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Eran los tiempos de la apertura con el ingreso de México al GATT y
decidí pedir una distribución y convertirme en importador. Hice los
trámites, viajé, me entrevisté con varios directivos y 3 semanas después
llegó Harry, el presidente de la compañía, a conocer y dar su punto de
vista.
Visitamos tiendas, hablamos de negocios, vimos competencia, pero la
interacción más importante se centró en un partido de tenis. Saqué mi
raqueta vieja –de madera- y jugué uno de los mejores partidos de mi
vida. Harry con 64 años de edad y con un marcapasos, luchaba punto tras
punto como león. Corrimos, sudamos, gritamos, y tras un diplomático
empate quedó sellada una amistad, y de pasada la distribución para
nuestro país.
Me convertí en su oficina internacional número 7: Canadá, EUA, Europa
manejado desde Bélgica, Australia, Hawai, Hong Kong. Las compras se
consolidaban mensualmente de todas las sedes, para subir volumen y bajar
precios.
Harry había tomado las riendas del negocio a los 22 años debido a que el
fundador y sus ejecutivos mayores murieron en un accidente aéreo. Entre
sus primeras acciones fue el montar una red de
diseño-insumos-producción-venta y Corea fue su proveedor más
importante.
El negocio creció vertiginosamente, los descendientes del fundador
–ahora millonarios- adoraban a Harry. Como para celebrar el éxito,
construyeron un impresionante y moderno edificio.
Entre la nueva generación de ejecutivos Harry había contratado a
egresados de Wharton, Harvard y Yale. Una vez a la semana retacaban el
comedor con donas y café para planear, comer, bromear, era como una
familia y yo me sentía parte de ella. Pero este ambiente estaba a punto
de extinguirse.
Desde México empezó a sentirse algo extraño. Tras semanas, despidieron
al 80% de los Vicepresidentes y tomé un avión para ver qué pasaba.
Harry me recibió cabizbajo. Tenía 30 días para dejar el puesto. “Nobody
was watching the bottom line”, dijo.
El mercadólogo, el deal-maker, el mago de las relaciones públicas había
confiado la parte operativa y financiera a sus ejecutivos. Eran más de
30 años de trabajo y se había concentrado en lo que era fuerte: a crecer
el negocio a base de nuevos productos y mercados. Confió demás en su
gente pero los excesos asociados al éxito empezaban a carcomer.
La utilidad bajó y las inversiones en expansión e innovación se
frenaron, las ventas bajaron, el pánico llegó. Tras meses de drama,
grillas, intrigas, en una junta de consejo le pidieron su renuncia
porque el negocio se iba a vender a una compañía especializada en
revitalizar empresas en problemas.
Harry empacó sus diplomas, figuras, fotografías, la pelota de béisbol
con la que jugaba mientras hablaba por teléfono y se fue.
Llegó el nuevo staff y su líder era exactamente lo contrario a Harry: un
financiero llamado Mark.
Mark hizo lo esperado: despidos masivos, reducción de costos y gastos, y
más control. El edificio, recién estrenado, se puso en renta o venta. A
sus socios internacionales nos llamaron para decirnos que no pasaba
nada. Las broncas cotidianas de negocios lucían irrelevantes ante la
situación. La moral por los suelos.
Y empezó uno de los clásicos de la dirección de empresas, países, y
conductas personales: irse de un extremo a otro, se inició el bandazo
hacia el otro lado. El criterio ya no era el mercado, la demanda, la
innovación, sino el producto, la oferta, la estandarización; la pregunta
ya no era si iba a gustar, sino cuánto costaba; el interés ya no era
cuánto se podía vender, sino cuánto se podía ahorrar. Las ventas se
desplomaron. El espiral se desató.
Los nuevos dueños corrieron. No le entendieron al negocio y mejor lo
pusieron, por segunda vez en un año, a la venta.
Tras 3 meses llegaron los nuevos y se convertían en socios
mayoritarios.
Y el otro bandazo, ahora de regreso. Bob era una versión más joven de
Harry: enfocado al mercado y a la innovación de producto. El negocio
lentamente empezó a recuperar el paso y ante una organización reducida y
exprimida, regresaron las utilidades.
En mi caso, ya para estos años la producción internacional había migrado
a China, y de repente –conforme acuerdos del TLC- entró el impuesto
compensatorio de importación y pasó del 20% al 350%, lo que nos sacó de
mercado. Llegó el error de Diciembre, las tasas de interés crecieron 5
veces, se devaluó la moneda; adiós negocio.
Hay varias moralejas y la historia de Harry se puede parecer a muchas
otras: una gestión hacia el mercado genera crecimiento pero puede
generar descontrol; una gestión hacia lo financiero genera eficiencia en
el uso de recursos, pero puede mermar la innovación; una gestión hacia
la producción genera estandarización y reducción de costos, pero puede
reducir flexibilidad; y así sucesivamente.
Es como un malabarismo diario entre las diversas fuerzas del negocio. Es
hacer un poco más de una cosa para disparar el impulso, y luego frenar y
consolidar para luego repetir el ciclo, otra vez. En homeostasis plena
el negocio puede perder el ángulo competitivo.
Existe una tentación enorme de subordinar la innovación comercial a la
operación y las finanzas, pero se puede quedar desplazado y castigado
por el mercado.
Es más deseable, quizás, subordinar la operación y las finanzas a una
agresiva innovación comercial, pero cuidando que anden solamente un paso
atrás, ligeramente desplazados.
El autor actualmente es Director General de Marchand & Asociados, despacho de consultoría especializada en estrategia con enfoque a marketing, e-business, comunicación y retención de clientes. Entre las cuentas que atiende el despacho se encuentran: Famsa, Orbcomm y Data Satelital del Grupo Proeza, Deacero, Grupo Garza Ponce, Grainger, entre otras; para las cuales se han desarrollado estrategias de internet, e-marketing, diseño de web sites, estrategias de posicionamiento, planes de comunicación y publicidad, estrategias de marca, auditorías de imagen, etc. Dentro de su experiencia profesional en esta área, ha ocupando puestos para diversas empresas entre las que destacan Iusacell/Bell Atlantic (vicepresidente de Marketing), Alestra/AT&T (director de Ventas Zona Norte), Dakin de México (Fundador y Director General) y Holimaga (Director de Mercadotecnia). Es columnista de los periódicos Reforma de México, El Norte de Monterrey, El Mural de Guadalajara y la revista de negocios Mundo Ejecutivo. Ha sido ponente e instructor en un sinnúmero de congresos, conferencias y cursos para empresas privadas, relacionados con el área de mercadotecnia y administración. Ha sido catedrático por más de 15 años, actualmente imparte en la EGADE del ITESM la materia de Hipermarketing y en la Universidad Virtual del mismo instituto el curso de Marketing para Negocios Electrónicos. A nivel licenciatura imparte el curso de Mercadotecnia de Relaciones. Ha sido consejero y tesorero de la Cámara de Comercio de Monterrey (Canaco); asesor de la Confederación de Consejos Cívicos de las Instituciones (Cinlac) y miembro del comité ejecutivo de la Confederación de Cámaras de Comercio (Concanaco). Actualmente tiene a la venta su libro: "Hipermarketing", basado en un modelo que desarrolló él mismo; "El decálogo del mercadólogo" y "Marketer".
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