Suscríbete GRATIS al boletín y recibe:
10 ebooks con las lecciones empresariales más representativas de Jack Welch, Kenichi Ohmae, Michael Newman y otros exitosos líderes de primer nivel en el mundo de los negocios...
Al pulsar aceptas los términos de uso y la política de privacidad
O mediante uno de los siguientes servicios:
Ya no pedimos calidad. Ahora lo que pedimos es velocidad, flexibilidad,
precio y, sobre todo, relevancia para nosotros -en lo individual- como
consumidores. La calidad es algo dado, implícito y presente como un
hecho invisible. Distinguir, por ejemplo, entre las diversas marcas de
televisores en cuanto a la variable "calidad" es complicado. Sony tendrá
su fama, pero tengo una televisión viejita -marca Emerson- que a pesar
de estar golpeada y maltratada funciona de maravilla.
Es raro llegar a la tienda en busca de la de "mayor calidad"; en todo
caso somos más precisos y pedimos que dure más, o que tenga mayor
nitidez de imagen, que requiera de menos servicio, que se consigan
refacciones rápido, que la entrega sea inmediata, que sea fácil de
operar.
Es un tema bastante trillado y hasta llega a nivel cliché: la calidad no
puede ser la base para construir una ventaja competitiva. Tiene que ser
otra la dimensión sobre la cual se apalanque el ángulo estratégico de la
empresa y a partir de ahí se alinee al resto de la organización. Cada
actividad tiene que estar construyendo y reforzando la ventaja
competitiva, y si no lo está haciendo entonces estorba.
Tres historias breves sobre calidad:
1.- Motorola estaba en su convención anual donde, en un auditorio,
estaban reunidos cientos de ejecutivos de primer nivel. Casi al cierre
de la convención, el sonriente director general pregunta: "bien, ¿algo
más?" Y allá al final de las filas un ejecutivo levanta la mano y se
pone de pie. Hace una pausa, mientras todas las miradas le apuntan, y
dice: "sí hay una cosa más... nuestra calidad apesta (sucks)"... Y
silencio, confusión y terror.
El director general, intrigado, empezó a cuestionar al ejecutivo, que
-en opinión de sus colegas- había puesto su cuello en la soga. Pero
lejos de ahorcarlo se le citó al día siguiente para adentrarse en el
tema.
Este famoso incidente fue lo que llevó a la creación de lo que
internacionalmente se conoce como el programa de Sigma Seis
(prácticamente cero defectos) de Motorola y que luego acabó por
expandirse por el mundo.
Pero esto ocurrió hace más de 14 años. En sí misma, ya no es noticia ni
ventaja.
2.- Siempre es un tironeo de dos fuerzas: los de ventas y mercadotecnia
quieren flexibilidad y surtido; los de manufactura quieren
estandarización. Y parece que Volkswagen encontró la fórmula.
El nuevo "escarabajo" Beattle, el Jetta, el Golf, el Audi A4, el Skoda
Octavia, el Seat Toledo, y el Audi TT comparten la misma plataforma
automovilística.
Esta estrategia de Volkswagen es genial. Acostumbrado a manejar en su
proceso de manufactura cerca de 20 plataformas completas y diferentes,
redujo el número a sólo cuatro o cinco. Los ahorros en costos de
manufactura y eficiencia son impresionantes.
¿Y qué piensa el usuario o el prospecto?
Ni cuenta se da. Las plataformas compartidas no son importantes para el
consumidor.
Volkswagen se enfocó a las variables relevantes -donde más se impacta al
consumidor. ¿Para qué gastar dinero en cosas que el cliente no valora ni
toma en cuenta?
Las ofertas específicas fueron dirigidas a lo que los diferentes
segmentos valoraban: la marca, comunicación, el estilo, el equipo, el
servicio y en general toda la experiencia estética, sensorial y
emocional que pueden generar los autos.
En la estrategia multisegmento en áreas relevantes: se parte de una gran
inversión básica, y la empresa se concentra en hacer modificaciones
menores en las áreas precisas, donde el cliente percibe la relevancia.
3.- También relacionada con los autos; hace algunos años, en una guía
seria y técnica de compra de automóviles se determinó que en Estados
Unidos el auto número uno en calidad era el Volkswagen Jetta. Sin
embargo, en ventas, el Jetta ocupó apenas el lugar número 12.
Y, por otro lado, el auto número uno en ventas, el Ford Escort, fue el
número 11 en calidad.
¿Quién decide entonces la calidad de un producto?
Bajo la perspectiva estereotipada del ingeniero que goza, disfruta y se
obsesiona por el proceso de fabricación y las características del
producto, las medidas tradicionales para formas y parámetros de calidad
suelen ser físicas y de rendimiento. Pero la calidad se define cada vez
menos en laboratorio, y cada vez más en la mente y en los "sentidos" del
consumidor.
La percepción del consumidor sobre el producto, incluida la calidad,
pesa más que la realidad, o mejor dicho, como les encanta decir a los
mercadólogos, es la realidad.
Aquí se presentan dos aspectos: uno es de comunicación, el otro es de
percepción.
De qué sirve fabricar -por ejemplo- el mejor sillón de oficina si el
mercado no lo sabe. Es un requisito que se sepa de la existencia del
producto y dónde se puede conseguir. En el panteón de productos que no
tuvieron éxito se pueden encontrar excelentes innovaciones, de gran
calidad, pero que no pudieron hacerse notar en la saturada mente del
consumidor.
Por el lado de la percepción está el experimento del sabor: se le
presentaron a los consumidores dos tipos de nieve, una de vainilla color
vainilla y otra de vainilla color chocolate; o sea la misma nieve
pintada de otro color. Cuando se hizo la prueba del sabor, los
consumidores, en su abrumadora mayoría, contestaron que una era de
chocolate -y gustó en general más- y otra de vainilla, aunque las dos
eran de vainilla.
No se trata de minimizar la función de calidad. Si un producto bien
percibido tiene problemas de calidad el negocio acabará por desaparecer;
pero, nuevamente, la calidad no puede ser toral en la creación de
ventajas competitivas.
Es imposible hablar de calidad sin hablar de calidad percibida. La
calidad, tarde o temprano, la define el cliente. Y por eso la calidad es
una experiencia personal y subjetiva.
Una vez más: el éxito en el mercado depende más de la percepción que
tenga el consumidor, que por la calidad intrínseca del producto.
Horacio Marchand horacioarrobahoraciomarchand.com www.horaciomarchand.com MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
Buscar recursos sobre
Master internacional desde España (Online)- Becas parciales
Una frase memorable
Acerca de GestioPolis: Qué es GestioPolis — Términos de uso y Política de privacidad — Mapa del sitio — Contácto — Aliados — Contratar publicidad
Derechos de Autor: Los contenidos están bajo la licencia Reconocimiento - No comercial - Compartir bajo la misma licencia 3.0 Unported de Creative Commons a menos que se indiquen derechos de autor específicos. Si desea citar o utilizar públicamente alguno de los contenidos le solicitamos ponerse en contacto con el respectivo autor.
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web GestioPolis.com © 2008 Carlos López