto con otros socios, estableció su propia agencia de
publicidad, Criterio y Creatividad Publicitaria, en la que fungió como
director general. Fue también director de Mercadotecnia del Grupo
Financiero Banorte. Actualmente, se desempeña como consultor
independiente.
joseidomarrobaprodigy.net.mx