Excelencia informacional en la empresa
02-2005
Vivimos en la Sociedad de la Información. Y dentro de la empresa, en la
era del conocimiento y el aprendizaje permanente. Somos aquellos
trabajadores del saber, de que hablaba Peter Drucker hace 40 años, o a
ello nos vamos aproximando. Si el PC es nuestra herramienta, la
información viene a ser la materia prima de nuestro quehacer cotidiano.
Deberíamos dominar el saber del campo en que nos movemos, y además
tendríamos que estar generando nuevo conocimiento: ampliando el campo.
Ésta parece ser la fórmula de la prosperidad, de la supervivencia, del
acceso al futuro. Lo es porque así lo establece la competitividad,
aunque no siempre seamos conscientes de ello. Hemos de pensar que se
impone el conocimiento, y que éste proviene de la formación y la
información.
Años atrás se hablaba de la excelencia de las empresas, por
comparación con los modelos vigentes de gestión de la calidad; pero hoy
el propio modelo de la EFQM señala que a esta calidad-excelencia se
llega a través del aprendizaje permanente y la innovación. Pensando en
las personas como colectivo, las organizaciones más relacionadas con el
saber científico y técnico deben atender a la gestión del conocimiento y
la gestión de la imaginación. No es que desaparezca la gestión de las
personas tal como las hemos estado entendiendo en el siglo XX, pero ya
no resulta suficiente, por ejemplo, una gestión por competencias que
haga una foto fija sobre cada puesto de la organización; ni nos sirve
una evaluación cortoplacista del desempeño, ajeno éste a la proyección
de futuro de la empresa; ni nos vale siquiera la lectura que estábamos
haciendo del liderazgo de los directivos o del trabajo en equipo.
En la Sociedad de la Información, la excelencia de muchas organizaciones
ha de pasar también por la mejor gestión del conocimiento y la mejor
gestión de la imaginación. Estas organizaciones son tanto más excelentes
cuanto más dominen el conocimiento de su campo, y más contribuyan a
ampliarlo para satisfacción de todos. Naturalmente que la empresa ha de
obtener beneficios, satisfacer a los clientes, y contribuir a la
sociedad; pero la excelencia no puede separarse la prosperidad, y ésta,
en la Sociedad de la Información, presenta nuevas exigencias cada día.
Las empresas tienen que sumarse al knowledge and learning movement, al
avance de las TIC, a la innovación y la mejora permanente, por varios
motivos que podríamos abordar; pero no hay duda de que la prosperidad
exige este alineamiento.
No puede ser que una empresa sea ejemplar, excelente, modélica, hoy, y
un mero recuerdo mañana; la excelencia debe ser una etiqueta de
prosperidad, de adaptación a la marcha de los tiempos, de vanguardia en
el saber, de referencia en la innovación, de desarrollo colectivo, de
contribución al mejor futuro para todos.
La información, como materia prima
Hace años, en realidad décadas, era la alfabetización lo que nos
preocupaba, al perseguir la integración de todos los adultos en el mundo
laboral. Por seguir hablando sólo de la población adulta, hoy la
alfabetización tiene ya otro significado práctico, porque, por ejemplo,
la información escrita es cada día más compleja, y se presenta también
en soportes más complejos. La ciudadanía se ve ya obligada a manejar,
por ejemplo, cajeros automáticos, a interpretar complicados mapas de
trenes para desplazarse en cercanías, a utilizar electrodomésticos de
sencillo uso pero cuyas instrucciones parecen indescifrables, a
seleccionar lo que busca entre un montón de alternativas... Uno les
confiesa sus dificultades al respecto, con algunos aparatos electrónicos
modernos.
Pero es que observando también la vida en las empresas, incluso con
trabajadores y directivos de formación universitaria, advertimos que la
información ha adquirido un protagonismo cardinal, y que su consulta nos
pone a prueba. Cuando, después de conseguir varios títulos académicos,
parecía que pertenecíamos a la parte más desarrollada de la población,
resulta que nos perdemos a menudo en la complicada tarea del aprendizaje
permanente, de la interpretación de la información, de su evaluación, de
su síntesis, de su traducción a conocimiento para tomar mejores
decisiones y actuar con más eficacia. Curiosamente, a veces rechazamos
más información: no nos sentimos capaces de procesarla. Nuestra atención
y nuestra conciencia se nos muestran impotentes, para el volumen de
información que se nos ofrece.
