El trabajo en equipo estructurado es una de las "best practices" que
están adoptando las empresas en nuestro país, tanto en las áreas de
producción como en los sectores de oficina. El objetivo, tanto en la
fábrica como en los escritorios, es el mismo: que cada equipo realice
una gestión integral de un producto o de un servicio.
A pesar de este importante avance en prácticas gerenciales, en la mayor
parte de las empresas queda un deber pendiente, que es la formación de
equipos en los estratos altos de la compañía: los equipos de alta
dirección.
La finalidad de formar equipos de alta dirección es el mismo principio
guía de los equipos de menor rango en la empresa: que en lugar de
compartimientos estancos y objetivos sectoriales haya una cooperación y
sincronización de esfuerzos con miras a un objetivo global mucho más
importante; en este caso, el aumento de la rentabilidad de la compañía y
la satisfacción de los clientes.
Las características de personalidad, mucho más acentuadas obviamente en
los estratos de alta dirección, así como el instinto personal de
supervivencia, complican, en la mayoría de las empresas, el proceso de
llegar a un estado de excelencia en el equipo de alta dirección.
Si quisiéramos imaginar cómo funcionaría este equipo en su estadio
ideal, tendríamos que ver a un conjunto de directores que, si bien
tienen responsabilidades individuales, son parte de una cadena de
trabajo estructurada que alimenta (y es alimentada) en relación con sus
pares. El fluir de información es sistemático en la empresa, entre todas
las áreas de dirección y con base diaria a los efectos de conseguir la
rentabilidad global de la empresa y el aumento de mercado. Esto
significa la formación de una "célula de alta dirección".
Una célula de alta dirección no es un equipo de directores que se reúne
una vez a la semana para revisar lo actuado.
Tampoco es la respuesta rápida para apagar un incendio en otro sector.
Tampoco es un tablero de comando con metas por sector de dirección.
Ni es un programa de coaching para los directores. Una célula de alta
dirección es un equipo de personas que está física, informática,
cultural y proceduralmente unido en una base diaria.
La cercanía física produce comunicación. Los sistemas están preparados
para que el proceso fundamental de la compañía (el que va de la venta,
pasa por la confección del producto o servicio y sigue hasta la cobranza
y posventa) sea compartido a nivel estratégico por todos los integrantes
de la alta dirección.
La cultura es la de un verdadero equipo no "feudal". Con igual trato
para todas las funciones, aunque haya sueldos distintos por la
experiencia de cada uno.
Los procesos están orientados al fluir y a la interrelación entre las
funciones, que es donde se producen en la mayoría de las empresas los
bolsones de improductividad. Una célula de alta dirección tiene a
personas que, cuando es necesario, realizan funciones de un par suyo,
para ayudar a la realización de una mejor gestión en la empresa.
Algunos escollos
Si en nuestra compañía los directores se culpan unos a otros por el
resultado general; si los errores con el cliente son advertidos pero no
corregidos; si la empresa no se puede gestionar en una base diaria a
nivel global y se necesitan reuniones semanales de compilación de
información y para acordar iniciativas conjuntas, es el momento de
pensar en un cambio conceptual de cómo está organizada la dirección.
El primer paso en la formación de una célula de alta dirección es
entender todas las interrelaciones a nivel estratégico que tienen sus
integrantes. Ese tipo de interrelaciones están normalmente estudiadas en
la mayoría de las empresas sobre una base general de tiempo, pero no
sobre una base diaria de respuesta rápida a los reclamos de otro sector.
Existen muchos escollos en las compañías que atentan contra la gestión
de base diaria: el tipo de organización, los procedimientos, los
sistemas y la cultura. Pero pensar la realidad nueva sobre una base
diaria (que es como se vive en la realidad) abre una nueva forma de
pensamiento para rediseñar la alta dirección.
La nueva realidad no significa correr más. Al contrario, significa
reaccionar a tiempo, con pautas preestablecidas, que evitan un problema
mayor al correr el tiempo. Los desafíos que vienen para las empresas
están basados en la inteligencia. Cómo aprovechar más la de nuestro
personal relevante es una de las prioridades.
Por Jorge A. Macazaga
Para LA NACION
Jorge
A. Macazaga Director CLEVER OUTPUT® Strategic Consulting *
www.cleveroutput.com.ar
consultingarrobacleveroutput.com.ar
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |