En el transcurso de los años setenta y primeros años de los ochenta la gestión financiera ocupó un puesto relevante dada la importancia que tomaron las operaciones de fusiones, adquisiciones, y diversificaciones de riesgos por parte de las corporaciones. Con la invasión de productos japoneses, y dada la continua pérdida de participación en el mercado por parte de las empresas cobro una importancia crítica y fundamental la preocupación creciente por la calidad y la gestión participativa.
Dada la brecha existente entre las compañías japonesas y las estadounidenses, estás últimas trataron de dar alcance o bien mantener la ventaja competitiva en el caso que correspondiera, mediante la puesta en práctica de la reingeniería de procesos, la cual implicaba un salto de carácter cuantitativo y cualitativo en la gestión de los procesos productivos de la empresa.
A partir de los últimos años de la década del noventa y en la primera
década del presente siglo la concentración estratégica se concentra a un
mismo tiempo en la calidad, la tecnología y la productividad total. La
necesidad de lograr un equilibrio y armonía tanto en el plano de las
estrategias como en el marco de la gestión de los negocios dio lugar a
la necesidad de desarrollar la gestión total de la productividad
(conocido también como administración de la productividad total).
La gestión total de la productividad puede definirse como el proceso de
administración que sigue las cuatro fases del “ciclo de la
productividad”, a efectos de incrementar la productividad total y
reducir los costes totales unitarios de productos y servicios dentro del
más alto nivel posible de calidad.
El ciclo de la productividad está conformado por las actividades de
medición, evaluación, planeación y mejoría de la productividad. La
medición de la productividad es la primera fase crítica dentro del
proceso de la productividad. La actividad de evaluación es una
comparación de los logros obtenidos tanto frente a los niveles
planeados, como así también frente a los valores registrados en el
pasado por la empresa y los verificados por empresas competidoras.
La planeación de la productividad trata con los niveles de determinación
de la productividad. Esta planeación persigue la mejora en la
performance de los diversos indicadores tanto en el corto como en el
largo plazo, a los efectos de mejorar la productividad y rentabilidad de
la compañía.
Cómo última actividad tenemos las acciones concretas para la puesta en
práctica de los planes trazados.
La clave para poner en práctica la Gestión Total de la Productividad
radica en actuar y medir de manera simultanea el impacto de los cambios
realizados sobre todos y cada unos de los componentes que participan en
el proceso productivo.
El desarrollo de ésta nueva metodología de gestión obedece al impulso y
creatividad del Dr. David Sumanth, quién articuló y combinó una serie de
sistemas y metodologías de trabajo tales como el TQM, el TPM, el “Just
in Time”, la reingeniería, los círculos de calidad, el benchmarking y el
Desarrollo Organizacional, para dar lugar a éste nuevo sistema de
gestión y análisis. Si bien el Dr. Sumanth le dio a su método el nombre
de “Administración para la Productividad Total” consideramos menester
que al igual que en materia de Calidad la Gestión de la Productividad
debe ser problema y objetivo de todos los sectores e individuos de la
organización, por tal motivo el concepto de “Gestión Total” es en
principio más claro y apropiado.
Las lecciones que no deberán olvidarse en torno a ésta nueva filosofía
son:
· La calidad no es un lujo sino una absoluta necesidad, siendo esta una
condición necesaria pero no suficiente.
· Si los productos y/o servicios no incorporan una calidad total, el
futuro de una empresa es sin lugar a dudas incierto.
· En los mercados expuestos a una competencia global, las empresas que
no estén dispuestas a un compromiso continuo con una alta calidad,
tendrán que “tirar la toalla”.
La productividad y su importancia
El nivel y la tasa del crecimiento de la productividad de cualquier país
tienen mucho que ver con su nivel o calidad de vida, tasa de inflación,
tasa de desempleo y con todos aquellos indicadores económicos que
proporcionan una semblanza del grado de bienestar social y económico. En
la actualidad, la productividad y la calidad son consideraciones de
interés nacional, tanto para los países desarrollados, como para los que
están en desarrollo. En el afán de lograr las metas y objetivos en
materia de productividad deben converger los esfuerzos tanto de
gobernantes, como de dirigentes, empresarios, técnicos, científicos y
trabajadores.
