El modo de producción digital

Autor: Max Ugaz 

NUEVA ECONOMÍA, INTERNET Y TECNOLOGÍA

05-2005

La digitalización

La clave para entender el desafío planteado por Penzias está en el proceso conocido como digitalización, palabra que aún no está en el diccionario de la lengua pero que significa la acción de convertir la información, en cualquiera de sus formas, en impulsos eléctricos que podemos luego almacenar, copiar, procesar e incluso distribuir por las redes de comunicación en cuestión de segundos. Esos impulsos eléctricos representan unos si son positivos y  ceros si son negativos.

La combinación de unos y ceros hace posible gracias a acuerdos globales poder representar de esta manera cualquier forma de información, sea ésta datos, textos, sonidos o imágenes.

La digitalización ha venido madurando en los últimos 40 años, a partir de los llamados procesadores de señal digital, cuyo poder ha aumentando exponencialmente al punto en el que hoy podemos convertir en unos y ceros desde un documento de texto hasta una película de cine completa.

 Pero la digitalización ya no es sólo la conversión de información en unos y ceros sino que hoy, gracias a la red digital pública global llamada Internet, la digitalización permite liberar la información de sus contenedores físicos (desde el papel hasta los propios objetos que retratamos), es decir de la masa. Además podemos tener acceso a esa información desde cualquier lugar del mundo, liberados de las restricciones de espacio y en cualquier momento, liberados de las restricciones de tiempo.

Allí radica el poder de la digitalización para cambiar la forma en que el mundo funciona, incluidas algunas de las leyes económicas sobre las que nuestras empresas basan sus supuestos y decisiones, como veremos más adelante.
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La generación de riqueza en la economía industrial

Durante el siglo XX hemos sido testigos de cómo en la economía industrial el capital, tanto en forma de dinero como de bienes productivos (fábricas y máquinas) era la fuente principal de la generación de riqueza. Cualquier idea requería de alguna forma de capital físico para poder ser viable, para poder llegar al mercado, para poder ser transada.

 El trabajo era otro factor de la producción pero se alquilaba por horas y era fácilmente reemplazable por la mayor oferta de trabajo y gracias a la división del trabajo en tareas simples y repetitivas. Por esta relación entre el capital y el trabajo era el propietario del capital el que tenía derecho a la plusvalía generada por la transacción de los bienes producidos en el mercado.

La revolución digital

Nada hubiera cambiado si es que no se hubiera producido la denominada revolución digital. Aquella no ha sido una revolución tecnológica como muchos piensan, sino mas bien una revolución económica.

En un largo proceso de casi cuatro décadas el costo de la digitalización y de las telecomunicaciones (transmisión digital a cualquier lugar del mundo) bajó dramáticamente hasta el punto de estar a disposición de prácticamente cualquier empresa en el mundo sin importar su tamaño, su ubicación geográfica y el capital del que disponga.

 A principios de los años 60, un computador IBM 360 costaba dos millones de dólares aproximadamente. Sólo las grandes corporaciones estaban en condiciones de aprovecharlas. Hoy un computador muchísimo más potente que aquél se consigue por menos de 500 dólares. De igual forma las telecomunicaciones pasaron de costar decenas de miles de dólares al mes a costar menos de 50 dólares al mes en algunos casos. La revolución digital ha sido el fenómeno económico más importante del final del siglo XX. Lamentablemente esto no significa que todas las empresas tengan claro sus beneficios.

El poder de liberar a nuestras ideas de las restricciones de espacio, tiempo y lugar debe ser combinado con la comprensión del potencial que la digitalización nos ofrece y con la imaginación para explotar este potencial para poder generar riqueza. Este cambio representa una oportunidad para los empresarios de todo nivel y de  todo el mundo.

 Sin embargo son pocos los que han empezado a comprender esta revolución en el mundo de los negocios y lamentablemente son mucho menos los que lo están comprendiendo en el país. Mientras menos lo entiendan, más ventajas para los que comiencen primero.

La generación de riqueza en la economía digital

La digitalización como ya lo hemos visto ha afectado drásticamente a la información. Ha bajado el costo de buscarla, encontrarla y de acceder a ella. La copia de la información digitalizada tiene un costo marginal de producción igual a cero. Si no hagamos la prueba en nuestro computador: ubiquemos un archivo de cualquier tipo y hagamos una copia de él en algún otro directorio. La nueva copia es idéntica a la original, con todos sus atributos y nos ha costado cero producirla.

Intentemos lo mismo en el mundo físico y veremos que toda copia del original tiene un costo en materiales, producción y mano de obra. Al abaratarse drásticamente el acceso a la información, los mercados reaccionan como sucede cuando cualquier insumo se abarata, es decir su consumo aumenta.

 Eso es lo que vemos a diario en todas partes: millones de personas alrededor del mundo, en las escuelas, los hogares y las oficinas buscando, ubicando y descargando información. Pero esa es la punta del iceberg. Debajo de la superficie, en las cadenas de producción de todo el mundo, un fenómeno económico de grandes proporciones se ha venido produciendo.

