Una señora y sus 2 niños llegaron al establecimiento y le pidieron al
encargado que por favor lavara el carro por fuera, por dentro y por
debajo. Ante este pedido, el empleado le aclaró que no podía complacerla
porque no tenían el servicio del lavado “por debajo”. La señora
insistió: “échale una lavadita por debajo que el carro está lleno de
arena” ante lo cual el empleado le reiteró su negativa, sin justificar
mayores argumentos.
Acto seguido la señora en cuestión le preguntó en cuál otro auto lavado
podrían prestarle ese servicio ante lo cual el empleado señaló a otro
establecimiento ubicado a cinco cuadras aproximadamente.
Casi como un acto final, la cliente le preguntó al empleado dónde estaba
su supervisor.
Para hablar con él y probablemente rechequear toda la información
anterior, ante lo cual el empleado de forma inefable respondió: “El
supervisor soy yo” (¡!).
Ante este escenario, la señora tomó su carro y salió del negocio,
directa y muy probablemente hacia el auto lavado de la competencia,
remitida “por cortesía” del propio empleado!!!
Cree usted que la señora volverá nuevamente a este establecimiento? Y,
en caso de que vuelva, cree usted que este auto lavado será su primera
opción? O acudirá allí “porque no hay más remedio”. Adicionalmente, si
por casualidad alguien más, Un vecino, un familiar, le preguntara a
manera de referencia, “dónde queda un auto lavado”, cuál cree usted que
será su respuesta?
En síntesis, ¿Qué enseñanzas nos revela esta anécdota a la cual
seguramente usted no se sentirá ajeno? A mi entender, antes de escoger
el camino de culpar al empleado, primero hay que hacerse varias
reflexiones dirigidas al propietario o empresario dueño del auto lavado
y éstas preguntas arrancan por saber si alguna vez en la vida le habrá
dado instrucciones al empleado sobre cual es su verdadera y tal vez
única MISION como “encargado” del negocio.
Es que muchos de los problemas en las empresas, nacen precisamente por
el poco o nulo conocimiento de nuestra MISION en la organización donde
trabajamos.
Por ejemplo, para no despegarnos del ejemplo mencionado, el empleado del
auto lavado no sabe que su misión no es lavar carros sino más bien
generar la máxima satisfacción un sentimiento de felicidad en el cliente
que avala su negocio con su dinero y entender esto hace una diferencia
verdaderamente conceptual.
MISIÓN Y ACTITUD DE ¿servicio?
En otra ocasión nos encontrábamos mi esposa y yo, en un establecimiento
de estos llamados hipermercados o más bien “Makro mercados” realizando
unas compras domésticas y se nos ocurrió comprar un carrito metálico de
esos que se usan como carretilla para transportar objetos pesados.
Igualmente me interesé en un stereo para mi hijo, me gustó el precio que
observé en la etiqueta del anaquel y tomé una caja. Luego de hacer una
fila como de 25 minutos, la cajera me informa del precio del stereo y le
señalo que el precio que ella me está dando es diferente al que yo
aprecié 30 minutos antes en el estante de exhibición del producto que si
quería en prueba de mi buena fe, nos acercáramos al sitio para
corroborar los datos del producto. Su respuesta no fue en absoluto
sorprendente: “Espere un momento mientras llamo al supervisor”. No sé
cuanto tiempo después llegó el supervisor con todo y su Walkie Talkie y
nos fuimos a chequear el precio que indicaba el equipo de sonido en su
exhibición. En efecto, yo tenía razón, la etiqueta del precio estaba
ubicada justo debajo de la mercancía y además claramente señalada con
una flechita roja. La explicación del supervisor fue la de que “a veces,
la gente mueve la mercancía” entonces por eso no correspondía con las
etiquetas del precio. Entonces me ví obligado a traer yo mismo de
vuelta la caja y llevar otra con la del producto que “según el sistema”
si correspondía con el precio de la etiqueta.
