La inercia puede acabar con una empresa porque el mundo, los clientes
y los competidores cambian. Y la inercia por definición se asemeja a una
línea continua donde nada diferente puede pasar si se sigue haciendo lo
mismo.
Crisis es cambio. La destrucción obliga a la creación. Un comienzo
siempre es el fin de algo. A veces hay que destruir (en connotación
positiva), para construir. A veces hay que empezar de cero, como si no
hubiera inversión en el pasado.
El desafanarse del pasado cuesta y puede ser equiparable a un entierro.
Es difícil enterrar a alguien, a una idea, a una empresa, a una
tecnología, o a una relación.
Hace algunos años ocurrió un entierro que resultó memorable para todos
los ahí presentes.
Ya en el panteón, con toda la gente alrededor de la tumba y con una
lluvia leve, el nieto mayor del fallecido se paró en el centro de la
tumba y levantó los brazos.
Sonriendo, contó anécdotas de su abuelo como celebrando la vida que tuvo
y resaltando toda la nueva vida -con familiares, nietos y bisnietos- que
había engendrado.
Los presentes, al principio un tanto desconcertados, al ver al espíritu
del joven entusiasmado empezaron a sonreír y a soltar carcajadas.
Acto seguido el nieto pidió a los presentes que lo acompañaran en una
canción. Y todos se unieron a formar un coro alegre. Fue una buena
lección.
Hay que dejar ir. Hay que saber dar marcha atrás. Hay que saber
vencerse.
Hay que saber enterrar para que el nuevo ciclo tenga oportunidad.
Algo parecido a un entierro tuvo que vivir Andy Grove, cuando en 1985,
entonces presidente de Intel, visitó la última planta productora de DRAM
(dynamic random access memory). El mensaje para el personal fue que
Intel dejaría de producir DRAMs y prácticamente se fue a despedir.
Intel había sido el líder pero para 1983, el mercado estaba
sobreofertado. En 1972, el chip de Intel había sido el circuito
integrado más vendido en el mundo, y se le acreditaba más del 90% de las
ganancias de Intel, además de tener casi el 100% de la participación del
mercado de los chips.
Pero al principio de los ochentas, los grandes productores de DRAMs
entraron al mercado estadounidense y empezaron a pegar duro.
En un periodo de 3 meses en el verano de 1984, el precio de los DRAMs
cayó un 40% e Intel sufrió al igual que la industria y empezó a perder
dinero.
La respuesta de Intel fue una serie de agonizantes reuniones donde las
soluciones eran francamente conflictivas. El mismo Grove luego admitiría
que tomar la decisión estratégica aparentemente sencilla de salir del
mercado del random-access memory, se vio bloqueada por los lazos
emocionales que los fundadores y ejecutivos tenían por los chips, y que
eran la esencia de Intel.
Una fascinante conversación -digna de una película de Hollywood- tuvo
lugar en el otoño del mismo año entre Grove y Gordon Moore, CEO. Grove
le preguntó a Moore: “si nos corrieran y trajeran a un nuevo CEO, ¿qué
crees que haría él?”. Moore, sin titubear contestó: “Nos sacaría de las
memorias (del negocio DRAM)”.
Después de un momento de silencio, Grove nuevamente le pregunta: “¿Por
qué no, tú y yo, salimos de la oficina, volvemos a entrar y lo hacemos
nosotros mismos?”
Y ahí empezó todo, la siguiente fase, el punto de Inflexión, como lo
acuño Grove (con datos de Creative Destruction/ Foster & Kaplan; Only
the Paranoid Survive/ Grove).
Una empresa mexicana mediana, enfrentó un dilema parecido.
Estaban en junta el dueño de una fábrica, sus directivos y sus tres
hijos. Era una sesión de estrategia y estaban definiendo el destino de
la compañía.
El fundador, ya de 77 años de edad, insistía que las cosas andaban bien
y que todo era cuestión de productividad y eficiencia -como lo había
sido en los últimos 35 años-. La premisa era que si se bajaban los
gastos más, y más y más, el negocio tenía que ser exitoso, y de esa
postura nadie lo sacaba.
Pero el problema no era éste; no era un asunto de incrementalismo (ver
artículo previo Incrementalismo), sino de estrategia de negocio ante un
entorno cambiante.
Al paso que iban la empresa terminaría quebrando. No se le puede sacar
agua a una piedra. Pero él seguía terco.
Uno de los presentes le preguntó: “Si usted tuviera todo el dinero y
todo el tiempo del mundo qué haría con su fábrica?”.
Sin titubear, el fundador le dijo: “renovaría la maquinaria, eliminaría
líneas de producto, me enfocaría en estos segmentos, y haría un esfuerzo
consciente por exportar más”.
Todos aplaudieron en silencio: la perspectiva no se había perdido.
¡Bravo!
La siguiente pregunta fue... ¿Y por qué no lo hacemos?
Y la respuesta desanimó a la audiencia: “Porque no hace falta, hay que
bajar gastos”. El fundador volvió a aferrarse a su esquema mental
“eficientista” de las últimas cuatro décadas, como si hubiera sido otra
persona la que había hablado con lucidez hace apenas unos minutos.
Desaprender puede ser más difícil que aprender y dejar de repetir más
difícil que imaginar.
Para renacer, reinventar, replantear y revolucionar, uno tiene que morir
un poco para dar espacio a lo nuevo.
Para esto se requiere perspectiva, humildad, entender la ley del
sacrificio (unas cosas por otras) y sobretodo valor para actuar.
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
El autor actualmente es Director General de Marchand & Asociados, despacho de consultoría especializada en estrategia con enfoque a marketing, e-business, comunicación y retención de clientes. Entre las cuentas que atiende el despacho se encuentran: Famsa, Orbcomm y Data Satelital del Grupo Proeza, Deacero, Grupo Garza Ponce, Grainger, entre otras; para las cuales se han desarrollado estrategias de internet, e-marketing, diseño de web sites, estrategias de posicionamiento, planes de comunicación y publicidad, estrategias de marca, auditorías de imagen, etc. Dentro de su experiencia profesional en esta área, ha ocupando puestos para diversas empresas entre las que destacan Iusacell/Bell Atlantic (vicepresidente de Marketing), Alestra/AT&T (director de Ventas Zona Norte), Dakin de México (Fundador y Director General) y Holimaga (Director de Mercadotecnia). Es columnista de los periódicos Reforma de México, El Norte de Monterrey, El Mural de Guadalajara y la revista de negocios Mundo Ejecutivo. Ha sido ponente e instructor en un sinnúmero de congresos, conferencias y cursos para empresas privadas, relacionados con el área de mercadotecnia y administración. Ha sido catedrático por más de 15 años, actualmente imparte en la EGADE del ITESM la materia de Hipermarketing y en la Universidad Virtual del mismo instituto el curso de Marketing para Negocios Electrónicos. A nivel licenciatura imparte el curso de Mercadotecnia de Relaciones. Ha sido consejero y tesorero de la Cámara de Comercio de Monterrey (Canaco); asesor de la Confederación de Consejos Cívicos de las Instituciones (Cinlac) y miembro del comité ejecutivo de la Confederación de Cámaras de Comercio (Concanaco). Actualmente tiene a la venta su libro: "Hipermarketing", basado en un modelo que desarrolló él mismo; "El decálogo del mercadólogo" y "Marketer".
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