Fortuna desafortunada
03-2005
Jack Whittaker era un empresario exitoso de la construcción, radicado en
una apacible ciudad de West Virginia. Llevaba vida de hombre casado,
visitaba disciplinadamente dos iglesias, se dormía temprano y adoraba a
su nieta adolescente. Un día la vida le cambió: se ganó 114 millones de
dólares -después de impuestos- en la lotería, pero casi nadie le dice
afortunado, ni mucho menos suertudo.
Hizo lo que cualquier persona bien intencionada haría. Arrancó una
fundación de beneficencia, le dio a las iglesias que asistía unos 7
millones de dólares, contribuyó con la construcción de un nuevo templo,
apoyó económicamente a un sacerdote, y en total ha dado, según su
abogado, unos 20 millones de dólares a causas de los más necesitados.
En conferencias de prensa y entrevistas de televisión -que fueron
muchas- su discurso era el mismo: a él no le hacía falta el dinero, que
sólo deseaba que su esposa, su hija y su nieta aprovecharan de su buena
fortuna.
A su única y consentida nieta le compró un departamento, un auto, y le
daba varios miles de dólares cada día, aunque luego se lamentó de que
los muchachos sólo la buscaban por su dinero, pero esto sólo era el
principio de sus problemas.
Una noche le robaron a Whittaker 545 mil dólares en efectivo y cheques
de caja que había dejado en su camioneta mientras visitaba un bar de
bailarinas topless, llamado el Pink Pony, donde también se cruzaban
apuestas.
En la morbosidad incesante del pueblo, en particular cuando caen "los de
arriba", quedó establecida su reputación de parrandero y de estar fuera
de control.
Se le acusa también de haber amenazado de muerte al gerente de un bar y
de haberle hecho tocamientos a una edecán y solicitarle le enseñara sus
partes privadas. Desde que ganó la lotería lo han multado en dos
ocasiones por exceso de velocidad, así como por manejar en completo
estado de ebriedad.
Cuando confrontaron a Whittaker de su cambio de comportamiento dijo que
la pancreatitis que le habían diagnosticado años antes y sus 57 años de
edad, lo habían convencido de disfrutar de unos 10 buenos años que
todavía tenía.
Su esposa Jewel -ahora separada de Whittaker porque la dejó por otra
mujer - declaró que deseaba que su esposo nunca se hubiera sacado la
lotería, que le hubiera roto el boleto antes de que lo cobrara.
Pero lo más doloroso todavía no llegaba. Tras días de desaparecida, a
finales del año pasado, encontraron el cadáver de su nieta Brandi en una
camioneta fuera de la casa del que había sido su novio. La policía
anunció que el cuerpo tenía varios días sin vida. Se manejó una versión
no confirmada de sobredosis de drogas, en función de que meses antes, un
amigo de Brandi había fallecido en casa de los Whittaker por esta
causa.
Esta desafortunada historia le ha dado la vuelta al mundo y tiene
diversos ángulos e interpretaciones.
Quizá lo más impactante es que confronta directamente y le da al traste
a la fantasía de que si tan sólo tuviéramos mucho dinero, nuestra vida
estaría resuelta, pagaríamos todas nuestras deudas, ayudaríamos a
nuestra familia cercana y extendida, haríamos obras para ayudar a los
más necesitados, y por qué no, compraríamos y gastaríamos en nuestros
caprichos y excentricidades.
Ante lo acontecido con Whittaker, el dinero refuerza su noción de mito,
de poderoso en la creación y en la destrucción. También parece romper
con la idea de que el dinero es como una forma de llevar cuentas de
éxito, o un score, en el camino por la vida del materialismo
capitalista.
Hay una tentación, en particular por parte de los moralistas, de
concluir que le fue mal a Whittaker porque el dinero "no se lo ganó con
trabajo", sino "que se lo dieron". Esta visión tácitamente apela a lo
"maldito" del dinero y a la dimensión de culpa por ganarse algo
"inmerecidamente".
