Este arranque de buenas costumbres se debe a que el comienzo de
semana coincide con la programación en Tele 5 de mi muy venerada serie
C.S.I Las Vegas, de la que no me pierdo ni un capítulo.
La justificación de tal devoción no es el morenazo de ojos verdes (que a
mí me pone como a la que más), sino que en este caso mis razones son
menos bíblicas y más intelectuales.
Y es que C.S.I. Las Vegas es todo un reality show de la gestión del
conocimiento.
Me di cuenta de ello cuando alguien me preguntó “qué era eso del
mentoring” y la mejor respuesta que pude darle fue poner de ejemplo a
Gil Grissom y cómo con cada caso va preparando a Catherine para su
sucesión, llegando a delegar totalmente en ella en algunas ocasiones.
A partir de ahí fui fijándome en cómo aparecían otros ejemplos de
gestión basada en el aprendizaje y el conocimiento. Así en la última
temporada se produce un claro ejemplo de rotación de puestos, cuando a
Greg Sanders (el chico de los pelos disparados) le dan la oportunidad de
hacer trabajo de campo y salir de entre los tubos de ensayo.
Recuerdo igualmente que hubo una ocasión en la que una de las tramas de
la película era la realización de la evaluación del desempeño semestral.
Algunos como Warrick Brown salían trasquilados y se veía lo difícil que
es mantener le objetividad en estas situaciones. Lo mismo ocurría en
otro capítulo cuando lo que estaba en marcha era una experiencia de
feedback 360º en la que el evaluado era nada menos que el propio Grissom.
Siguiendo con el caso Grissom, es curioso que una de las líneas
argumentales de la serie sea la diferencia de competencias entre él y
Catherine en lo que se refiere a habilidad para la política y la
estrategia. Grissom es consciente de esta debilidad y no le duelen
prendas en delegar en su pupila cuando es necesario.
Sin embargo donde Gil no ha estado tan fino es en la gestión de Sara
Sidle. Ya hubo ciertos problemas con su plan de acogida cuando se
incorporó al equipo sustituyendo a una compañera que había sido
asesinada en el primer episodio.
Después de aquello Gil ha tenido que enfrentarse a la ambición de Sara
por destacar del equipo. Y es que Sara Sidle es un caso claro de
trabajador del conocimiento que reclama grandes dosis de autonomía, se
forma continuamente (a menudo menciona los seminarios a los que ha ido o
los informes que ha leído) y a la que no le gusta quedar en un segundo
plano. En una ocasión Sara llegó a presentar su dimisión cuando Gil no
sólo no la promocionó sino que empezó a darle trabajo de poco interés.
En este repaso a las prácticas de gestión del talento en C.S.I no me
olvido de Nick Stokes. Su personaje es más gris que el de Warrick con
quien está en constante competencia. De hecho esta competencia interna
es deliberada y apoyada desde arriba. Me parece que es en la segunda
temporada en la que a Nick le ascienden por delante de Warrick debido la
mayor inteligencia emocional del primero frente a la inestabilidad del
segundo.
Mención aparte merece la parafernalia tecnológica con la que nos
obsequia CSI cada lunes. No tengo ni idea de sí son reales todas esas
maquinitas con las que son capaces de saber si el fiambre nació en año
bisiesto sólo con mirarle el fémur.
Lo que sí es real, aunque nos parezca ciencia ficción, son todas esas
bases de datos y repositorios en los que tienen fichados desde la
secuencia de ADN de Bill Clinton (sacada del famoso vestido Levinsky),
hasta la pisada de las zapatillas Nike que llevaba Fernando Romay en su
último partido con el Real Madrid antes de hacerse bailarín.
Podría seguir citando prácticas que aparecen reflejadas en la serie
tales como: la gestión de errores, la calidad basada en procesos, la
gestión documental de expedientes, el plan de carrera, las evaluaciones
después de la acción (after action reviews), sesiones de brainstorming,
el pensamiento lateral, etc.
Creo que ha quedado claro que ni todo en el CSI es casquería, ni todo en
la gestión del conocimiento son bases de datos.
Lamentablemente los martes por la mañana se rompe el hechizo y tengo que
volver a la dura realidad que en nuestro país se parece más a la central
donde trabaja Homer Simpson que al laboratorio criminalístico donde
quisiera trabajar yo.
Es por esto que a veces me entran ganas de pasarme al lado oscuro de la
fuerza, olvidarme de todo esto de la gestión del conocimiento y hacerme
vigilanta de la playa (que esas sí que se lo saben montar). En esos
momentos de debilidad recurro al truco de Ally McBeal y me pongo a
tararear mi canción-fetiche:
Oh, there’s black jack and poker and the roulette wheel
A fortune won and lost on ev’ry deal
All you need’s a strong heart and a nerve of steel
Viva las vegas, viva las vegas
Elvis Presley
Itziar Ortega iortegaarrobagrupomcr.com Madrid España
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