En una organización, los segundos de abordo hacen y definen a los
líderes. Un líder es poco, o nada, sin su equipo inmediato de trabajo.
Es el equipo inmediato el que lleva a la práctica las decisiones del
líder y es el canal de comunicación más directo con el resto de la
empresa. Incluso pueden llegar a ser más relevantes que los mismos
líderes.
Nada como una película popular para ilustrar un ejemplo. Hay tres
escenas en la película Gladiador donde el tema del liderazgo
predominante es: los segundos hacen y definen al primero (si no has
visto la película, puedes guardar el artículo y leerlo después).
El Emperador César, cansado y viejo, y presintiendo que llegó su hora,
le dice en privado al General Maximus que el nuevo emperador romano no
será su hijo Commodus -por incapaz- sino él, que había guiado a las
tropas romanas a un gran número de victorias y conquistas en la
expansión del Imperio.
Maximus, sorprendido e inseguro por el gran reto que le confería el
Emperador y con ganas de retirarse a su villa campestre y estar con su
familia, le contesta que le permita pensarlo en la noche.
Pero Commodus, el desgraciado hijo del Emperador, esa misma noche
asesina, sin que nadie se dé cuenta, a su padre y al amanecer anuncia
que la última voluntad de César era que él, y nadie más, fuera el nuevo
César de Roma. Y le llama a Quintus, jefe de la élite militar, para que
tome preso a Maximus.
Quintus duda por un segundo y no sabe a quién apresar... ¿realmente será
Commodus, el hijo terrible, el nuevo emperador? ¿César, el viejo, le
habrá dejado el poder al victorioso Maximus, su consentido?
Y Quintus decide. Apoya a Commodus y ordena matar a Maximus. Y con esta
decisión tomada en fracciones de segundo, decide el futuro de Roma.
Quintus, y no el fallecido Emperador, ni Maximus y menos Commodus,
decide el destino de un Imperio.
A pesar de la duda inicial de Quintus, una vez tomada su decisión, manda
matar sin remordimiento al generalísimo Maximus y a su familia. No
problem.
Pero Maximus se escapa y logra finalmente enfrentar en un duelo a muerte
a Commodus en pleno Coliseo Romano con miles de testigos. Casi al final
de la batalla, Maximus con todo y que estaba herido de muerte, arrincona
a Commodus que se quedó por un momento en desventaja y sin espada.
Commudus le grita a Quintus, otra vez envuelto, y le pide le pase un
espada para defenderse. Y Quintus, por segunda ocasión duda. ¿Le doy la
espada a Commudus para que mate al herido Maximus? o ¿Dejo que Maximus
remate a Commudus?
Quintus otra vez tiene en sus manos la decisión de quién será el
siguiente emperador.
Decide, tras un largo momento, negarle la espada a Commudus, y Maximus
lo mata, pero se queda sin fuerzas ahí parado y a punto de desfallecer.
Las miles de voces del ruidoso Coliseo Romano se apagan. Silencio.
Impresión. ¿ Ahora qué?
Quintus, presintiendo que Maximus no iba durar muchos minutos con vida
-incluso su espíritu se empezaba a transportar-, le grita: “Maximus”,
como pidiendo instrucciones, y éste responde lo que sería su primer y
última orden como el Emperador Maximus: “libera a los prisioneros y
apoya al senador Gracchus (que ya planeaba la destitución del malvado
Commudus) y deja que él guíe a Roma en la siguiente fase”, Maximus se
tambalea y fallece.
Quintus, por tercera ocasión, decide el futuro de Roma. Acata la orden
-podía no haberlo hecho porque Maximus estaba muerto- libera a Gracchus
y lo apoya como el nuevo líder romano.
En esta trama, en tres ocasiones diferentes el poder del Imperio más
poderoso del mundo se definió por la voluntad de Quintus, el segundo de
abordo.
La mayoría de los motines en la historia de guerras son producto de una
insubordinación de los segundos de abordo que se convencen de destituir
al líder.
Si el segundo decide no apoyar la sublevación ahí se para en seco, o por
lo menos la previene un buen tiempo. A la hora de la verdad, todos los
ojos del movimiento motinesco miran al segundo de abordo. Si este dice
va, el motín se ejecuta de una manera rápida y eficaz.
Los golpes de estado con frecuencia son motivados por gente allegada a
los líderes que se quieren derrocar. Las traiciones más grandes
típicamente son de gente cercana.
Lo verdaderamente interesante de este concepto no consiste en evitar que
los segundos nos den un golpe de estado, sino en utilizar esta fuerza
para llevar a la organización al éxito.
El equipo inmediato define al líder y ejecuta el ángulo estratégico. Un
buen líder reconoce esto y empieza por ahí.
A este respecto el Dr. Alejandro Ruelas, especialista en estrategia y
catedrático de la EGADE, afirma que en una empresa, por más grande que
sea, con que haya 3 ó 4 altos ejecutivos muy buenos que trabajen en
equipo, es suficiente para que el negocio camine bien. Esta noción
refuerza la sinergia de que cuando el líder está flanqueado por gente de
primera que lo apoya, hace contundente su liderazgo.
Un equipo que en el plano personal viboree al jefe, lo sabotee, lo
desprecie en privado y se burle de él ante terceros; o en el plano
profesional, que no ejecute, no dé seguimiento, no demande y no refuerce
con convicción las directrices del líder, hará que éste pierda fuerza o
peor, que nunca la tenga.
De ahí la lógica de que los nuevos líderes lleguen con su gente, sin que
tampoco esté cegado por ella.
El que con lobos anda, a aullar se enseña. Dime con quién andas y te
diré quién eres. Preséntame a tus segundos, y te diré que tan buen líder
eres.
Horacio Marchand horacioarrobahoraciomarchand.com www.horaciomarchand.com MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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