No se trata ya sólo de manejarse bien con los ordenadores, lo cual ha
sido un reto para quienes los conocimos de adultos; se trata
especialmente de manejarse con su contenido, con la gran reserva de
información disponible, ya sea interna de las organizaciones o externa
del mundo profesional, más o menos avanzado, a que pertenecemos. No
podemos aceptar la idea del aprendizaje permanente —a lo largo y ancho
de la vida laboral— sin asumir su significado: la constante necesidad de
acceder a información necesaria para nuestro desempeño profesional, y a
la que hemos de saber convertir en conocimiento.
Si distintos colegas abordamos un tema de estudio consultando a
distintos autores, luego, al debatir entre nosotros, tenemos
dificultades para construir un conocimiento mayor; como si, además de
conocimientos, nos faltaran habilidades como la flexibilidad, la
amplitud de miras, el establecimiento de conexiones, la indagación, la
síntesis, la evaluación, la comprensión, el manejo de conceptos, el
pensamiento reflexivo... Lamentablemente, a veces se impone el
pensamiento fragmentario sobre el integrador, se impone el poder de
quien lo ostenta sobre el saber de quien lo atesora, se imponen las
emociones negativas sobre las positivas, se imponen las urgencias sobre
las importancias, se impone la información más accesible sobre la más
enriquecedora...
¿Se identifica el lector con estas inquietudes? Obviamente, algunas
industrias y algunas organizaciones dependen más que otras del saber,
pero probablemente el lector ha llegado a este texto porque pertenece al
colectivo de los knowledge workers y los lifelong learners. Sigamos
entonces reflexionando. Cuando asistíamos de alumnos a formación en
aula, parecía que el docente debía transmitirnos ya el conocimiento
elaborado y fácil de digerir (“masticado”); ahora, sin descartar el
aprendizaje en aula cuando tengamos necesidades comunes, será más
frecuente que nos busquemos nosotros mismos las soluciones de
aprendizaje, ya sea vía e-learning formalmente orquestado, o sea bajo
otras fórmulas establecidas, o sea bajo el mantra del “aprende como
puedas”.
Las empresas más basadas en el saber de sus personas, van disponiendo
sistemas de gestión del conocimiento e incluso procuran acceso a
Internet para sus empleados; pero a menudo falta en las personas la
pericia necesaria para manejarse en la Sociedad de la Información. No
puede sorprendernos que se hable de alfabetización informacional —
information literacy—, incluso entre personal titulado. Si aquella
alfabetización de décadas atrás suponía el acceso al mundo de la
educación y el aprendizaje, hoy puede hablarse de distintas
alfabetizaciones a diferentes niveles del desarrollo de la población, y
sin que seamos suficientemente conscientes de ello.
Puede hablarse de alfabetización digital o tecnológica pensando en las
herramientas y aparatos a utilizar en las empresas y organizaciones,
pero puede hablarse también de destreza en la generación y consulta de
información, materia prima por excelencia en los procesos económicos de
nuestros días. En la Sociedad de la Información, la prosperidad de las
organizaciones exige una cierta excelencia informacional en sus
directivos y trabajadores.
Conclusión
La gestión (y autogestión) de las personas apunta también a elementos
tales como:
Gestión del aprendizaje.
Gestión del conocimiento.
Gestión de la imaginación.
Gestión del sentimiento.
Y a todo esto no puede ser ajeno el concepto actual de excelencia, ni a
nivel colectivo ni a nivel individual. En suma, la excelencia
empresarial pasa hoy por conceptos como el lifelong learning, la
knowledge organization, la creatividad, la learning organization, las
competencias cognitivas y emocionales, el knowledge worker, la
comunicación oral y escrita, la serendipidad, el dominio personal, la
calidad de vida en el trabajo, la responsabilidad social, la intuición
genuina, la vocación profesional autotélica... Podríamos decir que, en
las empresas, la gestión del conocimiento constituye la expresión
interna de la Sociedad de la Información; y que esta idea y otras nos
conducen a una nueva forma de contemplar a las personas.
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Ing. José Enebral Fernández
"Consultor
de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y
nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación
continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante
métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en
diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training &
Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso,
Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
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