Ley del menos

Autor: Horacio Marchand 

NEGOCIACIÓN

02-2005

Que no se confunda: el mal de Parkinson -asociado a la edad avanzada- es una enfermedad degenerativa que afecta el funcionamiento del cerebro; La Ley de Parkinson –relacionada a negocios y economía- afirma que el trabajo tiende a expandirse para llenar el tiempo disponible para hacerlo. 

Esta Ley asevera que la gente, los recursos, las circunstancias, se adaptan de manera intuitiva para sacar el trabajo cuando se requiera, independientemente del tiempo asignado en un principio. 

Cyril Northcote Parkinson, en 1955 publicó un controversial artículo en la revista The Economist, donde en el ensayo “prueba” su ley y la aplica basándose en la orgullosa naval británica donde graficó el crecimiento de su aparato burocrático, al mismo tiempo que sus responsabilidades como entidad disminuían. 

Algunas observaciones de Parkinson: 

1.- Un oficial quiere multiplicar a sus subordinados, no a sus rivales. 
2.- Los oficiales “generan” trabajo el uno para el otro. 
3.- Independientemente del trabajo real que tuvieran, los gerentes se afanan en contratar más gente, para lucir más importantes y responsables, desencadenando una reacción en cadena que demanda más subordinados y más supervisión, sin el incremento de la productividad. 
4.- La persona más ocupada, es la que tiene más tiempo de holgura. 


El animal político en las personas convierte a los corporativos y a las organizaciones en coliseos repletos de gladiadores luchando por el poder, el influyentismo y su relevancia personal. Algunos investigadores lo atribuyen a razones antropológicas y de psicología evolutiva. 

Qué mejor recurso que tener un ejército en las filas. “Me reportan xx gentes, manejo el xx% de la organización” son argumentos del macho corporativo que quiere manifestarse e imponerse en la empresa. 

Otro sello importante: el número de asistentes personales. Un ejecutivo mexicano orgullosamente despliega a sus tres asistentes que le hacen guardia frente a su oficina, por lo de las largas horas, una sola no puede. Sobra decir que este macho corporativo las contrató bellas y jóvenes, excepto una –que es la que saca la chamba. 

Además tiene chofer, y un asistente personal varón, por lo de los viajes, qué va a decir la gente. Los ejecutivos que le reportan quieren copiar, consciente o inconscientemente este role model. 

Este principio de Parkinson luce fascinante y parece aplicarse a varios ámbitos: 

En el hogar si no se va al supermercado en una semana, por cosa de “magia” se libra bien la semana y resulta que se ahorró ese dinero. 

Un departamento en la organización parece producir trabajo muy similar, y en algunos casos mejor, con un 30% menos de gente. 

Si a estudiantes universitarios se les pide un trabajo final para dentro de tres semanas o para dentro de tres meses, lo típico que ocurra es: que faltando una semana y media antes de la fecha de entrega -independientemente del tiempo que se les dió- se pongan a trabajar arduamente. Un reducido número de estudiantes buscará información de manera casual y con anticipación, y una semana y media antes, igual que el primer grupo, se concentrarán a sacarlo. 

Las empresas anuncian radicales recortes masivos, y siguen pasando cosas muy similares en la parte de ventas y producción. 

Es que los recursos parecen acomodarse al tiempo que se tiene disponible para hacer la misma actividad. 

Parkinson se enfocó a probar que al incrementarse recursos de gente la productividad no necesariamente se incrementa, pero hay otra ley que abiertamente afirma que la productividad disminuye: la Ley de Rendimientos Decrecientes (también conocida como la de proporciones de factor variable) . 

Esta Ley establece que al incrementarse en cantidades iguales un factor variable, al mismo tiempo que otros factores de insumo se mantienen constantes -ceteris paribus-, llegará el punto donde a cualquier adición del factor variable resultará en una tasa menor de retorno y el producto (output) marginal físico inevitablemente caerá. 

Un ejemplo de lo anterior: imagina que asignamos en un cuarto de 3 x 4 mts a una persona a hacer la limpieza. Esa persona tardará x tiempo para terminarlo con un nivel adecuado en calidad. 

Ahora asignamos dos personas y la suposición es que dos lo harán mejor y más rápido que uno. 

Ahora asignamos tres personas y se piensa que serán aún más eficientes. 

Ahora cuatro, luego cinco, seis, siete, ocho y ya para este número es un verdadero relajo: se pasan el polvo unos a otros, se estorban con las cubetas, ensucian con los pies lo que el otro limpió, empiezan las broncas territoriales, la ley de la jungla, las mentadas de madre -y si soltamos la imaginación – esto podría acabar como pleito de cantina del viejo oeste, a escobazos. 

¿Y la limpieza del cuarto? 

Como el cuarto siguió siendo el mismo y no se incrementó en espacio (el factor fijo no creció), el traer ayuda en un principio mejoró el producto (output), pero llegó el punto donde la curva de eficiencia se maximiza para luego caer de picada. 

La Ley de Parkinson y la Ley de Rendimientos Decrecientes postulan la tesis de que con frecuencia menos es más. 

Como todas las leyes: hay límites y excepciones. Una reestructuración indiscriminada de personal puede resultar en recortar “músculo” organizacional más que recortar “grasa”; y esto puede ser peligros ya que la fuerza de una empresa está justamente en las personas y en los sistemas y procedimientos en los que basan sus interacciones. 

En la era del capital intelectual la complejidad de una organización no puede reducirse a sólo números, pero estas dos leyes no dejan de ser dignas de consideración. Ni tan tan, ni muy muy.

 

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Horacio Marchand  horacioarrobahoraciomarchand.com                www.horaciomarchand.com   MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980) 

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