Los universitarios llegan ya al mundo laboral sabiendo que han de
seguir aprendiendo durante toda su vida, y que han de contribuir a la
generación de nuevos conocimientos, en beneficio de la competitividad y
prosperidad de sus organizaciones. Quizá podría hablarse no sólo de
knowledge workers, sino también de learning workers, o de lifelong
learners.
Tratemos de llenar de significado el aprendizaje permanente; no se trata
sólo de seguir con frecuencia cursos en aula u on line, o participar en
otras acciones formativas orquestadas. Quizá el aprendizaje permanente
parta, sobre todo, de una actitud; de una proactiva disposición a
aprender diariamente de lo que hacemos y observamos, y a buscar en
diferentes fuentes aquellos conocimientos que necesitamos para el corto
y largo plazo: de la sed de saber. Si a algunos directivos ambiciosos
mueve la sed de poder, a los nuevos trabajadores del conocimiento parece
mover la sed de saber.
Y uno diría igualmente que la idea de aprendizaje continuo, asociada al
trabajador del conocimiento, significa asimismo enseñanza permanente, es
decir, el poner siempre a disposición de los demás nuestro saber. Y
también que supone desaprender lo que ya no vale... Y que esta nueva
situación demanda específicas competencias en el perfil del trabajador.
Despliegue del lifelong learning
Quizá —aunque simplificando—, en las empresas y organizaciones, la
expresión interior de la Sociedad de la Información es la denominada
“gestión del conocimiento”, entendida como máximo aprovechamiento,
individual y colectivo, de los recursos intelectuales de los individuos.
Estos recursos deben también interpretarse con amplitud: conocimientos,
e inteligencia para incrementarlos, generarlos y aplicarlos. Si nos
referimos al conocimiento como capacidad de actuar, no olvidemos que
para actuar del todo bien, con elevado rendimiento, necesitamos además
habilidades operativas y personales, actitudes, fortalezas...
El deseado alto rendimiento de los directivos y trabajadores exige
completos perfiles profesionales más allá del saber teórico, y, por lo
tanto, el aprendizaje permanente apunta también a habilidades sociales,
creencias, valores, conductas... Recuerde el lector que estamos tratando
de extraer todo el significado del “aprendizaje permanente”, o “lifelong
learning”; el mismo parece exigirnos, por lo pronto, un esfuerzo de
autoconocimiento multidimensional para ver qué nos falta (y qué nos
sobra) en el perfil de competencias.
De modo que, más que fijarnos en los métodos, que a veces parecen
funcionar como red herrings o cortinas de humo... Lo diré de otro modo:
además de fijarnos en los métodos, y sobre todo en el e-learning,
deberíamos determinar mejor nuestras necesidades de formación y
desarrollo, a corto y medio plazo, en materia de conocimientos y también
en lo que se refiere al resto de competencias necesarias. Pero, ¿qué
competencias necesitamos?
En España, las grandes empresas desarrollaron sus modelos de
competencias en los últimos años 90, de forma casi concurrente con la
implantación del e-learning. De estos modelos, yo querría someter a
consideración del lector un grupo de cinco familias de competencias
transversales, muy relacionadas entre sí y con los tiempos que vivimos,
y en las que podemos encontrar varias asignaturas pendientes:
§ Cognitivas genéricas
§ Intrapersonales
§ Conversacionales
§ Informacionales
§ Emocionales
No hace falta insistir en que pueden denominarse de otra manera, en que
hay otras familias y en que éstas se solapan muy visiblemente; pero las
traigo aquí porque creo que su desarrollo —el desarrollo de las 30 ó 40
competencias específicas de que estoy hablándoles— debería ser sinérgico
y paralelo, en los casos necesarios.
