En el proceso de planear la gestión de ventas se hace un recorrido
que se inicia desde la revisión de las características de la empresa y
que conduce a la determinación de mecanismos de evaluación permanente
sobre todas las propuestas y ejecuciones que involucran a mercadeo,
ventas, servicio al cliente, logística y cartera, dentro del marco de
los principios establecidos en el marketing uno a uno y la
estructuración de toda la organización en función de la satisfacción de
las necesidades y expectativas de los clientes priorizados.
Por esta razón, todos los estrategas comerciales se integran en la
revisión y puesta en marcha de una serie de pasos o etapas mínimas que
recopilan las propuestas incorporadas en el plan de marketing
relacional, en coherencia con los lineamientos y directrices consignados
en el plan de desarrollo corporativo.
Esta secuencia implica agotar los siguientes pasos:
1. Conocimiento de la empresa
2: Conocimiento de las características del producto
3: Conocimiento de los segmentos de clientes objetivo
4: Conformación de las bases de datos pertinentes
5: Establecimiento de las estrategias de abordaje
6: Acciones de mercadeo directo
7: Planeación del trabajo de campo
8: El juego presupuestal
9: El equipo de trabajo
10: Evaluación permanente
Los cuales se describen a continuación:
1. Conocimiento de la empresa
En cumplimiento de los objetivos gerenciales que se han asignado en
torno a la rentabilidad, crecimiento, posicionamiento y competitividad
que debe lograr toda organización, una de las primeras consideraciones a
tener en cuenta, se deriva de la naturaleza de la empresa misma.
El análisis tiene como punto de partida el adecuado dimensionamiento de
la capacidad operativa de la organización, la estructuración de la
empresa en función de la satisfacción de las expectativas de los
usuarios o consumidores, la disponibilidad de un equipo de trabajo lo
suficientemente cualificado y siempre actuar bajo el sano criterio de no
provocar un mercado que no se esté en capacidad de atender.
2. Conocimiento de las características del producto
En segunda medida, se deben tener en consideración todos aquellos
atributos y beneficios que obtiene el consumidor o usuario al adquirir o
acceder al bien o servicio.
En el caso correspondiente a las características de intangibilidad de
los servicios, se va a exigir un importante esfuerzo por parte de la
empresa y de su fuerza de ventas, para hacer que el usuario logre una
visualización del servicio adquirido, en un evento que en definitiva le
muestra al cliente una coherencia entre los argumentos de venta
expuestos y los beneficios ganados, permitiéndole la construcción de una
imagen mental que facilitará la decisión de compra.
Otro de los elementos que deben ser resaltados, corresponde a la
importancia de garantizar, tanto al interior de la empresa como hacia
los clientes, unos estándares de calidad homogéneos, dado que es muy
frecuente que se generen quejas en tal sentido y se vean afectados los
procesos de recompra.
Aquí, juega un papel muy importante resaltar la calidad del recurso
humano y el nivel tecnológico involucrados, en la medida que se
constituyen en valores agregados a la interrelación cliente interno -
cliente externo.
Por supuesto que todos estos elementos expuestos obligan a un alto
nivel de integración entre el equipo de trabajo encargado de la
actividad técnico productivo y el responsable de las actividades de
comercialización, para evitar incoherencias e inconsistencias que serían
fácilmente percibidas por los clientes y que conducen a la pérdida de
credibilidad e imagen de la entidad, con la consecuente caída en el
número de clientes y los volúmenes de ventas previstos.
3. Conocimiento de los segmentos de clientes objetivo
El paso a seguir debe abordar la tarea de micro segmentar lo mejor
posible el total de clientes objetivo, entendiendo que hay conjuntos de
personas con características, actividades, actitudes, opiniones e
intereses bien diferenciados y que, en la medida en la cual logren
integrarse en grupos homogéneos, se facilitará su conocimiento, y
análisis, para identificar las mejores acciones posibles que satisfagan
las expectativas de cada uno, definiendo labores de micro mercadeo y
conformando las unidades estratégicas que han de regir el que hacer de
la empresa.
