Realizar coaching en el lugar de trabajo implica transitar una línea
muy delgada entre las necesidades y deseos de la persona y los
resultados buscados por la organización. El coach, ¿debe ayudar a la
persona o a la organización?.
Contrariamente a lo que muchos piensan, la tarea de un coach no es la de
un terapeuta o un psicólogo, aunque muchos lo sean de profesión. El
coaching no es terapia (aunque a veces resuelve conflictos). Se trata de
profesionales que ayudan a las personas a conocerse mejor y a sacar lo
máximo de sí mismas.
¿Por qué, entonces, una empresa invierte en coaching? ¿No pueden acaso
los empleados resolver sus problemas personales en su casa, en una
iglesia, con su analista, o en un curso de desarrollo personal? La
justificación de esta inversión está dada por la mejora del desempeño
que se logra, la cual causa -a su vez- un impacto favorable en la
empresa.
Uno de los principios del coaching valida este argumento: las personas
se desempeñan mejor cuando actúan en armonía con sus auténticos deseos .
Las compañías con mejor desempeño son aquellas que apoyan el desarrollo
de su personal. Y, como retorno de esta inversión, los empleados
construyen un mejor lugar de trabajo.
Cada vez más compañías ven a las personas como el recurso principal y
procuran capacitarlas, para que trabajen más efectivamente. Sin embargo,
el coaching va más allá y agrega otros ingredientes a la iniciativa de
desarrollo: la vida laboral de una persona es más efectiva si ésta pone
en acción sus metas, sueños y valores, tanto en el trabajo como en el
resto de su vida.
El aspecto más importante de la tarea del coach es aumentar la
inteligencia, control y responsabilidad de una persona sobre su propia
vida y liberar la expresión de sus talentos y fortalezas. El núcleo de
este trabajo es que el cliente logre mayor consistencia e integridad
entre su vida laboral y personal.
Cada persona está inmersa en dos contextos, laboral y extra-laboral,
determinados por un conjunto de relaciones particulares. Esta "doble
dimensión" hace que muchas veces un coach se enfrente a una conflictiva
duda: ¿está el carácter del empleado modelado por su lugar de trabajo? o
¿es el lugar de trabajo el que está modelado por el carácter del
empleado? Precisamente, la interacción entre el individuo y el sistema
es la dinámica que el coach intenta mejorar.
La misión del coaching organizacional es, justamente, alinear la
búsqueda personal de libertad individual, relaciones de calidad y
propósitos significativos, con imperativos empresariales como trabajo en
equipo, misión compartida, creatividad y flexibilidad. A la pregunta
"¿la persona o la organización? " el coach responde: ambas!!!.
Hoy las organizaciones ya no pueden ser lideradas por los incansables
"adictos al trabajo", que eran los ejecutivos de ayer. Se necesitan
personas "plenamente humanas" para liberar el potencial de
organizaciones más emprendedoras, más democráticas y más orientadas al
aprendizaje. De hecho, el incremento exponencial que está teniendo la
productividad organizacional y la innovación, descansa en la
convergencia del desarrollo personal y el desarrollo organizacional.
Las personas necesitan tener éxito y felicidad en sus vidas, dentro y
fuera del trabajo: sólo de esta manera podrán desarrollarse como Seres:
“Humanos”. El desafío del coaching es encontrar nuevas maneras de
inspirarlas a trabajar más efectivamente, respetando la libertad y
derecho de éstas de dirigir y expandir su propio destino.
Consultor de empresas desde su Consultora Alas.
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