A nivel de empresas, aquellas que logren un nivel de productividad mayor
al del promedio nacional de su industria, tienden a contar con mayores
márgenes de utilidad. Y si dicha productividad crece más rápidamente que
la de la competencia, los márgenes de utilidad se incrementarán todavía
más. En tanto que para aquellas cuyos niveles y tasas de crecimiento de
productividad sean notablemente inferiores a sus promedios industriales
corren graves riesgos en cuanto a su competitividad y permanencia.
La calidad y la productividad guardan una relación fundamental, la cual
a su vez se ve reflejada tanto en los costos y en los niveles de
servicios, lo cual termina reflejándose en la ventaja competitiva.
Una fábrica tradicional suele invertir como promedio entre un 20 y un 25
por ciento de su prosupuesto operacional en encontrar y corregir errores
de calidad en sus productos. Por tal razón es que la mayoría de los
expertos en materia de Costo de Calidad, señalan que las pérdidas debido
a productos defectuosos se encuentran entre el 20 y el 30 por ciento de
sus ventas. Por ello la mejora de la calidad genera directamente un
notable incremento en los niveles de productividad.
Contrariamente al mito difundido de que la mejoría de la calidad afecta
la productividad, la productividad mejorará notablemente al mejorarse la
calidad de los productos y sus procesos.
Eficiencia y efectividad
Una mejoría en la eficiencia no garantiza una mejoría en la
productividad. La eficiencia es una condición necesaria pero no
suficiente para alcanzar mayor productividad. De hecho, tanto la
efectividad como la eficiencia son necesarias para ser productivo.
La eficiencia es la proporción de los resultados generados en relación
con los estándares de resultados prescritos. La efectividad, en cambio,
es el grado en que se logran metas u objetivos de interés para la
empresa.
La efectividad significa definir las metas u objetivos pertinentes y
después alcanzarlos. Si se logran nueve de cada diez objetivos, la
efectividad es de un 90%. Se puede ser muy eficiente sin ser productivo.
Un ejemplo clásico es el del médico que amputa la pierna a un paciente
en la mitad del tiempo habitual y luego presume diciendo que ha sido
doblemente eficiente de lo que era. Sin embargo, las enfermeras tienen
otra óptica del asunto, debido ello a que el profesional amputo la
pierna equivocada. Así pues la efectividad del doctor fue cero, ya que
no alcanzó el objetivo adecuado de operar la pierna correcta, aun cuando
mejoró su eficiencia en un 100%. Resulta por lo tanto obvio que el
doctor fue todo menos productivo. Dicho de otra forma, para ser
productivo hay que ser a la vez efectivo y eficiente, en ese orden.
Ingresos y productividad
Toda empresa se fija objetivos en materia de ingresos por ventas. De
hecho, la mayoría de las empresas parecen estar obsesionadas por
discutir sus niveles de ventas con base mensual, semanal e incluso
diaria. Sin embargo, rara vez demuestran el mismo celo por supervisar
sus niveles de productividad. Realizar un análisis de correlación entre
los niveles de ingresos y los de productividad resultan a todas luces
fundamental para monitorear de manera efectiva la performance de la
empresa.
De las productividades parciales a la total
Encarar la medición de solo un componente de aquellos que participan en
la generación de la producción es factible si se mantienen fijos en el
tiempo todos los “n – 1” componentes, algo que por cierto resulta en
principio difícil de concebir. Muchos factores inciden en la
productividad, así si por ejemplo la cantidad de horas se mantienen
fijas pero se altera el monto abonado, se generará dentro de ciertas
condiciones un efecto de motivación que incrementará el rendimiento de
los trabajadores. De tal forma si calculáramos la cantidad de “x”
producto fabricado por hora y lo dividiéramos por la cantidad de horas
insumidas podríamos ver reflejados una mayor productividad. Pero si
tuviésemos debidamente en cuenta el incremento salarial se podría llegar
a observar un incremento o no de la productividad, dependiendo tal
situación si el incremento en la cantidad producida fue superior o igual
al incremento salarial.