Una interpretación menos etérea y humanista pudiera explicarse a través
de la vulnerabilidad emocional y psicológica de las personas y la
propensión para perderse en el exceso.
Sin ninguna duda, en analogía al Rey Midas, Whittaker daría toda su
fortuna ganada, y la que le quedara, para que su nieta regresara a la
vida. Pero no se trata de un juego de suma cero, donde lo que se gana en
un lado se tiene que perder en otro. No se trata necesariamente -como lo
describían los griegos- de que la gloria forzosamente tiene que pagarse
con tragedia, ni de una historia que pueda extrapolarse para todos los
casos de fortuna repentina.
Tampoco hay que ser tan pesimistas. La gente con dinero -ganado,
heredado, o regalado- en general tiende a ser más saludable,
equilibrada, longeva e instruida, o por lo menos así lo han concluido
varios estudios desde hace años atrás.
Tras una fortuna inesperada, también pueden salir las cosas bien; se
pueden mejorar los niveles de vida, asegurar la educación de las
siguientes generaciones, ayudar a los necesitados, fundar movimientos u
organizaciones altruistas. La fortuna puede compartirse y sembrarse para
hacerla florecer en causas tantos filantrópicas como egoístas.
¿Quién no ha comprado boletos de lotería? ¿Quién no ha guardado el deseo
oculto de hacerse millonario de golpe, de acertar rotundamente en los
negocios, de comprar acciones que suban vertiginosamente su valor, de
heredar de algún misterioso y lejano pariente?
Para cerrar, viene al caso un fragmento que escribió Víctor Hugo en el
Siglo XIX:
Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro
no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al
desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario
dejar que fluyan entre nosotros.
Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico, Y
que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero frente a ti y
digas: "Esto es mío". Sólo para que quede claro quién es el dueño de
quién.
¿Tu qué harías con 114 millones de dólares?.
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Horacio Marchand
El autor actualmente es Director General de
Marchand & Asociados, despacho de consultoría especializada en
estrategia con enfoque a marketing, e-business, comunicación y retención
de clientes. Entre las cuentas que atiende el despacho se encuentran:
Famsa, Orbcomm y Data Satelital del Grupo Proeza, Deacero, Grupo Garza
Ponce, Grainger, entre otras; para las cuales se han desarrollado
estrategias de internet, e-marketing, diseño de web sites, estrategias
de posicionamiento, planes de comunicación y publicidad, estrategias de
marca, auditorías de imagen, etc. Dentro de su experiencia profesional
en esta área, ha ocupando puestos para diversas empresas entre las que
destacan Iusacell/Bell Atlantic (vicepresidente de Marketing),
Alestra/AT&T (director de Ventas Zona Norte), Dakin de México (Fundador
y Director General) y Holimaga (Director de Mercadotecnia). Es
columnista de los periódicos Reforma de México, El Norte de Monterrey,
El Mural de Guadalajara y la revista de negocios Mundo Ejecutivo. Ha
sido ponente e instructor en un sinnúmero de congresos, conferencias y
cursos para empresas privadas, relacionados con el área de mercadotecnia
y administración. Ha sido catedrático por más de 15 años, actualmente
imparte en la EGADE del ITESM la materia de Hipermarketing y en la
Universidad Virtual del mismo instituto el curso de Marketing para
Negocios Electrónicos. A nivel licenciatura imparte el curso de
Mercadotecnia de Relaciones. Ha sido consejero y tesorero de la Cámara
de Comercio de Monterrey (Canaco); asesor de la Confederación de
Consejos Cívicos de las Instituciones (Cinlac) y miembro del comité
ejecutivo de la Confederación de Cámaras de Comercio (Concanaco).
Actualmente tiene a la venta su libro: "Hipermarketing", basado en un
modelo que desarrolló él mismo; "El decálogo del mercadólogo" y
"Marketer".
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