Se mecía con el aire, de un lado al otro, haciendo un ruido extraño,
como rechinando, y sentí que me miraba. ¿Una soga de ahorcado en el
local que me gustaba? Pregunté qué hacía ahí y me dijeron que los
albañiles "de relajo" la habían puesto. Decidí que en ese lugar no.
Supersticioso no me considero -y tampoco lo contrario -pero nunca sabré
el grado de impacto que tuvo esta soga colgante en mi decisión; sin duda
fue un factor que tomé en cuenta, consciente o inconscientemente.
De este tipo de casos son los que componen la tesis de Malcom Gladwell,
Blink (parpadeo), que trata sobre la precisión de
pensamientos/percepciones e intuiciones automáticas.
Algunos de los ejemplos de Gladwell: cada pulgada de altura en una
persona le significan 789 dólares extra por año; los estudiantes pueden
decir prácticamente lo mismo de un profesor tras dos segundos de
conocerlo que tras un semestre de cursar clases con él.
También habla de por qué políticos bien parecidos o percibidos como
"guapos" son más fácilmente elegibles, aunque sean incompetentes o
trastornados; que una lata que contiene carne será percibida como "más
fresca" gracias a un dibujo de perejil en la etiqueta.
El tema de las percepciones y las decisiones no es sencillo. Wilson, de
la Universidad de Virginia, especula, desde otro ángulo, que hay "otra
mente" basada en lo instintivo. En un momento dado nuestros 5 sentidos
están recibiendo más de 11 millones pedazos de información.
La mente no puede conscientemente lidiar con esta cantidad de estímulos
y opta por resumir, discriminar, sintetizar. Y llegas a un lugar y "no
te sientes cómodo"; conoces a un probable socio o proveedor y "te late o
no te late"; ves a una persona del sexo opuesto y "te enamoras a primera
vista".
La "otra mente" conecta más rápido que tu conciencia, interpreta una
experiencia potencial y probabilísticamente concluye.
Estas ideas pueden abrir la discusión hacia el tema de que existe otro
universo a nuestro alcance, pero que así como los microbios que no
podían verse sin microscopio y los astros sin telescopio, optamos por
ignorarlo o negarlo de tajo.
Este otro Universo, dicen algunos, está cargado de inspiración y
creatividad pero sólo los iniciados o los que practican ciertas
disciplinas gozan de conexiones especiales.
A este proceso de inspiración maravillosa e inexplicable, Platón le
llamó locura divina, Nicolás de Cusa le decía docta ignorantia.
Ese Universo coexiste con nosotros todo el tiempo pero nos mantiene
alejados a través de un mecanismo de conciencia que sólo nos permite ver
una parte de ese universo por instantes fugaces. Hammeroff, un médico
que se ha enfocado a estudiar a la conciencia, afirma: "No sabemos si
nuestra percepción de la conciencia que tenemos del mundo externo es
adecuada. La frontera entre el mundo cuántico y el tradicional de alguna
manera involucran a la conciencia".
Bajo esta perspectiva, los iluminados afirman que los que se asoman y
tocan ese otro Universo son sujetos como Einstein, que conceptualizó
algo que ya estaba ahí desde el comienzo de la vida; Newton, que
articuló la Teoría de la Gravedad; Freud, que miró hacia adentro y a lo
profundo del psiquis; Hawkins, que miró hacia fuera y a lo alejado de la
Tierra.
Mozart decía que concebía sinfonías enteras en su mente antes de que
escribiera una simple nota; experimentaba el equivalente a una hora de
música en fracciones de segundo.
Mendeleyev, autor de la tabla periódica de elementos, la atribuye a un
sueño que tuvo que le dio la claridad incluso para dejar espacios en
blanco previendo nuevos elementos que serían descubiertos en el futuro.
Bohr, pionero de la física cuántica y desarrollador del modelo del
átomo, afirmaba que, antes de articular su modelo, soñó que estaba
sentado en un sol con los planetas girando a su alrededor sujetados por
un hilo.
Platón hablaba de ese plano existencial donde había un mundo de ideas
que era el origen y la verdadera fuente de toda nuestra sabiduría.
En este otro Universo -romantizado, idealizado y probablemente
inexistente- predomina el orden, la perfección y la luz; es creativo, no
reactivo; es causa, no efecto; es de encuentro, no de búsqueda; de
flujo, no de estancamiento.
Regresando a la praxis, a continuación lo que espero constituya un
cierre.
Aquí y ahora, hoy es viernes y en dos días regresaremos a la
cotidianidad de la oficina, al mundo de las decisiones de vida y de
negocios que tenemos que tomar todos los días. Algunas decisiones son
operativas y de mantenimiento, otras son estratégicas y de
transformación.
A las decisiones estratégicas típicamente las presionamos para estar
seguros, pedimos demasiada información, buscamos consensos y sobre todo
la certidumbre científica de que acertaremos.
Pero quizá convenga confiar más en los instintos, cuando menos de vez en
cuando, en esa voz que traemos dentro, en la intuición -venga o no venga
de algún vínculo con otro universo. En Latín intuare significa mirar
hacia adentro; en inglés le llaman insight, en castellano no es fácil
encontrar una palabra que capture plenamente su significado.
Te dejo con una anécdota sobre un científico -que se supone era el
inventor Edison- que tenía una herradura de caballo colgada en su
laboratorio. Al preguntarle -extrañados, ya que era un hombre de
ciencia-si creía en la suerte, Edison contestó: "No, pero me han dicho
que funciona aunque no creas en esas cosas".
Horacio Marchand horacioarrobahoraciomarchand.com www.horaciomarchand.com MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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