Son transversales, y, sobre todo, acordes con el panorama neosecular que
estamos dibujando. De poco valdría, por ejemplo, que domináramos las
técnicas de alegación ante un cliente y en defensa de nuestros
productos, si careciéramos de empatía necesaria; de poco valdría que
adquiriéramos nuevos conocimientos si no supiéramos comunicarlos y
aplicarlos; de poco valdría quizá el análisis, sin la síntesis, o sin la
perspectiva sistémica de la organización…
Pero además o por cierto, ¿al servicio de qué ponemos estas competencias
soft y otras de tipo hard? ¿De la consecución de beneficios
empresariales? ¿Del desarrollo y la prosperidad de la organización? ¿De
la mejor gestión del conocimiento? ¿De la calidad de vida en la empresa?
¿De la innovación? ¿De la satisfacción de los clientes? ¿De la
contribución al bien común en la sociedad?... ¿De todo esto? Seamos, en
cada caso, conscientes de ello.
Debemos estar bien seguros de nuestros objetivos y contenidos del
aprendizaje, pero también hemos de conocer los métodos más idóneos a
seguir. Sobre todos ellos parece reinar el e-learning, y ya someto al
lector algunas reflexiones al respecto.
El e-learning y los e-learnings
Recientemente he encontrado en distintos foros una “sencilla” definición
de e-learning que me ha parecido muy abierta. Se viene a identificar el
mismo con cualquier proceso de aprendizaje apoyado o sostenido por las
TIC, de modo que aquí parece caber la tradicional formación a distancia,
si hacemos, por ejemplo, alguna llamada telefónica al tutor, o
utilizamos el correo electrónico para consultas. Y cabe también
cualquier iniciativa autodidáctica utilizando, por ejemplo, Internet.
Parece bueno ponerse de acuerdo en un significado común para el
concepto de e-learning como método de aprendizaje, pero quizá, con uno
tan amplio, no sepamos exactamente de qué hablamos en cada caso.
Puede que haya que hablar simplemente del aprendizaje, o del aprendizaje
permanente, porque hoy resulta difícil emprender ningún proceso discente
sin hacer uso de las TIC; resulta incluso difícil vivir sin hacer uso de
las TIC, y al respecto no puede sorprender que se hable de
alfabetización digital o tecnológica de la ciudadanía...
Las TIC están tan cerca que no las podemos evitar (ni queremos
hacerlo). Estamos hablando de las tecnologías de la información y la
comunicación; estamos hablando concretamente de los soportes de la
información y de los medios o métodos de comunicación. ¿Comunicación o
telecomunicación? Pues es que, aunque estemos en la misma sala, ya
empiezan a ser habituales las pantallas de proyección para ver mejor al
ponente, por no hablar de micrófonos y otros aparatos electrónicos de
sala, incluidos los PCs.
Desde luego, algunos expertos, especialmente del mundo universitario,
completan esta definición general del e-learning diciendo que las TIC
liberan a docentes y alumnos de condicionantes espaciotemporales, de
modo que se trataría de una formación a distancia en que, gracias a las
tecnologías, el alumno no está solo. Yo mismo, en los años 90, ya iba
diciendo (escribiendo) que el e-learning permitía pasar de aprendizaje
“en solitario”, al aprendizaje “en solidario”; pero el hecho es que uno
también puede practicar el e-learning en solitario y aun en su casa...
¿Adónde voy a parar?
¿Cuál es, en realidad, el elemento que distingue la formación
tradicional de la nueva formación? ¿Es el uso de las TIC, son las
exigencias de aprender durante toda la vida, o es la actitud y conducta
del individuo? ¿Es la modalidad de aprendizaje o las circunstancias que
la determinan? Yo creo que, en el mundo de la empresa, se produce una
nueva actitud proactiva del individuo —del individuo que es consciente
de sus necesidades—, para la que vienen muy bien las TIC y el e-learning.
En la empresa, el aprendizaje ha de estar centrado en el
individuo, ha de ser autotélico, y ha de seguir a una motivación
intrínseca; diferente todo esto de la enseñanza reglada, en que, en
general, el proceso se centra en el docente, el aprendizaje es exotélico
(estudiamos para aprobar, más que para aprender) y la motivación
extrínseca. Pero, formulada ya esta idea, querría yo saber mejor de qué
hablamos en cada caso, al hacerlo del e-learning.
