La vida del consumidor circula por la vía rápida. Los padres apenas y
alcanzan a seguirles el paso a sus hijos acusándolos en silencio de
caprichosos. Paradójicamente, los padres siguen exactamente el mismo
patrón, pero los "juguetes" son diferentes.
En el caso del niño, tiene el espejo de su baño repleto de calcomanías
de diferentes personajes. Hay unas más viejas que otras y funcionan como
testimonio de la evolución acelerada de un consumidor.
Barney, Mario Bros, guerreros Pokemón, tazos, Power Rangers, Hércules,
Tarzán, Batman, Superman, Harry Potter, el Señor de los Anillos, y ya
pegó la del Hombre Araña -porque ahí viene la nueva película-.
Quién lo trajo primero a la escuela, quién vio el estreno de la
película, quién tiene la mochila más actualizada, quién tiene más de
esos juguetes. Parece una lucha sin sentido; si desde niños traen esto,
¿qué pasará cuando crezcan?
Pues es igual.
En el adulto, estrenar un BMW genera un placer parecido al niño que
lleva una mochila de Harry Potter en su espalda. Lo mismo ocurre con la
mujer: tiene que llevar un vestido nuevo a la boda porque de eso depende
el éxito de la noche.
Algunas ideas con relación a esto:
1.- La moda. Este concepto apela a que la persona sienta que está
informada y al corriente de los acontecimientos y lanzamientos. Estar
"in" es mejor que estar "out". Estar "in" te hace pertenecer, estar
"out" te excluye. Nadie quiere estar fuera.
2.- La competencia. Se atribuye un status especial a quienes fueron
primero a algún lado o a los que exhiben posesión de algo caro.
Dependiendo de la clase social, entre los niños puede ser Disney; entre
las familias puede ser Atlantis en las Bahamas; entre las parejas puede
ser el "nuevo" crucero por las islas griegas, Estambul o Bora Bora.
3.- El hueco. El humano nace y existe, pero no se comprende. La
cotidianidad y el beneficio de corto plazo rebasa a la reflexión y a lo
fundamental de la vida. Hasta la muerte, las preguntas de quiénes somos,
por qué estamos y a dónde vamos, siguen presentes; a veces parecen
apagarse en el barullo del quehacer, a veces parecen golpear en la
cabeza demandando que se contesten; pero siempre están ahí. Una salida
rápida, inconsciente y usual es comprar. "Compro, luego existo". Al
comprar se reafirma nuestra autopercepción y tocamos, aunque sea por un
instante, lo que aspiramos ser. Ante la carencia de definición, explicar
nuestra persona con lo que tenemos parece mucho más sencillo.
¿Somos más lo que hacemos, lo que tenemos, o lo que somos? ¿En qué
proporción?
4.- El status. Un empresario maduro, dueño de uno de los grupos
industriales más grandes de México, conduce, él mismo, un auto modelo
1992. El señor no necesita más. Ya tuvo una vida completa para demostrar
su valía y ahora los símbolos externos, como traer un auto de lujo del
año, parecen banales. Pero este respetable señor es la excepción.
El mundo parece vibrar con otra frecuencia. Algunos jóvenes con casas
pequeñas y descuidadas cuentan con su Audi, Mercedes o BMW en la
cochera. Prefieren invitar socialmente a cenar y pasar por la pareja en
el auto, que invitarlos a su casa.
Entre las mujeres la joyería, la vestimenta y el corte de pelo, son
algunos de los símbolos de status. Debe ser difícil para la jovencita
que le acaban de dar anillo de compromiso le pregunten ¿de cuántos
quilates es?
5.- La liga. Numerosos estudios demuestran el grado de bienestar e
incluso euforia cuando se compra. Comprar es un placer: "me encanta
gastar dinero". ¿Habrá algún momento tan satisfactorio como el regresar
después de un día completo en el centro comercial repleto de bolsas e ir
sacando, uno a uno, los objetos comprados? Algo nos está diciendo esta
sensación. Como si nuestros problemas y defectos fueran borrados
temporalmente por el mágico hecho de comprar.
6.- La impermanencia. Lo peor es que esta sensación no dura. El vestido
nuevo que hacía emerger a la femme fatale de la ecuánime señora, el auto
nuevo que daba seguridad al señor, los nuevos tenis que hacían veloz y
moderno al niño; todos acaban en lo mismo: el efecto se termina, la
euforia se desvanece y muy pronto, ya se quiere otra cosa nueva.
Habrá voces que digan que por eso la mercadotecnia -entendida
incorrectamente como publicidad-, es mala: porque genera necesidades;
pero esto es falso. Las necesidades existen, las formas en que se
satisfacen son las que varían.
La necesidad humana de esparcimiento, por ejemplo, ahí está: si es un
viaje, una película, Nintendo, chatear, jugar soccer o golf; sólo busca
satisfacerse a través de diferentes medios.
Lo mismo ocurre con la necesidad de ahorrar tiempo con lavadoras y
secadoras automáticas; la necesidad de sobresalir con joyería y
vestimenta; la necesidad de estar informado con libros, documentales,
diarios, revistas; y así sucesivamente.
Es aquí donde radica el dominio del mercadólogo: dado que la necesidad
existe, cómo hacer para llenarla con algo que nos favorezca desde el
punto de vista de negocio.
MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
El autor actualmente es Director General de Marchand & Asociados, despacho de consultoría especializada en estrategia con enfoque a marketing, e-business, comunicación y retención de clientes. Entre las cuentas que atiende el despacho se encuentran: Famsa, Orbcomm y Data Satelital del Grupo Proeza, Deacero, Grupo Garza Ponce, Grainger, entre otras; para las cuales se han desarrollado estrategias de internet, e-marketing, diseño de web sites, estrategias de posicionamiento, planes de comunicación y publicidad, estrategias de marca, auditorías de imagen, etc. Dentro de su experiencia profesional en esta área, ha ocupando puestos para diversas empresas entre las que destacan Iusacell/Bell Atlantic (vicepresidente de Marketing), Alestra/AT&T (director de Ventas Zona Norte), Dakin de México (Fundador y Director General) y Holimaga (Director de Mercadotecnia). Es columnista de los periódicos Reforma de México, El Norte de Monterrey, El Mural de Guadalajara y la revista de negocios Mundo Ejecutivo. Ha sido ponente e instructor en un sinnúmero de congresos, conferencias y cursos para empresas privadas, relacionados con el área de mercadotecnia y administración. Ha sido catedrático por más de 15 años, actualmente imparte en la EGADE del ITESM la materia de Hipermarketing y en la Universidad Virtual del mismo instituto el curso de Marketing para Negocios Electrónicos. A nivel licenciatura imparte el curso de Mercadotecnia de Relaciones. Ha sido consejero y tesorero de la Cámara de Comercio de Monterrey (Canaco); asesor de la Confederación de Consejos Cívicos de las Instituciones (Cinlac) y miembro del comité ejecutivo de la Confederación de Cámaras de Comercio (Concanaco). Actualmente tiene a la venta su libro: "Hipermarketing", basado en un modelo que desarrolló él mismo; "El decálogo del mercadólogo" y "Marketer".
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