Ley del mercado

Autor: Horacio Marchand 

Tipos de mercado y su comportamiento

03-2005

Si los números son fríos, el mercado es desalmado: simplemente acepta o rechaza un producto. El mercado es como si fuera un Dios que tiene el poder de dar la vida o quitarla; pero también es volátil, caprichoso, irracional y hasta cruel, además se mueve según le convenga o lo gratifique.

La ley de la oferta y la demanda, así como las matemáticas en la naturaleza, regula la vida económica de las entidades productivas y es tan obvia que a veces pasa desapercibida; tan abundante que a veces no se valora; tan sencilla que a veces parece irreal. 

¿Qué tienen en común las drogas, los indocumentados, el terrorismo y el spam? 

1.- Drogas.

El consumo sigue creciendo por el mundo entero y los esfuerzos por combatirla por el lado de la oferta son justamente lo que se requiere para impulsar esta industria. 

Si se aprieta por el lado de la oferta, con el esquema anacrónico de certificación estadounidense a países productores y distribuidores de drogas, si se destruyen laboratorios que las procesan, se desarticulan redes de distribución, se apresan a líderes del narcotráfico; es decir, si se reduce la oferta, los precios de los estupefacientes subirán, los márgenes de comercialización se incrementarán, al igual que la rentabilidad de operación, lo que atraerá a más jugadores e inversión a esta jugosa industria. 
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La manera contundente de combatir a las drogas es, entonces, por el lado de la demanda. Si baja la demanda los precios se colapsan en todos los niveles de la cadena de comercialización –de ahí uno de los argumentos de legalizarla- lo que provocaría eventualmente una migración de los inversionistas hacia esquemas más rentables, debilitando así al negocio. 

¿Cómo bajar la demanda? Este es un tema en sí mismo y está relacionado con el posicionamiento y la comunicación (por ejemplo la campaña norteamericana: losers do drugs); pero el caso es que decidirse a enfocar esfuerzos por el lado de la demanda cambia, totalmente, la definición del problema. 

2.- Indocumentados.

Los norteamericanos pueden montar un muro en toda su frontera con México parecido al que había en Berlín Oriental; pueden premiar, lejos de castigar, a los rancheros que toman la ley por su propia mano y cazan ilegales; podrán aprobar o no una reforma migratoria. Pero mientras siga habiendo demanda por nanas, cocineras, jardineros, plomeros, y hasta ingenieros o científicos mexicanos, nuestros paisanos seguirán yendo para Estados Unidos. 

Otra vez, si la oferta de ilegales se restringe, el pago por hora tenderá a subir, lo que a su vez haría más atractivo y rentable cruzar a Estados Unidos. 

Si en realidad se quisiera acabar con el asunto de la migración ilegal, el tema se centraría en la demanda: cómo hacer que no quieran ir, que no sean contratados o bien remunerados. Sancionar la demanda, no a la oferta. 

México “secretamente” favorece la migración en función de su incapacidad para absorber a la fuerza de trabajo, además de la tremenda cantidad de divisas que generan los indocumentados. Y los quejosos norteamericanos no cesan de contratar ilegales absorbiéndolos como si nada a su pujante economía. La demanda es imparable y la oferta necesariamente la seguirá. 

3.- Terrorismo.

Este es un tema espinoso. Pero desde el punto de vista de causa-efecto, demanda-oferta, el pueblo español -convertido en el equivalente al “mercado”- involuntariamente envió un mensaje a los terroristas: matar gente y sabotear trenes sí funciona. 

De no haber ocurrido los ataques, José Luis Rodríguez Zapatero del partido Socialista difícilmente hubiera ganado las elecciones en España, ya que el partido de Aznar tenía un claro margen de ventaja a pesar de que el 90% de los españoles estaban en contra de la guerra en Iraq y del apoyo de Aznar a Bush. 

Pero finalmente, sondeos indicaban que el pueblo parecía apoyar a un líder asociado al progreso económico y le perdonaban lo de Iraq, porque –como dice un español radicado en México: “Aznar por lo menos es congruente, claro, y no se mueve por encuestas”; pero ante los bombazos, el voto se volcó en contra. La idea implícita de los terroristas: un golpe con puntería y se puede tumbar al que sea. 

La extrapolación es inevitable para las elecciones norteamericanas y así como la posibilidad de un evento similar para crucificar a Bush. La receta está escrita y parece funcionar. 

4.- Spam.

El spam sigue creciendo. Cientos de invitaciones vía mails no solicitados para hacer un download del video de Paris Hilton y su novio, junto con otros cientos de ofertas para obtener medicamentos, bases de datos, novias rusas, secretos de potencia sexual, clínicas de juventud, libros antiguos, películas de estreno, etc., fueron las razones para cambiar -por 3era vez- mi dirección electrónica. 

¿Cómo pueden hacer esto?, ¿Cuánto le pega a la productividad del mundo?, ¿A quién diantres le interesa este mugrero? 

A Ramiro no sólo le interesa, sino que le gusta mucho. Dice disfrutar leyendo el spam y es un comprador compulsivo de ofertas peculiares. “El spam me relaja, me informa, me entretiene. Me ayuda a saber lo que está pasando por el mundo”, dice. Pues sí. Si no hubiera gente como él, cesaría de existir el spam. Las pocas personas que le hacen clic nos la complican a todos los demás. 

Y otra vez. Querer detener el spam y la torrente de correos no solicitados con softwares especializados, o imponiendo multas a los spammers sería inútil. Si la demanda se da, cada tecnología será superada, cada ley burlada, cada hueco llenado. Los Ramiros del mundo seguirán jalando la oferta. 

Al clasificar juntos a las drogas, indocumentados, terrorismo y spam, sin duda puede caerse en la sobresimplificación -sobre todo por sus naturalezas y cargas tan disímiles-; pero al mirarlos bajo la perspectiva de las leyes del mercado tenderán a homologarse al igual que el resto de las industrias. 

La ley es la ley.

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Horacio Marchand

MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)    www.horaciomarchand.com 

horacioarrobahoraciomarchand.com

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