Una estratégica, que permite disipar la incertidumbre y planificar
comercial, patrimonial y financieramente las operaciones; la segunda o
comercial, donde se consideran y aplican las variables del marketing
internacional para penetrar el mercado seleccionado; y una tercera
logística, táctica u operativa, que permite con decisiones inmediatas
estudiar la conexión entre las plazas de origen y destino.
Por falta de dinámica y experiencia en la actividad, es común que el
novel exportador argentino, tienda erróneamente a encarar el negocio sen
un sentido inverso, analizando primero las acciones de corto plazo, para
luego y finalmente aplicar herramientas comerciales no siempre técnicas
despreciando los planos del diseño estratégico.
Esto es principalmente porque se trabaja por impulso, sea presionado por
factores del mercado interno, por parciales o tendenciosas informaciones
de terceros, o tentado por alguna oferta oficial de participación en
feria o misión comercial que no surge de una previa y minuciosa
investigación de mercados.
Ante ello, es fácil sentirse tentado a culpar a terceros de la propia
incapacidad. Así se podrá culpar a la situación política, económica o
social, más allá de que asista la razón por falta de reglas de juego
claras o contención paternal, o se despotricará contra la inoperancia de
los prestatarios de servicios, o en última instancia la culpa debieran
tenerla los mercados externos por no estar esperando y aceptando
prontamente la oferta de nuestros productos.
De hecho que ni el Estado es al momento el socio protector, y hasta
muchas veces ocurre que es el detractor por el equivocado extremo y
particular celo de sus funcionarios; los prestatarios de servicios a los
que se puede acceder manejan un acotado y redundante menú de
prestaciones para embalar, transportar, asegurar, certificar y hacer
cobrar las exportaciones, en tanto que el mercado externo, si bien
existe, es amplio y generoso, no está esperando el desembarco de
exportadores argentinos, ni otorgará preferencias porque el país este o
no en default, sea o no subdesarrollado o se disponga de un supuesto
buen producto dueño de atributos diferenciadores.
Esto ha sido así desde siempre, y no solamente en las actuales
circunstancias donde son muchos más los operadores que desean tentar la
suerte con los mercados de exportación.
Otro error común es la toma de decisiones en función de información
comercial parcial, desactualizada, subjetiva o insuficiente. Las
decisiones estratégicas que marcarán el rumbo del negocio requieren ser
tomadas en la certeza de una información actual y validada.
A efectos de lograr asegurar una mínima cuota de éxito en la
exportación, y más allá de los intereses del gobierno de turno, es más
que necesario, imprescindible planificar estratégicamente la incursión
en los mercados externos, tener en claro la visión, los propósitos y los
objetivos estratégicos a alcanzar, saber exactamente cuales son las
fricciones del negocio para poder cauterizarlas, establece los recursos
en cuanto a factor humano, procesos y tecnología; así como los valores
que guiarán la organización en su proceso de exportación.
Por ello, antes de culpar a terceros de la inacción, inoperancia e
incapacidad, es conveniente revisar la existencia y coherencia de diseño
de los planes estratégicos de internacionalización empresaria.
Este artículo proviene del sitio: La Venta Profesional © en www.hellerconsulting.com y ha sido escrito por Carlos A. Ledesma. Descubre muchos otros artículos y herramientas en Gestión y Dirección Profesional de Ventas, Calidad en Atención a Clientes y Comercio Internacional.
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