En el transcurso de la micro segmentación se deberá considerar la
naturaleza y características de los clientes, como personas naturales o
jurídicas, la vigencia del vínculo que se tiene con la empresa, los
volúmenes de compra, los hábitos de compra y los hábitos de consumo, al
igual que toda aquella información que se requiera en la comprensión de
su comportamiento en general y que faciliten la identificación puntual
de los grupos objetivos, con su correspondiente cuantificación.
4. Conformación de las bases de datos pertinentes
Tomando como fundamento los criterios que se fijaron en la micro
segmentación, el paso a seguir conduce a la determinación del número de
personas u organizaciones que componen cada uno de ellos, construyendo
los datos que faciliten su posterior contacto.
Estas bases de datos primarias pueden ser levantadas a partir de fuentes
de información documentales existentes al interior de la empresa o a
nivel de organizaciones gremiales e institucionales, publicaciones,
directorios, etc.
También pueden ser conformadas contando con la información recopilada
directamente por la fuerza de ventas, por personal de contacto directo
con los clientes o bien, por medio de instrumentos para la captura de
registros, como encuestas y formularios, pero siempre obedeciendo a los
lineamientos y criterios establecidos en la micro segmentación.
5. Establecimiento de las estrategias de abordaje
Las maniobras de abordaje de los clientes están asociadas básicamente a
las estrategias de mercadeo que se estipulan como las más adecuadas a la
realidad encontrada para el mercado como un todo y para los segmentos en
concreto.
Estas acciones suponen suficiente claridad en cuanto al portafolio de
productos que se presentará para cada grupo de clientes, donde no
necesariamente se ofertará todo para todos, siendo posible hacer
presentaciones parciales de los servicios ofrecidos.
También debe haber claridad tanto de las políticas como de las
estrategias de precio con que se afrontará cada micro segmento,
reconociendo que pueden ser potencializados al establecer precios
diferenciales consistentes con la capacidad adquisitiva que cada uno
pueda tener.
De otra parte, se debe tener definido un plan de medios afín con la
estrategia publicitaria y promocional, que contribuya a la imagen
corporativa y la identidad de cada producto incluido en el portafolio,
contando con el soporte de labores de mercadeo directo integrado, con
acciones de telemercadeo, uso del correo directo y del internet.
La otra tarea que implica el abordaje, está asociada a la selección de
la red de prestación de servicios o a la red de distribución y las
particularidades que garanticen su eficiencia en la atención de los
clientes, quienes también han de contar con medidas concretas de
servicio al cliente, entendidas fundamentalmente como estrategia de
mercadeo y ventas, antes que como labores de cultura organizacional,
comprometiendo a los clientes internos en esta intencionalidad.
Es claro que a esta altura del análisis, definir las estrategias de
mercadeo facilitará la labor de la fuerza de ventas, no solo por la
difusión de la empresa y de sus productos, al igual que el nivel de
conocimiento alcanzado por los clientes objetivo y el mercado en
general, sino también por que cada una de las tácticas definidas se
constituye en argumento de ventas y en alternativas de respuesta a
eventuales objeciones frente al bien o servicio.
6. Acciones de mercadeo directo
A partir de los anteriores pasos, se sucede una serie de momentos
enfocados al trabajo de campo, que comienzan con labores de telemercadeo
de verificación y consolidación de las bases de datos, para dar paso a
una campaña de expectativa, que se hará simultáneamente con correo
directo, manejo de impresos y uso de medios de comunicación acordes con
los grupos de clientes objetivo, para luego retomar el telemercadeo,
ahora enfocado a agendar la labor de la fuerza de ventas, concretando
citas con los clientes potenciales.
7. Planeación del trabajo de campo
Una vez ubicados los clientes potenciales y precisada la agenda de
visitas, se adelanta una identificación de su localización física, para
que con base en esta actividad, se pueda tener una visión de la
distribución geográfica de los clientes y se entren a definir unos
criterios de delimitación geográfica o de zonificación que facilitarán
la adecuada cobertura del mercado objetivo, desde el punto de vista
territorial.
Ya al interior de cada zona, se establecerán los ruteros, o secuencias
de visita, que permitan la potencialización del trabajo de campo de la
fuerza de ventas, al fijar una serie de criterios sobre los cuales se ha
de determinar el número de clientes a visitar, calculados desde la
ponderación de los tiempos promedios de visita más los tiempos promedio
de desplazamiento.
