Un diseño erróneo de la producción agrava los problemas
Hace un tiempo, un dueño de empresa me mostraba orgulloso su fábrica y
me comentaba: "Mire cómo estamos produciendo, la fábrica está a full ,
repleta de material. No falta producto atrás de las máquinas. Casi no
entra un alfiler en el piso. A esto yo le llamo estar trabajando".
Sin embargo, cuando le preguntaba cómo le estaba yendo a nivel empresa
eran más las quejas que las alegrías : "Estamos entregando tarde a los
clientes y cancelando pedidos. Los niveles de rechazos son altos, nos
falta dinero para comprar materias primas, no logramos cerrar con
fluidez el ciclo pedido-cobranza". Esta situación paradójica de
sensación "fábrica en marcha- insatisfacción", encuentra una de sus
explicaciones en lo que podemos llamar la fábrica fantasma, o fábrica
oculta, aquella que no vemos, pero que por sus efectos puede ser más
importante que la fábrica real.
El problema de este empresario (es un caso común en las empresas
textiles, metalúrgicas, electrónicas, plásticas o alimentarias) tiene
una raíz fundamental en una errónea percepción de la realidad: cuanto
mayor material en elaboración tenemos en nuestra fábrica, mejor estamos.
Es justamente el material en elaboración (o stock en proceso) el
causante fundamental de los problemas de entrega a destiempo, problemas
de calidad, y escasez financiera en las empresas.
Mirándolo desde otro punto de vista, ¿qué utilidad representa en un
proceso productivo de varios pasos la cantidad de material en
elaboración, atrás de las máquinas ?
Lo ideal sería tener materia prima (necesaria para convertirla en lo que
el cliente nos pide), o producto terminado (para vender a los clientes).
Pero, ¿a quién le interesa por ejemplo una pieza metálica que está en
proceso de mecanizado, o una cadena textil en la mitad de su tejido, o
una serie de elementos esperando ser ensamblados para conformar un
producto final? La fábrica debería convertir lo más rápido posible los
productos al nombre y apellido que piden los clientes. El stock en
proceso es la principal causa de ineficiencia en las fábricas.
Cuanto más material se encuentra detrás de cada máquina, haciendo cola
esperando ser procesado en cada una, más se alarga el proceso de
fabricación. Del plazo total de fabricación (días o semanas según el
caso), el principal tiempo es el que pasa el material esperando ser
procesado, sentado en el piso. Así es como entregamos tarde a los
clientes.
Por otra parte, cuanto más grande es la cantidad detrás de cada máquina,
mayor es el riesgo de encontrase con una pieza defectuosa del proceso
anterior, que ha pasado inadvertida.
Por último, una empresa que tiene un plazo de fabricación de por ejemplo
quince días, tiene una cantidad de stock en proceso equivalente a 15
días de producción. El valor financiero de este inventario puede superar
holgadamente la inmovilización financiera del stock de materia prima o
de producto terminado (con la desventaja que tiene menos posibilidades
de transacción que los otros dos tipos de stock). Por eso es que la
fábrica " fantasma" se alimenta del stock en proceso. El objetivo es
disminuir su magnitud y para ello existe un cóctel de herramientas que
deben ser aplicadas en conjunto para que surtan efecto.
Es importante reducir los tiempos de cambio de las máquinas, al pasar de
un producto a otro. Para así poder hacer en forma eficiente lotes más
pequeños de cada producto, produciendo exactamente lo que nos pide el
cliente, en lugar de "alimentar la máquina". Así evitamos producir un
lote mayor al necesario, que va a ir trasladándose a lo largo del
proceso de producción.
También es importante la forma de programar la producción de forma tal
de sincronizar las distintas máquinas de un proceso productivo, y que
por ejemplo no esperan piezas antes del ensamble final, a que lleguen
los "hermanitos" producidos en otras máquinas. También un adecuado
análisis de los procesos productivos , puede ocasionar una distribución
física distinta de las máquinas en el piso de planta, para que estén
organizadas "por proceso", en lugar de "por función", asegurando que
haya caminos fluidos de producción dentro de la fábrica. Dentro de cada
"camino" la circulación de material es ágil, como un río continuo de
producción, de poco stock en proceso.
Involucrar al personal
Todas estas técnicas son de aplicación particular en cada fábrica , y lo
ideal es involucrar al personal clave de las áreas productivas en su
desarrollo a medida. Ahora estamos hablando de materia gris, no
necesariamente de inversión en tecnología. Y también de pasión en los
gerentes para romper viejos paradigmas, y de asumir una cuota de riesgo,
inherente a cualquier cambio.
No estamos hablando de teorías: fábricas argentinas de distinto tipo han
reducido su plazo de fabricación de semanas a pocos días, o de días a
horas (habiendo reducido su stock en proceso en la misma proporción), a
la par que mejoraban drásticamente su situación de rechazos de calidad.
Hay más que un aliciente financiero en la disminución del capital
inmovilizado proveniente del stock en proceso: es imprescindible emplear
las técnicas productivas que emplean las mejores fábricas en el mundo ya
sea para defenderse de las importaciones, o para ganar los ansiados
mercados externos.
Por Jorge Macazaga
Para LA NACION
El autor es titular de la consultora Clever Output.
Jorge
A. Macazaga Director CLEVER OUTPUT® Strategic Consulting *
www.cleveroutput.com.ar
consultingarrobacleveroutput.com.ar
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