La mente del fanático
03-2005
Al fanático hay que observarlo. Puede definir una elección, llevar al
poder a un héroe o a un tirano, acabar con un sistema de vida para que
nazca uno nuevo. Las teorías sobre liderazgo abundan pero al que hay que
estudiar es al fanático. El seguidor convencido escoge a un líder
mientras que el fanático desespera por uno.
Platón, en su República, proponía que los más ilustres y nobles de la
sociedad fueran los que tuvieran el poder, pero la historia nos ha
demostrado que es más importante el sistema que gobierna al gobernante
que la figura misma del gobernante. Es decir, tienen que
institucionalizarse procedimientos para poder cambiar, regular, y en su
caso quitar a los que están en el poder si no hacen bien su trabajo.
Pero el fanático no piensa. Quiere secretamente morir por su causa,
fundirse en un movimiento y quedar diluido para dejar de cargar con él
mismo.
Y es el fanático el mercado meta de los movimientos sociales,
religiosos, políticos. El fanático católico, en el fondo, es igual al
fanático musulmán, al judío, al budista, al comunista, al fascista, al
chauvinista.
Es que en el fondo predomina la frustración personal y un sentido de
vacío, por lo que el fanático se aferra a algo externo que promete
cambiar al mundo, porque el mundo actual está equivocado, y por su
culpa, él es un fracasado.
El unirse plenamente a un movimiento lo lleva a experimentar
sentimientos de orgullo, confianza y, más importantemente, de
propósito.
El presente es lo menos para el fanático porque la promesa se centra
sobre un futuro mejor, donde “todos creamos, sintamos, actuemos, como
debe de ser”. Y como la causa es tan grande entonces puede sacrificarse
el presente con digna abnegación.
¿Qué une a los fanáticos? ¿Qué los hace fuertes? ¿Qué los convierte en
movimientos? (esquema basado en material de Eric Hoffer).
1.- El Odio.- Nada une como odiar a lo mismo. Cuando a Hitler le
propusieron exterminar, de una sola vez, a todos los judíos contestó
“no, porque tendríamos que inventar a otros judíos”. Hitler sabía de la
la fuerza unificadora del odio.
Otra cita directa de Hitler “no hay que confundir a las masas
presentándole demasiados demonios. Es mejor concentrarse en un solo
adversario”.
Al respecto Eric Hoffer corrobora: “Los movimientos masivos pueden nacer
sin creer en Dios, pero no pueden hacerlo sin creer en el diablo.
Usualmente la fuerza de un movimiento masivo es proporcional a la viveza
y lo tangible de su demonio”.
Chiang Kai-Shek falló en encontrar un nuevo demonio una vez que los
japoneses dejaron de ser amenaza, mientras que el Kremlin rápidamente
escogió a occidente como su nuevo demonio al terminar la segunda guerra
mundial.
Fox en campaña escogió “al Sistema PRI” –y sus 7 décadas de monopolio de
poder- como su demonio; Hugo Chávez y Fidel Castro adoptaron a Estados
Unidos como el suyo. Estados Unidos –ya sin el fantasma comunista y la
guerra fría- a su vez, o más específicamente G.W. Bush, obsesiona como
demonio al terrorismo y se posiciona como líder moral y explota –sin
pudor- la tragedia de las Torres Gemelas del 11 de Septiembre.
En México la lucha de clases es uno de los candidatos más viables a este
respecto: pobres contra ricos; el que tiene demasiado contra el que
tiene muy poco; el explotador vs. el explotado. Cuidado con este
discurso mesiánico.
2.- Imitación.- El desarrollo de un grupo necesita de elementos que
unifiquen tanto en lo cotidiano como en lo extraordinario. Es inevitable
pensar en el saludo nazi de levantar al brazo y gritar, en la swastica
(símbolo mesopotámico/hindú que representaba espiritualidad), en los
uniformes. La imitación es una forma sutil de obediencia. Y me imagino a
los generales y soldados comunes y corrientes, levantándose en la mañana
como cualquier mortal, poniéndose el uniforme, colgándose las insignias,
para luego transformarse y ser parte del colectivo, ¡hail Hitler!
3.- Persuasión y coerción .- la retórica puede ser el arte de justificar
cualquier cosa con las palabras. Tolischus describe a Mein Kampf, la
obra escrita de Hitler, como “10% autobiográfico, 90 % dogma, y 100 %
propaganda”. Algunas frases del libro:
“Es posible, por medio de una astuta y repetitiva propaganda, hacer que
la gente crea que el cielo es el infierno, y que el infierno es el
cielo”.
“La grandeza de la mentira es un factor para que sea creída. Cuando se
miente en pequeño es más fácil ser desacreditado pues una gran mentira
es vergonzante que se diga”.
La persuasión es mayor cuando se refuerza con coerción, naturalmente.
4.- El líder.- La teoría del Gran Líder es considerado mítica por
muchos. Tolstoy la ridiculizaba argumentando que hasta los héroes son
prisioneros de fuerzas históricas que están fuera de su control.
El poder “se le avienta” a la persona en función de ciertas variables
del entorno y etapas definidas.
5.- Acción.- Artistas, creativos y personas del intelecto rara vez
trabajan juntos, pero las personas de acción cooperan y se aglutinan
para concretarse en el terreno de los hechos. Un grupo se une cuando lo
pones a hacer algo.
Reconstruír un país en ruinas, edificar una torre que simbolice al nuevo
gobierno, transformar a un país. Obras faraónicas, que rebasan un fin
práctico, tienen el potencial de convertirse en un fin divino.
Desfiles, demostraciones, marchas, tienen una implicación parecida.
6.- Sospechas y complots.- Este sentimiento de paranoia le da fuerza al
movimiento que parece ser tan importante que constantemente está en la
agenda del enemigo/demonio.
Por eso el clima de: nos oyen, traman, nos buscan, nos siguen. El
enemigo es tan malo que se infiltró.
Una nota final: el fanático más fanático es el líder. Un individuo
repleto de duda, miedo, odio; sólo ve en otros duda, miedo, odio.
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Horacio Marchand
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic.
Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
www.horaciomarchand.com
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