Ciertas empresas han ido descubriendo en los últimos años que gracias a la digitalización podían usar la información digitalizada como un insumo de muy bajo costo para transformarla en productos de diferente naturaleza a los productos exclusivamente físicos: productos basados en información, como por ejemplo el software, el cine digital, la educación a distancia, las comunicaciones móviles y otros similares. Otras empresas han encontrado que podían incorporarle a sus productos físicos componentes intangibles que enriquezcan sus productos para lograr mejores márgenes en ciertos segmentos del mercado.

En este caso estos productos contienen la información a través de atributos como el diseño, la imagen, la selección de los materiales, la tecnología empleada en su elaboración, las prestaciones no físicas asociadas al producto (servicios digitales), el nombre de los autores, la innovación de la solución y similares. Finalmente otras empresas han encontrado que gracias al uso de la información digitalizada en sus procesos claves podían reducir drásticamente el costo y el tiempo de tales procesos así como el costo y el tiempo necesario para la innovación de sus productos y servicios.

 Es conocido el caso de los fabricantes de automóviles que hace una década demoraban varios años desde la concepción del modelo hasta su venta en las tiendas, cuando hoy, el tiempo de ese proceso ya se empieza a medir en meses.

En líneas generales, son estos los cambios que configuran lo que en muchas partes se conoce como la economía digital. Una economía donde el principal generador de valor en las empresas ya no es su capital físico o financiero, sino su capital digital; es decir el cúmulo de unos y ceros, propios o rentados que contienen información en todas sus formas, que combinadas con imaginación permiten entregar más y más valor a sus clientes a costos cada vez menores.

El consumidor de intangibles

La caída del costo de producir y el hecho de tener acceso a la información tiene como consecuencia un enorme impacto en el costo de producción y distribución de productos intangibles. Los productos intangibles son aquellos cuyos principales atributos son el diseño, la tecnología y la imagen. Por eso mismo tienen como principal insumo a la información en todas sus formas: datos, textos, sonidos e imágenes. La caída en el costo de producir y distribuir intangibles genera a su vez cambios importantes en todos los sectores. La clave para entender estos cambios está en el propio consumidor.

El ser humano es el único consumidor de intangibles que habita la tierra. Ningún otro ser vivo los consume.

El ser humano está provisto de un cerebro que maneja niveles de abstracción que hasta ahora exceden nuestra cabal comprensión, pero que muchos especialistas en mercadeo entienden bastante bien. Desde que el hombre es hombre ha sido un consumidor insaciable de intangibles. Para graficar la idea basta ver como ejemplo las pinturas rupestres de las cuevas de Lauricocha. Con más de diez mil años de antigüedad, en estas obras artísticas podemos apreciar escenas de la caza de camélidos andinos.

¿Para qué pintaban estos antiguos peruanos las paredes de esas cuevas?

Simplemente para plasmar la experiencia y poderla trasmitir de generación en generación. Sin embargo hace diez mil años sólo unos pocos elegidos podían tener acceso a esa experiencia registrada en las paredes. Hoy, la revolución digital ha puesto los productos intangibles al alcance de cualquiera que tenga acceso al Internet.

 Gracias a este gran consumidor de intangibles podemos observar el fenómeno de las marcas globales, locales y mixtas en todo el mundo. Los intangibles que consumimos van desde la comunicación digital móvil, la educación personalizada, la música digital, los programas de computación, el vestido de marca, los zapatos de marca, las bebidas de marca, los alimentos de marca, los restaurantes con cartas exclusivas, los artefactos inteligentes, los materiales inteligentes, las reproducciones de arte, etc.

Una tonelada de cobre por una computadora portátil

La comprensión de la revolución digital nos permite entender por qué el Perú debe vender una tonelada de cobre para conseguir las divisas necesarias para comprar una computadora portátil. Un análisis interesante para los economistas de la vieja economía tradicional sería evaluar en cuál de estos procesos se obtiene mayor margen de contribución por cada dólar obtenido. Vendiendo bienes de consumo (commodities) como las toneladas de cobre a precios fijados internacionalmente o vendiendo intangibles compuestos de tecnología, diseño e imagen.

 Los empresarios de la economía digital lo han comprendido bien y es por esa razón han venido migrando en la última década sus cadenas de producción hacia la producción y distribución de los intangibles (tecnología, diseño e imagen) tercerizando a países como los nuestros la producción de los componentes físicos necesarios para sus productos. Casos de este fenómeno abundan por todas partes.


