La velocidad del tiempo

Autor: Horacio Marchand

NEGOCIACIÓN 

03-2005

Aunque la velocidad del tiempo debería ser la misma porque un minuto es exactamente un minuto de 60 segundos, el hecho es que el tiempo no transcurre igual. Viene al caso un ejemplo que daba Einstein, que decía que un minuto platicando con una bella mujer, no era igual a un minuto si se tenía la mano en el fuego. En su complicada Teoría de la Relatividad, el concepto de la percepción del tiempo es uno de los menos difíciles de entender, quizá porque todos lo hemos experimentado. 

En general, nos hemos acelerado: rápido, ahorita, ya. Y los jóvenes se desesperan con los mayores y viceversa. En la manera de hablar -de llegar al punto- y en los protocolos de interrelación, las reglas son otras. Por ejemplo, tengo un proveedor -de 28 años de edad- que las cosas más delicadas me las toca en el Nextel y espera una respuesta inmediata, mientras que tengo otro proveedor -tiene 60 años- que para las cosas más sencillas me pide cita. 

En el primer caso me asalta con su voz -ni siquiera el bip para prevenir-, me saluda y de inmediato se va al asunto; en el segundo caso llega a la cita, se sienta y de ahí empieza una conversación de 20 minutos sobre la familia, el clima, las vacaciones, unos dos o tres chistes, una anécdota y luego toca el tema. 

Para las personas el tiempo transcurre diferente, como si hubiera un reloj interno, casi generacional o de personalidad. 

Incluso, me atrevo a decir que la percepción y manejo del tiempo son unas de las variables más importantes para definir y establecer amistades, socios, clientes, proveedores. 


En estrategia de negocios, uno de los ángulos competitivos más interesantes es el de la velocidad. El ejemplo cliché son las pizzas. 

Radicales fueron unos experimentos realizados en el Estado de Illinois hace algunos años, donde la promesa de venta era: quince minutos o pizza gratis. 

Esto era posible porque la cocina estaba integrada a la camioneta móvil. Rumbo al domicilio del cliente se va cocinando la pizza que se acaba de ordenar y llegaban, máximo, en 15 minutos. 

En este contexto lo natural es abrir otro eje de competencia, por ejemplo seleccionar el de sabor, figuras, tamaños, variedad, precio, etcétera. 

A nivel industrial y de procesos está el muy trillado just-in-time. Dell es famoso por su "inventario negativo" en función de que por acuerdo con proveedores y que la fabricación de una computadora sólo empieza cuando se haya vendido o pagado. 

En el caso de time to market, ofrecer primero algo, es crítico por ejemplo en las industrias de telecomunicaciones y tecnología. Los nuevos servicios, por ejemplo imágenes, videos, transacciones, representan ventanas de oportunidad y flanqueo de tan sólo meses. 

También está el caso del adelantarse demasiado en el tiempo, y que es tan mortal como el retraso. El video-teléfono lleva décadas desplazando al teléfono; la fallecida Iridium -teléfono satelital- se pudo haber esperado a que saliera un receptor más chico y que no requiriera "línea de vista"; el veloz Concorde, con todo, quedó reducido a casi nada. 

Adicionalmente andan por ahí los imitadores tempranos, que persiguen al innovador y, aunque atrasados en tiempo, conforman una oferta más atinada. Entre los ejemplos están los refrescos de dieta y las plumas de bolígrafo y, naturalmente, Microsoft. 

En temas de servicio, la queja principal, en el mundo, independientemente del grupo socioeconómico, tiene que ver con el tiempo: tiempo de entrega, tiempo de contestar, tiempo de reparación, etcétera. 

Ahorita. Ahorita. Ahorita. El ritmo actual nos ha llevado a la inmediatez. Queremos comunicarnos de inmediato, y utilizamos radios, celulares, el Messenger, ICQ, pager, grabadoras, etcétera. Y una vez que se entra al universo del estar accesibles, es casi imposible escaparse, a menos que -como a mí- te renuncie la secretaria, te roben tu laptop, pierdas tu celular; fue la gloria por un tiempo, pero la corriente me obligó, rápido, a reconectarme. 

En la forma de estructuración del tiempo una de las premisas es el estar ocupado. Como si el estar ocupados nos previniera el enfrentarnos a nosotros mismos y llenamos el tiempo con lo que sea -como sea- emancipados completamente de la cantidad. Simplemente tomamos nuestras actividades y las expandemos o achicamos conforme al tiempo disponible. 

La Ley de Parkinson (en honor a Cyril Parkinson) -no el mal de Parkinson- afirma que el trabajo tiende a expandirse para llenar el tiempo disponible para hacerlo. 

Cyril Parkinson, en 1955, publicó un artículo donde graficó el crecimiento burocrático de la orgullosa naval británica, al mismo tiempo que sus responsabilidades como entidad disminuían. 

Respecto al futuro y el tiempo. Especulando, ahí van algunos posibles cambios que pudieran vislumbrarse (hay miles): 

1.- Los negocios que ahorren tiempo irán en aumento, como los mensajeros personales y compras por internet; 2.- En el futbol soccer, en lugar de 11 jugadores contra 11, serán 10 contra 10 y/o las porterías serán un metro más anchas, y medio metro más altas, el resultado: más goles en menos tiempo; 3.- Los partidos de golf social serán de 9 hoyos y no de 18 (demasiado tiempo); 4.- Los negocios de llevar a la casa comida, entretenimiento, amistades, facilitadores de ejercicio, ropa, artículos del hogar, etcétera, irán en aumento; 5.- La creciente industria de coaches personales se enfocarán principalmente a la estructuración de tiempo; 6.- Las compras serán, como diría Gates, frictionless: rápidas, inmediatas, sin stress y 24 x 7, es decir, siempre estará abierta "la tienda"; 7.- Debido a la nueva oferta que se generará para ahorrar tiempo, las personas entonces tendrán más tiempo para atiborrarse de cosas y trabajo y, por ende, los negocios que ahorren todavía más tiempo entrarán a un círculo virtuoso. 

Gracias por el tiempo que diste para leer la columna; córrele a lo que sigue. A mí se me acabó el espacio y el tiempo. Hasta la próxima en esta misma coordenada.

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Horacio Marchand  horacioarrobahoraciomarchand.com          www.horaciomarchand.com   MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) 

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