En cada conversación sobre el e-learning deberíamos saber si estamos
hablando de “e-learning-cursos interactivos on line”, o de “e-learning-píldoras”,
o de “e-learning-aprende como puedas y pregunta”, o de
“e-learning-formación a distancia clásica y contactos por e-mail”, o de
“e-learning-autodidaxia”, o de “e-learning-self service”, o “e-learning-guguelizado”,
o de “e-learning mezclado con aula”, o de “e-learning voluntario”, o de
“e-learning por imposición del departamento de formación de la empresa,
y coacción mediante sistema de créditos”... Luego, sabiendo ya a qué nos
referimos, sí podríamos quizá hablar de todas esas cosas de las que
venimos hablando: las posibilidades, las ventajas, los inconvenientes,
los mitos, las virtudes, los pecados capitales, las perversiones, los
errores, los pinchazos, etc., del e-learning.
El “lifelong e-learner”
Volvemos a la figura del trabajador del conocimiento y el aprendizaje,
protagonista de la denominada “era del conocimiento”. Se diría que,
dentro del mundo empresarial, se está consolidando la figura del
“knowledge worker” de la que tanto nos había hablado Peter Drucker; pero
a esta misma figura, sin cuestionarla y como decíamos al principio,
podemos identificarla con el “learning worker”.
Las universidades deberían lanzar al mundo laboral “learning workers”
o “lifelong e-learners”, capaces de manejarse, de modo proactivo, con
toda la información multimedia disponible, en beneficio de sus
resultados profesionales.
Termino sometiéndoles una aproximación a este “lifelong e-learner”,
entendiendo la expresión como “trabajador del conocimiento, usuario de
las TIC para el aprendizaje permanente”. Estaríamos ante un trabajador
“10” que:
1. Ha alcanzado ya un visible grado de desarrollo personal y
profesional.
2. Maneja con soltura las TIC.
3. Tiene suficientes destrezas informacionales (búsqueda,
interpretación, evaluación, etc).
4. Sabe qué debe aprender, tanto en conocimiento como en habilidades y
fortalezas.
5. Es proactivo en el aprendizaje, y al respecto utiliza los medios a su
alcance.
6. Goza de cierto grado de autonomía en su trabajo.
7. Practica también el aprendizaje en equipo, en entornos físicos y
virtuales.
8. Aplica convenientemente su saber, su pensar y su sentir, en el actuar
cotidiano.
9. Persigue la mejora y la innovación.
10. Subordina sus intereses particulares a los colectivos.
El lector puede completar la lista, porque, más que un top o tope,
podría verse también como un mínimo, en lo referido al aprendizaje y
desarrollo permanente. Obviamente, el debate sigue abierto sobre los
nuevos trabajadores, los nuevos directivos y las nuevas necesidades de
aprendizaje y desarrollo individual y colectivo, y no pretendía este
articulista sino contribuir al mismo (al debate), e incluso alentarlo (a
veces desde posiciones provocadoras), para recibir nuevas y más
avanzadas ideas al respecto. Yo seguiré aprendiendo, desde la convicción
de que podemos ser todos más eficaces en nuestro desempeño cotidiano (e
incluso, al mismo tiempo, más felices).
Ing. José Enebral Fernández Consultor en Management y Recursos Humanos jenebral1arrobami.madritel.es
Consultor
de Management y Recursos Humanos, José Enebral Fernández, madrileño y
nacido en 1951, posee una experiencia de más de 30 años en formación
continua de titulados y directivos de grandes empresas, tanto mediante
métodos presenciales como aplicando nuevas tecnologías de la información
y la comunicación. Desde 1997, publica regularmente artículos en
diferentes medios impresos de su país (Capital Humano, Training &
Development Digest, Harvard Deusto, Aedipe, Dirección y Progreso,
Q-Calidad, etc.) y también en algunos portales de la Red".
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