El conocimiento y la generación de la riqueza

En el modo de producción capitalista la plusvalía la obtiene el propietario del capital, de los bienes de producción físicos, de la fábrica, de las máquinas. El trabajador alquila su trabajo a cambio de un salario. En cambio en la economía digital la riqueza depende principalmente de los intangibles incorporados en los productos, ya no en sus componentes físicos. La producción de los intangibles no depende del capital, ni de los bienes de producción físicos. Depende del talento, de la capacidad intelectual, de la imaginación y estos son produ

ctos de los cerebros humanos que no pertenecen al dueño de la fábrica sino a cada uno de los trabajadores del conocimiento. Cuando cambia la fuente de generación de la riqueza cambia también el derecho a la plusvalía. Alguien podría decir que siempre ha habido uso del conocimiento en la producción industrial y sin embargo la plusvalía siguió en manos de los dueños del capital. Eso sucedió mientras la demanda superaba a la oferta de bienes industriales, tal como sucedió durante la primera mitad del siglo XX, cuando la demanda por cocinas, refrigeradoras, automóviles y demás productos típicos de la economía industrial superaba con creces a la oferta.

 En ese escenario un fabricante podía mantener los diseños, la imagen y los atributos tecnológicos de sus productos invariables por muchos años. Hoy el escenario es otro, la oferta de productos industriales ha crecido y se ha globalizado a tal punto que diera la impresión que ahora la oferta supera a la demanda. Lo que ha sucedido es que a finales del siglo XX los consumidores estaban mucho mejor educados y más informados sobre la demanda mundial y aumentaron sus exigencias sobre la oferta por productos que cumplieran mejor con sus demandas.

Esta exigencia encontró una excelente respuesta en ciertas empresas de distintas partes del mundo que entendiendo los principios de la economía digital convirtieron la innovación en un proceso estratégico de sus negocios, destruyendo productos y procesos para reemplazarlos por nuevos y mejores diariamente. En esta vertiginosa carrera por la innovación las empresas requieren de talento, capacidad intelectual e imaginación como nunca antes en la historia de la humanidad.

La fuente de riqueza está ahora en los cerebros de los trabajadores del conocimiento: diseñadores, educadores, mercadotécnicos, líderes, gerentes, científicos, inventores, analistas, artesanos, expertos, consultores, instructores, entrenadores, artistas, comunicadores, deportistas y otros oficios del conocimiento. Estos trabajadores del conocimiento han comenzado a cambiar las reglas de distribución de la plusvalía en la economía digital. Como diría Marx, éste es el germen de la destrucción de la vieja economía industrial.

El efecto lo podemos percibir con claridad en las industrias de uso intensivo de conocimiento como es el caso del software, los juegos por computadora o los dibujos animados digitales, donde los trabajadores del conocimiento encargados de la investigación, desarrollo y puesta a punto de las nuevas y sucesivas versiones reciben en conjunto la mayor parte de los ingresos del negocio, superando muchas veces el monto total de los dividendos que reciben los dueños del capital físico. Ellos al actuar como copropietarios del capital intelectual de la empresa están modificando el contrato social en la economía digital.

El modo de producción digital

Como hemos observado, las empresas innovadoras están haciendo uso intensivo de su capital intelectual para poder satisfacer a los segmentos más exigentes de la demanda mundial. Sin embargo el conocimiento por sí solo no estaba en condiciones de transformar a la vieja economía industrial. Fue necesario que aquel se vea a su vez transformado por la revolución digital. La conversión de todas las formas de información (datos, textos, sonidos e imágenes) en unos y ceros es la que ha permitido a las empresas acortar el ciclo de la innovación.

 Esto es posible porque la digitalización permite extender las capacidades de las personas convirtiéndolas en individuos más efectivos y a los grupos de trabajo en equipos de alto desempeño. Además la digitalización permite generar una empresa verdaderamente integrada al mantener a los líderes informados directamente y sin intermediarios por todos los miembros de la empresa y a su vez permite que los líderes del negocio envíen las señales necesarias a cualquier punto del negocio, sin importar su ubicación geográfica y en el momento apropiado. Finalmente, la digitalización permite que la empresa se extienda hacia sus socios de negocio, proveedores, canales de distribución y clientes, integrando a las personas, aplicaciones y objetos de las diferentes empresas que conforman su denominado “modelo de negocio”.

Esta infraestructura que las empresas logran a partir del aprovechamiento de la digitalización se convierte en su capital digital y constituye la base de la generación de valor y por consiguiente la fuente principal de la generación de la riqueza. Estamos siendo testigos de la aparición de una nueva manera de generar riqueza, a partir de los unos y ceros que las empresas acumulan y usan para generar valor para sus clientes. A esta nueva manera de producir valor y generar riqueza la denominamos el modo de producción digital.
 

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Max Ugaz  corvusarrobausmp.edu.pe Director de Corvus USMP - Centro Internacional de la Organización Digital de la Universidad de San Martín de Porres, profesor de postgrado y consultor de empresas en Economía Digital, Gestión del Conocimiento, Educación Virtual, Liderazgo y Organización Digital para diversas entidades del gobierno, organismos internacionales, empresas públicas y empresas privadas.

[http://www.gestiopolis.com/estilos/fondo-contenidos.htm]

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"Si tú tienes una manzana y yo tengo una manzana e intercambiamos las manzanas, entonces tanto tú como yo seguiremos teniendo una manzana. Pero si tú tienes una idea y yo tengo una idea e intercambiamos ideas, entonces ambos tendremos dos ideas"
George Bernard Shaw
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