Otra cuestión a considerar es el incremento en la productividad de la
mano de obra generado gracias a la incorporación de maquinarias de mayor
tecnología, pero se deja de considerar en tales cálculos que ocurre con
la productividad de las maquinarias. De tal forma si el incremento en la
producción no compensare el incremento en capital estaríamos ante un
decremento o disminución de la productividad del capital.
Queda reflejado con lo expuesto en los párrafos anteriores la
complejidad que a las mediciones de la productividad le es propia. A los
efectos de superar tales circunstancias se ha desarrollado una fórmula
que contempla a la totalidad de los insumos.
Productividad Total = Resultado Tangible Total / Insumo Tangible Total
La productividad total también se conoce como productividad
multifactorial. La productividad multifactorial se calcula sumando todas
las unidades de input a los efectos de conformar el denominador:
Productividad = Output / (Trabajo + Material + Energía + Capital +
Varios)
Para hacer factible el cálculo de la productividad multifactorial, los
inputs individuales (denominador) pueden expresarse en unidades
monetarias y sumarse.
Necesidad de una gestión total de la productividad
Si bien muchas empresas analizan la productividad de manera parcializada
y calculan la misma en relación a un solo factor (monofactorial), hacer
ello no sólo resulta incorrecto y inconducente, sino que contribuye a
confundir y distorsionar los análisis. Muy poca atención se presta a un
análisis global e integral de la productividad y los costes, cuando ello
debiera ser uno de los objetivos críticos a monitorear. Controlar de
forma permanente la performance de la productividad, los costos, la
calidad, el nivel de los servicios y los grados de satisfacción es
fundamental si se pretende lograr una ventaja competitiva sostenida.
En un mundo en constante y profundos cambios en lo tecnológico, social,
político, económico y cultural, cambian las necesidades de los
consumidores, se alteran las bases tecnológicas de los productos y
procesos, cambian las necesidades ambientales y psicosociales de los
consumidores. Estos cambios redundan luego en modificaciones a las
normas legales y reglamentaciones. El mundo está por tales razones en
continua ebullición y las empresas se ven atrapadas en la misma.
La única forma de lograr el éxito es mediante un cambio radical en la
forma de pensar de sus directivos y funcionarios que luego deberá
trasladarse al resto de los empleados de las corporación. Una nueva y
distinta manera de ver y analizar la productividad, una forma diferente
de gestionarla y promoverla, serán las bases sobre la cual ha de
edificarse la competitividad del presente y futuro de la empresa.
Abandonar los patrones antiguos de pensamiento, reenfocando la
productividad sobre un pensamiento orientado a los procesos, enfocado en
los sistemas y basado en datos concretos y no en suposiciones, resulta
clave para lograr una mejora continua en los niveles de productividad y
con ello en los niveles de costes, permitiendo de tal forma hacer
efectiva la “curva de experiencia”, con lo cual se logra desplazar a los
competidores de los mercados, obteniendo consecuentemente una mayor
cuota de mercado.
Sólo una gestión total de la productividad que evite por un lado las
improductividades en los diversos procesos, estén estos vinculados
directamente a la producción o no, y logren a través del trabajo en
equipo de la organización como un todo aumentar la productividad de la
empresa mediante una mayor y mejor fluidez de los recursos y energías,
ha de permitir una rentabilidad que sea compatible con la conquista de
mercados en el mediano y largo plazo.
Mejoramiento de la productividad
El mejoramiento de la productividad bajo la Gestión Total de la
Productividad (GTP) implica llevar de manera sistemática los siguientes
pasos:
1. Seleccionar el conjunto de técnicas más apropiadas para el
mejoramiento de la productividad en función de las características
propias de la empresa y su entorno.
2. Desarrollar un plan de implementación conducente a poner en práctica
las técnicas seleccionadas.
Del estudio e investigación desarrollado por el Dr. Sumanth existen
aproximadamente 70 técnicas divididas en cinco categorías fundamentales
basadas en: la tecnología, en los materiales, en los empleados, en el
producto y en los procesos o tareas. (Ver Anexo).