Por supuesto, los estimativos varían de grupo en grupo de clientes y de
acuerdo con el proceso de venta, el tipo de producto y las
características del tipo de clientes promedio del segmento, pero, en
cualquier sentido, lo esencial es que bajo estos parámetros se pueden
llegar a construir informes de logro e indicadores de avance de la
gestión de ventas como un todo.
8. El juego presupuestal
De manera simultánea a las labores de trabajo de campo, se abre camino a
una tarea bastante importante que está relacionada con la adopción de
procesos de diferido, aplicados a la carga presupuestal asignada para el
período y para la totalidad del equipo de trabajo.
Independientemente de la mecánica con que se ha determinado el
presupuesto y más allá de cuales personas o cargos lo hayan establecido,
diferir las cargas presupuestales contribuye y garantiza en gran medida
al cumplimiento de las metas de ventas del producto, dado que están
incorporando factores críticos para el buen logro de la gestión, tales
como tiempo, ( año, mes, semanas, días....), zona geográfica, ( zona,
rutero, cliente, ...) equipo de trabajo, ( gerente, asistente,
supervisor, vendedores, ...), que, como bien se nota, son factores que
se encuentran integrados e interrelacionados.
Al identificar los logros parciales de la gestión de ventas se gana
igualmente en el ajuste de los resultados, de periodo a periodo, de zona
a zona, e incluso, de cliente a cliente, ya que al tener un control
sobre éstos, se pueden adoptar los correctivos que eviten desfases
mayores a los que pudieran darse por cualquier eventualidad originada en
el mercado, facilitando el cumplimiento de las metas presupuestales ya
señaladas.
9. El equipo de trabajo
Toda la estructura hasta aquí presentada retoma una consideración que ha
ganado espacio en las empresas: la profesionalización de la fuerza de
ventas.
Nada gana la empresa si su equipo de colaboradores no se encuentra
preparado de manera idónea para asumir la responsabilidad de ser los
ejecutores de las tareas señaladas, así como también se pierde cuando se
enfrenta a los clientes objetivo con una fuerza de ventas que no esté
capacitada y motivada para cumplir a cabalidad con las labores
asignadas.
De ahí que sea necesario tener claridad en los criterios y procesos de
selección de la fuerza de ventas, así como en la labor de formación y
desarrollo de la misma, sin dejar de lado la valoración de las
condiciones socio económicas, de crecimiento y desarrollo personal,
tanto como profesional, que ofrece la empresa.
En definitiva, se debe conformar una fuerza de ventas que esté a la
altura de los clientes.
10. Evaluación permanente
El requisito final en la planeación de la gestión de ventas concierne a
la exigencia de hacer permanentes evaluaciones, tanto de entrada, como
de proceso y de salida, para así identificar las metas alcanzadas y
confrontar estos resultados con las metas presupuestadas.
Esta evaluación también habrá de señalar aquellos componentes críticos
que han incidido en algún resultado desfavorable para la organización,
anticipando las medidas correctivas a que hubiera lugar, siempre bajo
criterios que contribuyan a sacar adelante un proceso de mejoramiento
continuo.
De aquí se deriva una serie de tareas muy importantes, que ayudan a
retro alimentar los procesos cumplidos y a garantizar la conquista de un
cliente satisfecho con los productos que ha solicitado y que la empresa
le ha ofrecido, dando paso a la reiniciación de un nuevo ciclo, que
superará con creces las metas presupuestales y dará aportes para que la
gestión gerencial pertinente sea mejorada paulatinamente, siempre en
función del cliente.
Migdio Antonio Martínez Lizarazo
Docente
y Consultor Colombiano, Master Executive en Gestión Internacional de la
Empresa, de la Escuela de Organización Industrial E.O.I. de Madrid
España, en Convenio con la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Economista,
con Postgrado en Administración de la Calidad, de la Universidad Santo
Tomás, en Convenio con el ICONTEC. Diplomado en Gerencia de Mercadeo y
Ventas, de La Universidad Industrial de Santander U.I.S. diplomado en
Alta Gerencia en Servicio al Cliente, de la Universidad de la Salle.
Diplomado en Gerencia de Marketing para Empresas de Servicios, de la
Universidad de La Salle. C.A.P. (Certificado de aptitud profesional) de
Docente en Ventas, del Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA.
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