Inspirado en esta historia, en 1988 -cuando empezaba la apertura
comercial en México- decidí conseguir representaciones/distribuciones y
convertirme en importador. En el primer año -todavía no habiendo
cumplido yo los 30 años- vendí, como el muchacho en Japón, un millón de
dólares. Con lo que gané me pagué una maestría en Estados Unidos, cambié
mi automóvil y me sentí genio.
Pero, en una de tantas lecciones de humildad que te da la vida,
finalmente acabé por cerrar la empresa. Algunas de las razones: me
distraje en negocios nuevos y en la exploración de mis ilimitados
intereses; el error de Diciembre mató a importadores y a los que
debíamos dólares al banco; y el impuesto compensatorio a algunos
productos chinos súbitamente causaron que mis costos de importación
subieran 700 por ciento sacándome por completo de mercado. Mis
utilidades de años se evaporaron y hasta anduve peleándome por no perder
ni mi casa, ni la camisa.
Recuerdo con nostalgia esos días que, como el burro que tocó la flauta,
le pegué a un negocio de una manera tan natural y espontánea que hasta
la fecha no he podido replicar ese éxito inicial.
Pero el hecho es que la historia del muchacho que distribuía Soloflex me
catalizó una gratificante decisión de vida. ¿Qué hubiera pasado si no me
topo con esa historia en el momento en que lo hice? ¿De qué otra
historia me hubiera montado?
Es que los cuentos y las historias están cargados de energía y son
poderosos. Una historia ilustra, inspira, conmueve y produce.
Cualquier entidad humana se manifiesta a través de la historia
predominante que cuenten sus líderes. Lo mismo aplica a la familia:
historias buenas inspiran; historias amargas deprimen. Y también aplica
a las historias que nos contamos a nosotros mismos porque nos las
acabamos creyendo (Albert Ellis y su Terapia Racional).
William Calvin, científico cognitivo, afirma que los humanos adquirimos
la habilidad de formular planes a través de los cuentos que escuchamos
cuando niños, ya que nos imaginamos cursos de acción y sus efectos, y en
función de eso decidimos si tomamos o no determinado curso de acción.
Una buena historia define relaciones e interdependencias, una secuencia
de eventos, causa y efecto, y nos ayuda a establecer prioridades que
refuercen el camino deseado. Calvin insiste en que todos estos elementos
tienden a ser recordados cuando se aprecian como partes integradas de
una historia.
Bruno Bettelheim, por su parte, nos dejó uno de los mejores tratados en
el impacto de las historias infantiles en el psique de las personas.
A otro que le gustan los cuentos es al psicólogo y autor Howard Gardner,
que asegura que la clave del liderazgo es la comunicación efectiva de
una historia.
Al investigar a líderes, Gardner encontró que desde la infancia
mostraban una gran facilidad de comunicar historias y que muchos de
ellos hacen de esta habilidad parte central de su gestión de grupos.
¿Cómo hacer un buen cuento que tenga impacto? Gardner propone cinco.
1) Un buen cuento empieza por establecer una identidad de grupo. Esta
atiende a la eterna duda de quiénes somos y a qué grupo pertenecemos.
2) Un buen cuento es promovido por un líder, que es lo que predica. Los
políticos versados en contar cuentos inspiran a un pueblo hasta el día
que se les atrapa haciendo algo contrario a lo que dicen. Ni para qué
poner ejemplos de esto, los mexicanos tenemos muchos.
3) Un buen cuento compite y gana con historias existentes. La historia
que se narre tiene que ser tan buena que capture la atención y la
imaginación, al mismo tiempo que rebasa a otras.
4) Un buen cuento apela a la mente del niño en cada uno de nosotros.
5) Un buen cuento reconoce que la forma es tan importante como el
fondo.
Una historia parece ser completamente diferente dependiendo de quién y
cómo la cuente.
No hay buena estrategia sin una buena historia. Y esto es de lo que vive
Ana Winslow, el primer narrador de historias digital.
Winslow no solamente practica el storytelling, sino que lo reproduce
utilizando un sofisticado equipo de cámaras de video, digitalizadores y
computadoras. Su trabajo consiste en captar "películas" de la visión y
la historia de la empresa para proyectarla interna y externamente.
Dauphinais de Price Waterhouse es un convencido cliente y utiliza este
esquema para entrenar a los integrantes de su equipo. Tiene grabadas en
su computadora una gran recolección de historias de los fundadores de la
compañía, así como de sus socios y clientes.
"Las marcas se construyen alrededor de las historias", afirma Dauphinais,
"y las historias de identidad -lo que somos, de dónde venimos (y a dónde
vamos)- son las historias más efectivas".
Coca Cola contrató a Winslow para el montaje del "Mundo de Coca Cola Las
Vegas", donde los visitantes podían apreciar videos sobre el significado
de Coca a través de la historia. Una escena de la Segunda Guerra
Mundial, por ejemplo, muestra la fiesta que los soldados norteamericanos
hacían cada vez que llegaban los refrescos a los campamentos.
Para despedirme les comparto una historia más. Se trata del influyente
pintor Paul Gaugin, que tras una carrera financiera exitosa en Londres,
decide renunciar a su empleo, atender el llamado de su voz interior, y
lo deja todo para irse a vivir a las islas Polinesias. Entre lo virgen y
lo natural, encontró la inspiración para pintar sus obras más bellas y
darle paso al arte del siglo 20.
Y ahí se las dejo.
Horacio Marchand horacioarrobahoraciomarchand.com www.horaciomarchand.com MBA (Universidad de Texas en Austin, 1991), Lic. Administración de Empresas (ITESM, Campus Monterrey, 1980)
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