Parra la selección del juego más apropiado de técnicas es menester tomar
debidamente en consideración:
· El sentido común, a menudo respaldado por la experiencia.
· Utilización de modelos matemáticos.
· Y metodologías semicuantitativas, resultantes de combinar de manera
efectiva lo mejor de las dos anteriores consideraciones.
Es fundamental tomar siempre en cuenta al momento de seleccionar las
técnicas más apropiadas:
· Las limitaciones presupuestarias o financieras
· El tiempo mínimo establecido para la recuperación de la inversión
· Y, el tiempo máximo para implementar las técnicas seleccionadas
En cuanto a las estrategias a considerar para aumentar los niveles de
productividad, se tienen a tales efectos las siguientes.
Estrategia 1: aumentar la producción, utilizando el mismo nivel de
insumos.
Estrategia 2: aumentar la producción y disminuir los insumos.
Estrategia 3: para el mismo nivel de producción, disminuir los insumos.
Estrategia 4: aumentar la producción a una tasa más rápida que los
insumos.
Estrategia 5: disminuir los insumos a una tasa más rápida que la
producción.
Las estrategias 3 y 5 son reactivas, en especial la número 5, mientras
que las estrategias 1, 2 y 4 son proactivas. Por lo general las empresas
que se caracterizan por una pobre gestión y liderazgo, adoptan la
estrategia 5 como su último recurso de supervivencia. En cambio las
empresas de excelencia seleccionan las consideradas proactivas, siendo
la mejor o ideal la estrategia 4 enfocada a aumentar la producción a una
tasa más rápida que los insumos utilizados.
Con el transcurso del tiempo y dada determinadas condiciones
tecnológicas, características del sistema y de los procesos, y marco
socio-cultural, toda empresa desarrolla una curva de “productividad
total”, debiendo luego determinar su ubicación en dicha curva a los
efectos de aplicar la estrategia más conveniente.
Principios de la Gestión Total de la Productividad
Los doce principios en los cuales se basa la GTC para generar productos
y servicios con una calidad superior, costos unitarios bajos y tiempos
de respuesta rápidos son:
· Principio 1: Calidad / perfección. Buscar en la calidad (perfección)
del diseño la calidad de conformidad y la calidad del desempeño.
· Principio 2: Orientación hacia el cliente. Escuchar atentamente lo que
dicen los clientes, aprender de ellos con diligencia, darles lo que
desean en lugar de lo que puedes ofrecer sin disgustarlos. Dejar una
positiva impresión en sus mentes acerca de la empresa, sus productos o
servicios, y la organización. Enfocarse en deleitarlos, no simplemente
en satisfacerlos.
· Principio 3: El valor de los empleados. Considerar a la gente que
trabaja en la empresa como un activo, proporcionándoles armonía y
seguridad en el trabajo.
· Principio 4: Curva de aprendizaje. Siempre que sea posible, los
niveles de productividad y los costos de producción deben planearse
sobre las bases de las curvas de aprendizaje.
· Principio 5: Diseñar productos y servicios con una estrategia
deliberada para estandarizar y simplificar sus componentes.
· Principio 6: Benchmarking. Tomar lo mejor de las tecnologías de por lo
menos tres competidores en cuanto a diseño de productos, servicios y
procesos de producción, y tratar de mejorar lo que la competencia ya ha
logrado.
· Principio 7: Miniaturización. Intentar la miniaturización siempre que
se factible, utilizando tecnología basada en microprocesadores en el
diseño de servicios y de procesos.
· Principio 8: Investigación y desarrollo. Proseguir agresivamente con
la investigación en materia de productos y procesos, trabajando muy de
cerca con instituciones académicas y de investigación general, para
desarrollar ideas que mejoren la productividad.
· Principio 9: Planeación de la mezcla de productos. Crear una mezcla de
productos o servicios que resulten ganadores en productividad total y en
la participación de mercado sobre una base consistente.
· Principio 10: Secreto. Las ideas novedosas y las estrategias de
mejoramiento de la productividad, en especial las desarrolladas en la
empresa, deben mantenerse en absoluto secreto.
