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El por qué de algunas situaciones, su problemática y posibles
soluciones puede someterse a sesudos estudios y comités
interdisciplinares, aunque en ocasiones (casi siempre) merece la pena
abordarlas desde la sencillez de un cuento para niños.
Érase una vez un fabricante de zapatos, dos zapaterías y un
transportista. El fabricante acuerda vender 10 pares de zapatos, de la
próxima temporada de verano, a la zapatería de un pueblo de provincias y
consigue vender, por otro lado, nada menos que 10.000 pares a unos
grandes almacenes con tiendas en muchas ciudades.
El fabricante, muy contento, pone en marcha todas las máquinas de su
taller, paga horas extras a sus empleados y cuando ya tiene unas cuantas
cajas decide ir enviándolas a sus clientes, para que vayan exponiéndolos
en los escaparates, acordando con la Empresa de Transportes, precio y
fechas.
El muchacho de la Empresa de Transportes se presenta en la fábrica, con
unos días de retraso, coge una caja de zapatos y se encamina, andando,
hacía el pueblo de la pequeña zapatería. Efectuada la entrega, vuelve,
también a pie, a la fábrica, dispuesto a llevarse unas cajas para los
grandes almacenes. Como estos grandes almacenes son buenos clientes del
transportista, éste hace un esfuerzo y en lugar de 1 caja, carga al
hombro con 3 y “chino chano” emprende la caminata hacia su almacén.
Al cabo de unos días, tanto la pequeña zapatería como los grandes
almacenes se ponen en contacto con el fabricante de zapatos. Le hacen
ver que pasan los días, que necesitan los zapatos de verano antes del
invierno y que a este ritmo van a tener que buscar otras alternativas.
Los clientes de la zapatería y de los grandes almacenes no pueden estar
pasando por la tienda todos los días para ver si ha llegado su número.
El fabricante, muy preocupado por no perder las ventas, contacta con la
Empresa de Transportes y le pide explicaciones. Ésta, tras repasar los
albaranes de entrega, insiste en que a la pequeña zapatería ya se le ha
entregado el 30% del pedido, mientras que a los grandes almacenes se le
han llevado 9 cajas, el triple que al pequeño tendero. No entiende, por
lo tanto, la queja de unos ni la de los otros. Los grandes almacenes son
buenos clientes y pagan más, pero también es verdad que les ha
suministrado más cajas.
Nuestro fabricante traslada a sus clientes la respuesta recibida y tras
analizarla con detalle acuerdan que es insatisfactoria. Deciden, por lo
tanto, hablar seriamente con la Gerencia de la Empresa de Transportes,
de lo que se encargará el fabricante de zapatos.
Y el fabricante de zapatos no se anda por las ramas. En reunión con los
gerentes de la Empresa Transportista les dice que en lugar de tener a un
muchacho haciendo a pie la entrega entre ciudades, lo que deberían hacer
es comprar una furgoneta (o al menos una moto) con lo que podrían
entregar más cajas de zapatos en menos tiempo. La Gerencia de la Empresa
Transportista se niega en redondo. La compra de un vehículo supone un
gasto que habrían de repercutir en el precio de cada caja transportada y
se arriesgan a que un día se estropee la furgoneta recibiendo, entonces,
quejas de que son lentos y caros. En la situación actual sólo les pueden
criticar ser lentos, lo que, resalta la Gerencia de la Empresa
Transportista, tampoco es culpa de ellos. Si las personas, indican, en
lugar de comprar los zapatos de verano en junio, los empezasen a comprar
en enero, ahora no tendrían tantas prisas ni tantos agobios.
Por otro lado, continúa argumentando la Gerencia de la Empresa
Transportista, la compra de un vehículo debe amortizarse en varios años.
A los 2 meses de su compra, el vehículo ya estaría usado y con nuevos
modelos en el mercado, por lo que serían criticados por tener furgonetas
antiguas y desfasadas. En la situación actual, cada semana le compran
zapatillas nuevas al muchacho, con lo que siempre luce el último modelo
y diseño, zapatillas, que por cierto, le compran a nuestro fabricante,
así que mejor que se calle si no quiere perder esa venta semanal.
Ni que decir tiene, que el fabricante, la zapatería de provincias y los
grandes almacenes consideran la respuesta como claro signo de que la
situación no va a cambiar. En nueva reunión acuerdan, por lo tanto,
buscar alternativas conjuntas y acuden a otro transportista.
El Director Comercial de O.E.T. (Otra Empresa de Transportes) les recibe
encantado, pero les hace ver que poco o nada se puede hacer. Les explica
que las carreteras son de la Empresa Transportes y que, aunque las leyes
le obligan a prestar esa carretera a otros transportistas, en la
práctica se encuentran con problemas. Así, por ejemplo, para asegurar el
buen estado de la carretera, no pueden circular vehículos si tan
siquiera bicicletas. Incluso los muchachos de otras empresas no pueden
llevar más de tres cajas, pues hay estudios según los cuales con 4 cajas
la pisada es más fuerte y se estropea el asfalto. Todo ello sin contar
con que cuando el muchacho de la Empresa de Transportes hace vacaciones
o se pone malo, entonces la carretera se cierra por “mantenimiento
técnico” con lo que el resto de transportistas también ha de quedarse en
casa.
Nuestros amigos salen de la reunión preocupados. Los zapatos se acumulan
en el taller, las tiendas están casi vacías y las personas no pueden
comprarse calzado de verano. La situación, que analizan en una nueva
reunión, afecta a muchas personas y hay bastantes puestos de trabajo que
peligran si no son capaces de encontrar una solución al problema de
transporte.
Después de darle muchas vueltas, de encargar estudios a consultoras del
ramo y de pensárselo varias veces, deciden que debe ser el Gobierno
quien actúe en interés general de todos los ciudadanos y articule las
soluciones adecuadas. Como en pocos meses habrá elecciones nuestros
amigos ya tienen un lema: “Si la gente va descalza la culpa es del
Gobierno. Si quieren nuestros votos que nos den nuestros zapatos.”
Convencidos de que tienen una buena idea para superar los problemas
actuales y los abusos de la Empresa de Transporte, contactan con el
Gobierno y el resto de partidos políticos a todos los cuales les
transmiten una misma petición: nacionalizar las carreteras. La Empresa
de Transportes puede seguir siendo una empresa privada.
Con ello, argumentan, todos los transportistas podrán ejercer su
actividad sin las trampas del dueño del camino y la competencia entre
ellos hará que compren motos y furgonetas para asegurar entregas
rápidas. Los que quieran, pueden seguir a pie.
Después de todo, siguen argumentando nuestros amigos, su propuesta no es
tan descabellada. No hace mucho, le recuerdan a los políticos, cuando se
liberalizó la televisión, la “carretera” de las ondas se dejo en manos
de una tercera empresa para evitar abusos, de tal manera que todos ellos
pudieran emitir sus programas y competir en base a la calidad e interés
de los mismos, sin que ningún canal, por ser dueño de las ondas, les
pusiese la zancadilla. ¿Por qué, se preguntan, los modelos de gestión en
el transporte de ondas, que han favorecido la competencia entre canales
de televisión no se aplican al transporte de zapatos?.
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