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Hay que privilegiar la productividad
* A veces, producir la mercadería que más se vende puede resultar muy
caro
* Una solución es aplicar el Activity Based Costing , o costeo basado en
las actividades
Hace un tiempo, un empresario argentino estaba ante una situación de
mercado que lo desorientaba. Dueño de una fábrica, líder en el país en
la línea de productos que fabricaba, se enfrentaba con que su mercadería
más vendida tenía una dura competencia de precios en el mercado. En
cambio, las más variadas, usualmente fabricadas en serie corta ,
defendían bien sus precios. En ambos casos, los valores habían sido
fijados con un margen razonable de utilidad frente a los gastos
calculados.
Ante esta situación, el gerente comercial de la empresa quiso
desestimular la venta de los productos de mayor volumen, que enfrentaban
márgenes de rentabilidad decrecientes, y estimular la venta de los
variados, con mayor rentabilidad.
Sin embargo, el dueño de la empresa intuitivamente no estaba convencido.
Pensaba: "¿Cómo puede ser que en la línea que tenemos mayor volumen y
mejor tecnología tengamos estos costos y precios en el mercado?"
Era una dicotomía entre la realidad y los números del costeo. Esta
sospecha lo llevó a encarar un proyecto de Activity Based Costing (ABC),
o costeo basado en las actividades.
Hace muchas décadas, en la conformación de costos de un producto de la
mayoría de las fábricas, la mano de obra directa superaba holgadamente
entre un 30 y un 40% del total. Los overheads (costos de administración,
ventas, gastos generales, actividades indirectas de fabricación,
etcétera) para un producto específico se calculaban ponderando el total
en función de las horas de mano de obra directa dedicadas a esa
mercadería.
Un producto cuyo volumen en el mes absorbía más horas de mano de obra
tenía asignada mayor proporción de los gastos generales.
Los avances tecnológicos y las nuevas técnicas de productividad
cambiaron radicalmente en los últimos años esta situación. En términos
generales, hoy un producto industrial tiene valores de costo de mano de
obra en el rango del 5 al 15%, y sus overheads oscilan en valores del 40
al 60 por ciento.
Esto significa que, al aplicar la misma regla de cálculo que en el
pasado, estaríamos determinando el valor de un elefante para cada
producto ( overheads ) en función de la importancia de un ratón (costos
de mano de obra directa), lo que no aseguraría una adecuada aproximación
a la realidad.
Por otra parte, al ampliarse notablemente la variedad de mercancía para
satisfacer al mercado, apareció una serie de actividades indirectas que
contribuyen a los overheads -como desarrollo de productos, más
frecuencia en el cambio de máquinas ( set-ups ), más complejidad en la
programación de la producción, mayor fragmentación en la toma de
pedidos, etcétera-. Al ponderar el valor aproximado de estas actividades
en función de los costos de mano de obra en la forma tradicional, el
producto insignia , que consume más horas de mano de obra por su volumen
de fabricación, se ve afectado por actividades indirectas de las que no
participa.
Las razones
Quizá la mejor motivación para desarrollar el ABC es ver que el producto
insignia presenta costos sospechosamente altos.
Su aplicación se determina no en función de la mano de obra, sino por
las actividades específicas de cada producto. Los de serie corta tienen
más incidencia en el costo de los set-ups , insumen un esfuerzo de
programación, el vendedor tarda el mismo tiempo para tomar el pedido de
su pequeña cantidad que en el producto insignia y con la contabilización
es similar. Por lo que, en realidad, su costo por unidad tiende a ser
más alto que en un producto fabricado y vendido en mayor volumen.
Cuando nuestro empresario aplicó el ABC, el costo del producto insignia
resultó menor que el calculado en la forma tradicional, y los productos
de serie corta aumentaron su costo.
Pero tampoco conviene desestimular los productos variados, porque
contribuyen a la economía de la empresa con su cuota de mercado. El
camino que se siguió en esta empresa industrial a partir de la
información del ABC fue trabajar con técnicas modernas de productividad
sobre los costos de los productos variados. Probablemente es la mayor
utilidad del ABC: la información para la reingeniería de los productos.
La misma situación se aplica a una empresa de servicios, que también
tienen sus productos insignia y una gran variedad de productos de poco
volumen.
[SIN ESTILO] El autor es consultor y especialista en reingeniería.
Por Jorge A. Macazaga
Jorge
A. Macazaga Director CLEVER OUTPUT® Strategic Consulting *
www.cleveroutput.com.ar
consultingarrobacleveroutput.com.ar
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