· Principio 11: Mutuo beneficio. Por cada acción o decisión que se tome,
hay que preguntarse de qué manera beneficia ello a la empresa, a sus
propietarios, al personal, a los clientes, a los proveedores y a la
comunidad.
· Principio 12: Consistencia. Resulta mucho mejor ser consistente que
ser perfecto ocasionalmente.
Reglas para lograr el éxito en la Gestión Total de la Productividad
Regla 1: Tratar a las personas con respeto y confianza.
Regla 2: Ser innovador y no un imitador, ser en líder y no un seguidor,
en todos los productos y servicios.
Regla 3: Aplicar sistemáticamente la regla de las “3 P”, por la cual el
Éxito depende de la Planeación, la Preparación y la Paciencia.
Regla 4: Implementar un programa de participación en las ganancias en
función a la los resultados en materia de productividad total.
Regla 5: Ser plenamente optimista al gestionar el cambio.
Regla 6: Administrar la tecnología con un sentido total e integrador.
Regla 7: Enfocarse y pensar en términos sistémicos e
interdisciplinarios, y no en pensamientos y actitudes funcionales.
Regla 8: Hacer prevalecer el trabajo en equipo por sobre las actitudes
individualistas.
Regla 9: Practicar la administración con el ejemplo.
Regla 10: Imponerse objetivos altos. Buscar permanentemente el salto
cuantitativo y cualitativo.
Anexo – Lista de técnicas de mejoramiento de la productividad total
Técnicas basadas en tecnologías
1. Diseño asistido por computadora
2. Manufactura asistida por computadora
3. CAM integrada
4. Robótica
5. Tecnología láser
6. Tecnología de energía
7. Tecnología de grupos
8. Gráficas computacionales
9. Simulación
10. Administración del mantenimiento
11. Reconstrucción de maquinarias
12. Tecnología de la conservación de la energía
13. Tecnología digital
14. Telecomunicaciones
15. Bioingeniería
16. Programación orientada a objetos
17. Fibras ópticas
18. Ingeniería de software asistida por computadora
19. Tecnología RISC
20. Ingeniería simultánea / ingeniería concurrente
21. Video conferencias de escritorio
Técnicas basadas en materiales
22. Control de inventarios
23. Planeación de requerimientos de materiales
24. Inventarios justo a tiempo
25. Administración de materiales
26. Control de calidad
27. Sistema de manejo de materiales
28. Reciclamiento y reutilización de materiales
Técnicas basadas en empleados
29. Incentivos financieros individuales
30. Incentivos financieros grupales
31. Prestaciones personales
32. Promoción de empleados
33. Enriquecimiento del puesto
34. Ampliación del puesto
35. Rotación del puesto
36. Participación de trabajadores
37. Mejoramiento de habilidades personales
38. Administración por objetivos
39. Curvas de aprendizaje
40. Comunicaciones
41. Mejoría de las condiciones de trabajo
42. Capacitación
43. Educación
44. Percepción del desempeño
45. Calidad de supervisión
46. Reconocimiento
47. Castigos
48. Círculos de calidad
49. Cero defectos
50. Administración de tiempos
51. Flexibilidad de tiempos
52. Semana de trabajo reducida
53. Armonización
54. Trabajo en casa
Técnicas basadas en el producto
55. Ingeniería de valores
56. Diversificación de productos
57. Simplificación de productos
58. Investigación y desarrollo
59. Mejoría en la confiabilidad del producto
60. Benchmarking
61. Promoción y publicidad
Técnicas basadas en procesos o tareas
62. Ingeniería de métodos
63. Medición del trabajo
64. Diseño del puesto
65. Valuación de puestos
66. Diseño de seguridad del puesto
67. Factores humanos (ergonomía)
68. Programación de producción
69. Procesamiento de datos asistido por computadora
70. Reingeniería
Dr. Mauricio Lefcovich. Consultor en Administración de Operaciones y Estrategia de Negocios. Especialista en Calidad, Productividad, Mejora Continua, Reducción de Costos y Satisfacción del Consumidor. E-mail: mlefcovicharrobahotmail.com
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