Volviendo al carrito metálico, el primer problema se nos presentó para
conocer el precio exacto del producto, ya que por su tamaño, era
dificultoso llevarlo al aparatito que indica (cuando los indica) los
precios. El segundo obstáculo es cuando tratamos de preguntar a algún
empleado ya que no avistábamos a ninguno mil metros cuadrados a la
redonda. Arriesgándonos llevamos el carrito hasta la caja como parte de
la compra para que la cajera nos informara el precio y si nos convenía,
adquirirlo. El precio nos gustó y decidimos comprarlo. Mientras mi
esposa hacía la otra fila para chequear y probar la mercancía a la
salida del establecimiento, yo me fui a buscar la camioneta al
estacionamiento para, incluso por razones de seguridad, no atravesar
todo el parqueadero con la cantidad de artículos comprados.
Cuál seria mi sorpresa: un empleado “ayudaba” a mi esposa a transitar la
mercancía hasta nuestro carro cuando bajando el carrito metálico,
literalmente le abalanzó el mismo sobre sus pies. Muy poco le faltó para
ocasionarle una lesión. Muy poco.
A la salida del establecimiento se encuentra la oficina del gerente y a
un costado de su escritorio está colgado un enorme cuadro con la misión
y la visión de la empresa. En total conté 17 ítems al respecto.
En una nueva ocasión que visité el hipermercado me encontré a una
antigua estudiante trabajando como empleada en el área de “atención al
cliente”. Aproveché y le hice una pregunta bien intencionada: ¿Cuál es
tu misión en esta empresa? A lo cual me respondió: “Estarme aquí hasta
que consiga algo mejor”.
SATISFACCIÓN DEL CLIENTE: NUESTRO NEGOCIO
Los ejemplos mencionados ejemplifican en parte los graves efectos de no
comunicar asertivamente la misión de nuestras empresas, organizaciones e
instituciones de servicio a nuestros empleados. Es decir, comunicar
quiere decir que ellos entiendan, estén claros, estén de acuerdo y
garanticen que esa misión se cumpla en el ejercicio de sus funciones.
Y la ÚNICA misión de una empresa de servicios es crear una sensación tan
grande como sea posible de SATISFACCIÓN en sus clientes. De resto, todo
es secundario, alterno e incluso sobrante. Decimos satisfacción porque
no se trata de hacer feliz a nuestros clientes o por lo menos no
completamente felices, ya que nuestra misión no es –salvo que la empresa
sea una religión o un culto divinizado de los abundan por estos dias-
solucionarle al cliente todos los problemas de su vida.
El ciclo es bien sencillo de entender: Altos niveles de satisfacción
generan clientes contentos, quienes generan nuevas ventas, que a su vez
generan nuevas utilidades para la empresa, éstas deben ser reinvertidas
en el entrenamiento, compensación y motivación al recurso humano que a
su vez con una actitud de satisfacción en el servicio al cliente
generará nuevos clientes satisfechos y así sucesivamente.
Este ciclo puede aplicarse y es perfectamente válido para empresas
nuevas o consolidadas, enormes emporios o empresas del tamaño de un
pequeño auto lavado.
EL énfasis no simplemente en el servicio, sino en la satisfacción a los clientes que invierten su tiempo y dinero en nuestras empresas es e verdadero negocio. Entrenar contínua y sostenidamente a todos los miembros de la organización –empezando por los propietarios o presidentes de las empresas- para que sean ESPECIALISTAS EN SERVICIOS es la llave maestra que nos llevará a formar parte de una organización exitosa y competitiva.
Graduado en Ciencia Política con especialización en Mercadeo y Comunicación.
Profesor universitario y Locutor de Radio y Televisión.
Es autor de cuatro libros El Arte de Pensar Estratégicamente, Liderazgo Organizacional de Excelencia, Historias de Motivación y Excelencia, y El Fracaso No Existe.
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |